Cuentos sobre: EGO


Cuento Zen: Amar al prójimo

Amar al prójimo

Ama a tu prójimo, sin preocuparte de a quién se lo estás dando. Simplemente, da y encontrarás paz y silencio tremendos. Conviértelo en tu meditación.


Cuento Zen: Carta dirigida a papa Noel

Carta dirigida a papa Noel

La verdad no necesita que se la mantenga, esa es la belleza de la verdad. Pero una ficción y el ego, debes pintarla seguido, está a cada instante derrumbándose.


Cuento Zen: Cleopatra impresiona al César

Cleopatra impresiona al César

El ego se resiste al amor, se resiste a la oración, se resiste a la meditación, se resiste a Dios. El ego es una resistencia, por eso es el rey del mal.


Cuento Zen: Dominar el ego

Dominar el ego

El ego pone en marcha tu mente, necesita un pedaleo firme y agotador, es lo más ilusorio, y parece sólido y real. La gente estúpida vive y muere por él.


Cuento Zen: Dos cuentos ególatras

Dos cuentos ególatras

El egocéntrico se obsesiona consigo mismo. El egoísta solo instrumentaliza su vida para el reforzamiento de su ego apartándose cada vez más de su esencia.


Cuento Zen: El amar y la amistad

El amar y la amistad

Si este momento está lleno de amistad, ¿por qué preocuparse por el próximo momento? Mira lo que le sucedió a este par de amigos en el campo de batalla.


Cuento Zen: El amor de una madre

El amor de una madre

El amor de una madre es como la sombra que ofrece el árbol, ya sean buenos o malos, jóvenes o viejos, incluso a quien pretende cortarlo y echarlo abajo.


Cuento Zen: El amor transforma

El amor transforma

Todos cambiamos en presencia del amor aun si el amor es duro. No olvidemos que el amor es clarividente y comprensivo. Siempre está de parte del otro.


Cuento Zen: El apego

El apego

Este inusitado cuento es para mostrar lo dañoso que un insignificante apego puede resultar para quienes han llegado a ser ricos en dones espirituales.


Cuento Zen: El ataque al corazón

El ataque al corazón

Si el párroco sufrió un ataque al corazón por promover el Reino de Dios fue imposible hacerle ver de forma amable que se trataba de codicia y de egoísmo.


Cuento Zen: El desapego de un sabio

El desapego de un sabio

Desapego, ese es el secreto. Todo lo que se guarda acaba estropeándose. La razón es que todo lo que es importante, vivo y en movimiento, es momentáneo.


Cuento Zen: El desapego del maestro

El desapego del maestro

El apego obligan a las personas que se relacionan a convertirse en objetos y el amor ayuda a las personas a ser libres, independientes y más sinceros.


Cuento Zen: El desapego y el abandono

El desapego y el abandono

Desapego, ese es el secreto, es un arte. Todo lo que se guarda se estropea. La razón es que todo lo que es importante, vivo y en movimiento, es momentáneo.


Cuento Zen: El ego herido del león

El ego herido del león

La desaparición del ego revitaliza, rejuvenece. Con la desaparición del ego, aun en profunda inconsciencia, tienes una experiencia de conciencia de Dios.


Cuento Zen: El eremita apegado

El eremita apegado

El apego obligan a las personas que se relacionan a convertirse en objetos y el amor ayuda a las personas a ser libres, más independientes, más sinceros.


Cuento Zen: El exhibicionismo de Diógenes

El exhibicionismo de Diógenes

El concepto de exhibicionismo para Diógenes era totalmente diferente al que plantea el padre del psicoanálisis Sigmund Freud. Exhibicionismo es hipocresía.


Cuento Zen: El fracaso de la zorra

El fracaso de la zorra

La zorra no pudo alcanzarlas, pero para el ego es difícil aceptar que se fracasó. En vez de reconocer: «He fracasado», el ego dirá: «No valían la pena».


Cuento Zen: El obsequio de las palomas

El obsequio de las palomas

No se puede celebrar y ser feliz a costa del sufrimiento de los demás. Al ego le gusta aparentar ser la nota falsa dentro de ti. Simplemente vive y sé.


Cuento Zen: El problema del ego y Dios

El problema del ego y Dios

Hay algo decisivo: si proteges tu ego, perderás a Dios. Si estás preparado para abandonar tu ego, le encontrarás. En ese abandonar se produce el hallazgo.


Cuento Zen: El sentido común y el ego

El sentido común y el ego

Una vez que empieces a observar la realidad a través de la mente, todo se convierte en un problema; entonces el ego empieza a interpretar y solo te quedas con las interpretaciones.


Cuento Zen: El suicidio del ego

El suicidio del ego

Si debe practicarse el suicidio que sea el del ego, no el tuyo. Deja que muera el ego y entonces observa que con ello todos los problemas desaparecen.


Cuento Zen: Jesús va al futbol

Jesús va al futbol

¿A qué equipo apoya, buen hombre? ¿Yo?, respondió Jesús visiblemente excitado por el juego. ¡Ah!, yo no animo a ninguno. Simplemente disfruto del juego.


Cuento Zen: Jugar ajedrez intensamente

Jugar ajedrez intensamente

Si juegas ajedrez, vívelo plenamente, sin condena, sin que nadie interfiera. Vívelo con naturalidad, intensamente, totalmente, y la iluminación vendrá.


Cuento Zen: La caridad y el egoísmo

La caridad y el egoísmo

El egoísta crea situaciones como la de la zanahoria; esa es la única forma en que el ego puede existir, mantenerse. El ego siempre está en dificultades.


Cuento Zen: La chiquilla tiene miedo

La chiquilla tiene miedo

No es sólo una cuestión que atañe a los niños. Estos niños formarán la sociedad del mañana: el niño sin miedo es el padre sin miedo del mañana.


Cuento Zen: La muerte de Narciso

La muerte de Narciso

La muerte de narciso es un cuento sobre el origen del ego. Por medio de los espejos al hombre le llegan a interesar más los reflejos que la realidad.


Cuento Zen: La pereza y el egoísmo

La pereza y el egoísmo

La pereza es simplemente como el resfriado; no hay mucho de qué preocuparse. El egoísmo es como el cáncer, pero es mejor no tener ninguno de los dos.


Cuento Zen: Las pertenencias

Las pertenencias

Abandónate y acércate a la existencia en silencio y en paz, en meditación, y un día verás que estás tan lleno, más que lleno, rebosas de alegría, de dicha, de bendición.


Cuento Zen: Las posesiones

Las posesiones

Comprender el sentir y el gozar, mermará la cantidad de posesiones y aumentará la calidad de sensaciones; con poco que posean, vivirán en continuo éxtasis.


Cuento Zen: Las puertas del cielo y del infierno

Las puertas del cielo y del infierno

La vida en sí es una celebración, un cielo, millones de felicidades en todo el universo, pero si eres egoísta, sufrirás, estarás en un constante infierno.


Cuento Zen: Los chiles picantes

Los chiles picantes

Los apegos son así de absurdos. A todo se puede renunciar, excepto a tu consciencia más interna. En lo profundo vive permaneciendo en constante renuncia.


Cuento Zen: Los dos burros de carga

Los dos burros de carga

Tienes demasiado, y tú quieres compartir, no eres egoísta. El amor es inocente si no tiene un motivo en sí, cuando no es más que un compartir de tu energía.


Cuento Zen: Los halagos y los insultos

Los halagos y los insultos

Viene alguien que te halaga, y tu ego se infla, y te sientes estupendamente; luego viene otro y te insulta, y simplemente te deja por los suelos. Despierta: No te dejes manipular.


Cuento Zen: Los palillos largos

Los palillos largos

El egoísmo es la ausencia de los demás en mi vida. Pero si yo hago lo que tú no puedes, y tú haces lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas.


Cuento Zen: Los siete tarros de oro

Los siete tarros de oro

Sin el apego hay felicidad. Utiliza lo que tengas, no seas posesivo. No reclames que es tuyo. No hay nada que sea tuyo; todo pertenece a la existencia.


Cuento Zen: Pelé es agradecido y humilde

Pelé es agradecido y humilde

Pelé da lecciones de humildad pese a haber sido laureado y aclamado por el mundo por ganar varios mundiales, a Pelé no se le subió la fama a la cabeza.


Cuento Zen: Por estúpido es ciego

Por estúpido es ciego

El santo hindú se debió sentir poderoso al destruir sus ojos: Soy capaz de hacerlo. Su ego debió de sentirse sutilmente alimentado, más fuerte que nunca.


Cuento Zen: Trascender el ego

Trascender el ego

En profunda aceptación, el ego se trasciende. Un maestro dice: Está contento tal como eres, no se necesita nada más, y entonces, de pronto todo sucede.