El poder de la luz

Cuento Zen (378)

Un anciano en su lecho de muerte llamó a sus tres hijos y les dijo:

No quiero dividir en tres lo que poseo porque eso dejaría muy pocos bienes a cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente, más astuto y más sagaz. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Tomadla. El que compre con esa moneda algo con lo que se pueda llenar la casa completamente se quedará con todo.

Los tres se fueron. El primer hijo compró paja, pero solo consiguió llenar la casa hasta la mitad. El segundo hijo compró sacos de pluma, pero no logró llenar la casa mucho más que el anterior. El tercer hijo, que consiguió finalmente la herencia, solo compró un pequeño objeto. Era una vela. Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.

MORALEJA

Las últimas palabras de Buda antes de morir para demostrar el poder de la luz fueron: «Sé una luz en ti mismo», es decir, no sigas a otros, no imites, no trates de parecerte a alguien. Naces con una posibilidad tremenda de inteligencia, naces con una luz dentro de ti, escucha a la voz pequeña que hay dentro de ti, y ella te guiará. Nadie más puede guiarte, nadie más puede convertirse en un modelo para tu vida, porque tú eres único. Nunca ha existido, ni existirá nadie que fuese exactamente como tú. Esta es tu gloria, tu grandeza: eres absolutamente irremplazable, eres simplemente tú y nadie más.

La persona que sigue a otros se vuelve falsa, se vuelve un imitador más, se vuelve mecánica. Puede que los demás le consideren un gran santo, pero en lo más hondo es simplemente ininteligente y nada más. Puede que tenga un carácter muy respetable, pero eso es solo la superficie, no tiene siquiera la profundidad de la piel. Ráscale un poco y te sorprenderás de que por dentro es una persona totalmente diferente, justo lo contrario de su exterior.

Siguiendo a otros puedes cultivar un bello carácter, pero no puedes tener una bella consciencia, y así, nunca podrás ser libre. Perderás toda realidad. Perderás toda la sinceridad, serás infiel a ti mismo. Te volverás artificial y fingido.

Buda define a la sabiduría como vivir la luz de tu propia consciencia, y a la necedad, como seguir a otros, imitar a otros, convertirse en una sombra de alguien.

El verdadero Maestro crea maestros, no seguidores. El verdadero Maestro te empuja de vuelta a ti mismo. Todo su esfuerzo se encamina a hacerte independiente de él, porque has sido dependiente durante siglos, y no te ha conducido a ninguna parte. Todavía sigues tambaleándote en la noche oscura del alma.

Solo tu luz interna puede convertirse en el amanecer, puede llenar todo tu ser. El verdadero Maestro siente compasión por ti porque te ama, y le gustaría que fueras completamente libre, libre de toda dependencia externa.

Pero el ser humano nace libre, sin embargo, no quiere ser libre. Quiere ser dependiente. Quiere llenar su vida de cosas externar. Quiere que le guíe otro. ¿Por qué? Porque entonces puede echar toda la responsabilidad sobre los hombros del otro. Y cuanta más responsabilidad echas sobre los hombros del otro, menor es la posibilidad de que alguna vez llegues a ser inteligente, es la responsabilidad, el reto de la responsabilidad lo que crea la sabiduría.

Hay que aceptar la vida con todos sus problemas. Hay que ir por la vida sin protección; hay que buscar y explorar el propio camino. La vida es una oportunidad, un reto, para encontrarse a uno mismo. Sé una luz en ti mismo y serás sabio; deja que otros se vuelvan tus líderes, tus guías, y te seguirás perdiendo todo.