Las posesiones

Cuento Zen (202)

El Gurú estaba meditando a la orilla del río cuando llegó junto a él un discípulo, se inclinó y depositó a sus pies dos enormes perlas como prenda de respeto y devoción.

El Gurú abrió sus ojos y tomó una de las perlas, pero con tan poco cuidado que se le escapó de la mano y fue rodando hasta caer al río.

Horrorizado, el discípulo se zambulló en el agua para recuperarla, pero, a pesar de bucear una y otra vez hasta que se hizo de noche, no consiguió dar con ella.

Al fin, completamente empapado y exhausto, sacó al Gurú de su meditación y le dijo: Tú viste dónde cayó. Indícame el lugar exacto para que yo pueda recuperarla.

El Gurú tomó la otra perla, la lanzó al río y dijo: ¡Justo allí!

MORALEJA

No trates de poseer cosas, porque las cosas en realidad no pueden ser poseídas. Limítate a cerciorarte de que no eres tú poseído por ellas, y serás el soberano de la creación.

Una persona libre nunca está sitiada. Estar sitiado implica que uno tiene posesiones personales que defender. Una persona libre no tiene nada en el mundo salvo su impecabilidad, y la impecabilidad no puede ser amenazada.

Descubre para ti mismo cuáles son las posesiones y los ideales que no deseas. Al saber lo que no quieres, por eliminación, desahogarás la mente, y solo entonces entenderás la esencia que siempre ha estado ahí.

Pero cuando comprendan esta verdad de sentir y gozar, disminuirán la cantidad de sus posesiones y aumentarán la calidad de sus sensaciones; con poco que posean, vivirán en continuo éxtasis.