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LOS CAMPOS DE IRRADIACIÓN EN EL PLANETA TIERRA

- CRISTIANOS ORIGINARIOS -

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22/08/2021

Los campos de irradiación en el planeta tierra, es un texto sobre la luz primaria de Dios y la influencia de la ley de siembra y cosecha sobre la humanidad.

Los campos de irradiación en el planeta tierra - Escrito por Cristianos Originarios

IRRADIACIÓN PLANETARIA

Irradiación del Espíritu de Dios, nuestro Padre eterno.

Yo Soy, y tú eres en Mí, en la eternidad primaria, a la que regresarás a través de Cristo.

Hijo Mío, aunque dudes o seas incrédulo – Yo hablo. Pues Yo Soy el Dios que habla en lo profundo de tu alma. Yo Soy el Dios que habla en todos los soles y astros; Yo Soy el Dios que habla en cada planta, en cada piedra, en cada animal. Yo Soy el Dios que habla en cada gota de agua, en cada irradiación de los astros. El infinito, el universo, Soy Yo; y tú, hijo Mío, llevas como esencia todo el infinito, todo el SER, en ti, en lo más profundo de tu alma.

Hijo Mío, reconoce las profundidades de tu vida interna y siénteme en ti. Hazte consciente de que jamás estás solo ni abandonado. La fuerza primaria y la fuerza de Cristo tienen efecto en ti y te irradian incansablemente. Debes saber, hijo Mío, que tú estás fusionado con el poderoso universo, que es tu hogar eterno; pues tú eres un hijo del infinito, un hijo del universo.

Mira, cuando te visualicé, creé y te di como ser de la luz a las esferas celestiales, también inhalé en ti la libertad. Ser libre significa vivir la ley del amor, la ley del universo. Quien vive la ley del amor, la ley del universo, tiene absoluta libertad de movimiento en todo el infinito. Al ser puro nada le es extraño. El ser puro puede usar cada irradiación del infinito, porque cada irradiación es activa en él, siendo por tanto perfecto.

A raíz de la Caída, al haberse cargado el alma, el ser espiritual se estrecho más y más, disminuyó en irradiación, se entregó a la voluntad propia de ser más que Dios; todavía, ser igual a Él, para entonces estar por encima de Él.

De este modo los seres cargados se crearon su propia ley, vosotros la llamáis la ley de siembra y cosecha. Aquel que vive en esta ley de siembra y cosecha, es pecador, y mientras más peque, tanto más se apartará de la ley eterna, de la ley universal del amor; y con ello de Mí, su Padre.

El Padre, que Yo Soy, le será entonces extraño. Es un Dios que está muy lejos, tal vez incluso del Dios que castiga y azota; porque tus propias causas se hacen efectivas y tú Me las atribuyes a Mí. A raíz de ello surgieron el miedo, el odio, las disputas y muchas cosas más.

Cada vez más pecaron muchos de Mis hijos. Cada vez más se enredaron en los hilos de la ley de siembra y cosecha. Cada vez más cayeron y se apartaron de la luz interna. El amor, que Yo Soy, fue tras ellos a través de profetas. En todos los tiempos hablé a través de boca profética, porque muchos de los Míos, que se habían entretejido en la ley de siembra y cosecha, ya no Me podían entender, ni siquiera captar.

IRRADIACIÓN DE LA LUZ PRIMARIA

La luz primaria irradia también al planeta tierra.

El Espíritu universal, el éter eterno, donante de vida y sustento, vivificaba y vivifica tanto los mundos puros como también los ámbitos de la Caída, y así también el sistema solar parcialmente condensado con la Tierra, donde la vida altamente condensada se multiplicaba más y más.

El amor omnipresente que lo traspasa todo, el Espíritu eterno, regalaba y regala su hálito vivificante y alimentador también a los seres caídos.

El Padre, el Espíritu universal, dio a Sus hijos toda la posibilidad de reconocerle a Él, al Todopoderoso, y de tomar la mano que les ofrecía, pues Él sabía que algún día volverían. La fuerza de luz, el hálito sagrado, también fue y es dado al sistema terrestre. A causa de esta actividad pura y legítima, se produjeron reiterados cambios de polos. Por ello volvía a transformarse toda la Tierra y se hizo inhabitable por un tiempo.

El amor del Padre no sólo concedía Su hálito sagrado al sistema terrestre sino también a los hijos terrestres, que se condensaban cada vez más. La Inteligencia eterna les envolvía con un campo energético de vibración superior, por el cual el Señor concedía a Sus hijos terrenales la posibilidad de dirigirse hacia los planetas sustentadores que pertenecen al sistema terrestre. Sólo con esta fuerza incrementada de luz del Espíritu, les era posible a estos seres ya bastante materiales, parecidos a los hombres, dirigirse a estos planetas y vivir allí, hasta que la Tierra se tranquilizase.

A causa de posteriores desvíos polares, la luz primaria, el hálito de Dios, tuvo una influencia legítima sobre la Tierra:

Los Cielos eternos puros se extienden por el principio de Dios eternamente vigente, por el éter puro fluyente, que es denominado la exhalación del Espíritu. Por esta exhalación del Espíritu universal, se formaron dentro de los Cielos puros nuevos sistemas solares espirituales.

En el ámbito de la materia se manifestaba y se manifiesta esta extensión entre otras cosas por desplazamientos de polos, ya que el éter modificado nunca presenta la misma flexibilidad que la materia primaria. Estas legitimidades se llevaban y se llevan a cabo a través del Sol y sus planetas.

Después de que la Tierra se hubo calmado y de que las aguas se hubieran vertido en sus fosas o buscarán las que se habían formado, actuó el Espíritu universal sobre la Tierra y sus aguas. Su luz benévola fecundó la Tierra intensamente a través del Sol, de sus estrellas y de las aguas.

IRRADIACIÓN DE LA LEY CAUSAL

El Espíritu universal, sin embargo, no destruyó los campos de irradiación creados por Sus hijos. Estas causas debían ser expiadas por los hijos mismos en el transcurso de la ley causal de siembra y cosecha.

A consecuencia de los cambios polares, que tenían y tienen sus causas legítimas; ya que el Espíritu universal inhala y exhala en el ciclo de eras, se taparon de nuevo varios campos de irradiación, ya que en diversos ámbitos cambiaba la Tierra por las erupciones y erosiones.

Algunas partes se desprendieron de los campos de irradiación por el cambio de polos. Estas clases de átomos espirituales activas, condensadas, que no actuaban de acuerdo a la ley divina, empezaron a desarrollar su actividad sobre aquellos continentes y países donde se fijaron. Por eso, todavía hoy toda la Tierra está traspasada por estos campos de irradiación activos contrarios y por sus irradiaciones. También las partes más pequeñas que se encuentran en otros continentes y países, están todavía en plena actividad. La masa de los campos energéticos contrarios se encuentra, sin embargo, en el cercano, medio y lejano Oriente y tiene allí su actuación más fuerte.

La Inteligencia eterna, el Espíritu universal, permitió la formación del planeta Tierra, que creó por Sus exhalaciones. Es un débil reflejo de los planetas celestiales de materia sutil. Sus hijos debían acordarse de la hermosura y pureza de los Cielos.

El Espíritu universal siguió vivificando con Su hálito a la Tierra que se tranquilizaba, por la cual ésta floreció de nuevo y con mayor abundancia. A causa de erosiones y erupciones se formaron montañas, mares, lagos y ríos. El Espíritu universal le dio a la Tierra una órbita legítima. Ya que el Espíritu omnipresente es la expresión de lo verdadero y de lo bello, también expresó Su hermosura, amor y sabiduría en las formas y en los ámbitos materiales.

IRRADIACIÓN DE LOS SERES DE LA CAÍDA

Dios ama a Sus hijos, no importa qué causas contrarias estén creando en este momento. Él, el Espíritu universal, regaló a Sus hijos, que se habían apartado de Él, un hermoso y fecundo planeta. Ya que Sus hijos, sin embargo, sólo estaban orientados hacia el querer ser y poseer, y el egoísmo, no reconocieron la mano benévola de su Padre celestial.

Como ya manifesté, la misericordia del Señor concedió a los hijos caídos la fuerza para vivir en los planetas sustentadores de la Tierra, hasta que ésta se hubiese tranquilizado. Pero también allí volvieron a hacer planes contra Su poder, amor y cuidado universal. Aunque en estos ámbitos vivían en las circunstancias más primitivas, por ejemplo, en cuevas o cráteres, todavía no reconocían su debilidad con respecto aun poder ilimitado eterno. Creían poder servirse de la bondad del Señor. No consideraron la ley eterna de causa y efecto. Los cambios, que surgieron por las causas creadas por ellos, no los comprendieron. Creían que todo tenía que ocurrir así, que sólo era algo pasajero y que servía para la formación de su idea, de querer ser como Dios.

En aquellos planetas que sirvieron a Satana y a sus seguidores fieles como lugares de refugio, el ángel femenino, antes más elevado, reunió alrededor suyo al resto de sus seguidores.

Cuando a causa de la ley de gravitación niveladora y por la desaparición de la envoltura magnética de luz ya no podían ser soportados por los planetas alimentadores, siendo así suavemente rechazados, se volvieron a orientar hacia el planeta Tierra. Fueron entonces atraídos por el magnetismo de la Tierra parcialmente material. Al mismo tiempo, la intensidad de luz de sus cuerpos ya muy condensados disminuía cada vez más. Esto significa que adoptaron el grado de vibración de la Tierra, que volvía a servirles como hogar.

Los seres de la Caída que vivían en mundos superiores y que se habían separado de Lucifer, ya no podían tener ninguna influencia sobre los campos de irradiación, a causa de los cambios de polos y de la estructura terrestre.

Desde los ámbitos superiores de la Caída, estos seres de vibración igualmente contraria observaban la Tierra, que adquiría cada vez más hermosura, forma y luz solar. En los corazones de muchos de estos hijos de la Caída penetró la envidia. Creyeron que Satana aún lograría alcanzar la divinidad y actuar como espíritu omnipresente. Por eso empezaron a aceptarla de nuevo.

Satana y sus seguidores estaban ahora muy condensados. Sus cuerpos etéreos iban adquiriendo cada vez más rasgos humanos. La condensación aumentó por el cráneo extremadamente grande. Desde la cabeza, desde el punto central de la luz divina en el hombre, se condensó cada vez más el cuerpo etéreo.

IRRADIACIÓN DEL CRISTIANISMO

Un cristianismo verdadero podría neutralizar los campos de irradiación.

Jesús de Nazaret, el mediador entre Su Padre y Sus hijos, dio a aquellos que creían en Él la misión de llevar el Evangelio del amor a todos los países. Él dijo que la humanidad fuese primero enseñada y luego bautizada. El Señor quería que cada uno cumpliese primero la ley de Dios en sí mismos, para que pudiese recibir el bautizo de fuego del Espíritu Santo, para luego enseñar a otros hombres.

«Sólo aquel que haya cumplido las leyes en su mayor parte, puede ser un maestro en el sentido del Espíritu». Cristianos Originarios

Tanto en el plano espiritual como en el material, es una realidad que aquel que no haya aprendido su asignatura – esto significa en el espíritu: aquel que no haya cumplido en su mayor parte las leyes – tampoco puede enseñarla con detalle. Aquel que no verifique el Sermón de la Montaña del Señor, no es llamado por Dios y es incapaz de dar información sobre la palabra de Dios.

El hombre, sin embargo, se esfuerza por bautizar al recién nacido con el agua de este mundo y de instruir al hijo más tarde de acuerdo con sus dogmas e ideas. Por este modo de actuar erróneo, muchos de los cristianos eran y son incapaces de llevar el verdadero cielo del amor a todos los países.

Pero los verdaderos cristianos tendrían la posibilidad de anular las influencias cósmicas contrarias, los campos de irradiación, si reconocen a Jesucristo, su Redentor, la fuerza parcial de la fuerza primaria.

Pero sólo el reconocimiento de Cristo no es suficiente. Para contrarrestar los campos de irradiación, la humanidad tendría que llevar una vida en y con Cristo.

Por medio de un verdadero cristianismo interno, los campos de irradiación estarían neutralizados desde hace tiempo y se habría evitado el gran peligro contrario que existe para las almas vacilantes.

Jesús de Nazaret dijo: «Si queréis entrar en los Cielos eternos, tenéis que llevar el cielo interno, pues el reino de Dios está dentro de vosotros».

NOTA FINAL

Esta manifestación nos fue regalada para que lleguemos a comprender el inmenso acontecimiento cósmico de la Caída de lo espiritual a lo material.

El maestro espiritual Hermano Emanuel, el Querubín de la Sabiduría divina, explica detalladamente cómo se formaron los mundos parcial y totalmente materiales.

La dimensión de este acontecimiento, que apenas si podemos comprender, se manifiesta al lector cuando empieza a percibir qué extravíos sufrieron los seres de la luz antaño puros, hasta que llegaron a convertirse en seres humanos.

Jesús de Nazaret, el Cristo de Dios, el Redentor de todos los hombres y almas, tampoco neutralizó estos campos de irradiación, los que fueron creados por los seres de la Caída y por eso según la ley, deben ser anulados por ellos.

El Hijo de Dios, el Redentor de la humanidad, dio, sin embargo, a todos los hombres y almas la posibilidad de neutralizar y anular estos campos de irradiación a través de una vida pura y correspondiente a las leyes del Señor, al transmitirles la fuerza parcial de la fuerza primaria.

La intensidad de irradiación de estas bases energéticas actúa con especial fuerza sobre almas y hombres muy cargados, que no viven de acuerdo con las leyes del Señor.

Estos campos de energía magnético-espiritual influyen en gran manera sobre los campos magnéticos de la Tierra, y actúan sobre todo en el globo terráqueo a través de las corrientes magnéticas de la Tierra.

«No importa el tamaño de la oscuridad, sino el poder de la luz». Cristianos Originarios

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