Interdependencia planetaria con Australia

Todos somos interdependientes unos de otros; los árboles y el hombre... todo está entretejido. Lo de Australia es un llamado a la conciencia planetaria.

OSHO

INTERDEPENDENCIA ES NUESTRA REALIDAD

Este es un llamado desesperado a la conciencia planetaria para que no vuelva a suceder lo de Australia nunca mas.

Toda la ecología en toda la Tierra está siendo destruida. Pero la vida no existe como islas separadas; ni un solo hombre es una isla, todo está entretejido.

Hemos oído estas dos palabras: dependencia e independencia. Ambas son irreales: la realidad es interdependencia. Todos somos interdependientes unos de otros; no solo un hombre de otro hombre, no solo una nación de otras naciones, sino los árboles y el hombre, los animales y los árboles, los pájaros y el sol, la luna y los océanos... todo está entretejido. Y la Humanidad del pasado nunca pensó en que fuera un cosmos. Siguieron pensando en términos de considerarlo todo por separado. Fue imposible para la gente del pasado pensar que el hombre y los árboles estén conectados, que sean interdependientes.

No puedes vivir sin árboles y tampoco los árboles pueden vivir sin ti. Pero es demasiado tarde; árboles de cien años, de doscientos años, incluso de miles de años, han sido destruidos y talados para producir más papel destinado a toda clase de periódicos estúpidos, sin consideración alguna por lo que se está causando. Nadie será capaz de reemplazar estos árboles.

Nepal, uno de los países más pobres del mundo, no posee más que los eternos Himalaya y sus espesos bosques, viejos, antiguos. Se han vendido esos bosques a diferentes países. Esta es la única mercancía que puede vender. En los últimos treinta años, la mitad de los árboles del Nepal han desaparecido y para los próximos treinta años la Unión Soviética ha adquirido los derechos de muchos de los restantes bosques. Y no están talando árboles a la antigua usanza, con hacha, sino con las más modernas técnicas, de manera que en un solo día, cientos de árboles simplemente desaparecen; miles de hectáreas de bosques se convierten en un desierto. Estos árboles habían venido impidiendo a los ríos de los Himalayas descender con demasiada fuerza. Cuando las aguas alcanzaban Bangladesh, donde se encuentran con el océano, la cantidad de agua era exactamente aquélla que el océano podía absorber. Pero ahora esos árboles han desaparecido y los ríos están fluyendo con una fuerza tan tremenda y con tanta agua que el océano no puede absorberla rápidamente.

Y cada año, Bangladesh está sufriendo enormes inundaciones, extrañas inundaciones, ríos fluyendo contra corriente porque el océano no admite el agua. Destruyen todas las cosechas de Bangladesh. Bangladesh es pobre y estas inundaciones están matando a miles de personas, miles de animales, destruyendo miles de casas. Y ahora Bangladesh no puede hacer nada al respecto. No está en su poder decir a Nepal: Por favor, no taléis los árboles.

En primer lugar, incluso si Nepal detiene la tala de árboles, el daño está ya hecho. Y en segundo lugar, Nepal no puede detener la tala de estos árboles. La venta ha sido hecha para los próximos treinta años; el dinero ha sido ya cobrado, para sobrevivir.

EL PLANETA

Una situación similar existe en muchas áreas del planeta.

Las selvas tropicales de todo el mundo desaparecen a una velocidad de dieciocho a veinte millones de hectáreas al año, un área como la mitad del tamaño de California; y California es uno de los estados más grandes de los Estados Unidos. En el período de los próximos veinte a treinta años, todas las selvas tropicales desaparecerán, y las implicaciones son tremendas porque estos bosques proveen oxígeno y vida. Si estos bosques desaparecen a la velocidad que están desapareciendo, la Humanidad no sabrá qué hacer para encontrar oxígeno; ¿de dónde lo obtendrá?

Y por otro lado, todo el dióxido de carbono que uno exhala, los bosques lo inhalan. Si estos bosques no existieran... hay ya mucho dióxido de carbono acumulándose continuamente en la atmósfera; éste es un hecho que se aprecia en cualquier parte de la Tierra. Y a causa de este dióxido de carbono, la temperatura de la atmósfera está elevándose. Es ya unos cuantos grados más alta de lo que ha sido jamás.

Si la temperatura sigue incrementándose—cosa posible porque nadie escucha: se talan árboles sin ninguna inteligencia, para cosas inútiles; están destruyendo la vida para periódicos de tercera categoría—existe la posibilidad de que las nieves perpetuas de los Himalaya empiecen a derretirse, lo que no ha ocurrido nunca en el pasado. Entonces todos los océanos se elevarán muchos metros y las ciudades costeras quedarán cubiertas por las aguas, como por ejemplo, Nueva York, Londres, San Francisco, Ámsterdam, Bombay y Calcuta.

Durante los próximos doce años, se espera que la población mundial se incremente de un treinta a un cuarenta por ciento; de cinco mil millones de personas a siete mil millones. El solo crecimiento de esta población causará un requerimiento del doble de agua en casi la mitad del mundo, y no tenemos esa cantidad de agua potable. Además, los alimentos, eso es otra cosa...

Además, el informe de las Naciones Unidas afirma que globalmente, seis millones de hectáreas de tierras de cultivo y pastos se degradan hasta la desertización y veinte millones de hectáreas se ven reducidas a una productividad nula. Muchos cientos de plantas y especias de animales se extinguen cada año, lo que puede fácilmente convertirse en miles cada año a medida que bosques y tierras de pastoreo sigan desapareciendo. De un millón y medio a dos millones de personas en países en vías de desarrollo sufren anualmente de agudos envenenamientos a causa de pesticidas, y las muertes relacionadas con pesticidas se estiman en diez mil al año.

Hay muchos gases que son producidos por nuestras fábricas, lo que nos ha hecho conscientes de un extraño fenómeno: esos gases ascienden y producen agujeros en la capa de ozono—una variedad de oxígeno—que envuelve a la Tierra a unos treinta kilómetros de distancia. Este ozono es absolutamente necesario para la Humanidad, para los animales, para los árboles, porque absorbe los rayos dañinos del sol y permite solo la entrada de rayos favorables para la vida. En la actualidad los gases que nuestras factorías e industrias han creado grandes agujeros, y a través de esos agujeros, mortíferos rayos del sol están atravesando nuestra atmósfera.

Ningún gobierno está dispuesto a apoyar a los científicos de tal manera que puedan crear más ozono y rellenar esos huecos que nosotros mismos, inconscientemente, hemos creado.

Esta Tierra no ha estado nunca tan enferma; nunca ha estado tan en peligro de sufrir nuevas enfermedades. Pero los intereses creados no están dispuestos a detener a estas fábricas o a encontrar alternativas.

El presupuesto mundial para la guerra se acerca a un millón de millones de dólares al año. Un millón de millones de dólares se gastan cada año en asuntos de guerra, y cada año quince millones de personas mueren por malnutrición y enfermedad.

Cada minuto, treinta niños mueren por falta de comida y de vacunas de bajo costo, y cada minuto 1.3 millones de dólares de los fondos públicos se destinan al presupuesto militar mundial.

Al parecer, ya no estamos interesados en la vida, hemos decidido suicidarnos. El hombre nunca se ha encontrado en tal estado suicida; nunca, en toda la historia.

Doscientos cincuenta millones de niños no han recibido ni siquiera una educación elemental. Un solo submarino nuclear equivale al presupuesto educativo anual de dieciséis millones de niños en edad escolar en países en vías de desarrollo. ¡Un solo submarino! Y hay cientos de submarinos surcando los océanos de todo el mundo—americanos y rusos—y cada submarino tiene armas nucleares seis veces más poderosas que todas las armas usadas en la Segunda Guerra Mundial. Son tan costosas que podríamos haber provisto a nuestros niños de educación y comida, de alimento. Pero nuestros intereses son otros.

Medio millón de científicos están dedicados solamente a crear más material de guerra. Diez millones de personas en todo el mundo ya han contraído el SIDA, el cual no tiene curación. Y esta cifra no es correcta, porque muchos países aún no han declarado cuánta gente tiene el SIDA; no tienen ninguna manera de averiguarlo, por ejemplo, la India. Los países musulmanes están destinados a tener un gran número de gente sufriendo de SIDA, porque la homosexualidad se ha practicado durante miles de años.

En todas partes las perversiones sexuales se han vuelto tan desenfrenadas, que Sodoma y Gomorra parecen juegos de niños. Incluso de acuerdo con moderadísimas estimaciones, para el final de este siglo habrá cien millones de personas padeciendo el SIDA. Un número tan elevado que no existe ninguna posibilidad de que los hospitales sean capaces de ofrecer los cuidados necesarios.

Estas son las multidimensionales formas en que la muerte se está aproximando a la Tierra.

Mi énfasis estriba en que nuestros problemas son internacionales y nuestras soluciones son nacionales, por lo que ninguna nación es capaz de resolverlos. Lo tomo como un gran desafío y una gran oportunidad. Las naciones deberían disolverse en un Gobierno Mundial, que aporte soluciones mundiales.

¿SIN FUTURO?

Existe toda posibilidad de que, en lo que concierne a la vida, no haya ningún futuro.

Estamos llegando a un callejón sin salida. Es triste reconocer el hecho, pero es bueno hacerlo, porque entonces existe la posibilidad de dar un giro diferente. De la manera en que las cosas se desenvuelven hoy, la conclusión lógica es un suicidio global.

Y el factor más alarmante es que la intelectualidad del mundo, los científicos del mundo, los filósofos del mundo, están ignorando todos estos hechos. Todo ser inteligente debería tener la determinación de no permitir que ningún interés creado destruyera este planeta. Salvar al hombre es salvar la mayor creación del universo. A esta Tierra le ha costado cuatro millones de años crear al hombre. ¡Todo es tan valioso! Y el futuro es mucho más valioso aún.

Si algo tiene que hacerse por el futuro, éste es el momento; de otra manera la mayor evolución de la consciencia en el universo desaparecerá. Esto no representará solo una pérdida para la Tierra, sino para el universo entero.

En estos millones de años hemos sido capaces de crear la posibilidad de cierta consciencia, pero no tenemos tiempo para esperar que la naturaleza vaya evolucionando a su lento ritmo. La naturaleza dispone de la eternidad; nosotros no. Tenemos pocos años con esperanza en nuestras manos, por que esta cerca el punto de no regreso.

Por ejemplo, el reciente informe de las Naciones Unidas en su Comisión Mundial sobre Ambiente y Desarrollo, Nuestro Futuro Común, ha hecho una recomendación con el objetivo de lograr un desarrollo auto-sostenible para salvar al planeta y ha definido esto como La satisfacción de las necesidades básicas del presente sin agotar los recursos del futuro. El informe reconoce también que, si algo debe hacerse al respecto, ha de hacerse ahora; de otra manera no habrá futuro.

La conclusión es verdadera, pero el informe ha sido manipulado. Está manipulado en el sentido de que no habla de quién ha creado los problemas actuales.

Si vamos a resolver los problemas del futuro y a disolverlos, tenemos que buscar sus raíces en el pasado. Es todo nuestro pasado, en todas sus dimensiones, lo que ha dado origen a esta peligrosa situación. Pero nadie habla acerca de ello, porque ninguna generación anterior se ha preocupado por el futuro. Durante miles de años el hombre ha vivido del modo que quería, y simplemente ha forzado a la generación siguiente a vivir a su manera. Esto ya no es posible.

Tenemos que dar un salto cuántico y enseñar a la nueva generación a no vivir de la manera que nosotros hemos vivido. Solo entonces puede cambiar el futuro.

Lo que sucede en Australia es un llamado de emergencia a la Hermandad Planetaria.