El juego de vida - Reflexión

Toma la vida como un juego disfruta de todas sus facetas: perderte o encontrar el camino correcto, la oscuridad de la noche y la belleza del amanecer.

MAURICIO AMAYA

LA VIDA ES UN JUEGO

Tómate la vida como un juego, disfruta de todas sus facetas:
El fracaso, la victoria, perderte o encontrar el camino correcto...

¿Por qué me resulta tan difícil aceptar que soy un fracasado?
Prefiero sacrificar mi bienestar antes que aceptar que he fracasado.

La pregunta que haces es la pregunta que tienen todos los que han sido educados para ser egoístas. Desafortunadamente, la educación moderna,... te enseña a ser egoísta, fuerte, a estar cristalizado.

La cuestión es que tu educación te ha preparado para un mundo competitivo. Es una lucha constante. Todo el mundo es tu enemigo porque todo el mundo compite contigo. A no ser que tengas un ego muy fuerte, no vas a ser presidente ni primer ministro, ni lograrás convertirte en la persona más rica del mundo. Serás un don nadie que se quedará a un lado del camino, mientras toda la caravana de competidores te adelantará. Te pasarán por encima y te aplastarán.

A los niños les inculcan el miedo a tener que ser muy fuertes para que no te aplasten desde un principio. Todo el mundo trata de salir victorioso de una forma u otra. Todo el mundo compite para salir adelante, para convertirse en alguien especial. Tu pregunta surge a consecuencia de esa educación errónea, de esa educación absolutamente inhumana. Eres víctima de un mundo equivocado, de una civilización equivocada, de un sistema educativo equivocado.

¿Por qué me resulta tan difícil aceptar que soy un fracasado?, me preguntas. Porque le duele al ego; si no, daría lo mismo... Te estás preocupando innecesariamente porque no aceptas ser un perdedor. Estás diciendo: Prefiero sacrificar mi bienestar antes que aceptar que he fracasado.

La propia idea de la competitividad es egoísta. Es enfermiza. No hay nada de malo en ser un perdedor. ¡Sé un perdedor absoluto! Has todo lo que puedas, y si lo que consigues es fracasar, acéptalo con dignidad. Unos tienen que perder y otros tienen que ganar. No deberías estar tan apegado a tu ego para tener que ganar siempre. De vez en cuando no está mal perder, aunque solo sea por cambiar. Con el fracaso se puede aprender tanto como con el éxito. Puedes aprender a no tener ego, puedes aprender a ser humilde, puedes aprender a aceptar todo lo que te trae la vida. Todas esas cosas te aportarán madurez. Entonces, ¿a quién le importa quién gana y quién pierde?

A la gente le preocupa demasiado que el resto del mundo le esté mirando. Pero nadie tiene tiempo para eso. Todo el mundo está enfrascado en su propia competición...

Habría que tomarse la vida casi como si fuese un parque de juegos infantiles. Habría que aprenderse las reglas del juego. Habría que saber que unos tienen que ganar y otros tienen que perder. Si eres humilde, preferirás ser un perdedor a privar a alguien del éxito. Puede que no hayas barajado la posibilidad de disfrutar de la derrota dando a otro la posibilidad de disfrutar del éxito. Su éxito está en tus manos. Le podrías haber privado de ese éxito.

Pero para pensar y darse cuenta de que esas son las dos únicas posibilidades que existen solo hay que estar profundamente despierto. Pelea con todas tus fuerzas y todo tu ímpetu, pero no hace falta que seas el vencedor. Y si el otro gana celebra también su victoria. Ha sido un juego divertido. No te sientas derrotado. Tu fracaso solo se convierte en derrota cuando no pones en ello toda tu energía. Si lo haces, el fracaso puede ser más valioso que la victoria.

Tú pareces una persona muy seria. Tómate la vida como un juego, disfruta de todas sus facetas: el fracaso, la victoria, perderte o encontrar el camino correcto, la oscuridad de la noche y la belleza del amanecer. Disfruta de las dos caras, de todas las posibilidades, y en cada experiencia aprende algo que te ayude a madurar. Aprende a ser menos serio y más comprensivo. Ten más sentido del humor. Te dedico especialmente esta pequeña historia...

Tres mujeres llegan a las puertas del cielo después de morir y allí las recibe San Pedro.

  • ¿Habéis renunciado al sexo en la tierra?.
  • Yo sí, absolutamente, responde.
  • Muy bien -dice San Pedro-. He aquí la llave de oro que abrirá las puertas del paraíso.
  • Luego se vuelve hacia la segunda mujer y le pregunta: ¿Y tú?.
  • Bueno -responde-, a medias.
  • De acuerdo -dice San Pedro-. He aquí las llaves de plata que abrirá las puertas del purgatorio.
  • Entonces pregunta a la tercera: ¿Y tú?
  • ¿Yo? -responde-. Yo he hecho todo lo que te puedas imaginar ¡y cosas que ni te imaginas!.
  • ¡Genial! -responde San Pedro-. He aquí la llave de mi habitación. Enseguida voy.

Osho, No tienes nada que perder.
En el camino hacia la verdad, la conciencia y la felicidad