DIOS ESTÁ EN LA VIDA

28/04/2018

Cuando el hombre es religioso es capaz de cometer las mayores crueldades por defender un concepto de verdad creyendo que cumple la voluntad de Dios.

Dios está en la vida - Escrito por Anthony de Mello

Distorsión de la realidad

Nos hemos olvidado de la realidad.

La palabra y el concepto distorsionan la realidad. Si de un animal que nunca habías visto, te enseñan sólo la cola, no podrás saber cómo es el animal. No sabes su conjunto y, por lo tanto, ni siquiera sabrás el sentido de realidad que encierra la palabra «cola», porque, separada de su conjunto, pierde su realidad global que le da sentido.

La palabra Navidad crea, en nosotros, una serie de emociones y sentimientos que nada tienen que ver con la realidad. En la naturaleza no existe la Navidad. La Navidad está programada en la mente cristiana como el Ramadán en los árabes y la Pascua en los judíos.

Todo es ilusión de una palabra que crea unos conceptos y unas emociones. De igual manera, en la práctica, la religión no existe, puesto que en la realidad no la constituyen más que un conjunto de palabras y conceptos.

¿Qué tiene que ver la palabra «Dios» con la realidad? Nos hemos olvidado de la realidad, con la sustancia que la palabra trata de indicar, y nos hemos quedado con la palabra. Lo que importa no es la palabra, ni el concepto, ni los símbolos. Todos los símbolos son imprecisos, y lo importante es que ellos sólo nos sirvan para ponernos en contacto con la realidad que esconden.

DIOS NO SE DEJA ENCERRAR

En el fondo todo es lo mismo. Dios es sólo uno y no se deja encerrar.

En la Universidad te enseñan teorías, fórmulas y técnicas, y la teología debiera de servir para hacer ignotos, ignorantes que cuestionen todo antes de adoptarlo. En la Universidad te enseñan y en la Facultad de Teología debieran sólo despertarte atacando tus errores y tus fórmulas.

¿Sabéis lo que le ocurrió a un caníbal que se comió a un misionero católico, a un protestante y a un metodista? «Pues que tuvo movimiento ecuménico en su tripa». Sólo nos separan las palabras y los conceptos. En el fondo todo es lo mismo. Dios es sólo uno y no se deja encerrar.

Lo que llamas «tú» no tiene respuesta, pues «tú» no eres nada. Sólo la realidad existe, y sólo entrarás en esa realidad a base de liberarte de tus programaciones y meterte en la noche oscura del no-saber, de los no conceptos.

Aunque antes dije que el niño es incapaz de amar, creo que no lo dije bien, pues los niños, seguramente, saben amar de una manera tan pura y sin conceptos, tan espontánea, que no lo entendemos con nuestra mentalidad programada. Los niños son los únicos que ven las cosas como son. Ven a las personas sin etiquetas, sin prejuicios, y responden con espontaneidad a la realidad, sin interferencias. Los prejuicios, las etiquetas y los miedos se los metemos luego nosotros, los mayores, de la misma forma inconsciente que usamos de esa programación mecánicamente, como hábito.

¡Qué peligrosa es la inconsciencia! Para liberarte de los prejuicios sólo tienes la consciencia. Es la consciencia la que te puede liberar. Siempre serás esclavo de las cosas de las que no eres consciente.

Hay que ser conscientes de que Dios no se deja prender por conceptos ni encerrar en palabras. Por eso, los niños están más cerca de Dios, mientras nosotros no deformamos su espontaneidad con imágenes y conceptos de «malo» y «bueno». La tesis de que Dios es incomprensible siempre ha estado presente en la teología católica. Para Tomás de Aquino, era evidente. Y para Rhaner, incluso en la visión inmediata de Dios, en la eternidad, seguía siendo incomprensible. La incomprensibilidad de Dios es el centro que debe iluminar toda teología. El mejor teólogo es el que sabe explicar la teología como Jesucristo: por medio de cuentos, sin conceptos. Por medio de la vida como hacía Jesús con las parábolas y con sus hechos en la vida cotidiana. Si nos agarramos a los símbolos olvidaremos la realidad que encierra el símbolo.

EL VALOR DE LA REALIDAD

Jesús enseña lo que es la vida y, por ella, cómo es el Padre, su creador.

¿Qué colegios conocemos nosotros que usen, corno texto, el hombre, la comunicación, el respeto y cómo es la vida y cómo se debe de respetar a los hijos y prepararlos para que sean felices? Comenzamos con unos medios para llegar a un fin, pero en seguida olvidamos el fin para quedarnos enredados en los medios; al final hacemos un fin de los medios. Absolutizamos el medio.

La espiritualidad — como la flor — ha de mostrar simbólicamente la realidad, cuidando que no nos quedemos en los símbolos y matemos al Mesías. El símbolo no es lo sagrado — como no es sagrada la flor — lo sagrado es la realidad que descubre. Es el perro el que mueve el rabo, no podemos quedarnos fijados en la cola creyendo que es ésta la que mueve al perro.

Dios no se encuentra en el templo, sino en la vida. La oración se hace para que tengas cada vez más conciencia de ti. La religión puede ser de gran ayuda mientras no la hagas más importante que Jesucristo. «Al leer mi poesía de Dios no te dejes llevar por la idolatría» — dice Tagore —. Por esa idolatría la gente sigue crucificando al Mesías. Dios es el Misterio.

Cuando el hombre se hace «religioso» es capaz de cometer las mayores crueldades por defender un concepto de «verdad» creyendo que cumple «la voluntad de Dios». El comunista indoctrinado se molesta mucho cuando se critica al comunismo. Los religiosos indoctrinados también se molestan cuando se critica la religión. Ellos se creen no sólo los poseedores de la «verdad», sino los vengadores y justicieros de quien no la cumple. Se sienten los guardianes de Dios, sus abogados, y en nombre de esa fanática creencia, hay que reconocer las enormes crueldades que se producen aún en los conventos. Se hace de una forma inconsciente, creyendo que se hace un servicio a Dios.

Es preciso que despertemos a esta realidad de que la religión no existe — y puede ser muy dañina — si en ella no está la realidad, la vida. Porque sólo la vida y la realidad nos muestran la verdad.

También Pablo fue cruel inconscientemente, por fanatismo, creyendo que hacía un servicio a Dios. Era su programación la que le guiaba, y ponía todo su entusiasmo y su fuerza en ello. Pero él fue golpeado y despertado por la realidad que lo tiró del caballo y le dio la luz. Es la realidad la que nos tiene que despertar. Si hay tanta crueldad en el mundo es porque nos falta sensibilidad para despertar a la verdad. Caernos del caballo del poder y la violencia para dar de cara al suelo de la realidad y despertarnos a la luz de la verdad.

ESO ES MUY COMPROMETIDO

Desde arriba no puedes ver a los pobres como son.

Si nos cuesta tanto caernos del caballo es porque la religión se ha identificado con el poder, endureciéndose, embruteciéndose, en vez de sensibilizarse con la verdad. La religión no quiere ver la realidad del Tercer Mundo, porque, si la ve, tendría que cambiar y soltar su poder.

Mirar a los pobres no es hacer un programa de ayuda desde el poder, sin sensibilizarte con la injusticia que provoca su pobreza. No se puede hacer un programa de amabilidad y ayuda sin bajarse hasta ellos y vivir su vida como hizo Jesús. Desde arriba no puedes ver a los pobres como son. La amabilidad no son sonrisas ni buenas palabras mientras das una limosna. La amabilidad es hacer lo que más conviene a la otra persona, según lo que necesita en ese momento.

El místico es amable, porque no deja de ser enérgico y duro cuando hace falta, y sabe responder, precisamente porque es libre de prejuicios, de miedos, de poderes y de honores y por ello es capaz, en todo momento, de ser fiel a la verdad. Por eso no se amarga nunca ni se altera.

Tu acción debe de venir de tu sensibilidad, y no de tu ideología. Las matanzas, las injusticias y las guerras provienen de la ideología que ciega a uno a la realidad y lo endurece. La teoría puede servirte en algún momento, pero siempre que no desborde u oculte la realidad. Jesús era místico — hombre de vida — y por ello obraba sensibilizado con la vida. Por ello, Jesús, para la gente programada, resulta inconsistente, imprevisto, inaprensible y asusta. Prefieren hacerse una ideología que se pueda programar y utilizar. Algo que no se escape de toda categoría y esquema. Jesús predicaba con la vida y eso es muy comprometido.

La concientización social no existe. El no dejar ver las cosas a los pobres y querer mirarlas nosotros por ellos, es ser indoctrinados, es manipularlos y no respetar su derecho a la liberación por sí mismos. Cuidado de que, con la idea programada de liberarlos, no quitarles su espontaneidad, su alegría y su cultura primitiva. El trabajo social que no brote de la sensibilidad y el respeto es peligroso. Con el nombre de salvación también existe la utilización, la persecución, la explotación y la crueldad.

Yo he conocido pobres, muy pobres, que se sentían felices a pesar de que no comían más que una vez al día. Ellos estaban a un nivel espiritual mucho más alto que el mío. Sencillez, alegría y el vivir libres de preocupaciones futuras es algo que tiene un sentido mucho más real en los pobres que en nosotros, los programados. Ellos están libres de conceptos.

Jesucristo se sensibilizó a la vida y no a la religión. ¿Cómo puedes amar lo que no has vivido y ni siquiera has visto con ojos despiertos? Tu vocación es ser «Cristo», no cristiano. Ser sensible y abierto a las personas y a la vida.

Ser libre, directo, inconsistente, imprevisible como Él lo fue.

OPCIÓN POR LA VERDAD

Sensibilizarte con la injusticia siendo tú justo y así comenzarás a comprender la injusticia.

¿Tomó Jesús opción de clase? No te va a ser fácil saber dónde está el pobre. Jesús tomó opción por la verdad. El ser pobre no es un estado de felicidad, sino de injusticia. Hay pobres que se necesita ser duros con ellos para que despierten. Hay que tratar a cada persona según lo que ella necesita.

El místico es el revolucionario por excelencia. El no hace nada, porque todo se hace por medio de él. Se deja llevar por una fuerza que ni siquiera puede resistir: la fuerza de la verdad. Ha habido místicos violentos, pero allí no se metía su «ego». Cada uno sabrá lo que debe hacer si está despierto y abierto y sensibilizado a la verdad, como Jesús. No hace falta saber de dónde vino el mal, sino saber el porqué del mal que tienes ahora, de dónde procede.

Una vez que yo esté sensibilizado con las cosas, con las personas y conmigo mismo, no hace falta que me digan lo que es bueno y lo que es malo, porque me será imposible cerrar los ojos a la realidad, y por ello no podré optar por el mal. Yo, entonces, no podré aprobar lo que haces tú, si es un mal objetivo, pero tampoco podré obligarte a hacer lo contrario, ni dirigirte o reformarte. Trataré de ayudarte a que ese mal no exista, y esperar a que tú despiertes. Gandhi decía: «El que quiera venir a luchar conmigo para liberar a la patria, tendrá antes que purificarse, pues, de lo contrario, acabaríamos liberándonos de una opresión para caer en otra peor». Hay que lanzarse a la batalla sin ningún rastro de odio para que esa batalla sirva para algo. Liberarte del odio es lo mismo que liberarte de tu miedo, pues el miedo es lo que produce el odio. Y si el miedo es por ti mismo, es que te estás odiando, y si anida el odio en ti, odiarás a todo el mundo.

Para ser místico no necesito estar en un monasterio. Se puede muy bien ser pobre e ignorante de teorías y de leyes y ser místico. Lo que hace falta es estar despierto a la vida. Lo importante es liberarte para ser tú mismo, y eso lo puede hacer tanto un seglar como un monje. Quizá un monje, con la dificultad de una comunidad cerrada, donde se originan tantos roces, te da pie para descubrir más claramente tus enfermedades, y de sufrir sobre todo. Es el sufrimiento lo que ayuda a despertar. El encuentro con la realidad.

El estar despierto y mirar sin engaños no quiere decir que desaparezca tu programación, sino que allí estará, pero la verás claramente, y al apego le llamarás apego, y a lo que creías amor le llamarás egoísmo. El apego habrá perdido la batalla cuando lo descubras, y ya no tendrá el poder que la inconsciencia le daba. Tú mandarás sobre él.

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