Sabiduría en 7 frases de Oscar Wilde

POR: OSCAR WILDE

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LA IMAGINACIÓN DE OSCAR WILDE

En sus días escolares predominaba en Oscar Wilde la imaginación.

Sir Edward Sullivan conoció a Oscar Wilde a comienzos de 1868 en la Portora Royal School. Tenía él a la sazón trece o catorce años. Su lacia melena rubia, muy crecida, era uno de sus rasgos distintivos. En aquel entonces su carácter era sumamente infantil, inquieto, casi revoltoso cuando no estaba en clase. Sin embargo, no tomaba parte en ninguno de los juegos ni deportes de los alumnos. A lo sumo, alguna vez que otra se le vio en uno de los botes del colegio, remando por el lago Loch Erne, pero nunca pasó de ser un remero mediocre.

Aún de niño, era ya un conversador excelente; sus capacidades descriptivas excedían con mucho a lo usual, y sus exageraciones humorísticas de los sucesos del colegio eran altamente divertidas. Uno de los lugares favoritos de los muchachos para descansar y charlar en las tardes de invierno era alrededor de una estufa que había en el Stone Hall; allí brillaba y sobresalía Oscar. En el colegio casi todo el mundo le llamaba Oscar, pero tenía un sobrenombre, Cuervo Gris, que le llamaban cuando querían hacerle rabiar, cosa que le molestaba en extremo. El origen de dicho sobrenombre, permanece para mí en el misterio.

Aún en aquellos días escolares predominaba ya en él la imaginación; pero siempre había en su narración de aquel acontecimiento algo que daba a entender que de sobra comprendía que los oyentes no se dejaban engañar. Jamás se interesó lo más mínimo por las matemáticas, ni en la escuela ni en el colegio. Se reía de la ciencia y nunca tuvo una buena palabra para un profesor de matemáticas o de ciencias; pero tampoco había la menor malevolencia ni rencor en nada de lo que dijera sobre ellos; ni, a decir verdad, sobre nadie.

Los clásicos absorbieron casi por entero su atención en sus últimos tiempos escolares, y la fluida belleza y la imaginación de sus alocuciones orales en clase era algo que no se olvidaba fácilmente.

Veamos 7 de las mejores frases de Oscar Wilde...

7 FRASES DE OSCAR WILDE

VIVIR Y EXISTIR

Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo. Oscar Wilde

Vivir es, en teoría, lo que todos hacemos cuando no estamos muertos; sin embargo, el significado de este verbo varía enormemente de unas personas a otras que, según la filosofía del vividor. Oscar Wilde, se reduce incluso a un mero existir. Alguien cuyo único motor sea acudir al trabajo, pagar facturas y ver cómo caen los días, uno tras otro, flota en las aguas de la existencia, pero no se sumerge en las profundidades de la vida.

¿Has tenido alguna vez la tentación de vivir? Y no digo vivir como quien dice: la vida es así; me refiero a VIVIR con letras mayúsculas más allá de la rutina del qué le vamos a hacer. No quiero pasar por el mundo de puntillas mañana, tarde, noche, mañana; de lunes a viernes, pero sábado fiesta; comer, beber, trabajar y dormir. Por si me quieres acompañar, te repetiré la pregunta: ¿Has tenido alguna vez la tentación de VIVIR?

Para iniciar una conversación, antes se preguntaba: ¿Estudias o trabajas? Oscar Wilde nos plantea una pregunta mucho más importante: ¿VIVES O EXISTES?

SÉ TU MISMO

Sé tú mismo, los demás puestos están ocupados. Oscar Wilde

Hay demasiada gente en el mundo tratando de vivir una vida que no es la suya, bien porque siguen la estela de sus padres o porque quieren cubrir las expectativas que la sociedad tiene sobre ellos.

Oscar Wilde fue un maestro del individualismo bien entendido. No se trata de vivir de espaldas al mundo, sino de relacionarnos con él como lo que es cada cual: una persona única, irrepetible y genuina.

Cuando asumimos nuestro propio papel, nos resulta mucho más fácil movernos por los escenarios que nos va procurando el mundo, tal vez por aquel viejo dicho de: Si vas a Roma, haz de romano sin dejar de ser tú mismo.

Descubrir quiénes somos y cuáles son nuestras prioridades es una de las misiones, si no la más importante que nos es entregada al nacer. Por lo tanto, hay que luchar por la propia identidad.

Como decía Quevedo hace cuatro siglos: Vive para ti si pudieres, pues solo para ti si mueres, mueres.

LA PERSPECTIVA

Todos estamos en el arroyo, pero algunos miramos hacia las estrellas. Oscar Wilde

Esta cita de El abanico de lady Windermere, una obra de teatro que Wilde estrenó en Londres en 1892, nos remite a la importancia de la propia perspectiva, independientemente de cuáles sean nuestras circunstancias.

Hay personas que aparentemente lo tienen todo en la vida, salud, belleza, dinero, libertad y son profundamente desdichadas porque fijan su atención en aquello que les falta, o simplemente no saben lo que quieren en la vida. Otras, en cambio, viven una situación dura y adversa pero son capaces de mirar hacia aquel rincón de su jardín sombrío que está bañado por un rayo de sol.

Una luchadora de los imposibles que no necesita presentación, Helen Keller, explicaba así su secreto para no dejar nunca de mirar hacia las estrellas:

Abro las puertas de mi ser a todo lo bueno, y las cierro celosamente ante todo lo malo. Esta fuerza bella y terca me permite enfrentarme a cualquier obstáculo. Nunca me siento desanimada por la ausencia de cosas buenas. La duda y la incredulidad son solo el pánico de una imaginación tímida. Todo se puede conquistar con un corazón firme y una mente abierta.

LA VERDAD

La pura y simple verdad raramente es pura y nunca es simple. Oscar Wilde

El origen de la mayoría de las fricciones entre los seres humanos es creer que nuestra verdad es infalible y está por encima de la verdad de cualquier otra persona. Esta actitud hace que nos conduzcamos con rigidez y que seamos poco empáticos con los demás.

Ir con certezas por la vida es la mejor manera de terminar enfadado con todo el mundo. Para combatir la tentación del pensamiento único, Edward de Bono nos recomienda estas claves para desarrollar el pensamiento lateral:

EL PASADO

El hombre que se ocupa de su pasado no merece tener un porvenir. Oscar Wilde

Un relato tradicional Zen cuenta que un hombre que caminaba a través de la selva se topó un día con un feroz tigre. Corrió todo lo que pudo, pero pronto llegó al borde de un acantilado. Desesperado por salvarse, bajó por una parra y quedó colgando sobre el fatal precipicio. Mientras estaba allí colgado, dos ratones aparecieron por un agujero del acantilado y empezaron a roer la parra. De pronto, el hombre vio un racimo de uvas. Las arrancó y se las llevó a la boca. ¡Eran las más deliciosas que había probado en su vida!

Esta fábula ilustra de manera radical lo difícil que nos resulta anclarnos al presente. Personas que han consumido la vida pronosticando deseos, miedos y reviviendo los fantasmas del pasado descubren en su lecho de muerte que lo único que tenían es el momento que se escapa de sus manos y que no han sabido disfrutar.

Los hedonistas como Oscar Wilde saben que el pasado puede ser una fuente de sabiduría para las decisiones vitales de la existencia, siempre que no se convierta en una larga y pesada sombra que no nos deja ver las maravillas del presente.

EL CIELO

No quiero ir al cielo, no conozco a nadie allí. Oscar Wilde

La creencia en otra vida donde seremos compensados por los sufrimientos terrenales es legítima, pero no debe servir de excusa para perdernos la única vida que ahora tenemos en la mano: esta.

Ya en el siglo V, el pensador romano Ecio se ocupaba de llevar la existencia al plano de los mortales, al decir que: Un hombre cuyo único deseo fuera ir al cielo nunca ingresaría en él. Hay un trabajo que hacer sobre la tierra.

Otras ideas del autor clásico Ecio, que con Las consolaciones de la filosofía influyó en toda la Edad Media, son las que siguen:

AQUÍ Y AHORA

Los que son amados por los dioses crecen jóvenes. Oscar Wilde

Un filósofo de la era moderna que sin duda conocía a Oscar, era el danés Soren Kierkegaard, reflexionó entre muchas otras cosas sobre qué actitudes mantiene la juventud del espíritu y cuáles la desgasta.

Lo que para Wilde es ser amado por los dioses se gana con la atención al momento presente, dejando de lado los pronósticos que nos limitan y vapulean. Soren Kierkegaard lo expone con una lógica aplastante:

A quien constantemente espera lo mejor, lo envejecerán las decepciones que le deparará la vida. Quien espera siempre lo peor se hará muy pronto viejo, a causa del sufrimiento. Por lo tanto, la clave sería dejar de preocuparnos por lo que sucederá, no proyectarnos hacia el futuro y ocuparnos de lo que sucede momento a momento. Aquí. Ahora.