Místico de la nada condenado por la inquisición

Miguel de Molinos, el místico de la nada castigado por la inquisición que al condenarle se arremetía contra el quietismo y contra la mística en general.

MIGUEL DE MOLINOS

LA GUÍA ESPIRITUAL DE MOLINOS

La inquisición considero La Guía espiritual de Miguel de Molinos como una herejía.

En 1675 se publica la que se convertirá en su obra más famosa, La Guía Espiritual que desembaraza el alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la interior paz, precedida de una carta titulada El que lo saca a la luz. La Guía aparece primero en español y poco más tarde en italiano, con un sin fin de aprobaciones por parte de teólogos, clérigos e incluso clasificadores de la Inquisición.

En 1678, movidos en parte por la envidia, los inquisidores criticaron las teorías de Molinos y pusieron sobre aviso a la Inquisición y denunciaron La Guía espiritual; para salir al paso de sus acusaciones, Molinos escribió en 1680 Defensa de la contemplación, que nunca pudo ver la luz debido a las censuras de la Inquisición.

En 1685 Molinos es apresado por la Inquisición, condenado a reclusión perpetua y prohibida su obra por Inocencio XI. En los ataques de los inquisidores se incluyeron en el Índice de libros prohibidos de 1681. La obra Miguel de Molinos La Guía espiritual. Se desconoce el contenido de las actas de su absurdo proceso porque funcionarios de la Inquisición las destruyeron un siglo después, para evitar que cayeran en manos de los franceses.

A partir de la condena molinosismo y quietismo tienden a ser utilizados como sinónimos, incluso en las actas de la inquisición. Pero no es sencillo entender la virulencia de la persecución a Molinos. Al condenarle no solo se arremetía contra el quietismo, sino contra la mística en general.

Veamos que era lo que querían ocultar los inquisidores del místico Miguel de Molinos…

LA GUÍA ESPIRITUAL

Enseñase cómo la nada es el atajo para alcanzar la pureza del alma, la perfecta contemplación y el rico tesoro de la interior paz.

Por el camino de la nada te has de llegar a perder en Dios, que es el último grado de la perfección, y si así te sabes perder, serás dichosa, te ganarás y te acertarás a hallar. En esta oficina de la nada se fabrica la sencillez, se halla el interior e infuso recogimiento; se alcanza la quietud y se limpia el corazón de todo tipo de imperfección. ¡Oh, qué tesoro descubrirás si haces en la nada tu morada! Y si te entras en el centro de la nada, en nada te mezclarás por afuera (escalón en donde tropiezan infinitas almas), sino solamente en aquello que por oficio te toca.

Si te estás encerrada en la nada, adonde no llegan los golpes de las adversidades, nada te dará pena, nada te inquietará. Por aquí has de llegar al señorío de ti misma, porque solo en la nada reina el perfecto y verdadero dominio. Con el escudo de la nada vencerás las vehementes tentaciones y terribles sugestiones del envidioso enemigo.

Conociendo que eres nada, que puedes nada y que vales nada, abrazarás con quietud las pasivas sequedades, tolerarás las horribles desolaciones, sufrirás los espirituales martirios e interiores tormentos. Por medio de esa nada has de morir en ti misma de muchas maneras, en todos tiempos y a todas horas. Y cuanto más fueres muriendo, tanto más te irás profundando en tu miseria y bajeza; y tanto más te irá el Señor elevando, y a sí mismo uniendo.

¿Quién ha de despertar al alma de aquel dulce y sabroso sueño, si se duerme en la nada? Por aquí llegó David sin saberlo a la perfecta aniquilación. Fui devuelto a la nada y no lo supe. (Salmo 72). Estándote en la nada, cerrarás la puerta a todo lo que no es Dios; te retirarás aun de ti misma y caminarás a aquella interior soledad a donde el divino Esposo habla al corazón de su Esposa, enseñándola la alta y divina sabiduría. Ahógate en esa nada y hallarás en ella sagrado asilo para cualquier tormenta.

Por este camino has de volver al estado dichoso de la inocencia, que perdieron nuestros primeros padres. Por esta puerta has de entrar a la tierra feliz de los vivientes, donde hallarás el sumo bien, la latitud de la caridad, la belleza de la justicia, la derecha línea de equidad y rectitud y, en suma, toda la perfección. Últimamente no mires nada, no desees nada, no quieras nada, no solicites saber nada, y en todo vivirá tu alma con quietud y gozo descansada. Este es el camino para alcanzar la pureza del alma, la perfecta contemplación y la interior paz. Camina, camina por esta senda segura y procura en esa nada sumergirte, perderte y abismarte si quieres aniquilarte, unirte y transformarte.

La nada es el atajo para alcanzar la pureza del alma, la perfecta contemplación y el rico tesoro de la paz interior.

El camino para llegar a aquel estado del ánimo reformado, por donde inmediatamente se llega al sumo bien, a nuestro primer origen y suma paz, es la nada. Procura estar siempre sepultado en esa miseria. Esa nada, y esa conocida miseria es el medio para que el Señor obre en tu alma maravillas. Vístete de esa nada, de esa miseria y esa nada sea tu continuo sustento y morada, hasta profundarte en ella; yo te aseguro que siendo tú de esta manera la nada, el Señor será el todo en tu alma.

¿Por qué piensas que un número infinito de almas impiden la corriente abundante de los dones divinos? Porque quieren hacer algo y desean el ser grandes; todo es salirse de la humildad interior y de su nada; y así impiden las maravillas que quiere obrar aquella infinita bondad. Apegándose a los mismos dones por salir del centro de la nada y todo lo malogran. No buscan a Dios con verdad y así no le hallan; porque ha de saber que no se halla sino en el desprecio de nosotros mismos y en la nada.

Nos buscamos a nosotros mismos siempre que salimos de la nada, y por esto no llegamos jamás a la perfección quieta y la contemplación. Éntrate en la verdad de tu nada y de nada te inquietarás, antes bien te humillarás, confundirás y perderás de vista tu propia reputación y estima.

¡Oh, qué baluarte tan fuerte has de hallar en esa nada! ¿Quién te ha de dar pena, si te refugia en esa fortaleza? Porque el alma que se desprecia a sí misma, y que en su conocimiento es nada, nadie le puede hacer agravio ni injuria. El alma que está dentro de su nada guarda silencio interno, vive transformada en el sumo bien, no apetece nada de todo lo creado, vive en Dios sumergida y resignada en cualquier tormento, porque siempre juzga es más lo que merece.

Estándose el alma quieta en su nada, el Señor la perfecciona, enriquece y pinta en ella sin estorbo a su imagen y semejanza.

EL RECOGIMIENTO INTERNO

El recogimiento interno es la presencia silente del vacío. El recogimiento en la presencia con una atención amorosa. Nuestra intimidad en ella. Estando, viendo la presencia sin forma, sin especie, modo ni figura, sin ninguna distinción de perfección o atributo.

Allí estarás con atención y vista sencilla. Con advertencia tranquila y llena de amor, resignado y entregado a las manos de la Presencia para que ella disponga y ordene de ti según su beneplácito. Sin reflexionar ni siquiera en la misma perfección, trascendiendo los sentidos en total soledad y total olvido de toda cosa de esta vida...

Si te vieras en sequedad espiritual y sin rehusarla la abrazaras, dejando de combatir con el pensamiento, -tras el pensamiento va el corazón- esto sería de gran provecho para tu corazón.

CONCLUSIÓN

La Guía espiritual no es solo un tratado místico.

Como pieza literaria ocupa un lugar prominente en el panteón de los clásicos. Es posible adentrarse en sus páginas buscando una visión diferente de Dios, que muestra ciertas coincidencias con la mística protestante y la liberación budista, pero no debe desdeñarse su dimensión poética. La Guía espiritual nos revela el poder de la palabra para crear o reconocer la belleza. O, más exactamente, nos enseña que la belleza no es un simple rasgo formal, una convención cultural, sino una forma de transcendencia que nos acerca al fondo último del ser, donde nuestra perplejidad, sabiamente orientada, puede convertirse en conocimiento. Conocimiento de Dios, del Ser o la Nada, tres términos fronterizos que expresan indistintamente nuestra sed de absoluto.

La inquisición y las religiones condenan al Místico que está tratando de realizar el misterio de la vida, que va caminando hacia lo desconocido, que está entrando en lo inexplorado, cuya vida es una aventura, una exploración.

Todo ser es un místico. En algún punto de tu supuesto crecimiento pierdes el contacto con la posibilidad interna de ser un místico, y te conviertes en un hombre de negocios, en un empleado, en un funcionario o en un ministro. Te vuelves cualquier otra cosa. Y te empiezas a creer que eres eso. Y en cuanto te lo crees, así es.

Para liberarte, debes hacerte más consciente de tu capacidad interna de ese místico que hay en ti.