La biblia falsificada

Coloquialmente, los capítulos 29 y 30 de Ezequiel son una profecía falsa, es brutal, crasamente errónea, que si no fuera tan patética, daría risa.

LA BIBLIA

FALSIFICACIÓN BIBLICA

Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.
El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?
(Números 23,19)

(…) el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá,
porque no es hombre para que se arrepienta.
(1 Samuel 15,29)

Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?; si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él. (Deuteronomio 18,21-22)

En un comentario a una columna reciente (1), quien escribe estas líneas señaló (2) que hoy día los eruditos bíblicos modernos reconocen que la Biblia incluye numerosos errores históricos y sucesos ficticios. Un lector indignado (3) exigió con toda justicia una explicación. Estas líneas pretenden dar un primer nivel de justificación.

Una de las evidencias más contundentes de errores históricos y ficciones en la Biblia son las falsas profecías. De acuerdo con la Sagrada Escritura, cualquier afirmación hecha en nombre de Dios que no ocurra tal como se expresa, no puede ser verdadera Palabra Suya porque, según la misma escritura, Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta, y porque si dice, hace, y si habla, ejecuta.

Esto aporta un criterio para determinar cuándo se está ante una falsa profecía. Basta que una afirmación adjudicada a Yahvé no ocurra tal como fue profetizada hasta el último detalle. Si algo de lo expresado en la profecía llega a fallar, sin importar cuán nimio el detalle, se puede afirmar categóricamente que la profecía es falsa y no viene de Yahvé. Cuando se analiza la Biblia bajo este criterio aparecen muchos ejemplos.

Tal vez la peor metedura de pata inspirada aparece en los capítulos 29 y 30 del libro de Ezequiel. Estos proclaman una profecía de destrucción que amerita la trascripción literal para captarla en toda su magnitud:

(...) vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, pon tu rostro contra Faraón rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto. Habla, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, Faraón rey de Egipto, (...) He aquí que yo traigo contra ti espada, y cortaré de ti hombres y bestias. Y la tierra de Egipto será asolada y desierta (...) No pasará por ella pie de hombre, ni pie de animal pasará por ella, ni será habitada, por cuarenta años. Y pondré a la tierra de Egipto en soledad entre las tierras asoladas, y sus ciudades entre las ciudades destruidas estarán desoladas por cuarenta años; y esparciré a Egipto entre las naciones, y lo dispersaré por las tierras.

Porque así ha dicho Jehová el Señor: Al fin de cuarenta años recogeré a Egipto de entre los pueblos entre los cuales fueren esparcidos; y volveré a traer los cautivos de Egipto, y los llevaré a la tierra de Patros, a la tierra de su origen; y allí serán un reino despreciable. En comparación con los otros reinos será humilde; nunca más se alzará sobre las naciones; porque yo los disminuiré, para que no vuelvan a tener dominio sobre las naciones. (...)

Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor; He aquí que yo doy a Nabucodonosor, rey de Babilonia, la tierra de Egipto; y él tomará sus riquezas, y recogerá sus despojos, y arrebatará botín, y habrá paga para su ejército (...) Así ha dicho Jehová el Señor: Destruiré las riquezas de Egipto por mano de Nabucodonosor rey de Babilonia. El, y con él su pueblo, los más fuertes de las naciones, serán traídos para destruir la tierra; y desenvainarán sus espadas sobre Egipto, y llenarán de muertos la tierra. (...)

Yo Jehová he hablado. Así ha dicho Jehová el Señor: Destruiré también las imágenes, y destruiré los ídolos de Menfis; y no habrá más príncipe de la tierra de Egipto, y en la tierra de Egipto pondré temor.

Ezequiel 29 y 30 es uno de los mayores cúmulos de disparates de la Sagrada Escritura. Cualquier persona con los más mínimos conocimientos de la historia del bachillerato sabe que Egipto nunca fue arrasado. Su gente nunca fue dispersa entre las naciones. Nunca sufrió una desolación de 40 años. Nabucodonosor nunca arrasó a Egipto. Nunca lo asoló ni lo expolió. Sus ciudades nunca fueron destruidas. Egipto no solo no se empobreció sino que posteriormente alcanzó el mayor poder y riqueza de su historia bajo el gobierno de los Tolomeos. En la tierra de Egipto siguió habiendo reyes durante siglos.

De hecho, Alejandría se convirtió en la más grandiosa ciudad comercial e intelectual del mundo Helenístico; era el centro comercial más importante del mundo grecorromano y su fabulosa biblioteca fue el faro intelectual de la humanidad durante siglos. Las monumentales estatuas egipcias no fueron destruidas sino que continúan aún intactas y son visitadas a diario por cientos de turistas que pueden apreciarlas en toda su magnificencia, gracias a la protección y continuas restauraciones que les brinda el actual gobierno egipcio a tan maravilloso legado cultural de la humanidad.

Hablando coloquialmente, los capítulos 29 y 30 de Ezequiel son una profecía más falsa que una moneda de tres pesos con veintisiete centavos. Esta profecía es tan brutal, tan crasamente errónea, que si no fuera tan patética, daría risa; son dos capítulos enteros de la Biblia adjudicados explícitamente a la palabra de Yahvé, pero tan torpes, que pudieron ser escritos por Armando Martí (el Brujo de la Fiscalía), Janín Angelina Farías (la tarotista de Jota Mario), o cualquier astrólogo farsante de revistas como Vanidades o Cosmopolitan.

Aunque hay más meteduras de pata en Ezequiel, y en el Antiguo Testamento, tal vez las más asombrosas son las del Nuevo Testamento, por haber estado bajo nuestras narices por tanto tiempo, camufladas tras una exégesis amañada y difundida acríticamente.

Supongamos, para bien de la causa cristiana, que los relatos de la resurrección de Jesús no fueran mitos sino sucesos históricos reales y que hubieran ocurrido tal cual se narran en los evangelios. Supongamos también que todas y cada una de las palabras adjudicadas al Nazareno en esos textos realmente hubieran sido pronunciadas por él. En este caso, hay una profecía cuyo cumplimiento quedó cojo.

En Mateo 12,39-40, Jesús, irritado ante la incredulidad de quienes le piden señales, responde así:

Él respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez TRES DÍAS Y TRES NOCHES, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra TRES DÍAS Y TRES NOCHES.

La profecía es enfática. Jesús no estaría en el sepulcro unos tres días a ojo de buen cubero: estaría exactamente tres días con sus tres noches, como Jonás estuvo en el vientre del pez. Si Jesús hubiera querido decir tres días aproximadamente pudo usar aquí la manida expresión teológica al tercer día que en otras ocasiones usó, y que terminó imperando en los credos apostólicos y fórmulas de fe subsiguientes. Esto no impondría restricciones sobre las fracciones de tiempo. Al usar tres días y tres noches, Jesús estaba implicando su permanencia en la tumba por tres días completos.

Ahora, según Juan 19,31, Jesús fue crucificado el día anterior al día de reposo o sabbat judío (nuestro sábado). Su cuerpo fue bajado de la cruz el viernes por la tarde. Fue sepultado, permaneció todo el sábado en la tumba…

Y el primer día de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aún obscuro, al sepulcro; y vió la piedra quitada del sepulcro… (Juan 20,1).

Si en lugar del relato de Juan, se acepta el de Mateo, María Magdalena habría ido a la tumba en la víspera del sábado… esto es, al final del día siguiente a la crucifixión.

Así, Jesús habría permanecido en la tumba solo la noche del viernes (que para los judíos era el comienzo del sábado), todo el día del sábado, parte de la víspera, y en el mejor de los casos, una fracción de la madrugada del domingo. Esto es poco más de día y medio a lo sumo.

A pesar de algunos intentos de incluir en la semana de la pasión más de una solemnidad judía para sugerir que Jesús pudo ser crucificado el jueves, no hay la más mínima evidencia evangélica que lo sustente; el magisterio de todas las iglesias, tanto católicas como protestantes, durante todos estos siglos ha enseñado la muerte de Jesús el viernes, según lo señala la Escritura, y esto no deja duda de cuánto tiempo estuvo Jesús en la tumba.

El Nazareno profetizó un entierro de tres días y tres noches pero solo estuvo un día y casi dos noches, si se ha de creer al mito. Sin importar cuán asombroso pueda ser un relato (bien dudoso) que afirme la resurrección de alguien, si se aplica el criterio bíblico a la profecía de Jesús sobre la DURACIÓN de su propia muerte, queda catalogado irremisiblemente como falso profeta: lo que predijo, no lo cumplió.

Esta no sería su única falsa profecía. Tal vez la más impactante cuando se analiza sin prejuicios, es el pequeño apocalipsis sinóptico de Mateo 24 y paralelos. En éste, los discípulos le preguntan a Jesús por las señales de la llegada del Reino de Dios, y Jesús RESPONDE A QUIENES LE PREGUNTARON (Mt. 23,4) con una larga advertencia: habría falsos mesías (v. 5.24), guerras (v. 6.7), persecuciones (v. 9), falsos profetas (v. 11.24), predicación global (v. 14), e inmediatamente después, se oscurecería el sol, la luna no daría su resplandor, las estrellas caerían del cielo (v. 29) y aparecería la señal del Hijo del Hombre en el cielo (v. 30).

Entonces, Jesús cometió el error que todo adivino profesional evita: poner un límite de tiempo para TODOS estos sucesos. En los versículos 32 a 35, dijo:

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis TODAS estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará ESTA generación hasta que TODO esto acontezca.

La redacción no deja lugar a dudas. Jesús les estaba respondiendo a sus discípulos y les dijo a ellos que SU generación no pasaría hasta que OCURRIERAN TODAS y cada una de las situaciones mencionadas, incluyendo los signos astronómicos, la señal del Hijo del Hombre, y el fin.

Algunos creyentes tratan de matizar esta metedura de pata con la frase de Jesús (v. 36) en la que reconocía no saber ni el día ni la hora pero es inútil. Que Jesús ignorara el día, no le impidió señalar una generación como límite, sin importar el día, es decir, unos cuarenta años.

Los creyentes, en una hermenéutica absurda, proponen que parte de esa profecía en realidad señalaba la destrucción del Templo en el año 70 y sus eventos anteriores, mientras que la otra parte advertiría de los signos de los últimos días que les tocaría vivir a una generación posterior en siglos... la actual, según muchos evangélicos, adventistas y testigos de Jehová.

Esa interpretación es falsa y la razón es evidente. Las palabras de Jesús no dicen que ALGUNAS partes se cumplirían en su generación y OTRAS partes se realizarían dos milenios después. Jesús es categórico:

De cierto os digo, que no pasará ESTA GENERACIÓN hasta que TODO ESTO acontezca.

ESTA generación no significa ESA generación; TODO ESTO no significa algunas cosas sí y otras no. Que Jesús se estaba refiriendo a la generación que escuchaba su respuesta en vivo y no a nuestra generación, es evidente en otras afirmaciones igualmente erróneas adjudicadas al Nazareno en los Evangelios:

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino. (Mateo 16,28 y paralelos)

Es obvio que todos los que escucharon en vida a Jesús están muertos hace más de diecinueve siglos. Nadie que hubiera escuchado a Jesús en vida podría estar vivo dos mil años después, a menos que se crea históricamente fiable al Evangelio según Highlander (4). Aquí Jesús insistía en que el fin era inminente y sería presenciado por su generación. Esto no ocurrió pero sí influyó en otra profecía neotestamentaria.

En este último ejemplo, el falso profeta es Pablo, en su primera carta a los Tesalonicenses, donde explica cómo será el rapto de los creyentes (ida al cielo) y por qué la gente seguía muriendo sin que llegara el Hijo del Hombre. A la letra dice:

Por lo cual os decimos esto EN PALABRA DEL SEÑOR: que NOSOTROS QUE VIVIMOS, QUE HABREMOS QUEDADO HASTA LA VENIDA DEL SEÑOR, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, SEREMOS ARREBATADOS juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. ( 1 Tesalonicences 4, 15-17)

Para el que sabe leer entre líneas, hay una declaración asombrosamente falsa en esta profecía que Pablo puso en Palabra del Señor. Pablo SE INCLUYE entre los que quedarán vivos hasta la Parusía. No lo dice solo una vez, sino dos (v. 15.17). Emulando a Jesús, Pablo profetizó en Palabra del Señor que ÉL Y ALGUNOS TESALONICENSES quedarían vivos hasta la segunda venida y serían arrebatados por los aires.

Es obvio que Pablo y todos sus fieles de Tesalónica murieron sin ser arrebatados por los aires y el Señor no llegó en la generación que prometió. De acuerdo con los criterios veterotestamentarios para detectar falsos profetas, Pablo de Tarso emitió una falsa profecía impecable. Esto no obsta para que los creyentes, en una irracionalidad asombrosa, continúen esperando con una ceguera absoluta el regreso de Jesús, a pesar de que él y su principal Apóstol se equivocaron en las profecías más importantes que emitieron, lo que resta credibilidad a las enseñanzas del Nazareno.

La obvias profecías falsas de la Biblia impiden sostener racional y honestamente que sea inerrante, o que una correcta interpretación según el Espíritu pueda aclarar estas incongruencias. Ninguna interpretación hará que Nabucodonosor haya destruido a Egipto. Ninguna hermenéutica puede convertir tres días y tres noches en día y medio. Ninguna justificación teológica ad hoc hará que estén vivas personas bimilenarias al mejor estilo de Hollywood. No hay interpretación que permita creer que Pablo y algunos tesalonicenses todavía están merodeando por ahí, ocultos, vivos, esperando el momento en el que serán levantados por los aires antes de morir.

Cualquier interpretación que manipule unos textos tan claramente equivocados para tratar de justificar el fracaso, no es hermenéutica… es tergiversación amañada e inmoral.

Las falsas profecías no son los únicos errores Bíblicos. Columnas futuras presentarán otros tipos de equivocaciones de la Sagrada Escritura que confirman que la inerrancia bíblica es un mito insostenible que mina los cimientos de todas las confesiones cristianas de corte fundamentalista.