Una solución inteligente

Cuento Zen (392)

Desde pequeña siempre tuve miedo al irme a dormir, porque creía que había alguien debajo de la cama. Cansada de esto, un día fui a ver a un psiquiatra y le expliqué:

Cada vez que voy a acostarme, creo que hay alguien debajo de mi cama. Tengo miedo. ¿Me estaré volviendo loca?

Con mis sesiones, en doce meses estarás bien. Ven a verme dos veces a la semana y te curaré todos esos miedos, me dijo el psiquiatra.

¿Y cuánto me costará doctor?, pregunté.

Ochenta euros la visita, contestó el doctor.

Un poco caro, pero si me cura, vale la pena, dije.

Fui tres sesiones y no volví a la consulta, porque me suponía mucho dinero.

Seis meses después, me encontré con el doctor en la calle.

Hola, me dijo. ¿Por qué dejó de venir a mi consulta?

Bueno, doctor, ochenta euros por consulta, dos veces a la semana, por doce meses ¡es mucho dinero! Por suerte, encontré un camarero en el bar que me curó en una sola sesión por tres euros y además con cerveza y tapa incluida.

¡No me diga!, dijo el psiquiatra algo molesto. ¿Y se puede saber cómo le curó el camarero?

Me dijo que le cortara las patas de la cama. ¡Ahora ya no puede haber nadie allí debajo!

MORALEJA

La mente hace de cualquier cosa un problema, si no fuera así la vida sería muy simple, la problemática sería muy simple, no hay ningún problema en absoluto. Pero la mente te engaña con que cada momento es un problema y tiene que ser resuelto. Una vez que empiezas a creer que todo es un problema, nada puede hacerse porque este primer paso es erróneo.

La mente no puede aportarte ninguna solución, es el mecanismo que te aporta los problemas. Incluso si crees que has resuelto un problema, miles de nuevos problemas surgirán de la solución. Esto es lo que la psiquiatría ha estado haciendo. La psiquiatría es la ocupación de la mente. En el momento en que la mente observa algo, lo observa con un interrogante, lo observa con ojos dubitativos.

La vida es muy simple y la problemática es muy simple, pero únicamente si puedes verlos sin la mente. Una vez usas la mente, todo se vuelve complejo, todo es confusión. Y la mente intenta resolver la confusión cuando en realidad ella es el origen de toda confusión, por lo que más confusión se crea. Es como si un pequeño arroyo fluye montaña abajo. Algunos carruajes lo han atravesado y la corriente está turbia y tú te metes en el agua para aclararla. Tan solo la volverás más turbia aún. Es mejor esperar en la orilla. Es mejor dejar que las aguas se calmen otra vez, que se calmen por sí solas, de forma que la hojarasca desaparezca y el fango se sedimente y la corriente se vuelva transparente como el cristal. Tu ayuda no es necesaria. Solo crearás más confusión.

Así que si crees que hay algún problema, por favor no metas tus narices en ello. Siéntate y espera. No permitas que la mente se entrometa, dile a la mente que espere. Y es muy difícil para la mente el esperar, es la encarnación de la impaciencia.

Si le dices a la mente que espere, sucede la meditación. Si puedes persuadir a la mente que espere, estarás en oración, porque el esperar significa no pensar, significa sentarse a la orilla sin entrar en la corriente. ¿Qué puedes hacer? Hagas lo que hagas la enturbiarás más, tu misma entrada en la corriente creará más problemas. Por eso, espera.

Toda meditación es espera. Toda oración es infinita paciencia. El meollo de la religión consiste en no permitir a la mente que te cree más problemas. Tantas cosas, cosas simples con las que incluso los animales disfrutan, con las cuales incluso los árboles disfrutan, el hombre no es capaz de disfrutarlas, porque inmediatamente se tornan problemas, y ¿cómo puedes disfrutar un problema?

Tu mente se ha vuelto una carga. No la estás usando, más bien al contrario, estás siendo utilizado por ella. No permitas que la mente interfiera en tu vida, y entonces esta será un fluir. Entonces te volverás una persona sin ningún tipo de obstrucción, te volverás transparente, entonces cada instante será una dicha porque no te preocuparás por él.