El poderoso amor

Cuento Zen (72)

Una mujer que salía de su casa vio a tres ancianos de barbas blancas sentados en el jardín de su casa y les dijo: No sé quiénes son ustedes, pero deben tener hambre. Por favor, pasen que les daré algo de comer.

¿Está el hombre de la casa? Preguntó uno de ellos.

No, no está.

Entonces no podremos entrar dijeron los ancianos.

Al atardecer, cuando su marido llegó a la casa, la señora le contó lo sucedido.

Ve y dile que yo estoy en casa y que los invito a pasar a los tres.

La mujer salió y los invitó amablemente a que pasaran.

Nosotros no podemos ser invitados a una casa juntos dijo con determinación uno de los ancianos.

¿Por qué? Preguntó la mujer muy intrigada.

El anciano con la barba más blanca respondió: Su nombre es Compasión dijo señalando a uno de ellos y señalando al otro agregó: Su nombre es Perdón, y el mío es Amor… ahora, ve con tu marido y decidan a cuál de nosotros prefieren invitar

¡Qué fantástico! Si ese es el caso invitemos a Compasión. Así llenaremos nuestra casa de compasión. Dijo el marido cuando escuchó lo que le contó la mujer.

No, no me parece buena idea… ¿Por qué no elegimos el Perdón? Así seremos admirados por perdonar.

Su hija adoptiva que escuchaba la conversación desde su habitación exclamó: ¿Por qué no invitamos al Amor? ¿Por qué siempre hay que pensar en la Compasión y el Perdón como si el Amor no fuera importante para nosotros?

La intervención de la niña dejó a sus padres en silencio y avergonzados.

Sí, ella tiene razón dijo la madre.

Y el padre agregó: Sigamos el consejo de nuestra hija.

La mujer salió al encuentro de los ancianos y preguntó: ¿Cuál de ustedes es Amor? Por favor, pase y sea nuestro invitado.

Amor se levantó y comenzó a caminar hacia la casa. Los otros dos también se levantaron y los siguieron. Sorprendida, la mujer miró a la Compasión y al Perdón y preguntó: Sí yo solamente invité a Amor ¿Por qué ustedes también vienen?

Los tres ancianos respondieron juntos: Si hubiese invitado a la Compasión o al Perdón los otros dos se quedaban afuera, pero ustedes invitaron a Amor, y donde quiera que él vaya los otros lo siguen. Porque donde hay Amor siempre hay Compasión y Perdón.

MORALEJA

La Compasión y el Perdón son atributos del verdadero Amor.

Jesús dice: «El amor es Dios». Es quizá la forma correcta de decirlo, porque decir, «Dios es Amor» no es correcto. Dios no es amor, el amor es Dios, y la diferencia es inmensa, no es solo un cambio de palabras.

Cuando dices Dios es amor, simplemente dices que el amor es solo un atributo de Dios, como también lo sería la compasión o el perdón. Pero si consideras que el Amor es Dios pronto entenderás que la Compasión y el Perdón si pueden ser perfectamente atributos del Amor.

El amor es el valor supremo, la plenitud final. No hay nada más allá de él. Por eso no puedes perfeccionarlo. De hecho, antes de alcanzarlo tendrás que desaparecer. Cuando el amor esté tú no estarás.

Cuando empieces a dar amor con un profundo sentimiento de gratitud hacia todos aquellos que lo acepten, te sorprenderá ver marchar que tras de ti... la compasión, el perdón, la misericordia, lo apacible, la paz, el consuelo, etc.

Este es el estado de iluminación, el Amor Puro.