Experimentar es de sabios

Cuento Zen (26)

La anécdota de que una madre llevó a su hijo de seis años a casa de Mahatma Gandhi.

Ella le suplicó:

– Se lo ruego, Mahatma, dígale a mi hijo que no coma más azúcar.

– Es diabético y arriesga su vida haciéndolo.

– A mí ya no me hace caso y sufro por él.

Gandhi reflexionó y dijo:

– Lo siento señora.

– Ahora no puedo hacerlo.

– Traiga a su hijo dentro de quince días.

Sorprendido la mujer le dio las gracias y le prometió que haría lo que le había pedido. Quince días después, volvió con su hijo. Gandhi miró al muchacho a los ojos creando una gran conexión y le dijo:

– Chico, deje de comer azúcar.

Agradecida, pero extrañada, la madre preguntó:

– ¿Por qué me pidió que lo trajera dos semanas después?

– Podía haberle dicho lo mismo la primera vez que vino.

Gandhi respondió:

– Hace quince días, yo comía azúcar.

MORALEJA

Experimentar con consciencia es de sabios...

Al experimentar lo real, la vida se vuelve consciente. Desde la experiencia de lo real, puedes actuar sin cometer errores. Pero sin experimentar, tu mente no estará convencida, tu pensamiento no está convencido y cometerás errores.

La vida es experiencia, no teoría. No necesita de ninguna explicación. Está ahí, con toda su gloria, para ser vivida, disfrutada, gozada y experimentada.

Cualquier cosa superficial (como el niño que consumía azúcar) puede volverse muy profunda, depende de ti; y cualquier cosa profunda puede quedarse en algo superficial, eso también depende de ti. La gente ha sido enseñada a censurar las cosas superficiales. Por eso les está prohibido experimentar la vida en profundidad. Pero un sabio como Gandhi profundiza y va más allá.

Todo es superficial. Te enamoras de una mujer; esto es superficial. Tienes una amistad; esto es superficial. Tienes flores; esto es superficial, porque las flores son momentáneas. Y tus religiones continúan diciendo: «Busca lo eterno. No te enamores de lo momentáneo». ¡Y lo momentáneo contiene lo eterno! El momento es la eternidad. Si tú censuras la ola nunca conocerás qué es el océano, porque la ola contiene el océano.

Un hombre sabio experimenta y observa, experimenta su divinidad, y a través de esta experiencia de divinidad reconoce la divinidad de todo y tiene toda la autoridad para dar consejos y enseñar.