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Frases de Codicia sobre espiritualidad y crecimiento

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Codicia, odio y confusión son tres venenos que deben estar ausentes en tu mente para vivir el la tierra de la pureza.

No hay necesidad de codicia o hambre.

Hay hombres que dan un poco de lo mucho que poseen. Y si lo hacen es al solo efecto de ganar fama y galardón. En sus deseos íntimos y codicias, pierden el mérito de su caridad, por el prurito de vana celebridad.

Las necesidades humanas son finitas, pero la codicia humana, no.

No hay fuego como la pasión, no hay tiburón como el odio, no hay lazo como la locura, no hay torrente como la codicia. El verdadero amor nace de la comprensión.

No hay desastre mayor que no estar contento; no hay mayor desgracia que la codicia.

Conquista con la generosidad, la generosidad diluye la codicia.

La espiritualidad es la máxima codicia. No solo quieres una pieza de creación, quieres la fuente de creación.

En momentos en que la codicia desenfrenada, la agresión maligna, y la existencia de armas de destrucción masiva amenaza la supervivencia de la humanidad, debemos considerar seriamente cualquier avenida que ofrece algo de esperanza.

Si creamos nuestro deseo personal, también estamos creando pobreza, codicia, obsesión sexual, poder sobre los demás en la manada y toda forma de falta.

El sabio sabe que la codicia es mala.

El egoísmo, el orgullo, la vanidad, la ambición, la codicia, el odio, la envidia, los celos, la maledicencia, son para el alma hierbas venenosas de las cuales es necesario arrancar cada día algún pie y tienen como antídoto: la caridad y la humildad.

Hay suficiencia en el mundo para las necesidades del hombre, pero no para su codicia.

La Tierra ofrece lo suficiente como para satisfacer lo que cada hombre necesita, pero no para lo que cada hombre codicia.

¿Dónde termina la necesidad y empieza la codicia? Quien sabe esto tiene una mente religiosa.

Cuanto más codiciado por el mercado mundial, mayor es la desgracia que un producto trae consigo al pueblo latinoamericano que, con su sacrificio, lo crea.

A menos que la raza humana se dé cuenta con una pasión y reverencia más allá del pensamiento o de las palabras de su interacción con la naturaleza, destruirá en su codicia el mismo entorno en el que se sustenta.

No caigas presa de la codicia o el anhelo de la fama: ¡deja que Krishna sea tu todo!

El miedo y la codicia son motivadores poderosos. Cuando estas dos fuerzas de empuje en la misma dirección, prácticamente ningún ser humano puede resistir.

La humanidad no ha aprendido el equilibrio; mucho menos lo ha practicado. Se guía por la codicia y la ambición; se conduce por el miedo. De este modo acabará por aniquilarse. Pero la naturaleza sobrevivirá, al menos las plantas.

Lujuria, codicia, ira, apego: todos estos son caminos al infierno.

¿Por qué existe la pobreza? Existe porque hay personas que son demasiado codiciosas. La pobreza es un sub-producto de la codicia.

La caridad de las religiones alivia a los pobres pero el alivio no es caridad, no es amor. Para un mundo sin pobreza la codicia tiene que desaparecer.

Un niño en su codicia por el amor no disfruta tener que compartir el afecto de sus padres con sus hermanos y hermanas; y se da cuenta de que todo su afecto se le prodiga una vez más cada vez que despierta su ansiedad al caer enfermo.

Estamos en peligro de destruirnos a nosotros mismos por nuestra codicia y estupidez. No podemos quedarnos mirando sólo hacia nosotros en un planeta pequeño y cada vez más contaminado y superpoblado.

El general que avanza sin codiciar la fama y se retira sin temer la desgracia, cuyo solo pensamiento es proteger a su país y dar un buen servicio a sus soberanos, es la joya del reino.

Tres venenos infunden la muerte y la perdición: el odio, la codicia y la ilusión. El Camino Moral, la Meditación y la iluminación son las vías para contrarrestarlos.

A medida que una mente se vuelve excelente se va desprendiendo de la codicia o la aversión y entonces la felicidad surge gradualmente. Esto es vivir «Plena Mente».

Dado que lo que predomina en el mundo -aunque sus días están contados- son los valores del ego: codicia, envidia, orgullo, indiferencia y la mentira.

¿Es posible que alguien pueda considerarse inocente en este mundo? ¿Acaso no es obra de la envidia, de nuestra codicia, de nuestros deseos de poder?.

La codicia es un veneno de alcance social que conviene desenmascarar para una sociedad justa. Podría ser uno de los demonios de la caja de Pandora.

Están las bien conocidas por toda persona, como no robar, no matar, no mentir, no codiciar lo ajeno, no difamar, no desear a la pareja del prójimo.

La codicia es un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable por satisfacer la necesidad sin alcanzar nunca la satisfacción.

Una persona religiosa no apela a su reserva acumulada de codicia y miedo para ofrecer suplicantes plegarias a una imagen proyectada como “Dios”.

Ir en busca de la rosa más codiciada y hermosa que me pueda imaginar. Si no la encuentro enseguida, me queda toda la vida para poderla buscar.

La mente ignorante, con sus infinitas aflicciones, las pasiones y los males, se basa en los tres venenos. La codicia, la ira y la ignorancia.

Existen cuatro poderes: memoria e intelecto, deseo y codicia. Los dos primeros son elementales, y los otros sensuales.

La tierra ofrece lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la codicia de cada hombre.

Hay suficiente en el mundo para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer su codicia.

Allí donde el mando es codiciado y disputado no puede haber buen gobierno ni reinará la concordia.

Tres cosas hay destructivas en la vida: la ira, la codicia y la excesiva estima de uno mismo.

No hace la codicia que suceda lo que queremos, ni el temor que no suceda lo que recelamos.

Si quieres ser rico, no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.

Hay suficiente en el mundo para la necesidad humana pero no para la codicia humana.

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