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Frases de Calcuta sobre espiritualidad y crecimiento

FRASES CALCUTA

ESCRITOS CALCUTA

Hay una gran cosa insigne y encantadora: compartir la alegría de amar.

La pobreza la hacemos tú y yo cuando no compartimos lo que tenemos.

No abortes. Tú eres un ser de luz, amor y paz. Escuchar el clamor del bebe en el vientre de querer vivir. ¡Llénate de AMOR! Da tu vida por ese ser y tendrás felicidad.

El aborto se convierte en el peor enemigo de la paz. Si una madre es capaz de destruir a su propio hijo… ¿Qué le impide matarte? Ya no queda ningún impedimento.

La PAZ comienza con una SONRISA.

El amor comienza en el hogar, y no es que tanto hacemos… Pero en realidad lo vale es que tanto amor ponemos en las acciones que hacemos.

Si de verdad queremos que haya paz en el mundo… Debemos empezar por amarnos unos a otros en el seno de nuestro propio hogar.

Los pobres tienen esperanza; te tienen a ti y a mí para que seamos su amor y su compasión.

La pobreza es el resultado de lo que hacemos tú y yo cuando no compartimos lo que tenemos.

No hay nada que sea pequeño a los ojos de Dios, y Él mismo se tomó la molestia de hacerlas para enseñarnos cómo actuar. Por eso se transformaron en infinitas.

El silencio de la mente y del corazón: la Virgen María conserva cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Este silencio la aproximó tanto al Señor que nunca tuvo que arrepentirse de nada.

Las tentaciones las tenemos todos. Pero si Jesús es una realidad viviente en mi vida, entonces ya no tengo miedo.

Cristo se convirtió en el Pan de Vida porque comprendió la necesidad, el hambre que teníamos de Dios. Y nosotros debemos comer este Pan y la bondad de su amor para poder compartirlo.

El camino a la santidad comienza dejándonos vaciar y transformar por el mismo Jesús, para que Él llene nuestro corazón y podamos luego dar de nuestra abundancia.

Renunciaré a mi voluntad, a mis inclinaciones, a mis sueños y a mis fantasías y me convertiré en un esclavo voluntario de Dios.

Seré santo quiere decir: me despojaré de todo cuanto no es Dios. Despojaré mi corazón y lo vaciaré de toda cosa creada; viviré en la pobreza y en el desprendimiento.

Cada obra de amor, hecha de todo corazón, acerca a las personas a Dios.

La pobreza, el desprendimiento de todo lo que nos ata y nos aleja de Dios, sea o no material, nos deja vacíos, para que Dios puede entrar plenamente en nuestro corazón.

Lo único que Jesús nos pide en todo momento es que nos entreguemos absolutamente a Él, que confiemos en Él plenamente, renunciando a nuestros deseos para cumplir con el camino que nos va trazando.

Somos pequeños instrumentos, pero muchos pequeños instrumentos en las manos de Dios pueden hacer milagros.

Pidámosle a la Virgen que nos ayude a ser como ella, a realizar con humildad y sin vanagloria el trabajo que se nos ha asignado, y que llevemos a los demás a Jesús con el mismo espíritu con que ella lo llevó en su seno.

Recuerden que la Pasión de Cristo desemboca siempre en la alegría de la Resurrección, para que cuando sientan en su corazón los sufrimientos de Cristo, tengan bien presente que luego llegará la resurrección.

Seamos los servidores del pobre. Hemos de brindar al pobre un servicio generoso, sincero. En el mundo, a la gente se le paga por su trabajo. Sintámonos pagados por Dios.

Sólo Jesús puede satisfacer la sed de felicidad del corazón humano.

El servicio más grande que pueden hacer a alguien es conducirlo para que conozca a Jesús, para que lo escuche y lo siga; porque sólo Jesús puede satisfacer la sed de felicidad del corazón humano, para la que hemos sido creados.

La grandeza de María reside en su humildad. Jesús, quien vivió en estrechísimo contacto con ella, parecía querer que nosotros aprendiéramos de Él y de ella una lección solamente: ser mansos y humildes de corazón.

Mientras el trabajo sea más repugnante, mayor ha de ser nuestra fe y más alegre nuestra devoción. La plegaria perfecta no consiste en una palabrería, sino en el fervor del deseo que eleva los corazones hasta Jesús.

Superemos siempre el desaliento... nada de esto tiene sentido si hemos comprendido la ternura del amor de Dios.

El silencio de la lengua nos ayuda a hablarle a Dios. El de los ojos, a ver a Dios. Y el silencio del corazón, como el de la Virgen, a conservar todo en nuestro corazón.

Orar a Cristo es amarlo y amarlo significa cumplir sus palabras. La oración significa para mí la posibilidad de unirme a Cristo las 24 horas del día para vivir con Él, en Él y para Él. Si oramos, creemos. Si creemos, amaremos. Si amamos, serviremos.

La oración ensancha el corazón, hasta hacerlo capaz de contener el don de Dios. Sin Él, no podemos nada.

Lo más importante no es lo que damos, sino el amor que ponemos al entregarlo.

Lo más importante no es lo que damos, sino el amor que ponemos al dar.

La vida es un don maravilloso de Dios y ayudar a los pobres, material y espiritualmente, más que un deber es un privilegio; porque Jesús, Dios hecho hombre, nos ha asegurado: "Cuanto hagan a uno de estos pequeños, es a mí a quien lo hacen".

Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mí para que seamos su amor y su compasión por los pobres.

Jesús nos ha elegido para Sí; le pertenecemos. Tenemos que estar, pues, tan convencidos de dicha presencia, que no permitamos que nada, ni lo más insignificante, nos aparte de su posesión... de Su amor.

Dondequiera que vayas, busca siempre la belleza y la inmensa bondad de Dios.

Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.

La alegría es oración, la señal de nuestra generosidad, de nuestro desprendimiento y de nuestra unión interior con Dios.

La cosa más importante no es lo que decimos nosotros, sino lo que Dios nos dice a nosotros. Jesús está siempre allí, esperándonos. En el silencio nosotros escuchamos su voz.

No es tanto lo que hacemos cuanto el amor que ponemos en lo que hacemos lo que agrada a Dios.

Bien aventurados los que dan sin recordar, y los que reciben sin olvidar.

Empieza transformando todo lo que haces en algo bello para Dios.

El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.

Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Él.

Yo soy el lápiz de Dios. Un trozo de lápiz con el cual Él escribe aquello que quiere.

La pobreza no la hizo Dios. La hacemos tú y yo cuando no compartimos lo que tenemos.

No permitas jamás que alguien llegue a ti, sin dejarle ir mejor y más feliz.

La disciplina es el mejor amigo del hombre, porque ella le lleva a realizar los anhelos más profundos de su corazón.

Si todo lo he recibido, ¿qué mérito nos cabe? Si estamos bien convencidos de esto, nunca alzaremos altaneramente la cabeza.

Preferiría cometer errores con gentileza y compasión antes que obrar milagros con descortesía y dureza.

Si no se vive para los demás, la vida carece de sentido.

Los niños son como las estrellas. Nunca hay demasiados.

Las personas son irracionales, inconsecuentes y egoístas. Ámalas de todos modos.

Hay una cosa muy bonita: compartir la alegría de amar. Amarnos los unos a los otros. Amar hasta el dolor.

Espero que tengas: suficiente felicidad para hacerte dulce. Suficientes pruebas para hacerte fuerte. Suficiente dolor para mantenerte humano. Suficiente esperanza para ser feliz.

El dinero sólo puede comprar cosas materiales, como alimentos, ropas y vivienda. Pero se necesita algo más. Hay males que no se pueden curar con dinero, sino sólo con amor.

Nunca prives a nadie de la esperanza, puede ser lo único que una persona posea.

No dejes que falsas metas de la vida (dinero, poder, placer, estudio) los conviertan en esclavos y los hagan perder el auténtico sentido de la vida.

Hay que hacer las cosas ordinarias, con un amor extraordinario.

El amor tiene que ponerse en acción. Muchas veces basta una palabra, una mirada, un gesto para llenar el corazón del que amamos.

El amor es un fruto que madura en todas las estaciones y que se encuentra al alcance de todas las manos

No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor.

Dar hasta que duela y cuando duela dar todavía más.

Por cada gota de dulzura que alguien da, hay una gota menos de amargura en el mundo.

A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.

La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría en derredor nuestro precisamos que toda familia viva feliz.

No puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar.

Hoy día está de moda hablar de los pobres. Por desgracia, no lo está hablarles a ellos.

Jamás he visto cerrárseme puerta alguna. Creo que eso ocurre porque ven que no voy a pedir, sino a dar.

La gente es todo lo vieja que quiera ser. He visto algunas muchachas con 20 años y estar totalmente envejecidas, por el contrario, conozco a una muchachita con 83 años, Teresa de Calcuta, que nos enseña a vivir todos los días.

Darle a alguien todo tu amor nunca es garantía de que él también te amará; pero no esperes que te amen, solo espera que el amor crezca en el corazón de la otra persona. Y si no crece, sé feliz porque creció en el tuyo.

El aborto mata la paz del mundo… Es el peor enemigo de la paz, porque si una madre es capaz de destruir a su propio hijo, ¿qué me impide matarte? ¿Qué te impide matarme? Ya no queda ningún impedimento.

El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió.

Hay cosas que te encantaría oír y que nunca escucharás de la persona que te gustaría que te las dijera. Pero no seas tan sordo como para no oírlas de aquel que las dice desde su corazón.

El dinero solo puede comprar cosas materiales, como alimentos, ropas y vivienda. Pero se necesita algo más. Hay males que no se pueden curar con dinero, sino solo con amor.

Si no tenemos paz en el mundo, es porque hemos olvidado que nos pertenecemos el uno al otro, que ese hombre, esa mujer, esa criatura, es mi hermano o mi hermana.

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