El principio y el final

Cuento Zen (383)

Ingenioso cuento de Jorge Bucay.

Diálogo entre hermanos:

No puedo más. Me falta oxígeno, ni siquiera me puedo mover.

Debes resistir. Esto pasará.

No lo creo, hermano. Todo ha ido empeorando en las últimas horas. Las paredes tiemblan y alrededor todo se deteriora rápidamente.

Lo sé, pero este lugar es nuestra única posibilidad. Tienes que aguantar.

Es que no puedo seguir así. Creo que será mejor que me deje llevar por la corriente.

No lo hagas, hermano. Si te sueltas serás arrastrado hacia el agujero que conduce a la muerte y la destrucción. Vamos, esfuérzate un poco más.

Ya lo he decidido, no voy a quedarme aquí esperando la muerte. Quizá, si me suelto, haya otra posibilidad. Ni siquiera sabemos qué hay al otro lado…

¿Otra posibilidad? ¿De qué hablas? ¿Qué comerás? ¿Cómo te cuidarás de los golpes? ¿Y el frío y el calor? Es una locura. Vamos, aférrate a mí.

No. Basta ya.

Y dicho esto el más pequeño se soltó de su amarra y fue arrastrado hacia abajo, hacia el negro agujero de lo desconocido.

Su hermano lo miró desaparecer con angustia y creyó escuchar, unos segundos después, el llanto desesperado de su hermano del otro lado del agujero.

Pobre pensó, una muerte horrible.

Afuera, su hermano lloraba hinchando sus pulmones de aire fresco.

Había nacido.

MORALEJA

El comienzo y el final no son dos cosas. El principio es el final, de modo que no las dividas y pienses en términos de dualidad. Si quieres estar en silencio al final, tendrás que estar en silencio desde el principio. Al principio, el silencio será como una semilla, al final, será como un árbol. Pero el árbol está escondido en la semilla, así que el principio es el final.

Sea cual sea la meta suprema, debe estar escondida aquí y ahora, en ti, desde el principio mismo. Si no estuviera al principio, no podría llegar a él al final. Desde luego habrá una diferencia, al principio solamente podrá estar como semilla, al final será el florecimiento total. Puede que no seas capaz de reconocerlo cuando sea tan solo una semilla, pero está ahí, tanto si lo reconoces, como si no.

Así, descubrirás la vida como algo absolutamente nuevo, increíble inexplicablemente nuevo a cada paso que des.

La vida es novedad, solamente la mente es caduca, y si miras a través de la mente también la vida te parecerá una repetición, algo aburrido. La mente quiere decir tu pasado, tus experiencias acumuladas, el conocimiento que posees. Significa eso por lo que has pasado, pero a lo que aún estás aferrado. La mente es un apego, es polvo del pasado que cubre tu conciencia especular (semejante a un espejo). Si entonces miras a través de ella, todo se distorsiona, porque la mente es la facultad de distorsionar.

Si no miras a través de la mente, sabrás lo que es la vida eterna. Solo la mente muere. Sin la mente tú eres inmortal. Sin la mente nada ha muerto nunca, la vida sigue y sigue para siempre. No tiene ni principio ni final.