La fe

Cuento Zen (165)

Una noche, un sembrador entró a hurtadillas en el parque de un hombre rico y echó en sus canastos los frutos de sus árboles. Pero el otro lo oyó y envió a sus guardias contra él.
Cuando vio que le andaban buscando por todas partes con antorchas encendidas, el sembrador cubrió apresuradamente su cuerpo de cenizas y se sentó bajo un árbol, como hacen los santones en la India.

Los guardias, a pesar de buscar durante horas, no encontraron a ningún sembrador furtivo. Lo único que vieron fue a un hombre cubierto de cenizas y sentado bajo un árbol absorto en la meditación.

Al día siguiente se propaló por doquier el rumor de que un gran sabio había decidido establecer su residencia en el parque del hombre rico. La gente acudió en tropel, con flores y toda clase de comida, y hasta con montones de dinero, a presentarle sus respetos, porque existe la piadosa creencia de que los dones hechos a un hombre santo hacen que descienda sobre el donante la bendición de Dios.

El sembrador, trocado en santo, quedó asombrado de su buena suerte. «Es más fácil vivir de la FE de esta gente que del trabajo de mis manos», se dijo para sí. De manera que siguió meditando y no volvió jamás a trabajar.

MORALEJA

Lo malo de los fanáticos es que toman la FE y la convierten en un ideal.

La confianza es muy diferente de la fe. La fe es algo con lo que has nacido. La confianza es algo que crece en ti. Ser un hindú, cristiano o musulmán es un acto de fe, pero ser un discípulo, es confianza. Un Maestro no puede exigir fe, recuerda. Jesús tampoco pudo exigir fe, porque la fe es algo con lo que naces. Los judíos tenían fe, eran fieles. Y de hecho, por eso acabaron con Jesús, porque pensaban que les estaba apartando de su fe, que estaba destruyendo su fe.

Jesús pedía confianza. La confianza es algo íntimo y personal; no es un fenómeno social. Llegas a ella mediante tu respuesta. Nadie puede nacer confiando, pero uno puede nacer en el seno de una fe. La fe es una confianza muerta. La confianza es una fe viva. Trata entonces de entender la diferencia.

Los primeros discípulos de Jesús, alcanzaron la confianza, nacieron judíos, eran judíos. Dejaron su fe, fue una rebelión. La fe es una superstición, la confianza es una rebelión. La confianza te aleja primero de tu fe. Ha de ser así, porque si estás viviendo en un cementerio, primero has de ser sacado de él. Solamente entonces te puede ser mostrada de nuevo la vida. Jesús trataba de llevar a sus discípulos hasta la confianza. Siempre parece como si estuviera destruyendo su fe.

Las religiones se basan en la fe, pero ser religioso es confiar. Y ser religioso no quiere decir ser cristiano, hindú o musulmán, porque la confianza no tiene un nombre, no está etiquetada. Es como el amor. ¿Acaso el amor es cristiano, hindú o musulmán? El amor no conoce clases ni distinciones.

El matrimonio es como la fe. El amor es como la confianza. Has de crecer en ella. Es una aventura. La fe no es una aventura, naces en su seno. Si estás buscando comodidad y practicidad, es mejor permanecer en la fe, sigue las reglas del hinduismo o del cristianismo, pero continuarás siendo algo sin vida. El nacer no puede proporcionarte alguna religión. Puede darte una sociedad, un credo, una secta, puede darte una superstición. La palabra superstición es muy significativa, significa fe innecesaria.

Recuerda, no naces en el seno de una religión; la religión ha de nacer en tu seno. Entonces es confianza. No puedes dar tu religión a tus niños, ellos han de buscar y descubrir la suya. Todo el mundo ha de buscar y ha de descubrir la suya.

Perteneces a una religión porque naciste en su seno. Es un deber, no un amor. Es una formalidad social. Ayuda, pero no es nada profundo en ti. Es solamente un rostro, una fachada, si no, ve a una iglesia y observa: la gente de los domingos, acude e incluso reza, pero están esperando a que la misa se acabe.

Pertenecer a una religión es solo una etiqueta, ser religioso es cuando todo tu ser se halla implicado, es un compromiso.