Jesús y Pinocho

Cuento Zen (56)

Estaba San Pedro en la puerta del cielo y tiene que ir al baño... Le pide a Jesús que lo reemplace unos minutos. Jesús muy entusiasmado se sienta en el escritorio a recibir a los que intentaban entrar.

En una de esas aparece un viejito y Jesús le pregunta:

Y abuelo, ¿a qué se dedicaba en la tierra?

Ah, dice el abuelo, yo era carpintero, tenía una larga barba, muchas canas, era pobre y supe tener un hijo fruto de un milagro y fue muy muy famoso y muy querido por todos los hombres, especialmente por los niños.

Jesús emocionado lo mira sollozando y le dice:

¡PAPÁ!

Y el abuelito lo mira sorprendido y emocionado y le contesta:

¡PINOCHO!

MORALEJA

La mente hace de cualquier cosa una ilusión. Pero la mente te engaña con que cada momento es una ilusión que tiene que ser vivida. Una vez que empiezas a creer que todo es una ilusión, nada puede hacerse porque este primer paso es erróneo.

La mente no puede aportarte ninguna solución, porque es el mecanismo que te aporta las ilusiones. Incluso si crees que has despertado, miles de nuevas ilusiones surgirán de la solución. Esto es lo que la filosofía ha estado haciendo. La filosofía es la ocupación de la mente. En el momento en que la mente observa algo, lo observa con un interrogante, lo observa con ojos dubitativos.

Así que si crees que hay alguna ilusión, por favor no metas tus narices en ello. Siéntate y espera. No permitas que la mente se entrometa, dile a la mente que espere. Y es muy difícil para la mente el esperar, es la encarnación de la impaciencia.

Si le dices a la mente que espere, sucede la meditación. Si puedes persuadir a la mente que espere, estarás en oración, porque el esperar significa no pensar, significa sentarse a la orilla sin entrar en la corriente. ¿Qué puedes hacer? Hagas lo que hagas la enturbiarás más, tu misma entrada en la corriente creará más ilusiones. Por eso, espera.

Toda meditación es espera. Toda oración es infinita paciencia. El meollo de la religión consiste en no permitir a la mente que te cree más ilusiones. Tantas cosas, cosas simples con las que incluso los animales disfrutan, con las cuales incluso los árboles disfrutan, el hombre no es capaz de disfrutarlas, porque inmediatamente se tornan en ilusiones, y ¿cómo puedes disfrutar de una ilusión, de algo irreal?

Mediante la ilusión, uno lo vuelve todo falso. La ilusión no la causa la objetividad; es el resultado de la subjetividad.

El mundo no la está causando: tú la estás causando. Así que nunca eches la culpa al mundo. No digas, como la gente suele decir, que el mundo es ilusorio. El mundo no es ilusorio, es tu mente, es tu propia subjetividad, la que sigue creando ilusión, por todas partes.

Recuerda: Cuando alguien despierta por completo, descubre la realidad sin la mente. Es esa la verdad. Le sumas la mente y todo se convierte en un sueño, porque la mente es la que crea los sueños. Si le quitas la mente, nada puede convertirse en un sueño, solo la realidad permanece en su pureza cristalina.