Información veraz y fatal

Cuento Zen (249)

La mente solo puede seguir repitiendo lo que ha sido introducida en ella, es como un ordenador, primero hay que introducir los datos y entonces se convierte en un gran depósito de información dentro de ti. Pero tú, deberías seguir siendo el amo para poder usarla, de lo contrario te gobernará o si no lean el siguiente cuento chistoso.

Una dama entra a una farmacia y le pide al farmacéutico: Por favor, quisiera comprar arsénico. Dado que el arsénico es muy tóxico y letal, el farmacéutico quiso saber más datos antes de proporcionarle la sustancia.

¿Y para qué querría la señora comprar arsénico?

Para matar a mí, marido.

Ah, caramba, lamentablemente con la información que me da no puedo vendérselo.

La mujer sin decir palabra abre la cartera y saca una fotografía del marido haciendo el amor con la mujer del farmacéutico. Este aterrado le responde: Mil disculpas, no sabía que usted tenía la fórmula.

MORALEJA

Usa la mente, pero no te vuelvas ella, úsala como usas otras máquinas. La mente es una hermosa máquina, si puedes usarla te servirá, si no puedes usarla y ella empieza a usarte a ti, es destructiva, es peligrosa, te causará inevitablemente algún problema, alguna calamidad, alguna desventura, porque una máquina es algo ciego, no tiene ojos, no tiene visión.

Por lo anterior debes procurar ser siempre preciso y veraz con tu información. Cada información mal dada es un veneno; no hay información inofensiva. Solo la verdad es segura. Solo la información veraz da buenos resultados.

No te engañes con la información de la letra muerta, no creas que saciaras el hambre comiéndote un libro de recetas de cocina. Sé sensato, observa la información veraz que te da el aquí y el ahora, la misma de un Dios que es presente absoluto y vive.

Si no te engañas surgirá la dicha interior. Para que se produzca el milagro tienes que hacer algo: empezar a ser veraz. Incluso corriendo el riesgo de cometer errores que no puedas soportar, muchas veces la información que te va revelando la verdad puede resultar excesiva, insufrible.

Mark Twain lo decía: Un hombre nunca es más veraz que cuando se reconoce a sí mismo como un mentiroso.