El estadístico y los hijos

Cuento Zen (36)

Una madre quería pasar el sábado por la tarde de compras por el centro, y el padre, de profesión estadístico, aceptó de mala gana sacrificar su partida de golf y quedarse con los hijos.

Cuando la madre volvió, el padre le entregó el siguiente informe:

Secar lágrimas, nueve veces. Atar zapatos, trece veces. Comprar globos, tres veces por niño. Duración media del globo, trece segundos. Decir a los hijos que tengan cuidado y no crucen la calle, veintiuna veces. Número de sábados que volveré a hacer esto, cero.

MORALEJA

Un estadístico es un estadístico.

La mente es muy matemática; por eso la mente se ha vuelto tan poderosa. Por eso resulta tan difícil salirse de la mente. Has invertido tanto en ella: toda tu eficacia, todo tu calibre, toda tu carrera, todo depende de la mente. Y en la meditación tienes que salirte de ella. De ahí que muchas veces decidas salirte, pero en lo profundo de ti sigues aferrándote.

La mente es la masa humana interna. La masa ha creado un mecanismo dentro de ti; desde ahí se te controla. La sociedad cree en ciertas cosas; la sociedad ha inculcado esas creencias en ti. En lo profundo de ti, cuando apenas te dabas cuenta, te hipnotizó para seguir un cierto papel (en este caso como estadístico). Si haces algo en contra de ese papel, la conciencia inmediatamente te dirá que no.

Esa conciencia no es realmente consciencia; es un sustituto, un truco social, es política. La sociedad ha creado ciertas reglas en tu mente, y si vas contra ellas, la voz de la sociedad surge inmediatamente en tu interior: No lo hagas. Está mal. Es pecado. La sociedad te fuerza desde dentro para que te sientas culpable.

Si quieres salirte de lo que llaman conciencia, y lograr una consciencia real y auténtica, necesitas hacer un gran esfuerzo. Y todo el esfuerzo va a ser este: llevar la consciencia desde la mente a la no-mente, de la conciencia a la conciencia.

La conciencia te la da la sociedad; la consciencia surge en ti. La conciencia es prestada, rancia, podrida; la conciencia viene del pasado, que ya no existe, la vida ha cambiado completamente. La consciencia viene de ti. La consciencia siempre es del presente, siempre es fresca. La consciencia te hará más íntegro, la consciencia es integridad.

La palabra “integridad” es una palabra latina; proviene de dos raíces, in y tangere. Tangere significa puro, entero, incorrupto, virgen. Un hombre íntegro está entero; no es múltiple, es uno. Un hombre íntegro es puro, sin corromper por el pasado, virgen. Y de esa virginidad surge la fragancia que llamamos espiritualidad.

Moralidad no es lo mismo que espiritualidad. La moralidad es un truco social.

La espiritualidad es un descubrimiento individual, tienes que descubrir la espiritualidad.

La moralidad puede ser dada; la espiritualidad, nunca.