Dios y la aceptación

Ilustración del cuento: Dios y la aceptación

Las cosas son lo que son, Dios es como es. Si lo aceptas y lo comprendes no hay nada más que hacer. Entonces podrás seguir observando y seguir disfrutando.

Cuento zen sobre la aceptación

Si no eliges, toda preocupación desaparece. Surge una gran aceptación.

Esta es una anécdota para aceptar la naturaleza de Dios.

¿Quién hizo a Dios?, preguntó un niño de ocho años.

Dios no tiene principio ni fin, respondió el profesor.

Pero todo tiene principio o fin, insistió el niño.

Otro niño de ocho años intentó ayudar:

¿Dónde está el principio o el fin de un círculo?, preguntó.

Me parece razonable y lo acepto, dijo el primer niño.

MORALEJA

Observa... ¿Y dónde está el problema?

Las cosas son lo que son, Dios es como es. Y si lo aceptas, si lo comprendes, no hay nada más que hacer. Entonces sigues observando y sigues disfrutando. La escena es bella, la escena es tremendamente bella, pero no te metas en ella. Con tu precaria evaluación, con tu efímero juicio, con tu prepotente ego.

Un niño es inquieto, corre por todas partes. Tiene que ser así, es un niño. Pero tú quieres que se siente en silencio, quieres que se comporte como un anciano, y ha surgido el problema. Ya no puedes ver que el niño es un niño. Estás intentando que sea algo que no es. Vas a meterte en problemas, y también estás creando problemas para el niño. ¡Acéptalo!

Los perros ladran y tú estás meditando. No digas que te están molestando. A ellos no les importas en absoluto; ni siquiera saben que estás meditando. Son perros, y ladrar es su meditación. Tú disfrutas de tu meditación, deja que ellos disfruten de la suya.

En cuanto acepto, de pronto el problema desaparece. Pero en lo profundo de ti sigues evaluando: Habría estado bien si los perros no hubieran ladrado. Pero ¿por qué no iban a ladrar? Son perros, y lo están disfrutando tremendamente. Simplemente, acepta el hecho, y verás que cuanto más aceptas, menos te distraen sus ladridos. Hasta que, de pronto, ellos siguen ladrando y tú sigues meditando y no hay conflicto. El conflicto surge de tu mente y de tu actitud.

Todo existe en su naturaleza. Existe tú también en tu naturaleza. Y el mundo, es perfectamente bueno, el mundo es perfectamente bello, es el mejor mundo que puede haber.


CUENTOS RELACIONADOS


dios
Cuento Zen: Dios sin intermediario

Dios sin intermediario

Si no están los intermediarios, las personas tardarían mucho menos en encontrar a Dios, en darse cuenta de que pueden hacerlo sin la ayuda de los demás.


Cuento Zen: Juan el testigo de Dios

Juan el testigo de Dios

Se necesita a alguien que pueda ser un testigo, que pueda dar testimonio, que pueda decir: «Sí, yo he visto la luz», que pueda resonar en tus profundidades.


Cuento Zen: Dios y el zapatero

Dios y el zapatero

Si nos amamos verdaderamente, somos capaces de aceptarnos y valorarnos sin ambicionar nuestras carencias, nuestra imperfección y nuestra vulnerabilidad.


aceptacion
Cuento Zen: También esto pasará

También esto pasará

Esto también pasará es la frase que nos muestra la realidad. Señala la temporalidad de las formas, señala, por ende, lo eterno y reconociendo lo temporal.


Cuento Zen: El anciano y la vejez

El anciano y la vejez

La mente tiene problemas para aceptar nuestras limitaciones en la vejez. La mente tiende a explicarlo todo y si no lo explica, ¡al menos de justificarlo!


Cuento Zen: El médico y el anciano

El médico y el anciano

La aceptación ayuda a sentir que estás en lo correcto. Reconocer te hará sentir que vas en el objetivo correcto. Aceptemos la realidad y sus limitaciones.


cuentos
Cuento Zen: Descubrir la verdad

Descubrir la verdad

¿Todas tus andanzas y tus búsquedas para descubrir la verdad te sirven para algo? Sí, te preparan para reconocerla en el preciso momento que se presente.


Cuento Zen: El avaro

El avaro

No considero la avaricia como un deseo, es una enfermedad existencial. No estás en sintonía con la totalidad, y solo esa sintonía con la totalidad puede darte la salud.


Cuento Zen: La novela por la mitad

La novela por la mitad

La vida siempre está en la mitad. Siempre estás en el medio, no conoces el principio. Las religiones de alguna forma tratan de suministrar el principio.