Dios y la aceptación

Cuento Zen (340)

Si no eliges, toda preocupación desaparece. Surge una gran aceptación.

Esta es una anécdota para aceptar la naturaleza de Dios.

¿Quién hizo a Dios?, preguntó un niño de ocho años.

Dios no tiene principio ni fin, respondió el profesor.

Pero todo tiene principio o fin, insistió el niño.

Otro niño de ocho años intentó ayudar:

¿Dónde está el principio o el fin de un círculo?, preguntó.

Me parece razonable y lo acepto, dijo el primer niño.

MORALEJA

Observa... ¿Y dónde está el problema?

Las cosas son lo que son, Dios es como es. Y si lo aceptas, si lo comprendes, no hay nada más que hacer. Entonces sigues observando y sigues disfrutando. La escena es bella, la escena es tremendamente bella, pero no te metas en ella. Con tu precaria evaluación, con tu efímero juicio, con tu prepotente ego.

Un niño es inquieto, corre por todas partes. Tiene que ser así, es un niño. Pero tú quieres que se siente en silencio, quieres que se comporte como un anciano, y ha surgido el problema. Ya no puedes ver que el niño es un niño. Estás intentando que sea algo que no es. Vas a meterte en problemas, y también estás creando problemas para el niño. ¡Acéptalo!

Los perros ladran y tú estás meditando. No digas que te están molestando. A ellos no les importas en absoluto; ni siquiera saben que estás meditando. Son perros, y ladrar es su meditación. Tú disfrutas de tu meditación, deja que ellos disfruten de la suya.

En cuanto acepto, de pronto el problema desaparece. Pero en lo profundo de ti sigues evaluando: Habría estado bien si los perros no hubieran ladrado. Pero ¿por qué no iban a ladrar? Son perros, y lo están disfrutando tremendamente. Simplemente, acepta el hecho, y verás que cuanto más aceptas, menos te distraen sus ladridos. Hasta que, de pronto, ellos siguen ladrando y tú sigues meditando y no hay conflicto. El conflicto surge de tu mente y de tu actitud.

Todo existe en su naturaleza. Existe tú también en tu naturaleza. Y el mundo, es perfectamente bueno, el mundo es perfectamente bello, es el mejor mundo que puede haber.