Criticando a los demás

Cuento Zen (416)

Un hombre que tenía un grave problema de miopía, se consideraba un experto crítico de arte.

Un día que visitó un museo con algunos amigos, se le olvidaron las gafas en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo y no dejó de dar sus opiniones.

Tan pronto entraron a la galería, comenzó a comentar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo:

El marco es completamente inadecuado para el cuadro.

El hombre está vestido con muy mal gusto.

En realidad, el artista cometió un gran error al elegir como modelo a alguien tan vulgar...

El hombre siguió hablando sin parar hasta que su esposa se acercó, lo apartó discretamente y le dijo en voz baja:

Querido, ¡estás mirando un espejo!

MORALEJA

¡Qué fácil es criticar a los demás y cuánto nos cuesta reconocer y admitir esas mismas faltas en nosotros mismos!

Los seres humanos hemos sido educados para criticar y programados para criticar, para criticar siempre; la envidia es criticona. No paras de criticar con todo aquel que pase por tu lado y el resultado será una gran envidia.

Toda tu vida te estás comparando, sí, por el contrario, dejas de comparar, la envidia desaparece. Lo único que sabes es que tú eres tú y que no eres nadie más.

La comparación es una actitud muy ridícula, puesto que cada persona es única e incomparable, una vez que asimiles y te convenzas de esta afirmación, la envidia desaparecerá y así evitarás que dentro de ti se genere algún tipo de patología que pueda afectarte a corto plazo. Recuerda que el origen de la mayoría de las enfermedades es mental.

Cada cual es único e incomparable. Solo eres tú mismo: no ha habido ni habrá nadie como tú, ni tienes porque parecerte a nadie.