El amoroso viejo sufí

Ilustración del cuento: El amoroso viejo sufí

Uno debe ser amoroso desde el interior, no un actuar amorosamente falso; amor que ha de ser una manifestación intensa natural, no un atributo, un agregado.

Cuento zen sobre el amor

Había un viejo sufí que se ganaba la vida vendiendo toda clase de baratijas. Parecía como si aquel hombre no tuviera entendimiento, porque la gente le pagaba muchas veces con monedas falsas que él aceptaba sin ninguna protesta, y otras veces afirmaban haberle pagado, cuando en realidad no lo habían hecho, y él aceptaba su palabra.

Cuando le llegó la hora de morir, alzo sus ojos al cielo y dijo: ¡Oh, Ala! He aceptado de la gente muchas monedas falsas, pero ni una sola vez he odiado a ninguna de esas personas en mi corazón, sino que desde mi amor daba por supuesto que no sabían lo que hacían. Yo también soy una falsa moneda. No me niegues tu amor, por favor.

Y se oyó una Voz que decía:

¿Cómo es posible no amar a alguien que solo ha amado a los demás?

MORALEJA

Muchos pueden actuar amorosamente. Pero es rara la persona que actúan amorosamente desde su interior.

La mente humana tal como es procedente del pasado, no puede amar porque no puede ser receptiva, solo agresiva. Así que tú no eres amoroso, sino que siempre pides amor. E incluso si actúas amorosamente es solo para forzar la demanda. Hay una lógica artera: siempre estás pidiendo amor; y si lo das es solo para obligar al otro: la mente humana no puede amar.

Si preguntas por quienes saben, quienes realmente han conocido el amor, a Buda, te dirán: «Hasta que la mente no muera, el amor no puede nacer». Y únicamente en el amor podrás sentir tal gracia, pues solo en el amor te abres. No puedes amar a un individuo en particular porque es imposible estar abierto a uno y cerrado a todos: no es en modo alguno posible.

Uno debe ser amoroso desde el interior, no un actuar amorosamente falso; amor que ha de ser una manifestación intensa natural, no un atributo, un agregado, una cualidad. Ha de ser como un florecimiento interior, no como un perfume externo. Puede existir esta manifestación del amor. Pero uno tiene que estar alerta a su entero pasado y en el momento en que eres consciente de él lo has trascendido. Estás más allá, porque lo que está alerta no es la mente. Es la conciencia que no tiene pasado; es eterna, está siempre en el presente; es siempre nueva, está siempre aquí y ahora. Esa conciencia la conoces cuando estas alertas, cuando no te has identificado con tu mente. Hay una brecha entre tú y la mente. Conoces que esto es la mente: la agresividad, el odio, el infierno...

La mente perdura, y seguirá perdurando hasta que estés alerta. Y esto es el milagro: tan pronto como te haces consciente, la continuidad no existe: tú eres, pero ya sin el pasado; eres en el momento, espontáneo, joven, nuevo y amoroso, entonces a cada momento mueres y resucitas.


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