Los alcances del mal

Cuento Zen (350)

El mal se extiende hasta lo insospechado.

Un Califa de Bagdad llamado Al-Mamun poseía un hermoso caballo árabe del que estaba encaprichado el jefe de una tribu, llamado Omah, que le ofreció un gran número de camellos a cambio; pero Al-Mamun no quería desprenderse del animal. Aquello encolerizó a Omah de tal manera que decidió hacerse con el caballo fraudulentamente.

Sabiendo que Al-Mamun solía pasear con su caballo por un determinado camino, Omah se tendió junto a dicho camino disfrazado de mendigo y simulando estar muy enfermo. Y como Al-Mamun era un hombre de buenos sentimientos, al ver al mendigo sintió lástima de él, desmontó y se ofreció a llevarlo a un hospital.

Por desgracia, se lamentó el mendigo, llevo días sin comer y no tengo fuerzas para levantarme. Entonces, Al-Mamun lo alzó del suelo con mucho cuidado y lo montó en su caballo, con la idea de montar él a continuación. Pero, en cuanto el falso mendigo se vio sobre la silla, salió huyendo al galope, con Al-Mamun corriendo detrás de él para alcanzarlo y gritándole que se detuviera. Una vez que Omah se distanció lo suficiente de su perseguidor, se detuvo y comenzó a hacer caracolear al caballo.

¡Está bien, me has robado el caballo!, gritó Al-Mamun.

¡Ahora solo tengo una cosa que pedirte!

¿De qué se trata?, preguntó Omah también a gritos.

¡Que no cuentes a nadie cómo te hiciste con el caballo!

¿Y por qué no he de hacerlo?

¡Porque quizás un día puede haber un hombre realmente enfermo tendido junto al camino y, si la gente se ha enterado de tu engaño, tal vez pase de largo y no le preste ayuda!

MORALEJA

No puedes engañar a la gente conscientemente.

La consciencia te impedirá hacer algo tan horrible como timar, engañar, aparentar, ser hipócrita, condenar a los demás por pecadores y agrandar tu ego de gran santo. No, no se hace conscientemente.

El mal se extiende hasta lo insospechado.

Mucho cuidado, todos los eruditos religiosos y líderes no son más que memorias, memorias, entrenadas. No saben lo que dicen, pero lo dicen correctamente. Su lenguaje es correcto, su gramática es correcta, su pronunciación es correcta, su acento es correcto, pero todo ello es en vano, porque no entienden el significado, nunca lo han vivido. El significado se revela viviéndolo, experimentándolo. Pero ellos seguirán estando engañados y extenderán el engaño a los demás.

Por eso los eruditos religiosos no cometen ningún crimen intencionalmente. Están profundamente dormidos; ¡no pueden hacer nada intencionalmente! Están viviendo una vida inconsciente. Sus palabras son muy hermosas, las han reunido de las fuentes más bellas, pero no han crecido dentro de su ser. Las palabras no son parte de su vida. Son tan ignorantes como las personas a las que enseñan y engañan inconscientemente.

Para terminar, les recuerdo que Sócrates solía decir que hay un conocimiento que es ignorancia y una ignorancia que es conocimiento.

El conocimiento prestado es ignorancia.

La verdad experimentada te da conocimiento, pero te hace humilde. Cuanto más la conoces, menos afirmas conocerla. El día que la conoces perfectamente, solo puedes decir: Estoy en la ignorancia más completa.

Solo un hombre que sabe perfectamente puede decir: ¡No sé!