El pájaro de piedra

Cuento Zen (59)

Hubo una vez un pájaro de piedra. Era una criatura bella y mágica que vivía a la entrada de un precioso bosque entre dos montañas. Aunque era tan pesado que se veía obligado a caminar sobre el suelo, el pajarillo disfrutaba de sus árboles día tras día, soñando con poder llegar a volar y saborear aquel tranquilo y bello paisaje desde las alturas.

Pero todo aquello desapareció con la tala desmedida de los humanos. Los árboles quedaron reducidos, y cuantos animales y plantas vivían allí desaparecieron. El pájaro de piedra fue el único capaz de resistir tal destrucción, pero cuando todo hubo acabado y vio aquel desolador paisaje, la pena y la tristeza se adueñaron de su espíritu de tal modo que no pudo dejar de llorar.

Lloró y lloró durante horas y días, y con tanto sentimiento, que las lágrimas fueron consumiendo su piedra, y todo él desapareció para quedar convertido en un charco de agua.

Pero con la salida del sol, el agua de aquellas lágrimas se evaporó y subió al cielo, transformando al triste pájaro de piedra en una nube capaz de sobrevolar la tierra regando sus aguas para que la vida del bosque vuelva a surgir.

Desde entonces la nube pasea por el cielo disfrutando de todos los bosques de la tierra, y recordando lo que los humanos hicieron con su querido hogar, la nube, acude siempre atenta con su lluvia allá donde algún árbol esté siendo destruido.

MORALEJA

Toda la ecología en toda la Tierra está siendo destruida. Pero la vida no existe como islas separadas; ni un solo hombre es una isla, todo está entretejido.

Hemos oído estas dos palabras: dependencia e independencia. Ambas son irreales: la realidad es interdependencia. Todos somos interdependientes unos de otros; no solo un hombre de otro hombre, no solo una nación de otras naciones, sino los árboles y el hombre, los animales y los árboles, los pájaros y el sol, la luna y los océanos… todo está entretejido. Y la Humanidad del pasado nunca pensó en que fuera un cosmos. Siguieron pensando en términos de considerarlo todo por separado. Fue imposible para la gente del pasado pensar que el hombre y los árboles estén conectados, que sean interdependientes.

No puedes vivir sin árboles ni tampoco los árboles pueden vivir sin ti. Pero es demasiado tarde; árboles de cien años, de doscientos años, incluso de miles de años, han sido destruidos y talados para producir más papel destinado a toda clase de periódicos estúpidos, sin consideración alguna por lo que se está causando. Nadie será capaz de reemplazar estos árboles.

En el período de los próximos veinte a treinta años, todas las selvas tropicales desaparecerán, y las implicaciones son tremendas porque estos bosques proveen oxígeno y vida. Si estos bosques desaparecen a la velocidad que están desapareciendo, la Humanidad no sabrá qué hacer para encontrar oxígeno, ¿de dónde lo obtendrá?

Y, por otro lado, todo el dióxido de carbono que uno exhala, los bosques lo inhalan. Si estos bosques no existieran… hay ya mucho dióxido de carbono acumulándose continuamente en la atmósfera, este es un hecho que se aprecia en cualquier parte de la Tierra. Y a causa de este dióxido de carbono, la temperatura de la atmósfera está elevándose. Es unos cuantos grados más arriba de lo que ha sido jamás.

Esta Tierra no ha estado nunca tan enferma; nunca ha estado tan en peligro de sufrir nuevas enfermedades. Pero los intereses creados no están dispuestos a detener a estas fábricas o a encontrar alternativas.

El presupuesto mundial para la guerra se acerca a miles de millones de dólares al año. Un millón de millones de dólares se gastan cada año en asuntos de guerra, y cada año quince millones de personas mueren por malnutrición y enfermedad.

Cada minuto, treinta niños mueren por falta de comida y de vacunas de bajo costo, y cada minuto 1.3 millones de dólares de los fondos públicos se destinan al presupuesto militar mundial.

Al parecer, ya no estamos interesados en la vida, hemos decidido suicidarnos. El hombre nunca se ha encontrado en tal estado suicida; nunca, en toda la historia.

Doscientos cincuenta millones de niños no han recibido ni siquiera una educación elemental. Un solo submarino nuclear equivale al presupuesto educativo anual de dieciséis millones de niños en edad escolar en países en vía de desarrollo ¡Un solo submarino! Y hay cientos de submarinos surcando los océanos de todo el mundo y cada submarino tiene armas nucleares seis veces más poderosas que todas las armas usadas en la Segunda Guerra Mundial. Son tan costosas que podríamos haber provisto a nuestros niños de educación y comida, de alimento. Pero los intereses de la humanidad son otros.

Estas son las multidimensionales formas en que la muerte se está aproximando a la Tierra.

Recuerden: Estamos a tiempo, solo necesitamos iluminación, no solo individual, sino colectiva para salvar el planeta. Necesitamos despertarnos. Necesitamos reflexionar si queremos tener un futuro, si queremos salvarnos a nosotros mismos y el planeta.

La naturaleza dispone de toda la eternidad; nosotros no. Tenemos pocos años con posibilidades reales en nuestras manos para salvar el planeta, porque el punto de no regreso está muy cerca.

Si tenemos paz, tendremos una oportunidad de salvar el planeta. Pero si no estamos unidos en la paz, si no practicamos el consumo responsable, no podemos salvar nuestro planeta. Me siento más confiado que nunca de que el poder para salvar el planeta reside en el consumidor individual.

La peor amenaza para nuestro planeta es la creencia de que alguien lo salvará.