Budismo y eutanasia

Hay diferencia entre el suicidio y la eutanasia. Obviamente, una diferencia sustancial hay en la persona que recibe la eutanasia está inconsciente.

BUDISMO

EUTANASIA O ANRAKUSHI

La palabra para eutanasia en japonés es anrakushi.

No es por mera coincidencia que la palabra para eutanasia en japonés sea anrakushi, un término con un significado budista. En la terminología budista, anrakukaku es otro nombre para la Tierra Pura, el mundo del Bodhisattva Amida, al que esperan ir los japoneses después de la muerte. El famoso libro Takasebune de Mari Ógai -un escritor de novelas históricas, médico educado en Alemania trata específicamente del anrakushi. Se trata de la historia de Yoshisuke, que mata a su hermano menor enfermo, quien quiere morir pero carece de la fuerza para matarse.

Muchos famosos autores japoneses del siglo xx escribieron sobre el suicidio y algunos, como Akutagawa, Dazai, Kawabata y Mishima, realmente se suicidaron. A raíz de la muerte de cada emperador (Meiji, Taishô y el año pasado,Showa), algunos fieles seguidores también cometieron suicidio por simpatía hacia sus desaparecidos jefes. Si bien algunos de estos suicidios no son budistas (pues revelan furia, pesimismo, nihilismo y otros sentimientos parecidos), siguen siendo una prueba de que la concepción budista del mundo no condena el suicidio.

La ley japonesa no penaliza el suicidio, y la ley europea está empezando lentamente a seguir el modelo japonés en este sentido. Sin embargo, la ley japonesa considera un crimen asistir a un suicidio o alentarlo. En situaciones normales, no puede haber nada más sabio y prudente que esto, pues la gente saludable debería ser alentada a vivir y hacer lo más posible con sus vidas. Pero en las situaciones donde se exige songenshi (muerte-con-dignidad), el hecho de que la persona esté enfrentando una muerte inminente es lo que hace que sea moralmente aceptable asistirla en su suicidio, en particular si el motivo es la compasión. (...)

Hay japoneses que sostienen que el pueblo japonés carece de la capacidad de tomar decisiones independientes de los occidentales y que, por lo tanto, los doctores deberían tomar las decisiones por sus pacientes. Ésta es una lógica equivocada. La razón por la cual los pacientes no pueden hacer buenos juicios independientes es porque los médicos les niegan la información y la libertad para hacerlo y no porque carezcan de las capacidades mentales o de las características personales para hacer juicios. El Budismo siempre ha reconocido la importancia de la decisión individual, no obstante las presiones sociales; los ejemplos van desde Buda mismo hasta Kükai, Hanen, Shinran y Nagamatsu Nissen. La capacidad de los japoneses para asumir una responsabilidad personal frente a decisiones importantes en tiempos de tensión, peligro o angustia, se ha mostrado repetidas veces en los ejemplos históricos de esos audaces reformadores budistas.

A fin de que el paciente pueda tomar una decisión inteligente acerca de cuándo y cómo desea morir, necesita conocer los hechos acerca de la naturaleza de su enfermedad, no solo el nombre real de ésta, sino las perspectivas realistas y las posibles consecuencias de todas las formas disponibles de tratamiento. Esto significa renunciar al modelo paternalista que sustenta la medicina japonesa actual y otorgarle al paciente la libertad sustancial de decidir su propio caso.

INFORMACIÓN MEDICA

Algunos médicos japoneses han planteado que...

  1. Los pacientes realmente no quieren recibir malas noticias acerca de sí mismos.
  2. Que saber la verdad podría empeorar su condición.
  3. Que los médicos pueden juzgar con más inteligencia que los pacientes.

Sin embargo, estudios realizados en Occidente revelan que nada de esto es cierto. Tal como señala Bok, la actitud de que lo que no sabe (el paciente) no le hará daño, se está revelando como no realista: más bien es lo que los pacientes no saben y sospechan vagamente lo que les origina una preocupación corrosiva (destructiva). La gente se recupera más pronto de la cirugía y tolera el dolor con menos medicamentos cuando comprende sus propios problemas médicos y lo que se puede hacer y lo que no acerca de ellos. En todo caso, el ocultamiento de información al paciente por parte del médico no se basa en pruebas estadísticas o principios éticos, sino en el deseo del médico de mantener el control sobre los pacientes. Ésta es una situación a la que se oponen naturalmente los budistas de pensamiento claro. No hay razón para creer que estos hallazgos, conocidos y sustentados por la medicina occidental desde hace mucho tiempo, pudieran resultar diferentes para los japoneses.

SUICIDIO O EUTANASIA

Obviamente hay una diferencia sustancial.

Hoy en día persiste una pregunta importante para los budistas: ¿cuáles son las diferencias, si es que las hay, entre el suicidio y la eutanasia? Obviamente, una diferencia sustancial es la de si la persona que recibe la eutanasia está inconsciente. En este caso, salvo que él o ella hayan hecho previamente una declaración de sus deseos mientras su voluntad permanecía viva, no tenemos forma de saber si el paciente quiere genuinamente la eutanasia.

Por otra parte, una vez que la conciencia se ha disociado permanentemente del cuerpo, el Budismo no ve la razón de seguir nutriendo o estimulando el cuerpo, pues un cuerpo privado de sus skandhas no es una persona. La Songenshi Kyokai de Japón (Asociación para la Muerte con-Dignidad) ha hecho mucho por mejorar la capacidad del hombre japonés para escoger el tiempo y la forma de morir.

Otro tema es el de la relación entre las drogas que suprimen el dolor, con la prolongación de la vida y la aceleración de la muerte misma. La Songenshi Kyokai de Japón propone la administración de las drogas que aniquilan el dolor, incluso si éstas aceleran la muerte del paciente. Los budistas estarían de acuerdo en que el alivio del dolor es deseable y en que el asunto principal no es si la muerte se acelera o no. Sin embargo, consideremos un caso en que el dolor sea extremo y solo drogas muy fuertes podrían suprimir el dolor.

EL DOLOR

Aquí habría que escoger entre...

  1. No realizar ningún tratamiento.
  2. Administrar drogas contra el dolor que solo enturbian o confunden la mente del paciente.
  3. Aplicar un tratamiento que acelere el fin manteniendo la mente clara.

En tal situación, el budista preferiría primero la vía más natural, la primera: no realizar ningún tratamiento. Pero si la mente del paciente fuera incapaz de concentrarse o de estar en paz a causa del gran dolor, el budista escogería e antes que b, porque la claridad de conciencia en el momento de la muerte es muy importante para el Budismo.

Los médicos a quienes no. les gusta la idea de cortar la vida de una persona preferirían prolongar los procesos materiales de la vida, sin preocuparse por la calidad mental de esa vida. Es aquí donde los budistas están en desacuerdo con la medicina occidental materialista. Pero no es necesario que exista conflicto entre el Budismo y la medicina. No hay razón para atribuir al médico la responsabilidad de la muerte del paciente. Según los lineamientos de la Corte Suprema de Nagoya, los pacientes potencialmente elegibles para la eutanasia de todas maneras van a morir muy pronto, así que el médico no tiene culpa alguna. El paciente, por su parte, tiene el derecho de determinar su propia muerte. El que éste se encuentre demasiado débil como para tomar una espada o para cortar en seco su vida no es moralmente significativo; si su mente está clara, tranquila y lista para la muerte, entonces aquel que comprende y asiste compasivamente a esa persona también está siguiendo la moralidad budista.

En resumen, lo que importa a los budistas es si se le concederá o no a la persona la responsabilidad por su propia vida y destino. Toda la tradición budista, y en particular la del suicidio dentro de Japón, plantea que la decisión personal en lo que respecta al tiempo y a la forma de morir es de extrema importancia, y todo lo que hagan los otros para oscurecer la mente del que está muriendo o para despojarlo de tal elección constituye una violación de los principios budistas. Los budistas japoneses pueden respetar esta decisión más que las culturas occidentales y conducir la bioética humanitaria en una perspectiva diferente hacia la muerte dignificada.