El suicidio

El suicidio surge de una desesperación por una profunda frustración, de un miedo insalvable, el poco sentido que tiene vivir en ciertas condiciones.

JIDDU KRISHNAMURTI

INTELIGENCIA Y SUICIDIO

¿Es esa una acción de eludir o un acto de la inteligencia?

Interlocutor: Me gustaría hablar sobre el suicidio, no porque haya una crisis en mi vida ni porque tenga ninguna razón para suicidarme, sino porque el tema aparece cuando uno ve la tragedia de la vejez y la decadencia física, cuando ve en las gentes el declive del cuerpo y la pérdida de sus capacidades cotidianas. Si uno llega a ese estado, ¿hay alguna razón para prolongar la vida y seguir viviendo con esas limitaciones, acaso no sería un acto de la inteligencia reconocer que la vida útil ha terminado?

Krishnamurti: Si fue la inteligencia la que le impulsó a terminar su vida, esa misma inteligencia habría impedido que su cuerpo se deteriorara prematuramente.

Interlocutor: Pero ¿no hay un momento en el cual la misma inteligencia de la mente no puede evitar ese deterioro? El cuerpo finalmente se deteriora, ¿cómo puedo saber cuando ese momento llega?

Krishnamurti: Debemos investigarlo con bastante profundidad, porque hay varias cosas implicadas, ¿no es cierto? Está el deterioro del cuerpo, del organismo, la senilidad mental y la incapacidad definitiva que genera dificultades; abusamos del cuerpo interminablemente a través del hábito, del paladar y de la negligencia, el sabor, el gusto que el paladar percibe, y el placer que se experimenta, es el que controla y determina la actividad del organismo, y cuando eso sucede la inteligencia natural del cuerpo se destruye; en las revistas vemos la extraordinaria variedad de comidas con atractivos colores que incitan al placer del paladar, pero no a lo que es beneficioso para el cuerpo. Así pues, desde la juventud embotamos y destruimos gradualmente ese instrumento que debería ser altamente sensitivo, enérgico, capaz de funcionar como una máquina perfecta. Este es parte del problema y, luego, tenemos la mente que ha vivido veinte, treinta u ochenta años en constante lucha y resistencia, esa mente solo conoce la contradicción y el conflicto, sea emocional o intelectual. Cada variedad de conflicto no solo es una distorsión, sino que trae consigo destrucción. Ésos son, entonces, algunos de los factores internos y externos de deterioro, de esa constante actividad egoísta con su proceso aislador. Naturalmente, tenemos el desgaste físico del cuerpo, pero también existe el desgaste antinatural, el cuerpo pierde sus capacidades y memorias, la senilidad poco a poco se impone, y usted pregunta, ¿no debería esa persona suicidarse, tomarse una píldora que ponga fin a su vida? Ahora bien, ¿quién formula la pregunta, la persona senil o aquellos que observan la senilidad con pena, con la desesperación y el miedo de su propio deterioro?

Interlocutor: Es obvio que, desde mi punto de vista, mi pregunta la motiva la angustia que siento al ver la senilidad en otras personas, porque, supongo, todavía no se ha desarrollado en mí, sin embargo, ¿no hay también alguna acción de la inteligencia que al ver un posible deterioro del cuerpo se anticipa y formula la pregunta de si no es simplemente una pérdida de tiempo continuar cuando el organismo ya no puede vivir inteligentemente?

Krishnamurti: ¿Permitirían los doctores la eutanasia y permitirían los médicos o el gobierno que el paciente se suicidara?

Interlocutor: Sin duda, ésa es una cuestión legal, sociológica, o en la mente de ciertas personas una cuestión moral, pero eso no es exactamente lo que estamos discutiendo ahora, ¿verdad? Estamos investigando si el individuo tiene derecho a terminar con su propia vida, no si la sociedad lo permitiría.

Krishnamurti: Usted pregunta si uno tiene el derecho a quitarse la vida, no solo cuando esté senil o se haya dado cuenta de que la senilidad se acerca, sino también si es moralmente correcto suicidarse en algún momento.

Interlocutor: Titubeo en introducir la moralidad en este asunto porque la moralidad es algo condicionado, estaba tratando de formular la pregunta basándome solo en la inteligencia. Por fortuna, en este momento el problema no me afecta personalmente, por tanto, creo que puedo mirarlo de manera bastante desapasionada, verlo como una acción de la inteligencia humana, ¿qué diría sobre eso?

Krishnamurti: Usted dice: ¿Puede un hombre inteligente suicidarse?. ¿Es eso?

Interlocutor: O, ¿puede el suicidio, dependiendo de ciertas circunstancias, ser la acción de un hombre inteligente?

Krishnamurti: Es la misma cosa, el suicidio, finalmente surge de una gran desesperación ocasionada por una profunda frustración, de un miedo insalvable, o del darse cuenta de la falta de sentido que tiene vivir en ciertas condiciones.

Interlocutor: Si puedo interrumpir, diría que eso generalmente es así, pero estoy tratando de formular la pregunta lejos de cualquier motivación, cuando uno llega al punto de la desesperación, seguramente está involucrado un gran motivo y resulta difícil separar la emoción de la inteligencia, sin embargo, estoy tratando de enfocarlo solo desde el ámbito de la pura inteligencia, sin emoción.

Krishnamurti: Lo que usted está preguntando es, ¿permite la inteligencia cualquier clase de suicidio? Es obvio que no.

Interlocutor: ¿Por qué no?

Krishnamurti: De hecho, uno tiene que comprender esa palabra inteligencia. ¿Es inteligencia el permitir que el cuerpo se deteriore por medio del hábito, de la indulgencia, del estímulo del paladar, del placer, etc.? ¿Es eso inteligencia, es eso una acción de la inteligencia?

Interlocutor: Desde luego que no, pero incluso cuando ha habido cierto uso no inteligente del cuerpo, puede llegar un momento en la vida de uno que no le sea posible retroceder y redirigir su propia vida, si bien su cuerpo aún no sufre los efectos del mal uso.

Krishnamurti: Por consiguiente, lo importante es darse cuenta de la manera perjudicial de vivir e inmediatamente dejar de hacerlo, no posponerlo para una fecha futura, el actuar inmediatamente frente un peligro es un acto de lucidez, de inteligencia, y tanto el posponerlo como el buscar el placer indican falta de inteligencia.

Interlocutor: Sí, eso lo veo.

Krishnamurti: Por tanto, ¿no ve también como algo muy real y verdadero, que ese proceso aislador del pensamiento con su actividad egocéntrica es una forma de suicidio? El aislamiento es suicidio, ya sea el de una nación o el de una organización religiosa, el de una familia o el de una comunidad, uno está atrapado en esa trampa que finalmente conduce al suicidio.

Interlocutor: ¿Se refiere al individuo o al grupo?

Krishnamurti: Tanto al individuo como al grupo, porque uno ya está atrapado en el sistema.

Interlocutor: El cual finalmente lleva al suicidio, pero ¡no todo el mundo se suicida!

Krishnamurti: De acuerdo, pero la base del deseo de escapar ya está ahí, escapar para no afrontar los hechos, para no afrontar lo que es, ese escapar es una forma de suicidio.

Interlocutor: Creo que ese es el punto central de lo que trato de preguntarle, porque según se desprende de lo que usted dice, el suicidio es un escape, obviamente es así, noventa y nueve veces de cada cien, pero ¿no puede haber también, esa es mi pregunta, un suicidio que no sea un escape, que no sea un evadirse de lo que usted llama lo que es, sino que por el contrario sea una respuesta de la inteligencia a lo que es? Uno puede decir que muchas actitudes neuróticas son formas de suicidio, pero lo que trato de preguntar es si el suicidio puede alguna vez surgir de algo que no sea una respuesta neurótica, es decir, ¿no puede ser también que al confrontar un hecho, surja una respuesta innata de la inteligencia que actúe sobre una condición humana insostenible?

Krishnamurti: Cuando emplea las palabras inteligencia y condición insostenible, cae en una contradicción, las dos se contradicen.

Interlocutor: Usted ha dicho que si uno se encuentra frente a un precipicio o ante una serpiente venenosa a punto de atacar, la inteligencia dicta cierta acción, la cual es la acción de eludir.

Krishnamurti: ¿Es esa una acción de eludir o un acto de la inteligencia?

Interlocutor: ¿No podrían, algunas veces, ser lo mismo? Si un automóvil me embiste en la carretera y lo esquivo…

Krishnamurti: Ése es un acto de la inteligencia.

Interlocutor: Sin embargo, eso es también un acto de eludir el automóvil.

Krishnamurti: Pero ésa es la acción de la inteligencia.

Interlocutor: Exactamente, por lo tanto, ¿no existe una similitud entre esa situación y el seguir viviendo, cuando uno se encuentra ante algo irreversible y mortal?

Krishnamurti: Entonces usted lo elude, al igual que eludió el precipicio, se aleja de la cosa.

Interlocutor: En ese caso el alejarse significa el suicidio.

Krishnamurti: No, el suicidio no es un acto de la inteligencia.

Interlocutor: ¿Por qué?

Krishnamurti: Se lo estoy mostrando.

Interlocutor: ¿No está diciendo que el acto de suicidarse es categórica e inevitablemente una respuesta neurótica a la vida?

Krishnamurti: Es obvio, no es un actuar inteligente, ese acto demuestra muy claro que uno ha llegado al punto en el cual está tan sumamente aislado que no encuentra salida.

Interlocutor: Por eso estoy intentando suponer, con el fin de seguir con esta discusión, que nos encontramos ante una situación límite, que uno no actúa con la intención de evitar el sufrimiento y de eludir la realidad.

Krishnamurti: ¿Hay en la vida algún suceso, alguna relación o incidente del cual usted no pueda liberarse?

Interlocutor: Desde luego, hay muchos.

Krishnamurti: ¿Muchos? Pero ¿por qué insiste usted en que el suicidio es la única salida?

Interlocutor: Si uno padece una enfermedad mortal no tiene posibilidad de escapar de ella.

Krishnamurti: Vayamos despacio, tengamos cuidado ahora con lo que estamos diciendo. Si tengo cáncer, si es terminal y el médico dice: Bien, amigo mío, tiene que vivir con eso, ¿qué voy a hacer, suicidarme?

Interlocutor: Posiblemente.

Krishnamurti: Creo que estamos hablando de forma teórica, si personalmente tuviera un cáncer irreversible entonces decidiría, consideraría qué hacer, no sería una pregunta teórica, en aquel momento determinaría qué es lo más inteligente hacer.

Interlocutor: ¿Quiere decir que no debo formular una pregunta teórica, sino solo cuando estoy de hecho en esa situación?

Krishnamurti: Exacto, entonces actuará de acuerdo con su condicionamiento, de acuerdo con su inteligencia, de acuerdo con su manera de vivir, si su modo de vivir ha sido evadirse o escaparse, si ha tenido una actividad obsesiva, entonces obviamente actuará y adoptará una actitud neurótica, pero si ha vivido de forma realmente inteligente, en el sentido total de esta palabra, esa inteligencia actuará cuando haya un cáncer incurable, en ese momento puede que lo sobrelleve, puede que diga que vivirá con él los pocos meses o años que restan.

Interlocutor: O puede que usted no diga eso.

Krishnamurti: O puede que yo no diga eso, pero no afirmemos que el suicidio es inevitable.

Interlocutor: Nunca dije eso, pregunté si en ciertas circunstancias apremiantes, tales como el cáncer incurable, el suicidio podría ser, quizás, una reacción inteligente al problema.

Krishnamurti: Mire, en todo esto hay algo extraordinario. La vida le ha dado gran felicidad, increíble belleza, grandes beneficios, y usted ha aceptado todo eso, igualmente, cuando se sintió infeliz también lo aceptó porque constituye parte de la inteligencia, y ahora que se encuentra con el cáncer incurable dice: No puedo soportarlo por más tiempo, debo terminar con mi vida, pero, ¿por qué no sigue sobrellevándolo, viviendo con él, investigando sobre él mientras tenga vida?

Interlocutor: En otras palabras, esa pregunta no tiene respuesta si uno no se encuentra en esa situación.

Krishnamurti: Desde luego, por eso siento que es muy importante afrontar el hecho, afrontar lo que es de instante en instante, y no teorizar simplemente, si alguien padece una enfermedad, si está gravemente enfermo de cáncer o se ha vuelto completamente senil, ¿qué es lo más inteligente que se puede hacer, no yo como un simple observador sino el doctor, la esposa o la hija?

Interlocutor: Uno no puede realmente contestar eso, porque se trata de un problema de otro ser humano.

Krishnamurti: Ése es precisamente el punto, eso es exactamente lo que quiero decir.

Interlocutor: Creo que uno no tiene derecho a decidir sobre la vida o la muerte de otro ser humano.

Krishnamurti: Pero lo hacemos, todas las tiranías lo hacen y lo hace la tradición, la tradición dice que uno debe vivir de esta manera y no de aquella otra.

Interlocutor: Y también se está convirtiendo en una tradición mantener a la gente con vida, más allá de lo que ha dispuesto la misma naturaleza, mediante el conocimiento médico se alarga la vida de las personas y, aun cuando es difícil definir lo que es el estado natural, me parece muy artificial alargar más tiempo la vida tal y como sucede ahora con mucha gente; pero ésa es una cuestión diferente.

Krishnamurti: En efecto, esa es otra cuestión, la pregunta fundamental es, ¿permitirá la inteligencia el suicidio después de que los médicos hayan dictaminado que uno tiene una enfermedad incurable? No debemos decirle a otra persona lo que debe hacer en ese momento, la persona que padece la enfermedad incurable es la que debe actuar conforme a su inteligencia, si esa persona es realmente inteligente, lo que quiere decir que ha vivido una vida en la cual ha habido amor, delicadeza, sensibilidad y disposición, entonces esa persona en ese momento actuará conforme a la inteligencia que ha estado funcionado con anterioridad.

Interlocutor: Luego, en cierto sentido, toda esta conversación ha sido inútil porque lo que tiene que suceder de cualquier manera sucederá, porque la gente inevitablemente actuará de acuerdo con su comportamiento pasado, en consecuencia, o bien se vuelan los sesos o aceptan el sufrimiento hasta que muere, o que en el ínterin algo suceda.

Krishnamurti: No, la conversación no ha sido inútil, escuche cuidadosamente. Hemos descubierto varías cosas, en primer lugar que vivir inteligentemente es lo más importante, que vivir la vida de una manera que sea sumamente inteligente requiere una actitud alerta del cuerpo y de la mente extraordinaria, y destruimos esa actitud alerta del cuerpo mediante formas de vida antinaturales, de la misma manera que estamos destruyendo la mente y el cerebro mediante el conflicto, la constante subyugación, las reacciones hostiles y la violencia incesante; pero si uno vive una vida que niega todo esto, entonces esa vida, esa inteligencia, al afrontar una enfermedad incurable, en ese momento, actuará adecuadamente.

Interlocutor: Veo que al formularle una pregunta sobre el suicidio me da por respuesta cómo vivir correctamente.

Krishnamurti: Esa es la única manera, un hombre que se tira de un puente no pregunta: ¿Debo suicidarme? Lo hace, eso es todo; otra cosa es preguntarnos cómodamente sentados en casa o en un laboratorio si un hombre debe o no suicidarse, eso carece por completo de sentido.

Interlocutor: Por lo tanto, es una pregunta que uno no debe formular.

Krishnamurti: Todo lo contrario, debemos formularnos la pregunta de si uno debe o no suicidarse, tenemos que formular la pregunta pero debemos descubrir qué hay detrás de ella, qué nos mueve a formular tal pregunta, qué nos mueve a desear el suicidio. Sabemos que hombre que siempre amenaza con suicidarse no lo hace porque es tremendamente perezoso, él no desea hacer absolutamente nada, lo único que quiere es que todo el mundo lo anime, un hombre así ya se ha suicidado; un hombre que es obstinado, desconfiado, con ambición de poder y posición también se ha suicidado interiormente, vive tras una pared de imágenes, por tanto, un hombre que vive con una imagen de sí mismo, de su entorno, de su ecología, de su poder político o religioso, está definitivamente acabado.

Interlocutor: De lo que dice, creo entender que ninguna vida que no sea vivida rectamente…

Krishnamurti: Recta e inteligentemente.

Interlocutor:… lejos de las sombras de las imágenes, del condicionamiento, del pensar, a menos que se viva de esa manera la vida de uno es una existencia mezquina.

Krishnamurti: Claro que lo es, observe la mayoría de la gente, están viviendo detrás de una pared, la pared de sus conocimientos, de sus deseos, de sus impulsos ambiciosos, de hecho, están en un estado de neurosis y esa neurosis les da cierta seguridad, la seguridad del suicidio.

Interlocutor: ¡La seguridad del suicidio!

Krishnamurti: Tomemos como ejemplo a un cantante, para él la voz es su máxima seguridad, cuando le falla la voz está pensando en suicidarse. Lo realmente apasionante y genuino es descubrir por uno mismo una forma de vida que sea altamente sensible y sumamente inteligente, eso no es posible si hay miedo, ansiedad, avaricia, envidia, formación de imágenes, o vivir en un aislamiento religioso. Todas las religiones han promulgado este aislamiento y el creyente está definitivamente en la antesala del suicidio, al depositar toda su fe en una creencia y cuando esa creencia es cuestionada siente miedo y se predispone a adoptar otra creencia, otra imagen, a cometer otro suicidio religioso. Por tanto, ¿es posible vivir sin ninguna imagen, sin ningún patrón, sin ningún sentido del tiempo? Con eso no quiero decir vivir de tal manera que no importe lo que suceda mañana ni lo que pasó ayer, eso no es vivir, están aquellos que dicen: Aprovecha el presente y disfrútalo tanto como puedas, ése es también un acto de desesperación. De hecho, uno no debería preguntar si es justo o no suicidarse, lo que uno debería preguntar es, ¿qué causa ese estado en la mente que no tiene esperanzas? Aunque esperanzas es una palabra equivocada porque implica un futuro, más bien, uno debería preguntar, ¿cómo es la vida cuando el tiempo no existe? Vivir sin tiempo es tener en realidad este sentido de gran amor, porque el amor no es temporal, el amor no es algo que fue o será, la verdadera cuestión es investigar esto y vivirlo, si debemos o no suicidarnos es una pregunta que la formula un hombre que ya está parcialmente muerto; la esperanza es la cosa más terrible, ¿no fue Dante el que dijo: Deje la esperanza fuera cuando entre en el infierno? Para él, el paraíso era la esperanza, y eso es horrible.

Interlocutor: Sí, la esperanza es su propio infierno.