El cuento de los dos burros

osho

Escrito espiritual: El cuento de los dos burros
Dos burros por un largo sendero en que el sol calentaba con gran intensidad. Uno llevaba un bulto de algodón y el otro un pesado bulto de sal.

El algodón y la sal

Una chistosa historia antes de leer a Osho.

Dos burros avanzaban por un largo sendero en un día en que el sol calentaba con gran intensidad. Uno llevaba un bulto de algodón y avanzaba tranquilo pues su peso no era gran cosa comparado con el de otro burro, que avanzaba a su lado, cargado con un pesado bulto de sal.

El que llevaba la carga liviana agradecía que su carga no era tan pesada, y se compadecía de su vecino, pero en ningún momento le ofreció ayuda. Una y otra vez tuvo la oportunidad de que intercambiaran cargas, pero bajo los más variados pretextos rechazó la oportunidad de servirle.

El burro cargado con el bulto de sal llevaba con paciencia el peso que el destino había puesto en su lomo y, aunque casi desfallecía a veces, persistió en el cumplimiento de su deber. En cierto momento tuvieron que cruzar un ancho río. El algodón absorbió tanta agua que el burro que lo cargaba pronto pereció ahogado. La sal, en cambio, se fue disolviendo en el agua y el burro paciente quedó liberado de su carga y llegó fácilmente al otro lado de la orilla.

Moraleja: Si hubieran compartido cargas ambos pasarían a la otra orilla del rio.

Osho, sobre compartir

El amor es inocente cuando no tiene un motivo en sí. El amor es inocente cuando no es más que un compartir de tu energía. Tienes demasiado, así compartes… quieres compartir.

Y, con quien sea que comparte contigo, te sientes agradecido con él o con ella porque estabas como una nube, demasiado llena de agua de lluvia, y alguien te ayudó a desahogarte. O eras como una flor, llena de fragancia y el viento vino a descargarte. O tenías una canción para cantar y alguien escuchó atentamente… tan atentamente que te permitió cantarla. O sea, con quienquiera que te ayude a desbordarte en amor, siéntete agradecido.

Absorbe ese espíritu de compartir, permite que se convierta en tu propio estilo de vida: ser capaz de dar sin ninguna idea de conseguir, ser capaz de dar sin adjuntar condición alguna, ser capaz de dar simplemente debido a tu abundancia.

Los trucos de tu mente

Solo puedes compartir aquello que tienes; si eres dichosa puedes compartir tu dicha, si eres infeliz, harás al mundo más infeliz.

Cuando llegas aquí por primera vez, sencillamente te quedas deslumbrada... Ves que la gente es feliz aquí, que bailan y están dichosos, y tú desearías ser feliz. Pero, de repente, comienzas a pensar en el mundo. Los mendigos por las calles, la pobreza, el hambre y las guerras; comienzan a llegar a tu mente problemas desde todos los rincones. Y tu mente comienza a decir: ¿Cómo puedes ser feliz con todo el sufrimiento que hay en el mundo?...

Todas estas cosas no son más que trucos de tu mente para que vuelvas a ser infeliz, para mantenerte en ese nivel de infelicidad. Y eso no es algo que vaya a ayudar al mundo. ¿Qué vas a compartir con el mundo?... ¿Qué tienes para compartir? Sólo puedes compartir aquello que tienes; si eres dichosa puedes compartir tu dicha, si eres infeliz, harás al mundo más infeliz.

Al menos baila, deja que tus piernas se sientan bien. Una persona feliz significa que una pequeña parte del mundo es feliz. Al ser feliz estás creando un mundo feliz, al bailar estás creando un mundo que baila, porque tú eres el mundo....

Sólo con que un solo individuo sea feliz, una parte del mundo se transforma...

Yo enseño la autorrealización. Y recuerda, la autorrealización no es egoísmo. La persona auto realizada es la única persona altruista, porque crea todo aquello que es grande en su ser. Y al crearlo comienza el compartir. No necesitas hacer un esfuerzo para compartirlo; si está ahí, comienza a rebosar. No se puede contener la danza, no se puede contener la alegría. Rebosan, comienzan a alcanzar a otras personas, son contagiosas.


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