Cuento zen sobre juzgar
El hombre perdi贸 su hacha y comenz贸 a sospechar del hijo de su vecino. Observ贸 que el joven caminaba de manera similar a la de un ladr贸n, ten铆a una expresi贸n facial parecida a la de un ladr贸n y hablaba de la misma manera que un ladr贸n. En resumen, todos los gestos y acciones del joven lo hac铆an parecer culpable de robo.
Pero m谩s tarde, encontr贸 su hacha en un valle. Y despu茅s, cuando volvi贸 a ver al hijo de su vecino, todos los gestos y acciones del muchacho le parec铆an muy diferentes de los de un ladr贸n.
MORALEJA
La justicia y la sospecha no pueden vivir juntos: en la puerta donde este entra, el otro hace su salida, porque en el momento que existe sospecha de una persona, todo lo que hace la mente y nuestras ideas preconcebidas es contaminar la realidad. Si eres un observador, ver谩s que la verdad se manifiesta por si sola, justa y sin da帽ar.
Cuando mejor es uno, tanto m谩s dif铆cilmente llega a sospechar de la maldad de los otros. No tengas sospecha contra tu hermano, que perder谩s la pureza de coraz贸n, porque el que juzga a la gente, no tienes tiempo para amarla.
Atestigua sin juzgar.
Recuerda que un ni帽o conf铆a sin l铆mites. Conf铆a en todo lo que le dices. Te ama. Todav铆a no duda, todav铆a no sospecha. 驴C贸mo podr铆a sospechar? Es tan puro... es solo pura consciencia, puro amor.
Pero cuando surge siquiera una ligera sospecha en tu mente, entonces dejaras de ser justo inmediatamente. Porque esta ligera sospecha es un resquicio para ser justos. Entonces, no est谩s ya protegido por el sello de tu divinidad, de tu alma pura.