La joven Susanita

Ilustración del cuento: La joven Susanita

Si te vuelves el amo de tu mente, sin que el deseo obre por ti, te volverás como Susanita, consciente de dónde proviene la luz interior, de su origen.

Cuento zen sobre el interior

Hacía calor, mucho calor, pues era medio día y el mercado del pueblo estaba abarrotado de gente que compraba o charlaba mientras otros comían hablando muy alto y riéndose a carcajadas.

Entre el bullicio y el jolgorio estaba Susanita observando quieta, sentada en un rincón, mirando cuanto acontecía a su alrededor.

Susanita tenía ocho años, era huérfana desde los cinco, edad con que ingresó en un orfanato del estado, en el cual el maltrato y la crueldad estaban a la orden del día, aunque eso sí, los niños tenían techo y comida diaria, sin embargo, a pesar de su miedo, pues no sabía cómo podría valerse por sí misma en el mundo exterior Susanita decidió marchar, liberarse de la esclavitud a la que estaba sometida a cambio de un mísero sustento y un despreciable «hogar».

Así pues, más allá de sus miedos, el día que se le presentó la oportunidad saltó la verja y se fue... Lejos, muy lejos, tanto que ya no la pudieron encontrar...

Habían pasado unos meses y Susanita vestía harapos, comía de la caridad que le ofrecían algunas personas y dormía donde la providencia le guiaba. Quizás su apariencia y su forma de vivir aparentaban mendicidad, sin embargo, se sentía libre y sin miedo, como recompensa por su acto de coraje.

Pero echaba mucho de menos a sus queridos padres, sin embargo, cada vez que acariciaba la tierra sentía que la protección y el abrazo de su madre estaban presentes, y cada vez que miraba al cielo percibía la benevolencia y el cariño de su padre, así se sentía acompañada y podía experimentar el calor del Hogar dentro de sí misma.

... Y continuaba en el mercado, observando, hasta que comenzó a anochecer... momento en el cual se levantó y se adentró en el bosque, caminaba en dirección a lo más profundo del bosque, al corazón del bosque... Ni siquiera brillaba la luna para alumbrarla, solamente las estrellas, miró hacia el firmamento en busca de la Estrella Polar, ya que es el eje y por más que uno se mueva siempre permanece en el centro, inmutable, inalterable, inmanente...

Desde la luz de la Estrella Polar miró hacia su corazón, y a cada respiración fue más hacia dentro, y más y más... hacia su centro, de una forma suave, lenta, profunda y desde allí comenzó a emerger una luz... Y observó, sintió que era... ¡Su propia luz! Ello la colmó de plenitud y alegría, y continuó observando a ver hacia dónde la llevaba y comenzó a descubrir que su luz era el mismo fulgor que el de la Estrella Polar, e incluso el de toda la Galaxia. Sintió éxtasis y un sentimiento de unión que emanaba desde su corazón hacia todos los seres, personas, animales, plantas, montañas, ríos, planetas... estrellas...

Susanita comprendió así como en lo pequeño reside lo grande, cómo alguien tan pequeño como ella, alguien en profunda soledad, sin reconocimiento social, sin vestidos, sin colegio, sin juguetes, sin amigos, sin familia, alguien sin nada, como pudo conseguirlo “todo” al sentir que el mundo late, vive, dentro de ella porque ella es el mundo y el mundo es ella.

Y así continuó caminando, reconociéndose en cada persona, en cada montaña, en cada oración, caminó llena de gozo y alegría, de plenitud, porque encontró su tesoro, el más preciado e irradiaba esta fuerza sin ser consciente de ella de la misma forma que el Sol que alumbra y da calor a todos los seres, así ella era esa luz que generaba bienestar y calidez allá donde iba y afectaba a cuantos se encontraba... así pues, sucedió que en este estado de hacer sin hacer, encontró la quietud en el movimiento, es decir, no obraba según sus deseos sino impulsada por el amor que brotaba dentro de sí, generando cada vez más armonía allá donde iba.

MORALEJA

Si te vuelves el amo de tu mente, te volverás consciente de dónde es que proviene la luz interior, de dónde está su origen.

Tú eres eterno, eres inmortal. Independientemente de las circunstancias externas, tu luz interior sigue ardiendo con brillo.

Nadie te puede proporcionar ese encuentro con tu interior. Esa vivencia es personal no es un objeto que se puede transferir. Tienes que llegar a tu propia luz, tienes que vivirlo en carne propia para lograr tu propia transformación interior.


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