El farol

Cuento Zen (284)

Antiguamente, era habitual en el Japón usar faroles de papel. Un papel que protegía una vela encendida, todo ello sujetado por varas de bambú.

Sucedió que un ciego fue a visitar a un amigo y, como se hizo tarde, este le ofreció un farol para que regresara a su casa.

Lo cual hizo reír al ciego. Para mí es lo mismo el día que la noche, le dijo: ¿Qué voy a hacer yo con un farol?

Su amigo le replico: Es verdad que no necesitas ver el camino hacia tu casa. Pero el farol puede servirte para disuadir a alguien que quisiera atracarte en la oscuridad.

De modo que el ciego tomo el farol y salió. Al poco rato, alguien tropezó con él, haciéndole perder el equilibrio.

¡Eh!, ¿por qué no va con más cuidado, amigo?, grito el ciego. ¿Es que no ha visto el farol?

Hermano, dijo el otro, su farol está apagado.

MORALEJA

Es más seguro andar con la propia oscuridad que con la luz de otro.

Se una luz en ti mismo, es decir, no sigas a otros, no imites, no trates de parecerte a alguien. Naces con una posibilidad tremenda de inteligencia, naces con una luz dentro de ti, escucha a la voz pequeña que hay dentro de ti, y ella te guiara. Nadie más puede guiarte, nadie más puede convertirse en un modelo para tu vida, porque tú eres único. Nunca ha existido, ni existirá nadie que fuese exactamente como tú. Esta es tu gloria, tu grandeza: eres absolutamente irremplazable, eres simplemente tú y nadie más.

Siguiendo la luz de otros puedes cultivar un bello carácter, pero no puedes tener una bella consciencia, y así, nunca podrás ser libre. Perderás toda realidad. Perderás toda la sinceridad, serás infiel a ti mismo. Te volverás artificial y fingido.

Solo tu luz interna puede convertirse en el amanecer. Se una luz en ti mismo y serás sabio; si dejas que otros se vuelvan tus líderes, tus guías, te seguirás perdiendo todo.

Si estás suponiendo que eres como dios, pues suponlo, porque en realidad lo eres. Y una vez que empieces a existir como un dios, desaparecerá toda la miseria, la confusión y la oscuridad.

Conviértete en una luz, pues esa conversión carece de condiciones que cumplir porque al encender la luz, la oscuridad desaparece. Celébralo, conviértete en una alegre llama y todo lo erróneo desaparece. La ira, la codicia, el sexo, o cualquier otra cosa que puedas nombrar, no son sólidas; solo son la ausencia de una vida gozosa y extática.

Solo tu luz interna puede convertirte en AMOR.