LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL







LA CONCIENCIA DEL HOMBRE SE PURIFICA COMO EL AGUA

POR: JIDDU KRISHNAMURTI

Krishnamurti nos enseña que la conciencia puede ser purificada como el agua cuando esta en movimiento pero si no fluye, se vuelve impura: estancada.

Imagen La conciencia del hombre se purifica como el agua

EL AGUA ES VIDA

En todas las tribus primitivas, el agua simboliza la vida.

La vida se basa en el agua: el ochenta y cinco por ciento del cuerpo humano es agua. Toda la vida, tanto la del hombre como la de los animales, los árboles y los pájaros, depende del agua. El agua era uno de los elementos básicos a los que había que rendir culto. Lo mismo que al sol, todos los pueblos primitivos rendían culto al agua; ambos eran venerados como dioses. Y tiene al mismo tiempo un significado metafórico.

El agua representa varias cosas. La primera es que no tiene forma, pero puede adoptar cualquiera; tiene la capacidad de adaptarse a todas las formas. Si la viertes en un tarro, adopta la forma del tarro, y si la viertes en un vaso, toma la forma del vaso. Es infinitamente adaptable. Ahí radica su virtud: no conoce la rigidez. El hombre debe ser como el agua, pero no tan rígido y frío como el hielo.

El agua siempre fluye en dirección al mar. Esté donde esté, siempre se dirige hacia el mar: hacia el infinito. La vida de un hombre debe ser como el agua y encaminarse siempre hacia Dios. El agua se conserva pura mientras está en movimiento: si no fluye; y si se queda parada, se vuelve impura: estancada. Así que tanto el hombre como su conciencia deben mantenerse en movimiento, siempre fluyendo, y no quedarse parados en ninguna parte.

Cuando un hombre vive parado, se vuelve sucio e impuro. Si el flujo se mantiene y uno está dispuesto a pasar de un instante al siguiente sin asideros y sin el lastre del pasado, conserva la inocencia y la pureza.

CONCIENCIA PURIFICADA COMO EL AGUA

Purifica tu conciencia y pronto encontraras lo sagrado.

La meditación es como ir a un pozo cuyas aguas son inagotables, llevando un cántaro que está siempre vacío. El cántaro jamás puede llenarse. Lo que importa es beber las aguas y no cuán lleno está el cántaro. El cántaro debe ser roto para beber el agua. El cántaro es el centro que está siempre buscando, y así jamás puede encontrar.

¿Habréis observado como los estanques y las aguas tranquilas, bajo un cielo completamente despejado reflejan toda leve sombra, cada ave que por allí pasa, cada nube impedida por la suave brisa? De repente llega un menudo insecto, perturba la tranquilidad del agua y se desvanece la visión. El menudo insecto en la superficie del agua perturba toda la belleza del mundo; pero cuando se marcha el insecto vuelve una vez más la tranquilidad, la calma, la perfecta pureza del reflejo. Debéis apartar este menudo insecto; debéis separar tu ego sin compasión y para hallar tu yo supremo.

Mientras podáis reflejar con certidumbre, con el conocimiento de que vuestro reflejo es tan perfecto como el mismo Reino, mientras vosotros mismos seáis este reflejo, ningún insecto ni viento pasajero agitará las tranquilas aguas de vuestra vida. Sólo podréis reflejar la pureza de este Reino cuando halléis vuestro verdadero Yo, cuando viváis eternamente en vuestro Reino y sea Él vuestro eterno Compañero.

Entonces disfrutaréis de aquella absoluta paz, de la paz que infunde enorme fortaleza y poder, porque os hallasteis a vosotros mismos, porque habéis vivido con las cosas permanentes, eternas, y dignas de posesión. Desearía poder incitaros a la acción y al modo como debéis crear, soñar, percibir y vivir.

Pero vosotros mismos debéis incitaros, aplicaros el látigo; y sólo sentiréis el escozor de este látigo cuando oigáis aquella Voz que siempre llama, que siempre insiste; y cuando más truene, mayor será la nobleza de vuestras acciones, mayor será vuestra fortaleza y más vivo vuestro deseo, más vehementes vuestros anhelos y más noble vuestra aspiración de entrar en el jardín, en el eterno Reino de la perenne Felicidad.

Un gran río puede contaminarse mientras pasa por una ciudad, pero, si la contaminación no es muy grande, el río se purifica mientras va avanzando, y al cabo de unas cuantas millas vuelve a estar limpio, fresco, puro. Del mismo modo, cuando la conciencia encuentra lo sagrado, entonces cada acto es purificador. A través de su mismo movimiento, la conciencia se hace inocente a sí misma, y por tanto no acumula. Una conciencia que ha descubierto lo sagrado está en constante revolución; no la revolución económica o social, sino una revolución interna a través de la cual constantemente se purifica a sí misma. Su acción no está basada en una idea o fórmula. De la misma forma que el río, con un enorme volumen de agua detrás de él, se purifica mientras fluye, la conciencia se purifica a sí misma cuando ha encontrado lo espiritual y sagrado.

Para el artista que contempla una nube, el firmamento o un árbol, tienen estas cosas diferentes significados, pues las mira desde el punto de vista de cómo las pintará o cómo las reproducirá en símbolos para las gentes, no precisamente copiándolas sino comunicando a los demás lo que vio en ellas. Esto es exactamente lo que debéis hacer. Debéis destruir todo cuanto os ata, y trepar las alturas en donde lleguéis a ser parte de Él, y desde allí os contemplaréis a vosotros mismos y al mundo. No conviene que estéis rodeados siempre de vuestros particulares deleites. Debéis escalar aquella altura, y desde allí regir vuestros pensamientos y emociones y vuestro cuerpo físico, porque de este único modo seréis con toda fidelidad capaces de seguirle.

Yo me pregunto: ¿Cuántos de vosotros tendréis la verdadera comprensión y realmente seguiréis cuando llegue el preciso momento de oír la Voz que reconozcáis como absoluta autoridad y cuyo mandato sea definitivo? Yo me pregunto: ¿Cuantos de vosotros, aunque obedezcáis seréis capaces de identificaros con Él como gota de agua que desaparece en el mar o como río que desagua en el vasto océano?

Todos sois demasiado estrechamente individualistas, tenéis vuestro Dios particular, vuestro particular deleite, vuestro particular modo de pensar, hablar, y expresaros. Seguir no significa que hayáis de aceptar ciegamente, sino que habéis de mantener los ojos abiertos, tu conciencia purificada y limpio vuestro corazón, libres de todo prejuicio y de toda idea preconcebida para ser así capaces de sumergiros en lo Eterno. Este es el único modo en que podéis seguir, la única manera en que podéis crear. Si vivís en la Eternidad, en esta estupenda altura, llegaréis a ser genios, llegaréis a ser lo que cada cual anhele ser, y entonces seréis felices.

LAS VIRTUDES DEL AGUA

Aprende del agua, que es humilde y generosa con cualquiera. Es generosa con cualquiera, al igual que el sol; no elige si le da a Hitler o le da a Juan el Bautista. Aprende del agua que por humilde toma la forma de lo que la abriga. En el mar es ancha, angosta y rápida en el río, y apretada en la copa. Sin embargo, siendo blanda, orada la piedra dura.

Aprende del agua que por su gracia se te puede escurrir entre los dedos... tan graciosa como la espiga que se somete a los caprichos del viento hasta tocar con su punta la tierra, pero pasado el viento, la espiga recupera su erguida postura. Mientras que el roble, que por duro no se doblega, es quebrado por el viento. Se blando como el agua para que el Señor pueda moverte graciosamente en cumplimiento de tu destino y serás eterno como él. Porque sólo el que se deja trascender por lo trascendental será trascendente.

Las olas no buscan el agua. Ellas son agua en el aquí y el ahora. Lo mismo para Dios. No tenemos que buscar a Dios, somos Dios en el aquí y el ahora.

«La felicidad es extraña; llega cuando no la buscas. Cuando no estas haciendo un esfuerzo de ser feliz y fluyendo como el agua, inesperadamente, misteriosamente, la felicidad esta ahí, naciendo de la pureza». Jiddu Krishnamurti


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