Las opiniones

Cuento Zen (109)

CASO 1

En una pequeña ciudad fronteriza había un anciano que llevaba cincuenta años viviendo en la misma casa.

Un buen día sorprendió a todo el mundo mudándose a la casa de al lado. Los periodistas locales cayeron sobre él ansiosos por saber las razones de la mudanza.

Supongo que se debe al gitano que hay en mí, declaró con una sonrisa de satisfacción.

CASO 2

¿Han oído hablar del hombre que acompañó a Cristóbal Colón en su expedición al Nuevo Mundo y se pasó el viaje preocupado por la posibilidad de no regresar a tiempo para suceder al viejo sastre de su pueblo, y que otro pudiera brindarle el trabajo?

CASO 3

Un hombre estaba tan enamorado de la fama que estaba dispuesto a ahorcarse si ello le hacía salir en grandes titulares.

MORALEJA

Para alcanzar el éxito en la aventura llamada «espiritualidad», hay que estar resuelto a sacarle todo el jugo a la vida. La mayoría de la gente se contenta con bagatelas como la riqueza, la fama, el bienestar y la importancia a las opiniones.

Si quieres ver la verdad, no mantengas ninguna opinión a favor o en contra.

Vive sin opiniones. Vive desnudo, sin ropa alguna, sin opiniones acerca de la verdad, porque la verdad detesta todas las opiniones. ¡Abandona todas tus filosofías, teorías, doctrinas, escrituras! ¡Abandona toda esa basura! Vive en silencio, sin elegir, con los ojos simplemente dispuestos a ver lo que hay, de ninguna manera esperando ver tus deseos realizados. No cargues con deseos. Se dice que el camino del infierno está completamente lleno de deseos, de buena voluntad, de esperanzas, de sueños, de arco iris, de ideales. Sin embargo, el camino del cielo está absolutamente vacío.

¡Despréndete de todas las cargas! Cuanto más alto quieras llegar, más ligero tendrás que ir. Si quieres ir al Himalaya tendrás que dejar toda la carga. Al final, cuando llegues a la cúspide de la iluminación o a lo alto del Everest, tendrás que dejarlo todo. Tendrás que ir completamente desnudo, porque cuanto más alto llegues, más ligero necesitarás estar. Y todas las opiniones son cargas. No alas. Sin opiniones, sin ninguna preferencia...

Si quieres saber la verdad no seas ni creyente ni ateo. No digas: «Dios existe», ni: «Dios no existe», porque lo que sea que digas se convertirá en un deseo profundo. Y proyectarás todo lo que haya oculto tras el deseo.

Si quieres ver a Dios como un Krishna con una flauta en sus labios, algún día lo verás; no porque Krishna esté ahí, sino tan solo porque tienes una semilla de deseo que proyectas en la pantalla del mundo.

Si quieres ver a Jesús crucificado, lo verás. Lo que quieras se proyectará, pero es solo un mundo de sueños; no te estás acercando a la verdad. No plantes ninguna semilla en tu interior: vive sin opinión, sin ningún pensamiento a favor o en contra, sin filosofía. Simplemente, ve lo que hay. No lleves contigo ninguna mente. Vive sin mente.

Si quieres ver la verdad, no mantengas ninguna opinión a favor o en contra. La lucha entre lo que a uno le gusta y lo que le disgusta es la enfermedad de la mente.