La intención de la conciencia es pura energía

POR: LYNNE MCTAGGART

Imagen; La intención de la conciencia es pura energía; Lynne Mctaggart

LA ENERGÍA DE LA CONCIENCIA

La conciencia es la forma más alta de energía, es pura energía total

Cuando estás tremendamente contento contigo mismo, cuando eres feliz, cuando eres dichoso, cuando eres agradecido, y todas tus energías están bailando al unísono, cuando eres una orquesta con todas tus energías, Dios es. Ese sentimiento de unidad total es lo que Dios es. Dios no es un personaje que reside en cierto lugar, Dios es la experiencia de una unidad total.

Tu cuerpo es energía, tu mente es energía, tu alma es energía. Si todas estas tres energías funcionan en armonía, estás sano y completo, entraras en al conciencia plena. Si todas estas tres energía no funcionan en armonía harán que estés mal, enfermo; dejas de ser un todo, no serás conciencia plena.

El hecho de dirigir tus pensamientos -algo que los científicos llaman altisonantemente intencionalidad o intención parecía producir una energía lo suficientemente poderosa como para cambiar la realidad física. Un simple pensamiento parecía tener el poder de transformar nuestro mundo.

La intención se ha convertido en la palabra de moda del movimiento Nueva Era. Los practicantes de la medicina alternativa hablan de usar la intención para curar a los pacientes. Hay que usar la intención para desarrollar la conciencia plena.

Veamos como la famosa escritora Lynne McTaggart nos ayuda a desarrollar una conciencia plena...

ENERGIZAR LA CONCIENCIA

Energizarte y lograr un estado de máxima intensidad antes de desarrollar la conciencia plena

Primero debes ralentizar tus ondas cerebrales hasta un estado alfa de meditación poco profunda o de ensoñación. Siéntate y adopta una posición cómoda. A muchos les gusta sentarse erguidos en una silla de respaldo duro, con las manos sobre las rodillas. También puedes hacerlo en el suelo con las piernas cruzadas.

Comienza respirando lenta y rítmicamente, inspirando por la nariz y espirando por la boca, de modo que ambos ciclos tengan la misma duración. Relaja la barriga y luego contráela lentamente como si quisieras que tocara la espalda. Esto hará que respires con el diafragma.

Repite esto cada quince segundos, pero asegúrate de no estar esforzándote demasiado. Sigue durante tres minutos y mantente concentrado en el ejercicio. Aumenta la duración hasta cinco o diez minutos. Comienza a centrar tu atención únicamente en la respiración. Practica esto de manera repetida, ya que constituirá la base de tu práctica meditativa.

Para acceder a un estado alfa, el factor más importante, como sabe cualquier budista, es el de acallar la mente, aunque a menudo resulta prácticamente imposible no pensar en nada.

Después de que hayas accedido a este estado por medio de la concentración en la respiración o en algún otro objeto, la mayoría de las escuelas de meditación recomienda utilizar algún tipo de ancla que te permita acallar el parloteo de la mente y estar más abierto a la información intuitiva.

Las anclas más habituales consisten en concentrarse en:

Practica hasta que puedas concentrarte cómodamente en tu ancla durante veinte minutos o más.

CONCIENCIA A MÁXIMA INTENSIDAD

Prestar atención con máxima intensidad en cada momento

Para energizarse es necesario desarrollar la capacidad de prestar atención con máxima intensidad en cada momento. Una de las mejores maneras de desarrollar esta capacidad consiste en practicar el antiguo arte de la conciencia plena, propugnado ya desde el año 500 antes de Cristo por Buda, fundador del Budismo. Es una disciplina en la que mantienes una clara conciencia de lo que está sucediendo en cada momento, tanto externa como internamente, en lugar de colorear tu interpretación con tus emociones o dejarte llevar por los pensamientos.

La conciencia plena es más que una simple concentración, y requiere que vigiles aquello en lo que te estás concentrando y mantengas esta concentración en el presente. Con la práctica, serás capaz de silenciar el parloteo constante de tu mente y concentrarte en tu experiencia sensorial, por muy banal que sea— comer algo, abrazar a tu hijo, sentir dolor o simplemente sacar una hilacha de tu jersey—. Es como ser un padre benévolo con tu mente -eligiendo aquello en lo que ha de concentrarse y luego trayéndola de vuelta cuando pierde el rumbo.

Con el tiempo, la meditación de la conciencia plena agudizará tu percepción visual y evitará que te insensibilices ante las experiencias de la vida cotidiana. Una de las dificultades de incorporar la conciencia plena a las actividades del día a día es que ésta generalmente se enseña en retiros espirituales, donde los participantes se pueden dar el lujo de meditar durante muchas horas al día y practicar la conciencia plena realizando actividades como a cámara lenta. Sin embargo, hay maneras de adaptar muchas prácticas tradicionales para que las puedas usar en tu meditación de la intención.

Una vez hayas accedido al estado alfa, observa con precisión todo aquello que se manifieste en tu mente y en tu cuerpo. Presta atención a lo que es en lugar de a lo que te dicen tus emociones, lo que tu gustaría que sucediera o únicamente aquello que es más agradable. No reprimas o deseches los pensamientos negativos si son auténticos. Una buena forma de anclar tu mente en el presente consiste en volver a tu cuerpo, y sentir tu postura corporal.

Es vital que sepas distinguir la conciencia plena de la simple concentración. La diferencia más importante es una falta de juicio o de punto de referencia acerca de la experiencia. Prestas atención a cada momento presente sin colorearlo con tus preferencias o aversiones, y sin siquiera identificar la experiencia como algo que te está sucediendo a ti. En resumen, no hay ni mejor ni peor.

Pautas para una conciencia plena:

CONCIENCIA PLENA

Desarrollar la conciencia plena en tu vida cotidiana

La evidencia sugiere que si desarrollas la conciencia plena en tu vida cotidiana estarás moldeando tu cerebro para que sea más eficaz en el uso de la intención. El psicólogo Charles Tart, uno de los mayores expertos del mundo en los estados alterados de conciencia, tiene varias sugerencias al respecto.

Sugerencia del Dr. Charles Tart:

LA UNIÓN

La unión y la conexión con el otro

Las investigaciones muestran que el tacto, la concentración en el corazón de la otra persona o los sentimientos compasivos hacia ella son una poderosa forma de conseguir que las ondas cerebrales de la gente entren en sincronía. Cuando dos personas se tocan y cada una se concentra con afecto en el corazón de la otra, los ritmos coherentes del corazón de una de ellas pueden entrar en sincronía con el cerebro de la otra.

Antes de que envíes tu intención, puede ser importante que establezcas una conexión empática con el destinatario de tu intención.

Establece una conexión de antemano usando las técnicas siguientes:

También puedes establecer una conexión en el caso de que estés enviando una intención a un designatario no humano o inanimado. Averigua todo lo que puedas sobre el destinatario de tus intenciones, ya se trate de una planta, de un animal o de un objeto inanimado. Mantenlo cerca de d durante un período de tiempo antes de enviar tu intención. Obviamente, debes intentar ser amable con el objeto en cuestión —incluso si se trata de tu ordenador o de tu fotocopiadora—.

Ahora puedes practicar la intención de la compasión sanadora...

COMPASIÓN SANADORA

Sé compasivo, tu intención fomenta la compasión universal

Usa los métodos siguientes para fomentar un sentimiento de compasión universal durante tu sesión de la intención:

Centra tu atención en tu corazón, como si estuvieses enviando luz hacia él. Observa cómo la luz se extiende desde tu corazón hacia el resto del cuerpo. Envíate a ti mismo un pensamiento positivo, como: Que yo esté bien y libre de sufrimiento.

Al espirar, imagina una luz blanca emanando de tu corazón y piensa: Agradezco la bondad y el amor de todos los seres vivos. Que todos estén bien. Siguiendo la recomendación de los budistas, comienza por las personas que amas y luego piensa en tus buenos amigos. Continúa con las personas conocidas y finalmente con aquellas que te caen mal. En cada etapa, piensa: Que todos estén bien y libres de sufrimiento.

Concéntrate en la bondad y la compasión de todos los seres vivos. Concéntrate en la contribución de tus seres queridos a tu bienestar. Finalmente, envía tu mensaje de compasión a toda la gente y a todos los seres vivos del planeta.

Practica el intercambio de roles con algunos de tus seres queridos. Imagina cómo sería estar en el lugar de tu cónyuge, de tus padres, de tus hijos... Ponte en la piel de un ser querido e imagina cómo sería ver el mundo a través de sus ojos, con sus esperanzas, miedos y sueños. Piensa en cómo reaccionarías.

Abramos cada día nuestros corazones al sufrimiento que nos rodea, con los mendigos que se cruzan en nuestro camino, con la pobreza, la tragedia y el dolor que vemos en nuestros televisores.

Sé consciente del sufrimiento. No desperdicies el amor y el dolor que produce; cuando sientas la compasión brotando de tu interior, no la ignores, no intentes reprimirla y regresar rápidamente a tu estado normal, no tengas miedo a ese sentimiento ni te sientas avergonzado por tenerlo. No intentes distraerte con otra cosa. Sé vulnerable. Usa ese momentáneo brote de compasión; concéntrate en él, medita sobre él, desarróllalo y profundiza en él. Al hacer esto, te darás cuenta de lo ciego que has estado ante el sufrimiento...

Durante tu intención, si vas a enviar curación a alguien, primero trata de ponerte en su lugar. Imagina cómo debe de ser su vida y lo difícil que tiene que ser enfrentarse a una crisis así. Intenta sentir empatía por el sufrimiento de tu destinatario. Imagina cómo te sentirías si tuvieses que pasar por todos esos sufrimientos y de qué manera te gustaría ser curado. Ahora, dirige tus pensamientos curativos hacia el destinatario de tu intención. Si la persona está presente, tómala de la mano.