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FRASES FAMOSAS DE KABIR

CITAS Y PENSAMIENTOS KABIR

CITAS Y PENSAMIENTOS KABIR

KABIR

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Permaneciendo esclavo me liberé; me desprendí de las garras de toda mezquindad.

Mis ardientes deseos cantan Su nombre y se pierden en Su infinita belleza.

En verdad, nada ha de temer quien posea semejante Dueño para llevarlo a seguro refugio.

Pero ahora mi amante me ha dado a conocer el sentido de los sones que percibieron mis oídos.

Acerca los ojos al torrente de lágrimas de los nubarrones cargados de lluvia, y cúbrete el corazón con las sombras de la noche.

El pendón oculto se halla izado en el templo del cielo.

No alcanzas a ver que lo real está en tu hogar y andas errante de bosque en bosque. ¡En ti está la Verdad! Donde quiera que vayas, a Benarés o a Mathura, si no encuentras tu alma, el mundo no tendrá realidad para ti.

¿Qué le pediré al Mendigo? Me da sin que yo le pida nada.

La aurora y el crepúsculo me parecen iguales.

Hay un país donde no imperan ni la duda ni la tristeza; donde ya no existe el terror de la muerte.

Si realmente el Maestro está lejos, ¿qué es lo que creó este mundo? Por no creer queÉl esté aquí andas errante, cada vez más lejos, y lo buscas en vano y entre lágrimas.

Ese mundo es la ciudad de la Verdad; el laberinto de sus senderos fascina el corazón.

Ved la vida y la muerte: ya no hay entre ellas separación alguna.

El barco se ha roto; mientras, tú sigues sentado en el banco, sin avanzar y a merced del oleaje.

En ese vaso están los siete océanos y las innumerables estrellas. Dentro están el artífice y su piedra de toque.

No existen personas aisladas, todos formamos parte de una misma realidad.

La música se toca sin tañerla; se escucha sin oídos, pues Él es el oído y Él escucha.

¡Oh, corazón mío! ¡Vámonos al país donde mora el Bienamado! La enamorada llena allí su cántaro en el pozo y, sin embargo, no tiene cuerda para retirarlo del agua.

Ahora he realizado mi felicidad.

Distinguir entre lo condicionado y lo incondicionado no es más que cuestión de palabras.

Se guarece a la sombra del amor.

Al abrir la puerta, despertarás al Bienamado.

Así, en tanto que el hombre reclame el Yo y lo Mío, sus obras serán como cero. Cuando todo amor del yo y de lo mío haya muerto, entonces es cuando se consumará la obra del Señor.

La hermosura de Brahma no puede verse con los ojos. La vibración de su palabra no puede llegar hasta el oído.

Mi corazón suspira, ¡oh, hermano!, por el verdadero Dueño que llena la copa del amor para ofrecérmela tras de haber bebido.

En Él se perpetúa la creación, superior a toda filosofía y que ninguna filosofía podría concebir.

Levanta el velo y Brahma se revela a mis ojos.

¿Dónde me buscas, oh, servidor mío? ¡Mírame! Estoy junto a ti.

La flauta del Infinito toca sin jamás interrumpirse, y canta Su amor.

Se rapa la cabeza y tiñe sus vestidos; lee el Gita y se convierte en un charlatán.

El punto último se ve en el Alma suprema. Y en ese punto aún se reflejan las creaciones.

El adorador se embriaga totalmente.

Desde el día en que hallé a mi Dios, los juegos de nuestro amor ya no han cesado. No cierro los ojos, no tapo mis oídos, no mortifico mi cuerpo.

Somos un planeta.

Es la forma múltiple, el espacio infinito. Es el aliento, la palabra, la idea.

No soy libre ni prisionero.

Como el grano está en el bananero; como las flores, los frutos y la sombra de las hojas están en el grano, así el germen está en el cuerpo, y en ese germen el cuerpo se encuentra a sí mismo.

Kabir reflexiona y dice: Todo era entonces silencio y paz. El Ser Supremo permanecía inmerso en el seno profundo de sí mismo.

La misericordia de mi verdadero Maestro es la que me ha dado a conocer lo desconocido.

Les digo, riendo, a mis padres: Es preciso que vaya a ver esta misma mañana a mi Señor.

¡Que mi espíritu y mis ojos no formen más que uno! ¡Que mi amor alcance a mi Bienamado! ¡Que la fiebre ardiente de mi corazón pueda encontrar alivio! Cuando el amor y el Amado se unen, es cuando el amor alcanza la perfección.

Allí, el cisne juega un juego maravilloso. Allí, los sones de la misteriosa música giran en torno de la infinita Unidad.

La raíz te llevará a la rama, a la hoja, a la flor y al fruto.

Vuélvete luego, para inclinar la frente ante el triunfo de tu Rey. El hombre valiente no abandona jamás el combate; el que huye no es un verdadero combatiente.

No estoy en los ritos y las ceremonias; ni en el ascetismo y sus renunciaciones.

Cae la lluvia y mi alma languidece pensando en mi Señor.

Cuando ya me extraviaba, ¡oh, hermano!, el verdadero Maestro me enseñó el camino.

Su forma es infinita e insondable.

La joya se ha perdido en el fango y todos quieren encontrarla. Estos la buscan por un lado, aquellos por otro; algunos la ven en el agua, otros entre las piedras.

Escucha, hermano mío: la guarida del miedo se ha desplomado.

Es verdadero Santo aquel que puede revelar a ojos humanos la forma de lo informe. Es verdadero Santo aquel que enseña el camino simple que ha de seguirse para alcanzarlo a Él sin ocuparse de ritos ni de ceremonias.

¡Ved aquel loto que florece sin agua! Y La abeja de mi corazón liba su néctar. ¡Maravilloso loto florecido en el corazón del universo! Sólo las almas puras conocen sus delicias verdaderas.

Como se mezclan las aguas del Ganges y del Jumna, así se mezclan en el corazón del hombre piadoso las dos corrientes del amor y del sacrificio.

Es el reposo último y sin límite.

Kabir es el hijo de Alá y de Rama.

Sólo el labrador precavido podrá festejar el fin de la cosecha.

Las palabras crean separación.

Deja las palabras y observa. Descubrirás que dentro de ti palpita el ser secreto, respira en tu interior. La vida es una. La vida es Dios; no la palabra «dios», sino la vida misma.

Ya ves cómo aquí se sacia la sed de los cinco sentidos; ya no existen las tres formas de la miseria.

Lo que tú ves no existe, y para lo que existe no tienes palabras.

Si las clavijas se aflojan o las cuerdas se rompen, entonces, instrumento de polvo, vuelve el cuerpo al polvo.

Allí flotan al viento los pendones ocultos.

Ahí arden los millones de lámparas del sol y de la luna.

La vina hace vibrar incomparablemente las notas de la verdad.

Estoy consagrado a la verdad porque ahuyenté lejos de mí todas las falsas apariencias.

Todos los hombres y todas las mujeres del mundo son sus formas vivientes.

Todas sus palabras están llenas de amor.

Viniste a este mundo con los puños apretados, pero, cuando te vayas, tus manos estarán abiertas.

Que el trabajo no tenga otro afán que el conocimiento.

Lo que nos socorre es el Espíritu de búsqueda constante; soy esclavo de ese Espíritu.

Suspiro pensando en la cita que ha de darme mi Bienamado y ya no siento el placer de vivir en la casa paterna.

El Alma suprema se ve en el interior del alma.

¡Vacía la copa! ¡Embriágate! ¡Bebe el divino néctar de Su nombre! Oyeme, querido Sadhu: desde la coronilla a la planta de los pies, el hombre está envenenado por la inteligencia.

Recibe la palabra de donde surgió el universo.

Arde y deja gemir a sus compañeras; pero jamás deshonra al amor.

¡Despierta, despiértate! Mira: tu lecho está vacío. Durante la noche, Él te ha abandonado.

Si te sumerges en el océano de vida, vivirás en el país de la suprema felicidad.

Iré a la casa de mi Señor con mi Amado a mi lado, y haré entonces que suene la trompeta del triunfo.

El mundo ilimitado sólo es conocido de aquel que lo alcanzó. Es muy otro de cuanto se ha dicho y escuchado.

Brahma adapta su palabra a la inteligencia de sus oyentes.

Una bella armonía rige su trabajo y su reposo; de él emana un resplandor de amores.

La vida está tan entrelazada que todo forma parte de lo demás.

Considera esto, ¡oh, Kazi; oh, Pundit! ¿Qué cosa hay que no esté en nuestra alma? El cántaro lleno de agua flota en el agua, contiene agua y está rodeado de agua.

Su palacio tiene un millón de puertas; pero entre Él y yo media un vasto océano.

Reflexiona bien, ¡oh, dulce amigo de mi corazón! Si verdaderamente amas, ¿por qué duermes? Si lo has encontrado, date a Él enteramente y únete a Él.

Eres como un viajero que va y viene. Acumulas riquezas y te enorgulleces de ellas. Pero cuando te marches no te llevarás nada contigo.

¡Oh, hermano amadísimo! Nada es esencial sino la Verdad.

Como el agua para el sediento, así es el Novio para la novia.

Sólo despierta aquella cuyo corazón está traspasado por las flechas de su palabra.

¿Qué sabio podría escuchar la música solemne que se eleva hacia el cielo? El es la fuente de toda música; Él llena con ese surtidor, hasta los bordes, todos los vasos humanos, permaneciendo desbordante Él mismo.

No hay lugar allí para el error.

No puedo decir cuán adorable es mi Señor. El ascetismo, el rosario, las virtudes y los vicios, nada de todo ello existe para Él.

¡Contempla cuán grande es mi ventura! ¡He recibido la infinita caricia de mi Bienamado!

El hogar es la morada verdadera; en el hogar está lo real, el hogar hace que alcancemos a Aquel que es realidad.

Es verdadero Santo aquel que no te hace cerrar las puertas, ni retener el aliento, ni renunciar al mundo; el que te hace ver al Espíritu Supremo doquiera haya inteligencia; el que te enseña a conservar la calma en medio de la actividad.

Kabir dice Mi corazón se muere de vivir.

Combate, ¡oh, hermano!, mientras dure tu vida. Corta la cabeza de tu enemigo para darle así una muerte rápida.

Nadie puede decirme qué ave es esa, la que canta en mi alma.

Decidme dónde está la diferencia.

No había tierra, ni aire, ni cielo, ni fuego, ni agua, ni ríos como el Ganges y el Jumna; ni mares, ni océanos, ni olas.

Contempla, ¡oh, hermano!, al Señor en ese vaso, que es mi cuerpo.

La dulzura de vagar sobre el océano de la vida inmortal me ha liberado de todo vano parloteo.

Sólo Brahma y ningún otro puede crear semejantes melodías.

El ciervo contiene el almizcle, aunque no lo busca en sí mismo sino husmeándolo en la hierba.

El fuego, el aire, el agua, la tierra y el éter no están fuera de Él.

Allí donde Él está lejos no se lo puede alcanzar; donde está cerca, Él es la verdadera felicidad.

¡Danza, corazón mío! Danza hoy de gozo. Los cánticos de amor llenan de música los días y las noches, y el mundo vive atento a sus melodías.

Mas los portadores me han conducido a un bosque solitario, donde no conozco a nadie.

¿Dónde iré que aprenda a conocer a mi Bienamado? Jamás hallarás el bosque si no conoces el árbol, jamás lo encontrarás si lo buscas en las abstracciones.

Y surgirá mi amor.

Hindúes y musulmanes, también ellos alcanzaron el límite donde se borran todas las marcas diferenciales.

Ni se manifiesta ni se oculta; no es revelado ni irrevelado.

No había entonces ni comienzo, ni medio, ni fin.

Sólo el Amor puede penetrar al mundo, y pocos son los que saben estas cosas.

Hay un mundo sin fin, ¡oh, hermano mío!, y hay el Ser sin nombre, de quien sólo puede hablarse en silencio.

La tormenta se acumula en el cielo. Escucha la honda voz de su fragor.

He bebido la copa de lo inefable. Encontré la clave del misterio. Alcancé la raíz de la Unión.

Cual el ave nocturna contempla la luna en la noche, así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo.

La eterna fontana de vida deja correr su chorro donde juegan sin fin el nacer y el morir.

La tristeza es un muro entre dos jardines.

Ni tierra, ni cielo, ni tiempo; nada existe ahí: ni río, ni ribera.

No tiene nombre.

Me río cuando oigo decir que el pez tiene sed en el agua.

El asceta tiñe sus vestiduras, en lugar de teñirse el alma, con los colores del amor. Permanece sentado en el templo, abandonando a Brahma, para adorar una piedra; se agujerea las orejas; lleva una larga barba y sórdidos andrajos; parece un chivo.

El Mendigo mendiga, pero no alcanzo a verlo.

Con toda simplicidad me uniré con la simple Unidad.

El discípulo Kabir canta: Abandona tus ventas y tus compras, ¡oh, santo!, deja ahí tus beneficios y tus pérdidas pues no hay tiendas ni mercados en el país adonde te encaminas.

Es Brahma, la criatura y la ilusión.

¿Cómo lo cruzaré? No tiene fin, ¡oh, amigo!, la extensión de esa ruta.

Su voto es más difícil de cumplir que el del guerrero o el de la viuda que quiere reunirse con su esposo.

Las sagradas imágenes carecen de vida; no pueden hablar; lo sé, puesto que las he convocado a gritos.

No tiene principio ni fin.

Ese Dios indeterminado toma millares de formas a los ojos de las criaturas: Es puro e indestructible.

Sujeto por las cuerdas del amor; va y viene el columpio oceánico del gozo, y hay un potente estallido de canciones.

Kabir deja que hable la experiencia; todo el resto es mentira, lo sabe muy bien.

Lo incondicionado es el grano; lo condicionado es la flor y el fruto.

Sólo aquel que encontró ese camino va más allá de la región de los dolores. Maravilloso país, que no puede pagarse con ningún mérito.

El es mi Maestro; El es mi mentor espiritual.

Los Vedas dicen que lo incondicionado está por encima del mundo de las condiciones.

Es lo limitado y lo ilimitado, y más allá de lo limitado y de lo ilimitado, es el Ser puro.

¡Escúchame! Mi corazón está impaciente por encontrar a mi Bienamado, permanezco en mi lecho, sin sueño.

No seas loco, pues las sombras de la noche pronto se espesan.

Cada morada enciende sus lámparas. Como eres ciego, no las ves.

Allí, florece la pura y cándida armonía, donde mi Señor halla sus delicias.

No le eres grato porque andes casi en cueros y mortifiques tus sentidos.

La flor se abre sin que la primavera haya llegado, y ya la abeja ha recibido su perfumado mensaje.

Allí, mi Señor se revela a Sí mismo, y el perfume del sándalo y de las flores se esparce en todos los dominios del espacio.

No hay palabras para decir lo que Él es.

La radiante Verdad es lo único que brilla en el triunfo de mi Señor.

Sobre ese árbol hay un ave; danza en el gozo de la vida.

Aquel que vive corporalmente siempre está sediento, porque el objeto de sus afanes es imperfecto, aunque siempre surgen en él, y cada vez más hondas, estas palabras, donde van fusionados el amor y el sacrificio: Él es esto; esto es Él.

Comprendí que sólo yo era el loco; que todo el mundo a mi alrededor estaba cuerdo y que yo era motivo de escándalo y de befa.

¿Dónde podrías aplacar la sed de tu alma? Nada encontrarás en esa nada.

Denodado y áspero combate el que libra aquel que busca la Verdad.

Si te unes a El en el presente, lo estarás en la Eternidad.

Cuando, al fin, hayas encontrado el océano de la felicidad, no te vayas sediento. Vuelve en ti y no seas loco; la muerte te acecha.

Un día tus ojos se abrirán de pronto y verás; y las cadenas de la muerte caerán por sí solas.

El discípulo escoge los abundantes frutos de la vida y los saborea; el Maestro lo contempla gozoso.

Y cuando venzo a la envidia todavía persisten mi vanidad y mi orgullo.

Allí he sido testigo de los juegos de la única felicidad.

Bajo el gran quitasol de mi Rey brillan millones de soles, de lunas y de estrellas.

Dios, ¡oh, Santo!, es el aliento de todo lo que respira.

El hombre bueno y leal que permanece sereno en medio de la agitación del mundo, el que ama como a sí mismo a todas las criaturas de la tierra, ese hombre alcanza al Ser Inmortal, y el verdadero Dios está con él.

La región central del cielo, donde el espíritu reposa, está radiante de una música de luz.

Cuando mi Amado se despierta, yo me despierto; cuando Él duerme, yo duermo.

¿Qué ganas, ¡oh, mujer!, con discutir si Él está por encima de todo o si está en todo? Brahma se te revelará día y noche, vestido de luz, sentado en un trono de luz.

¿A quién tendrás al final por Amigo?, te pregunta el servidor Kabir. Estás solo, sin compañeros, y así habrás de soportar las consecuencias de tus actos.

El enamorado siempre está dispuesto a ofrecer su vida en servicio de su Señor.

Tengo una carta de mi Bienamado; en esa carta hay un mensaje inefable, y ahora ya no le temo a la muerte.

¡Pero quién sabe de dónde viene esa palabra!

Las contradicciones ya no existen para mí. Por doquiera que voy, en Él me afano.

Daré mi vida antes que olvidar a mi Señor.

Alcancé lo inaccesible y en mi corazón tornasolan los colores del amor.

La verdad sólo llega con la experiencia.

Danza extasiado y Su danza describe mil formas vaporosas.

Ellos se encolerizan, no quieren dejarme ir y dicen: Esta criatura cree haber adquirido tan gran dominio sobre su Esposo como para obtener de Él todo cuanto quiere; de ahí su impaciencia por encontrar a su Señor.

Aquí tienes, ante ti, el agua pura. Bébela hasta saciarte.

Nadie sabe dónde está.

Ven a mi casa, ¡oh, mi Bienamado! Cuando me llaman tu prometida me avergüenzo de que mi corazón aún no haya poseído tu corazón.

Los santos se embriagan de amor; tienen sed de amor.

De mi boca ya no salen palabras impuras. Día y noche canto Sus alabanzas.

Me afano por todo, aunque estoy ausente de todo afán.

Desde el comienzo hasta el fin de los tiempos está el amor entre Tú y yo. ¿Cómo podría extinguirse ese amor? Cual el río penetra en el océano, así mi corazón penetra en ti.

El cuerpo y el espíritu desbordan felicidad cuando los toca Su gozo infinito.

Cuando me instruí en la doctrina de los ascetas, Brahma no estaba coronado, ni Vishnú ungido de rey, ni había nacido aún la potencia de Shiva.

Las puertas del cielo están abiertas; entro en el templo; encuentro a mi Esposo y depósito a sus pies la ofrenda de mi cuerpo y de mi espíritu.

No iré al infierno ni al cielo.

La luz invade el universo; es la lámpara del amor ardiendo en el candelero del saber.

Sé fuerte y vuélvete a ti mismo. Ahí te hallarás en tierra firme Considera esto, ¡oh, corazón mío! No te vayas a ninguna otra parte.

Quien tiene discernimiento aprende por las palabras, y el ignorante se queda con la boca abierta.

La infinita presencia del Ser infinito está en todas partes: en la tierra, en el agua, en el cielo, en el aire.

Por Él sé caminar sin pies, ver sin ojos, oír sin orejas, beber sin labios, volar sin alas. En el país donde no hay ni sol, ni luna, ni noche, ni día, he amado y he meditado. Sin comer he saboreado la dulzura del néctar; sin agua he aplacado mi sed.

Amo a quien tiene el poder de hundirse profundamente en el seno de Brahma, a quien posee la facultad de sumirse en la contemplación.

Escucha la palabra, la verdadera, que es tu esencia; Él se dice la palabra a Sí mismo, y Él mismo es el Creador.

Locas de júbilo, la vida y la muerte danzan al ritmo de esa música.

Ahí se escucha la misteriosa música que es la del amor de los tres mundos.

¡Y yo ignoraba la felicidad que tan cerca tenía! Mi amor aún no se había despertado.

No tiene ramas ni hojas; es un loto puro. En él cantan dos aves: una es el Maestro; la otra, su discípulo.

Podemos alcanzar la meta sin cruzar la ruta, en un deporte que no acaba jamás.

No tiene forma, ni color, ni vestido.

Viajando sin camino llegué al país sin dolor, y la gracia del Gran Señor ha descendido, dulcísima, en mí.

El Dueño no come, ni bebe, ni vive, ni muere.

Se canta al Dios infinito como si fuera inaccesible; pero en mis meditaciones, sin mis ojos, yo lo he visto.

Amo muy de veras a quien puede devolver su hogar al viajero extraviado.

Con el fardo de deseos que llevas en la cabeza, ¿cómo podrías andar ligero? Kabir sigue diciendo: Guarda en ti la verdad, el espíritu de sacrificio y el amor.

Temeroso de que su servidor sufra, Él lo penetra profundamente.

Algunos contemplan lo Informe y otros meditan sobre la forma; pero el sabio sabe que Brahma está por encima de ambos.

Así canta Kabir, el servidor de todos sus servidores.

Kabir medita y dice: El que no tiene casta ni país, ni forma, ni cualidad, llena el espacio.

Los dioses del pasado están muertos y no los podemos resucitar. Ya no son relevantes para la conciencia humana; han sido creados por una mente torpe.

Por el camino, ¡qué dulces melodías hace oír el arpa! Sus notas traspasan el corazón.

Este día me es caro entre todos los días, porque hoy mi Señor bienamado es huésped de mi casa.

La luna brilla en mi interior; pero mis ojos ciegos no pueden verla.

¿Sabéis cómo dicen su adoración los instantes? Blandiendo su círculo de luces, el universo, día y noche, canta adorando. Allí, dice Kabir, la adoración no cesa jamás.

Y cuando renuncio a la cólera aún queda la envidia.

Conócete, pues, ¡oh, Sadhu!, pues Él está en ti desde la coronilla hasta los pies.

Y se llama nada Aquel que es la Verdad de las verdades, Aquel en quien están contenidas todas las verdades.

Allí, millones de Saraswati, diosas de la música, tañen la vina.

Si no desatas tus ligaduras durante la vida, ¿qué esperanza de liberación tendrás en la muerte? Creer que el alma se unirá a El sólo porque haya abandonado el cuerpo, es una idea absurda.

Me he asociado al armonioso equilibrio del Uno.

A partir de ese día, ya no ruedo por el polvo en señal de obediencia; ya no toco la campana del templo; ya no coloco ningún ídolo en su trono; ya no pongo flores ante las imágenes en signo de adoración.

Esta palabra es: Maestro. Lo he escuchado y me he convertido en discípulo.

Escucha las campanas y los tambores de la Eternidad. ¡Regocíjate en el amor! La lluvia cae sin agua y los ríos son torrentes de luz.

Cuando un valeroso caballero entra en liza, la multitud de los cobardes se pone en fuga.

Sumérgete en ese océano de dulzura y deja que vuelen lejos todos los errores de la vida y de la muerte.

Kabir revela el secreto de ese amor.

Tan firme como el trueno, la sede del buscador se halla establecida por sobre el vacío del espacio.

Con la falsedad tejes tu esclavitud; tus palabras están llenas de engaños.

Nada mejor, ¡oh, santo hombre!, que unirse simplemente a Él.

No tiene forma ni perfil.

El saber es la rama; el Nombre la raíz. Busca la raíz. Serás feliz cuando la encuentres.

Porque la hayan nombrado ola, ¿ya no se la considerará como agua? En el seno del Supremo Brahma, los mundos se engarzan como las cuentas de un rosario.

¿Cómo podré, ¡oh, hermano!, renunciar a Maya? Cuando deshice el nudo de mis cintas todavía se me quedó más sujeto el vestido; cuando me quité el vestido, aún me cubrían el cuerpo sus pliegues.

La rueca del amor, hecha con las joyas del saber, gira en el cielo.

Estos sentimientos no pueden expresarse con palabras de la boca: como tampoco pueden escribirse en el papel.

No había vicios ni virtudes, ni libros sagrados como los Vedas, los Puranas o el Corán.

Amo a quien conoce a Brahma y puede quedarse en meditación sobre su suprema Verdad.

¡No sientas temor alguno por esa miseria que es tu cuerpo!

Aquel que es modesto y se conforma con su suerte; aquel que es justo; aquel cuyo espíritu está henchido de resignación y de paz.

Miro con los ojos muy abiertos, sonrío, y por doquiera contemplo Su hermosura. Murmuro su nombre, y todo cuanto veo me habla de Él.

En él resuena la voz del Eterno, que hace surgir la primavera.

No conoces, ¡oh, corazón mío!, todos los secretos de esta ciudad de amor. Ignorante viniste, ignorante te vas.

¡Qué frenesí de éxtasis contiene cada hora! El adorador exprime y bebe la esencia de las horas. Vive con la vida de Brahma… Digo la verdad porque acepté la verdad en mi vida.

El sabio enmudecerá, pues la Verdad no puede hallarse en los libros ni en los Vedas.

La luna está en mí, lo mismo que el sol. Sin que lo toquen, el tambor de la eternidad resuena en mi interior; pero mis oídos sordos no pueden oírlo.

Todo lo perdiste tú, ¡oh, loca!, durante el sueño.

Tu Señor está junto a ti y, sin embargo, trepas a lo alto de la palmera para buscarlo. El sacerdote brahmán va de casa en casa, para iniciar al pueblo en la fe.

¡Sutil es el sendero del amor! No hay en él preguntas ni silencios; toda criatura se aniquila a sus pies, se hunde en el gozo de buscarlo a El, se sumerge en las profundidades de su amor como el pez en el agua.

La criatura está en Brahma y Brahma está en la criatura; son para siempre distintos; aunque estén para siempre unidos.

Tal es la última palabra; pero ¿cómo expresar su maravilloso sabor? Aquel que la saborea una vez, sólo él sabe el gozo que puede dar.

El Uno Supremo debe ser otro.

El verdadero Maestro es todo luz.

La ciudad de su cuerpo, con el palacio de su espíritu, se alza en su hermosura.

No tengo afecciones ni desafecciones.

¿Cómo podría yo jamás pronunciar esas palabras misteriosas? ¿Cómo podría yo decir: Él no es como esto y es como aquello? Si digo que Él está en mí, el universo se escandaliza de mis palabras.

Creen en diez Avatares; pero un Avatar que sufra las consecuencias de sus actos, no puede ser el Espíritu infinito.

El Bienamado revela, Él mismo, la gloria del verdadero amor.

Aquel que vive, aunque muerto, no morirá jamás.

Es un árbol extraño; crece sin raíces y lleva frutos sin haber dado flores.

Si lo hallamos ahora, lo hallaremos luego. De lo contrario, permaneceremos en la ciudad de la muerte.

Pues el guerrero combate durante unas horas y la lucha de la vida con la muerte concluye muy pronto.

Allí, todo el cielo se llena de armonías y la música suena sin cuerdas y sin pulsaciones. Allí, no cesa nunca el juego de la alegría y del dolor.

Todos los jardines, todos los boscajes, todas las masas de vegetación están pobladas de flores, y el aire juguetea con ellas.

¡Oh, hermano!, aquel que ha visto la irradiación de su amor, ése está salvado.

Entonces dejé los ritos y las ceremonias; ya no volví a sumergirme en las aguas sagradas.

No te dejes engañar por el testimonio de las Escrituras.

Me ha esperado durante la eternidad de las edades; por amor a mí, El ha perdido su corazón.

¡Marcha, oh, Gorakh, al ritmo de esa música!

¡Oyeme, amiga mía! No hay júbilo como el de encontrar al Bienamado.

Inclínate sobre el loto de los mil pétalos y contempla allí la Infinita Belleza.

Lo que Kabir dice es difícil de comprender: El ave no puede ser alcanzada, aunque resulta claramente visible.

A menos de ver, no crees; lo que te dicen no puedes admitirlo.

Si no conoces a tu propio Señor, ¿de qué te enorgulleces? Renuncia a toda elocuencia. jamás te unirán a Él las simples palabras.

Los montes, el océano y la tierra danzan. Entre sollozos y carcajadas la humanidad danza.

Reúnete con los buenos, donde el Bienamado tiene su morada.

La luz del sol, de la luna y de las estrellas fulgura con vivo resplandor: la melodía amorosa asciende cada vez más, acompasada al ritmo del amor puro.

Como el árbol está en el grano, todos los males están en la charlatanería.

Mi Señor se oculta y, a maravilla, mi Señor se revela.

No pertenece a un clan, ni a una casta, ni a nada… ¿Cómo podría yo describir su gloria? No tiene forma y, sin embargo, no está sin formas.

Los yoguis, los sanyasi, los ascetas, dispútanse entre sí.

El río y sus olas forman una misma superficie: ¿Qué diferencia hay entre el río y sus olas? Cuando la ola se levanta, es agua, y al caer, sigue siendo agua.

¡Cuán lejos se esparce su perfume! No tiene fin; ningún obstáculo se le opone.

¿No has oído los acordes de la misteriosa música? En medio de la cámara suena, gentil y dulcemente pulsada, el arpa de la dicha.

La puerta está cerrada; pero el incienso está en el interior y nadie ve la cita.

Él mismo es el árbol, el grano y el germen. Él mismo es la flor, el fruto y la sombra. Él es el sol, la luz y todo lo que se ilumina.

El sabio comprende estas palabras.

Tú y yo no somos más que uno, proclaman las trompetas.

Presta atención a tus cercados, para que la lluvia no los invada y los arrase.

Allí brilla la luz del sol y de la luna. Sosiégate, alma, y contempla ese esplendor en silencio.

No hay que darle a esto nombre alguno, no vaya a despertarse el error del dualismo.

Si hay lujuria, ¿cómo puede haber amor? Donde está el amor, no existe la lujuria. Empuña la espada y corre a la batalla.

Su sabiduría y su desprendimiento son perfectos.

Entonces dejará de quemarnos la llama de la concupiscencia.

No sé cuál es mi Dios.

Así se libra el adorador, de todo miedo, así lo abandonan todas las ideas erróneas sobre la vida y sobre la muerte.

Allí, vibran las cuerdas del arpa y suenan los tambores.

Cuando Él camina, yo camino ante Él. Mi corazón suspira por mi Bienamado.

No hay que salir para escucharla.

Pocos hombres pueden alcanzar esas riberas, donde millones de Krishna se mantienen cruzados de brazos; donde millones de Vishnú se prosternan; donde millones de brahmanes leen los Vedas; donde millones de Shiva se abstraen en la contemplación.

He aprendido el sánscrito; deja, pues, que todos los hombres me llamen sabio.

Entre los polos de lo consciente y de lo inconsciente, el espíritu oscila.

En el comienzo, Él estaba solo y se bastaba a sí mismo.

Tú, que obras como él, marchas hacia las puertas de la muerte atado de pies y manos.

El verdadero Nombre no se parece a ningun otro.

Algunos no lo buscan a El, al Perfecto, a Brahma, al indivisible Señor.

Carece de color y no es incoloro. No tiene morada.

Sólo él podrá llenar de grano sus vasijas y alimentar a los sabios y a los santos.

Él ha extendido sobre el mundo entero las formas de Su amor.

Amo a quien puede ejecutar la melodía del infinito, uniendo en su vida el amor y el sacrificio.

Sus juegos son el sol y el agua y el universo entero.

Óyeme, ¡oh, Santo hombre! Pocos son los que logran llegar a la otra orilla.

Ahora, querido amigo, alza ligeramente mi velo, que es esta mi noche de amor.

Allí he bebido, llena hasta los bordes, la copa de la dicha, de la dicha perfecta.

Él es el Espíritu de mi espírituÉl es la Pupila de mis pupilas.

Del resplandor, que es Verdad, surgen perpetuamente las ondas de las formas nuevas, y Él penetra esas formas.

Así vive el loto en el agua, y en el agua florece.

Fue en Benarés donde tuve una revelación repentina, y Ramananda me iluminó. Traía conmigo la sed del infinito, he acudido a la cita de mi Dios.

Separada de su amado, la mujer hila en su rueca.

¡Aniquilado sea quien aflija a mi Bienamado! Allí donde se cantan Sus alabanzas, allí vivo yo.

Cuando el sol brilla, ¿dónde está la noche? Y es de noche cuando el sol ha retirado su luz.

Si me buscas de veras me verás enseguida; y llegará el momento en que me encuentres.

¿Cómo podría quebrarse el amor que nos une? Cual la hoja del loto reposando sobre el agua, así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo.

Kabir no trata jamás de crear ni de destruir.

Abre tu ventana al poniente y piérdete en el cielo del amor.

En el coto cerrado de nuestro cuerpo se libra una gran guerra contra las pasiones, la cólera, el orgullo y la envidia.

Su color está en todas las imágenes del mundo; es un hechizo del cuerpo y del espíritu.

¡Tristes están mi espíritu y mi cuerpo! Te necesitan.

Están ciegos los que quieren verlas a la luz de la razón, de esa misma razón que es la causa del alejamiento.

Mi Señor me trae voces de tristeza y voces de alegría, y es Él mismo quien dosifica los contrastes.

Ofrendaré a mi Señor mi cuerpo y mi espíritu.

En ese país las nubes no cubren el cielo; pero la lluvia cae allí en ráfagas suavísimas. ¡Oh, espíritu puro! No te quedes sentado en el umbral de tu puerta.

Ven, ¡oh, Dharmadas! y contempla el triunfo de mi Señor omnipotente.

He conocido en mí mismo el juego del universo; he escapado al error de este mundo.

No había ojos, ni noche, ni día.

Los rishis y los devotos la dicen; pero nadie conoce su misterio.

Todo cuanto hago lo hago en Su servicio. Al acostarme me prosterno a Sus pies. Sólo Él es adorable a mis ojos; no conozco otro.

¡Despierta, oh, amiga, no duermas más! Se acabó la noche; ¿quieres perder también la jornada? Otras que despertaron a tiempo, ya recibieron sus joyas.

Óyeme, amigo mío: mi Señor bienamado se halla en ese vaso.

Bebe la miel azucarada que destilan los pétalos del loto del corazón.

¿Qué amor es, pues, este amor mío? No tengo hambre; no tengo sueño; nunca hallo reposo, ni en Él ni fuera de Él.

¡Oh, mi caro amigo! He recibido como presente al Único Inmortal.

La cerradura del error cierra la cancela: ábrela con la llave del amor.

No vivo ni según los mandamientos ni según mi corazón.

El padre de familia abandona su hogar cuando la escucha.

¡Qué maravillosa obra es esa lira! Bien templada, arrebata el corazón; pero rotas las clavijas o distendidas las cuerdas, ya no interesa a nadie.

Las palabras no son suficientes. ¡No te quedes parado!

Difícil es cruzar el océano del mundo; sus aguas son muy profundas.

Allí, los bosques primaverales están en flores y la brisa nos trae un perfume que dice: Él soy Yo.

Pero el discípulo Kabir, que la aprecia en su verdadero valor, la ha envuelto cuidadosamente en su corazón como en los pliegues de su manto.

No estoy lejos de nadie; no estoy cerca de nadie.

¿Por qué abandonaré mi hogar para andar errante por el bosque? Si Brahma me hace alcanzar la verdad, hallaré en el hogar la servidumbre y la libertad a un tiempo.

El vaso terrestre acuna las campiñas y los boscajes; en él se halla el Creador.

La lluvia viene del Oriente y murmura su monótono plañir.

A él se aferran millones de seres; en él se columpian la luna y el sol en su carrera. Transcurren millones de edades y el columpio sigue en su movimiento.

Todos mis actos constituyen un culto que rindo a mi Dios.

Mi corazón reclama la morada de mi Bienamado.

¡Redúzcase a cenizas la asamblea en que Su Nombre no sea pronunciado! No vaciles más; piensa sólo en el Bienamado. Que tu corazón no adore a otros dioses. No es bueno adorar a otros dueños.

Atraído por los sones de la música, la cervatilla se acerca; arriesga la vida para escucharlos; pero el temor no la hace retroceder.

Su gozo es el comienzo, el medio y el fin. Su gozo es visión, sombra y luz.

Contiénese entero en su Beatitud.

La verdad no se puede tomar prestada.

Donde más arrecia la batalla es en el Reino de la Verdad, del contentamiento y de la pureza, y la espada más activa es la tizona que lleva su nombre.

Mi Señor me aherroja duramente y mi Señor hace que caigan mis cadenas.

Un gozo frenético abrasa mi corazón y descubre todos los misterios ocultos en mi alma. Estoy sumergido en una inmensa felicidad que supera toda alegría y todo dolor.

Un océano azul se extiende en el cielo. La fiebre de la vida se aplaca y todos mis pecados se lavan cuando permanezco en el seno mismo del mundo.

Su gozo, las Saraswati, el Jumna y el Ganges.

¡Abre tus ojos de enamorado y contémplalo a Él, que reina en el universo! Considera el universo y persuádete de que ese es tu país.

Quédate, pues, donde estás y todo lo tendrás a su tiempo.

Los místicos del mundo insisten en decir que la verdad se conoce a través del silencio. Cuando dejas las palabras conoces la realidad, porque todas las palabras crean una barrera en tu mente.

¿A quién confiaré mis penas? La noche es oscura. Las horas transcurren sin que Él vuelva.

Las sombras de la noche caen espesas y profundas; ensombrecen el corazón y envuelven el cuerpo y el espíritu.

Acuérdate de mí cuando despunte el alba.

La tierra es su gozo; su gozo es el cielo. Su gozo es el esplendor del sol y de la luna.

¿Quién te servirá, oh, Señor increado? Cada fiel adora al Dios que él se crea; cada día recibe sus favores.

¿Qué flauta es esa cuya música me llena de alegría? La llama arde sin lámpara. El loto florece sin raíces.

Una peregrinación sin fin se sucede a Sus pies y millones de devotos se prosternan sobre ellos.

Las flores se abren en los claustros. El ave nocturna vuela hacia la luna. El ave de lluvia apetece la lluvia.

Óyeme bien, querido Sadhu: la verdadera senda no es fácil de encontrar.

Pero ¡ay!, la verdadera fuente de vida está a tu lado mientras te pones a adorar la piedra que tú mismo levantaste.

Sant Kabir dice: El alma es una entidad Consciente y no puede recibir alivio de ningún artículo material. La tecnología no trae felicidad a la gente.

¡Qué hilos tan sutiles teje la mujer y cómo los refina su amor y su respeto! Trenzo la guirnalda de los días y de las noches; cuando venga mi Amado y toque yo Sus pies, le ofrendaré mis lágrimas.

Columpio donde están suspendidos todos los seres y todos los mundos y cuya oscilación nunca cesa.

No tiene forma, ni cualidad, ni decadencia.

Allí no puede deslizarse error alguno, y ya no existe el conflicto de la vida con la muerte.

No pases, ¡oh, hermano!, sin aprovechar tan buena ventura.

Retumba el trueno, fulgen los relámpagos; en mi corazón saltan las olas.

Lo consciente y lo inconsciente son los taburetes de sus pies.

El mundo se asienta en ella.

Tu Señor está en ti; ¿a qué abrir los ojos hacia el mundo exterior? Óyeme, hermano mío: mi Señor me ha arrebatado y me ha unido a Él.

Ante lo incondicionado danza lo condicionado.

El que no tiene forma está en el seno de todas las formas.

¡Oh, Sadhu! Escucha mis inmortales palabras. Si quieres tu bien, presta mucha atención: te has separado del Creador, de quien tú has nacido; has perdido la razón; has merecido la muerte.

En el prodigioso esplendor de su cabellera piérdese el fulgor de millones de soles y de lunas.

La forma de su melodía brilla como un millón de soles.

Cuando el espíritu se libera, arrojando a Maya, aún se queda prendido en la letra.

El gran místico Kabir nos enseña que el todo es la verdad y que lo demás son sólo palabras, palabras que crean una barrera y no te dejan ver la vida misma.

En la noche de mis bodas, mis amigas cantaban a coro; me ungieron con los ungüentos de la alegría y del dolor.

Si digo que está fuera de mí, miento.

¿Qué hiciste de esta vida?, ¡oh, amigo mío! Cargaste sobre tu cabeza un pesado fardo de piedras, ¿quién te aliviará de esa carga? Tu Amigo se encuentra en la otra orilla y nunca me preguntas cómo podrías llegar hasta su encuentro.

Ahí resuenan por doquiera los amorosos cánticos, llueven ondas de luz y el adorador saborea con delicias el celeste néctar.

Aquel que lo ha visto y lo ha tocado, es el que se halla libre de temor y de angustia. Para él, la idea de Dios es como un ungüento de sándalo esparcido por la piel. Para él no hay otro goce que esa idea.

Cuando hayas encontrado a tu verdadero Maestro, Él despertará tu corazón.

El Dueño es uno: vida y muerte, unión y separación son los juegos de su gozo.

Todas las cosas están creadas por Dios. El Amor es Su cuerpo.

No vayas al jardín florido, no vayas, ¡oh, amigo! En ti están el jardín y sus flores.

Llevo en el fondo del corazón aquel amor que me hace vivir en este mundo una vida sin límites.

No persigas el espejismo; ten sed de néctar. Dhruva, Prahlad y Shukadeva bebieron de él. Raidas lo probó.

He aplacado la angustia de mi alma y mi corazón se regocija. En el estado en que estoy, he visto al Supremo Camarada.

La luz de millones de soles se desvanece, confusa, ante el esplendor de uno solo de sus cabellos.

¡Qué inefable reposo en el Espíritu Supremo! Sólo lo goza quien lo busca.

El nombre de Cristo significa en griego -el ungido- y viene a ser un título equivalente al de Mesías. La vida de Jesús está narrada en los Evangelios.

Anda por el desierto yugulándose el deseo, y acaba pareciéndose al eunuco.

Cuando el Amor renuncia a todo límite, alcanza la Verdad.

Tiende las cuerdas y hace sonar la melodía de Brahma.

Tu juventud se ha marchitado en vano, puesto que no has conocido a tu Señor.

¡Me acucia, caro amigo, encontrar a mi Bienamado! Mi juventud ha florecido y el dolor de verme separada de Él me oprime el seno. Yerro sin rumbo por los senderos del saber, aunque he recibido noticias Suyas a través de esos senderos.

Porque vive en soledad, dice el asceta que su casa está muy lejos.

Esas son, ¡oh, hermano!, las palabras supremas.

Duerme en el seno de lo inaccesible, de lo infinito y de lo eterno, y nadie sabe cuándo echa a volar; y nadie sabe cuándo ha de volver. Profundo es el misterio, ¡oh, santo hermano! Deja que los sabios descubran la morada del ave.

Allí se despliega el baldaquín azul adornado de luna y constelado de brillantes.

Lo externo y lo interno se han hecho para mí un solo cielo.

¡Cuelga hoy mismo el columpio del amor! Suspende tu cuerpo y tu espíritu entre los brazos del Bienamado, para un éxtasis de los goces del amor.

La viuda se queda sentada junto al cuerpo de su esposo; el fuego no le da miedo.

Oyeme, amiga mía. El comprende quién lo ama. Si no languideces de amor por el Único Bienamado, es inútil que adornes tu cuerpo; es en vano que te pongas ungüento sobre los párpados.

Allí brilla, en el punto central, el trono de Aquel que contiene todas las cosas y donde el Gran Ser tiene su sede.

¿Quién le llevará el mensaje a mi Bienamado? Kabir está angustiado. Agoniza de no haberlo visto.

Al conocerla, el ignorante se convierte en sabio y el sabio se queda mudo, en silenciosa adoración.

Aquel cuyas palabras son puras y que no tiene orgullo ni envidia, conoce Su verdadero Nombre.

El mundo entero -dice Kabir- reposa sobre su juego; pero el jugador permanece desconocido.

Ni por un instante miraste al mundo frente a frente.

Pocos me comprenden; que Aquel que me entiende halle la paz.

Kabir reflexiona y dice: Si obras de otro modo jamás encontrarás al Bienamado.

Descubre en Él los mundos y me hace oír la música misteriosa. Me muestra que las alegrías y las penas son una misma cosa.

¿Dónde la acción y el reposo en esa ribera? No hay agua a la vista; ni barco, ni marino. No hay ni una sola cuerda para empujar el barco ni hombre alguno para sirgar.

Toca los pies de Aquel que es uno, indivisible, inmutable, apacible, de Aquel que llena de desbordante alegría los vasos terrestres y cuya forma es el amor.

Pero al concluir la ceremonia abandoné a mi Señor y me fui; mis amigas, en el camino, intentaron en vano consolarme.

El arpa difunde una suave música y la danza continúa sin danzantes.

¿Y quién podrá decir el estribillo de su canción? Entre lo más espeso y sombrío del ramaje, allí tiene su nido. Viene de noche y echa a volar por la mañana. Yo no la comprendo.

Quien bebe de ese néctar cae en el delirio.

Mi corazón de nada se alegra; mi espíritu y mi cuerpo divagan sin cesar.

Un millón de soles irradia Su luz.

¿Cuántos son los que han comprendido esta palabra? Trata tú de comprenderla, ¡oh, Santo! Los Vedas y los Puranas la proclaman.

Allí, la abeja del corazón penetra profundamente en la flor, sin aspirar a otro goce.

Aquel que ha encontrado a la vez el amor y el sacrificio, no se abisma jamás en la muerte.

Está inmerso en toda conciencia, en todo júbilo, en todo dolor.

Beso suplicante vuestros pies, ¡oh, portadores! Aguardad un momento todavía. Dejadme volver a casa de mis padres y de mis amigos para despedirme de ellos.

Contempla ese rosario con los ojos de la sabiduría.

Mi corazón ha de buscar a mi Bienamado, he de quitarme el velo y unir a El todo mi ser. Mis ojos serán dos lámparas de amor.

Alegría eterna; ni dolor ni luchas.

Óyeme, hermano mío, pocos son los que han hecho ese descubrimiento.

El que está en el interior, está en el exterior. Lo veo a Él y a ningún otro.

Sirve a tu Dios, presente en este templo, que es la vida.

De pie o sentado, no puedo olvidarlo, porque el ritmo de Su canción lo llevo en mis oídos.

Todo oscila: el cielo y la tierra, y el aire y el agua, y el Señor mismo, ahí personificado. Y la visión de todo ello ha hecho de Kabir el servidor de su Dios.

Donde hay conocimiento, ¿puede persistir la ignorancia? Y si hay ignorancia, el conocimiento debe perecer.

Quienes conocen su hermosura saben cuán inefables son los juegos de Su creación.

Estamos en lo Inaccesible; miraos adentro y veréis cómo brillan en vosotros los rayos de luna de Dios escondido.

Sus plumas no tienen color ni dejan de tenerlo.

Allí donde el ritmo del mundo nace y muere a la vez, allí es donde mi corazón lo alcanza.

¡Qué secreto esplendor irradia ese castillo del cielo! Ya no hay amaneceres ni puestas de sol. En el océano de revelaciones que es la luz del amor, el día y la noche no forman más que uno.

El amor difiere mucho de la letra, y el que con toda sinceridad lo busca, lo encuentra.

¡Oh, amigo! Espera en Él durante tu vida, conoce durante tu vida, comprende durante tu vida, pues en la vida está tu liberación.

Como el grano está en la planta; como la sombra en el árbol; como el espacio en el cielo; como infinidad de formas están en el espacio, así, desde el más allá del Infinito, el Infinito viene, y el infinito se prolonga en lo finito.

El espíritu de renunciación emana de ella. De esa palabra nació el mundo de las formas. Esa palabra lo revela todo.

Cuando estoy separada de mi Bienamado mi corazón se llena de tristeza.

Allí donde el círculo de los múltiples goces danza en torno del Creador, allí están los juegos de la eterna felicidad.

Allí, millones de Indra y de innumerables semidioses tienen al cielo por morada.

Allí está en su trono el Señor del universo. El mundo entero ejecuta su obra y comete sus yerros; pero pocos son los amantes que conocen al Bienamado.

Rechaza toda imaginación y fortalécete en lo que eres.

Trata de unirte a Él.

A la que pierde la ciudad de su esposo, igual le da el gran camino que el abrigo de un techo.

Aproxima el rostro a Su oído y murmúrale las más hondas aspiraciones de tu alma. ¡Escúchame, hermano! Lleva la visión de tu Bienamado en el corazón.

Kabir es bendito porque goza de esta visión suprema.

El te dirá los secretos del amor y del sacrificio, y conocerás entonces que Él sobrepasa al universo.

Soy suyo, y dejo que se cumpla el destino.

Y así, cuando abandono mis pasiones, mi cólera persiste.

Tu Amado es prudente, y tú insensata, ¡oh, mujer! Nunca preparaste el lecho de tu esposo. Te pasaste los días en inútiles juegos.

Ahí late el ritmo de la vida y de la muerte. Ahí surgen los arrobamientos, todo el espacio radiante de luz.

Prepara el suelo de la liberación y deja que sólo se ahoguen bajo la tormenta los parásitos del amor y del sacrificio.

Lo que le place al Señor no son las austeridades ni las mortificaciones de la carne.

Día y noche, el coro llena los cielos; y Mi único Bienamado me deslumbra como el relámpago.

Bebe en la copa de las inspiraciones y de las aspiraciones del amor.

Sé, ¡oh, Narad!, que mi Amado no puede estar lejos.

El palanquín ha venido por mí, para llevarme a la morada de mi esposo; un temblor de felicidad me agita el corazón.

El cuerpo, ¡oh, amigo!, es Su lira.

Necesitas a Dios en persona, no la palabra «dios».

Nunca está sombría. ¿Y quién habla de un solo sol? Ese país está iluminado por los rayos de millones de astros.

Sal y báñate en esa linfa bienhechora. Maravillosa comarca donde reina un perpetuo claro de luna.

Ningún reposo durante el día, ningún sueño durante la noche.

Inmerso para siempre en la felicidad y sin temor alguno en el corazón, el Santo mantiene, en medio de los placeres, la armonía de su vida.

Día y noche me apesadumbra una cruel angustia y no puedo dormir.

El gozo compartido es la plenitud del gozo. ¿Ante quién podía expresarse jamás? Mi Maestro es más grande que los mundos, e inmensa la buena ventura de su discípulo.

La música vibra por doquiera y el corazón participa en el gozo del mar infinito.

Donde reina la Primavera, señora de las estaciones, se escucha una música misteriosa. Torrentes de luz caen por doquiera.

Aprende de ellos todas tus ideas, todo tu amor y todo tu saber.

En los baños sagrados no hay más que agua, y sé de su ineficacia, pues me he bañado en ellos.

Allí, el cielo se llena de música. Allí, llueve néctar.

Sus juegos, la tierra y el cielo.

Cuéntame, ¡oh, cisne!, tu antigua historia. ¿De qué país vienes?, ¡oh, cisne! ¿Hacia qué riberas encaminas tu vuelo? ¿Dónde descansarás, ¡oh, cisne!, y qué es lo que buscas? Despiértate esta misma mañana, ¡oh, cisne!, levántate y sígueme.

Será tu encuentro con el Señor, será la realización de tu gozo; será la reconciliación de lo condicionado y de lo incondicionado.

Pero la batalla de aquel que busca la Verdad prosigue día y noche, y sin que cese mientras dura su vida.

Los Puranas y el Corán, no son más que palabras; aparté el velo y lo vi.

¡Oh, santo!, purifica tu cuerpo con toda simplicidad.

Mi amor lo ha conmovido, mi corazón languidece por Su nombre, que es la Verdad.

Mi cámara y mi corazón resplandecen con Su presencia.

Es, de cierto, el país sin sufrimientos, y nadie sabe el camino que a El conduce.

Ni formas, ni cuerpo, ni extensión, ni aliento existe en él. ¿Cómo podría decirte lo que es? Está en el camino de lo infinito, sobre el que desciende la gracia del Señor, y el que lo alcanza queda liberado de nacer y de morir.

El palacio de mi Señor está tan alto, que mi corazón tiembla de subir; pero no debo ser miedosa si quiero gozar de Su amor.

Déjate penetrar en las olas del mar. ¡Húndete en su esplendor! Escucha y oye el rumor de las caracolas y de las campanas.

Cuando se revela a sí mismo, Brahma descubre lo invisible.

En el juego se desarrolla la creación; en el juego se establece.

No soy ni piadoso ni ateo.

Cuando los conozcamos concluirá el ciclo de todas nuestras aceptaciones y renunciamientos.

Lo infinito y lo finito se han unido. Me embriago con la visión del Todo.

En su corazón, el agua sagrada se esparce día y noche, y así concluye el ciclo de los natalicios y de los óbitos.

Ni hablo ni escucho.

Los océanos y las olas son su gozo.

El sabio lo ve; el sabio lo canta.

Aunque el agua no pueda tocar sus pétalos abiertos por sobre su nivel.

No hay ahí ni cuerpo, ni espíritu.

En el hogar está la verdadera unión, en el hogar está la dicha de la vida.

El Creador ha puesto en el Ser el juego de la dicha, y de la palabra Om nació la creación.

Este es un país sin tierra ni cielo, sin luna ni estrellas.

Canta de alegría y afiánzate inquebrantable en tu corazón.

Alcanzado el conocimiento, déjese el afán. El afán de la flor es el fruto; cuando el fruto madura, la flor se marchita.

Es el espíritu inmanente en Brahma y en la criatura.

No estoy en el templo ni en la mezquita, ni en el santuario de La Meca, ni en la morada de las divinidades hindúes.

De los mundos internos y externos, Él hace una unidad indivisible.

Así vive la esposa que penetra en las llamas de la pira, al mandato del amor.

Nada que decir, nada que escuchar, nada que hacer.

Todas las doctrinas, todas las enseñanzas vienen de Él; en Él se regocijan. Tenlo por cierto y no tengas miedo.

Estuve con mi Señor en la casa de mi Señor; pero no viví con Él; ignoré Sus caricias y mi juventud pasó como un sueño.

Báñate en la Verdad; conoce al Maestro Verdadero; ten fe en su Nombre.

La ausencia de mi Señor hace que me estremezca y tiemble de miedo.

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