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LAHIRI MAHASAYA

| FRASES | ESCRITOS |

En el Satyayuga, Lahiri Mahasaya nació como Satyasukrita; en el Tretayuga fue Munindra; en el Dwaparayuga Karunamaya; y en el Kaliyuga fue Kabir. Más tarde, se convirtió en Shyama Charan.

¿Quién es Kabir? Él es el sol, y él es Brahma, yo mismo.

KABIR

| FRASES | ESCRITOS |

Sobre ese árbol hay un ave; danza en el gozo de la vida.

¡Vacía la copa! ¡Embriágate! ¡Bebe el divino néctar de Su nombre! Oyeme, querido Sadhu: desde la coronilla a la planta de los pies, el hombre está envenenado por la inteligencia.

Cuando ya me extraviaba, ¡oh, hermano!, el verdadero Maestro me enseñó el camino.

La tormenta se acumula en el cielo. Escucha la honda voz de su fragor.

Aproxima el rostro a Su oído y murmúrale las más hondas aspiraciones de tu alma. ¡Escúchame, hermano! Lleva la visión de tu Bienamado en el corazón.

Acerca los ojos al torrente de lágrimas de los nubarrones cargados de lluvia, y cúbrete el corazón con las sombras de la noche.

¡Cuelga hoy mismo el columpio del amor! Suspende tu cuerpo y tu espíritu entre los brazos del Bienamado, para un éxtasis de los goces del amor.

El Bienamado revela, Él mismo, la gloria del verdadero amor.

Una peregrinación sin fin se sucede a Sus pies y millones de devotos se prosternan sobre ellos.

Cuando Él camina, yo camino ante Él. Mi corazón suspira por mi Bienamado.

¡Aniquilado sea quien aflija a mi Bienamado! Allí donde se cantan Sus alabanzas, allí vivo yo.

Cuando mi Amado se despierta, yo me despierto; cuando Él duerme, yo duermo.

Sé, ¡oh, Narad!, que mi Amado no puede estar lejos.

Óyeme, hermano mío, pocos son los que han hecho ese descubrimiento.

Quienes conocen su hermosura saben cuán inefables son los juegos de Su creación.

Su color está en todas las imágenes del mundo; es un hechizo del cuerpo y del espíritu.

Están ciegos los que quieren verlas a la luz de la razón, de esa misma razón que es la causa del alejamiento.

Sólo el Amor puede penetrar al mundo, y pocos son los que saben estas cosas.

Escucha las campanas y los tambores de la Eternidad. ¡Regocíjate en el amor! La lluvia cae sin agua y los ríos son torrentes de luz.

Un océano azul se extiende en el cielo. La fiebre de la vida se aplaca y todos mis pecados se lavan cuando permanezco en el seno mismo del mundo.

Un millón de soles irradia Su luz.

Reflexiona bien, ¡oh, dulce amigo de mi corazón! Si verdaderamente amas, ¿por qué duermes? Si lo has encontrado, date a Él enteramente y únete a Él.

Iré a la casa de mi Señor con mi Amado a mi lado, y haré entonces que suene la trompeta del triunfo.

Pero al concluir la ceremonia abandoné a mi Señor y me fui; mis amigas, en el camino, intentaron en vano consolarme.

En la noche de mis bodas, mis amigas cantaban a coro; me ungieron con los ungüentos de la alegría y del dolor.

Estuve con mi Señor en la casa de mi Señor; pero no viví con Él; ignoré Sus caricias y mi juventud pasó como un sueño.

¡Oh, hermano amadísimo! Nada es esencial sino la Verdad.

La radiante Verdad es lo único que brilla en el triunfo de mi Señor.

Este es un país sin tierra ni cielo, sin luna ni estrellas.

¡Que mi espíritu y mis ojos no formen más que uno! ¡Que mi amor alcance a mi Bienamado! ¡Que la fiebre ardiente de mi corazón pueda encontrar alivio! Cuando el amor y el Amado se unen, es cuando el amor alcanza la perfección.

Él es el Espíritu de mi espírituÉl es la Pupila de mis pupilas.

Bajo el gran quitasol de mi Rey brillan millones de soles, de lunas y de estrellas.

¡Qué hilos tan sutiles teje la mujer y cómo los refina su amor y su respeto! Trenzo la guirnalda de los días y de las noches; cuando venga mi Amado y toque yo Sus pies, le ofrendaré mis lágrimas.

La rueca del amor, hecha con las joyas del saber, gira en el cielo.

La ciudad de su cuerpo, con el palacio de su espíritu, se alza en su hermosura.

Separada de su amado, la mujer hila en su rueca.

He aprendido el sánscrito; deja, pues, que todos los hombres me llamen sabio.

¿Dónde iré que aprenda a conocer a mi Bienamado? Jamás hallarás el bosque si no conoces el árbol, jamás lo encontrarás si lo buscas en las abstracciones.

Esas son, ¡oh, hermano!, las palabras supremas.

Aquel que vive corporalmente siempre está sediento, porque el objeto de sus afanes es imperfecto, aunque siempre surgen en él, y cada vez más hondas, estas palabras, donde van fusionados el amor y el sacrificio: Él es esto; esto es Él.

¿Qué sabio podría escuchar la música solemne que se eleva hacia el cielo? El es la fuente de toda música; Él llena con ese surtidor, hasta los bordes, todos los vasos humanos, permaneciendo desbordante Él mismo.

Así canta Kabir, el servidor de todos sus servidores.

Mi amor lo ha conmovido, mi corazón languidece por Su nombre, que es la Verdad.

Mis ardientes deseos cantan Su nombre y se pierden en Su infinita belleza.

Mi cámara y mi corazón resplandecen con Su presencia.

Este día me es caro entre todos los días, porque hoy mi Señor bienamado es huésped de mi casa.

Sólo él podrá llenar de grano sus vasijas y alimentar a los sabios y a los santos.

Sólo el labrador precavido podrá festejar el fin de la cosecha.

Prepara el suelo de la liberación y deja que sólo se ahoguen bajo la tormenta los parásitos del amor y del sacrificio.

Presta atención a tus cercados, para que la lluvia no los invada y los arrase.

La lluvia viene del Oriente y murmura su monótono plañir.

¡Contempla cuán grande es mi ventura! ¡He recibido la infinita caricia de mi Bienamado!

Ahora he realizado mi felicidad.

Pero ahora mi amante me ha dado a conocer el sentido de los sones que percibieron mis oídos.

¡Y yo ignoraba la felicidad que tan cerca tenía! Mi amor aún no se había despertado.

Me ha esperado durante la eternidad de las edades; por amor a mí, El ha perdido su corazón.

No seas loco, pues las sombras de la noche pronto se espesan.

Sirve a tu Dios, presente en este templo, que es la vida.

Acuérdate de mí cuando despunte el alba.

¡Escúchame! Mi corazón está impaciente por encontrar a mi Bienamado, permanezco en mi lecho, sin sueño.

Ahora, querido amigo, alza ligeramente mi velo, que es esta mi noche de amor.

Ellos se encolerizan, no quieren dejarme ir y dicen: Esta criatura cree haber adquirido tan gran dominio sobre su Esposo como para obtener de Él todo cuanto quiere; de ahí su impaciencia por encontrar a su Señor.

Les digo, riendo, a mis padres: Es preciso que vaya a ver esta misma mañana a mi Señor.

¡Qué maravillosa obra es esa lira! Bien templada, arrebata el corazón; pero rotas las clavijas o distendidas las cuerdas, ya no interesa a nadie.

¿Cómo lo cruzaré? No tiene fin, ¡oh, amigo!, la extensión de esa ruta.

Su palacio tiene un millón de puertas; pero entre Él y yo media un vasto océano.

Mi corazón de nada se alegra; mi espíritu y mi cuerpo divagan sin cesar.

A la que pierde la ciudad de su esposo, igual le da el gran camino que el abrigo de un techo.

Mi corazón reclama la morada de mi Bienamado.

Soy suyo, y dejo que se cumpla el destino.

¿Qué le pediré al Mendigo? Me da sin que yo le pida nada.

El Mendigo mendiga, pero no alcanzo a verlo.

El sabio comprende estas palabras.

La puerta está cerrada; pero el incienso está en el interior y nadie ve la cita.

La música se toca sin tañerla; se escucha sin oídos, pues Él es el oído y Él escucha.

El arpa difunde una suave música y la danza continúa sin danzantes.

El mundo entero -dice Kabir- reposa sobre su juego; pero el jugador permanece desconocido.

En el juego se desarrolla la creación; en el juego se establece.

Sus juegos, la tierra y el cielo.

Sus juegos son el sol y el agua y el universo entero.

El Dueño es uno: vida y muerte, unión y separación son los juegos de su gozo.

Su gozo, las Saraswati, el Jumna y el Ganges.

Los océanos y las olas son su gozo.

Su gozo es el comienzo, el medio y el fin. Su gozo es visión, sombra y luz.

La tierra es su gozo; su gozo es el cielo. Su gozo es el esplendor del sol y de la luna.

El Creador ha puesto en el Ser el juego de la dicha, y de la palabra Om nació la creación.

Kabir medita y dice: El que no tiene casta ni país, ni forma, ni cualidad, llena el espacio.

Carece de color y no es incoloro. No tiene morada.

No tiene nombre.

No pertenece a un clan, ni a una casta, ni a nada… ¿Cómo podría yo describir su gloria? No tiene forma y, sin embargo, no está sin formas.

No tiene forma, ni color, ni vestido.

El Dueño no come, ni bebe, ni vive, ni muere.

Kabir reflexiona y dice: Todo era entonces silencio y paz. El Ser Supremo permanecía inmerso en el seno profundo de sí mismo.

No había vicios ni virtudes, ni libros sagrados como los Vedas, los Puranas o el Corán.

No había tierra, ni aire, ni cielo, ni fuego, ni agua, ni ríos como el Ganges y el Jumna; ni mares, ni océanos, ni olas.

No había ojos, ni noche, ni día.

No había entonces ni comienzo, ni medio, ni fin.

En el comienzo, Él estaba solo y se bastaba a sí mismo.

Será tu encuentro con el Señor, será la realización de tu gozo; será la reconciliación de lo condicionado y de lo incondicionado.

La raíz te llevará a la rama, a la hoja, a la flor y al fruto.

El saber es la rama; el Nombre la raíz. Busca la raíz. Serás feliz cuando la encuentres.

Lo incondicionado es el grano; lo condicionado es la flor y el fruto.

Distinguir entre lo condicionado y lo incondicionado no es más que cuestión de palabras.

El verdadero Nombre no se parece a ningun otro.

Kabir no trata jamás de crear ni de destruir.

Pocos me comprenden; que Aquel que me entiende halle la paz.

Me afano por todo, aunque estoy ausente de todo afán.

No iré al infierno ni al cielo.

No estoy lejos de nadie; no estoy cerca de nadie.

No tengo afecciones ni desafecciones.

No soy libre ni prisionero.

Ni hablo ni escucho.

No vivo ni según los mandamientos ni según mi corazón.

No soy ni piadoso ni ateo.

Canta de alegría y afiánzate inquebrantable en tu corazón.

Conócete, pues, ¡oh, Sadhu!, pues Él está en ti desde la coronilla hasta los pies.

Temeroso de que su servidor sufra, Él lo penetra profundamente.

Allí donde Él está lejos no se lo puede alcanzar; donde está cerca, Él es la verdadera felicidad.

Si realmente el Maestro está lejos, ¿qué es lo que creó este mundo? Por no creer queÉl esté aquí andas errante, cada vez más lejos, y lo buscas en vano y entre lágrimas.

Todas las doctrinas, todas las enseñanzas vienen de Él; en Él se regocijan. Tenlo por cierto y no tengas miedo.

¡Oh, Sadhu! Escucha mis inmortales palabras. Si quieres tu bien, presta mucha atención: te has separado del Creador, de quien tú has nacido; has perdido la razón; has merecido la muerte.

Nunca está sombría. ¿Y quién habla de un solo sol? Ese país está iluminado por los rayos de millones de astros.

Sal y báñate en esa linfa bienhechora. Maravillosa comarca donde reina un perpetuo claro de luna.

En ese país las nubes no cubren el cielo; pero la lluvia cae allí en ráfagas suavísimas. ¡Oh, espíritu puro! No te quedes sentado en el umbral de tu puerta.

¡Oh, corazón mío! ¡Vámonos al país donde mora el Bienamado! La enamorada llena allí su cántaro en el pozo y, sin embargo, no tiene cuerda para retirarlo del agua.

Estos sentimientos no pueden expresarse con palabras de la boca: como tampoco pueden escribirse en el papel.

Ni formas, ni cuerpo, ni extensión, ni aliento existe en él. ¿Cómo podría decirte lo que es? Está en el camino de lo infinito, sobre el que desciende la gracia del Señor, y el que lo alcanza queda liberado de nacer y de morir.

El mundo ilimitado sólo es conocido de aquel que lo alcanzó. Es muy otro de cuanto se ha dicho y escuchado.

Hay un mundo sin fin, ¡oh, hermano mío!, y hay el Ser sin nombre, de quien sólo puede hablarse en silencio.

En Él se perpetúa la creación, superior a toda filosofía y que ninguna filosofía podría concebir.

Y se llama nada Aquel que es la Verdad de las verdades, Aquel en quien están contenidas todas las verdades.

La eterna fontana de vida deja correr su chorro donde juegan sin fin el nacer y el morir.

Por el camino, ¡qué dulces melodías hace oír el arpa! Sus notas traspasan el corazón.

La luz de millones de soles se desvanece, confusa, ante el esplendor de uno solo de sus cabellos.

Allí brilla, en el punto central, el trono de Aquel que contiene todas las cosas y donde el Gran Ser tiene su sede.

Allí, el cisne juega un juego maravilloso. Allí, los sones de la misteriosa música giran en torno de la infinita Unidad.

Todos los jardines, todos los boscajes, todas las masas de vegetación están pobladas de flores, y el aire juguetea con ellas.

Del resplandor, que es Verdad, surgen perpetuamente las ondas de las formas nuevas, y Él penetra esas formas.

Él ha extendido sobre el mundo entero las formas de Su amor.

Es el reposo último y sin límite.

Entonces dejará de quemarnos la llama de la concupiscencia.

Cuando los conozcamos concluirá el ciclo de todas nuestras aceptaciones y renunciamientos.

Allí donde el círculo de los múltiples goces danza en torno del Creador, allí están los juegos de la eterna felicidad.

Podemos alcanzar la meta sin cruzar la ruta, en un deporte que no acaba jamás.

Ese mundo es la ciudad de la Verdad; el laberinto de sus senderos fascina el corazón.

El te dirá los secretos del amor y del sacrificio, y conocerás entonces que Él sobrepasa al universo.

Cuando hayas encontrado a tu verdadero Maestro, Él despertará tu corazón.

¡Abre tus ojos de enamorado y contémplalo a Él, que reina en el universo! Considera el universo y persuádete de que ese es tu país.

El verdadero Maestro es todo luz.

¿Qué ganas, ¡oh, mujer!, con discutir si Él está por encima de todo o si está en todo? Brahma se te revelará día y noche, vestido de luz, sentado en un trono de luz.

Los Vedas dicen que lo incondicionado está por encima del mundo de las condiciones.

¿A quién tendrás al final por Amigo?, te pregunta el servidor Kabir. Estás solo, sin compañeros, y así habrás de soportar las consecuencias de tus actos.

El barco se ha roto; mientras, tú sigues sentado en el banco, sin avanzar y a merced del oleaje.

¿Qué hiciste de esta vida?, ¡oh, amigo mío! Cargaste sobre tu cabeza un pesado fardo de piedras, ¿quién te aliviará de esa carga? Tu Amigo se encuentra en la otra orilla y nunca me preguntas cómo podrías llegar hasta su encuentro.

No conoces, ¡oh, corazón mío!, todos los secretos de esta ciudad de amor. Ignorante viniste, ignorante te vas.

El discípulo Kabir canta: Abandona tus ventas y tus compras, ¡oh, santo!, deja ahí tus beneficios y tus pérdidas pues no hay tiendas ni mercados en el país adonde te encaminas.

Beso suplicante vuestros pies, ¡oh, portadores! Aguardad un momento todavía. Dejadme volver a casa de mis padres y de mis amigos para despedirme de ellos.

Mas los portadores me han conducido a un bosque solitario, donde no conozco a nadie.

El palanquín ha venido por mí, para llevarme a la morada de mi esposo; un temblor de felicidad me agita el corazón.

Pero el discípulo Kabir, que la aprecia en su verdadero valor, la ha envuelto cuidadosamente en su corazón como en los pliegues de su manto.

La joya se ha perdido en el fango y todos quieren encontrarla. Estos la buscan por un lado, aquellos por otro; algunos la ven en el agua, otros entre las piedras.

Kabir reflexiona y dice: Si obras de otro modo jamás encontrarás al Bienamado.

¡Redúzcase a cenizas la asamblea en que Su Nombre no sea pronunciado! No vaciles más; piensa sólo en el Bienamado. Que tu corazón no adore a otros dioses. No es bueno adorar a otros dueños.

Aprende de ellos todas tus ideas, todo tu amor y todo tu saber.

Reúnete con los buenos, donde el Bienamado tiene su morada.

Toca los pies de Aquel que es uno, indivisible, inmutable, apacible, de Aquel que llena de desbordante alegría los vasos terrestres y cuya forma es el amor.

Una bella armonía rige su trabajo y su reposo; de él emana un resplandor de amores.

Aquel que lo ha visto y lo ha tocado, es el que se halla libre de temor y de angustia. Para él, la idea de Dios es como un ungüento de sándalo esparcido por la piel. Para él no hay otro goce que esa idea.

Aquel que es modesto y se conforma con su suerte; aquel que es justo; aquel cuyo espíritu está henchido de resignación y de paz.

El es mi Maestro; El es mi mentor espiritual.

Kabir es el hijo de Alá y de Rama.

Todos los hombres y todas las mujeres del mundo son sus formas vivientes.

Kabir dice Mi corazón se muere de vivir.

Allí flotan al viento los pendones ocultos.

Allí donde el ritmo del mundo nace y muere a la vez, allí es donde mi corazón lo alcanza.

Cae la lluvia y mi alma languidece pensando en mi Señor.

Retumba el trueno, fulgen los relámpagos; en mi corazón saltan las olas.

La flor se abre sin que la primavera haya llegado, y ya la abeja ha recibido su perfumado mensaje.

No sé cuál es mi Dios.

Tú, que obras como él, marchas hacia las puertas de la muerte atado de pies y manos.

Se rapa la cabeza y tiñe sus vestidos; lee el Gita y se convierte en un charlatán.

Anda por el desierto yugulándose el deseo, y acaba pareciéndose al eunuco.

El asceta tiñe sus vestiduras, en lugar de teñirse el alma, con los colores del amor. Permanece sentado en el templo, abandonando a Brahma, para adorar una piedra; se agujerea las orejas; lleva una larga barba y sórdidos andrajos; parece un chivo.

Aquel cuyas palabras son puras y que no tiene orgullo ni envidia, conoce Su verdadero Nombre.

El hombre bueno y leal que permanece sereno en medio de la agitación del mundo, el que ama como a sí mismo a todas las criaturas de la tierra, ese hombre alcanza al Ser Inmortal, y el verdadero Dios está con él.

No le eres grato porque andes casi en cueros y mortifiques tus sentidos.

Lo que le place al Señor no son las austeridades ni las mortificaciones de la carne.

A partir de ese día, ya no ruedo por el polvo en señal de obediencia; ya no toco la campana del templo; ya no coloco ningún ídolo en su trono; ya no pongo flores ante las imágenes en signo de adoración.

Comprendí que sólo yo era el loco; que todo el mundo a mi alrededor estaba cuerdo y que yo era motivo de escándalo y de befa.

Entonces dejé los ritos y las ceremonias; ya no volví a sumergirme en las aguas sagradas.

¡No sientas temor alguno por esa miseria que es tu cuerpo!

La viuda se queda sentada junto al cuerpo de su esposo; el fuego no le da miedo.

Atraído por los sones de la música, la cervatilla se acerca; arriesga la vida para escucharlos; pero el temor no la hace retroceder.

Con el fardo de deseos que llevas en la cabeza, ¿cómo podrías andar ligero? Kabir sigue diciendo: Guarda en ti la verdad, el espíritu de sacrificio y el amor.

Con la falsedad tejes tu esclavitud; tus palabras están llenas de engaños.

Ni por un instante miraste al mundo frente a frente.

Escucha, hermano mío: la guarida del miedo se ha desplomado.

Los santos se embriagan de amor; tienen sed de amor.

No persigas el espejismo; ten sed de néctar. Dhruva, Prahlad y Shukadeva bebieron de él. Raidas lo probó.

Aquí tienes, ante ti, el agua pura. Bébela hasta saciarte.

Cuando, al fin, hayas encontrado el océano de la felicidad, no te vayas sediento. Vuelve en ti y no seas loco; la muerte te acecha.

Como el árbol está en el grano, todos los males están en la charlatanería.

La dulzura de vagar sobre el océano de la vida inmortal me ha liberado de todo vano parloteo.

El amor difiere mucho de la letra, y el que con toda sinceridad lo busca, lo encuentra.

No te dejes engañar por el testimonio de las Escrituras.

Si no conoces a tu propio Señor, ¿de qué te enorgulleces? Renuncia a toda elocuencia. jamás te unirán a Él las simples palabras.

¡Pero quién sabe de dónde viene esa palabra!

El espíritu de renunciación emana de ella. De esa palabra nació el mundo de las formas. Esa palabra lo revela todo.

El padre de familia abandona su hogar cuando la escucha.

Los rishis y los devotos la dicen; pero nadie conoce su misterio.

El mundo se asienta en ella.

¿Cuántos son los que han comprendido esta palabra? Trata tú de comprenderla, ¡oh, Santo! Los Vedas y los Puranas la proclaman.

Esta palabra es: Maestro. Lo he escuchado y me he convertido en discípulo.

Recibe la palabra de donde surgió el universo.

El que está en el interior, está en el exterior. Lo veo a Él y a ningún otro.

Tan firme como el trueno, la sede del buscador se halla establecida por sobre el vacío del espacio.

La infinita presencia del Ser infinito está en todas partes: en la tierra, en el agua, en el cielo, en el aire.

Inmerso para siempre en la felicidad y sin temor alguno en el corazón, el Santo mantiene, en medio de los placeres, la armonía de su vida.

Es verdadero Santo aquel que no te hace cerrar las puertas, ni retener el aliento, ni renunciar al mundo; el que te hace ver al Espíritu Supremo doquiera haya inteligencia; el que te enseña a conservar la calma en medio de la actividad.

Es verdadero Santo aquel que puede revelar a ojos humanos la forma de lo informe. Es verdadero Santo aquel que enseña el camino simple que ha de seguirse para alcanzarlo a Él sin ocuparse de ritos ni de ceremonias.

Kabir revela el secreto de ese amor.

El enamorado siempre está dispuesto a ofrecer su vida en servicio de su Señor.

¡Sutil es el sendero del amor! No hay en él preguntas ni silencios; toda criatura se aniquila a sus pies, se hunde en el gozo de buscarlo a El, se sumerge en las profundidades de su amor como el pez en el agua.

No hay que salir para escucharla.

¿No has oído los acordes de la misteriosa música? En medio de la cámara suena, gentil y dulcemente pulsada, el arpa de la dicha.

Las flores se abren en los claustros. El ave nocturna vuela hacia la luna. El ave de lluvia apetece la lluvia.

¿Qué flauta es esa cuya música me llena de alegría? La llama arde sin lámpara. El loto florece sin raíces.

¡Oyeme, amiga mía! No hay júbilo como el de encontrar al Bienamado.

La ausencia de mi Señor hace que me estremezca y tiemble de miedo.

¿A quién confiaré mis penas? La noche es oscura. Las horas transcurren sin que Él vuelva.

Ningún reposo durante el día, ningún sueño durante la noche.

Cuando estoy separada de mi Bienamado mi corazón se llena de tristeza.

¡Oh, mi caro amigo! He recibido como presente al Único Inmortal.

Tengo una carta de mi Bienamado; en esa carta hay un mensaje inefable, y ahora ya no le temo a la muerte.

¡Me acucia, caro amigo, encontrar a mi Bienamado! Mi juventud ha florecido y el dolor de verme separada de Él me oprime el seno. Yerro sin rumbo por los senderos del saber, aunque he recibido noticias Suyas a través de esos senderos.

La vina hace vibrar incomparablemente las notas de la verdad.

La forma de su melodía brilla como un millón de soles.

¡Cuán lejos se esparce su perfume! No tiene fin; ningún obstáculo se le opone.

Cuando el Amor renuncia a todo límite, alcanza la Verdad.

La flauta del Infinito toca sin jamás interrumpirse, y canta Su amor.

Aquel que ha encontrado a la vez el amor y el sacrificio, no se abisma jamás en la muerte.

La hermosura de Brahma no puede verse con los ojos. La vibración de su palabra no puede llegar hasta el oído.

Algunos contemplan lo Informe y otros meditan sobre la forma; pero el sabio sabe que Brahma está por encima de ambos.

Quien tiene discernimiento aprende por las palabras, y el ignorante se queda con la boca abierta.

A menos de ver, no crees; lo que te dicen no puedes admitirlo.

Lo que tú ves no existe, y para lo que existe no tienes palabras.

Alcancé lo inaccesible y en mi corazón tornasolan los colores del amor.

Permaneciendo esclavo me liberé; me desprendí de las garras de toda mezquindad.

He aplacado la angustia de mi alma y mi corazón se regocija. En el estado en que estoy, he visto al Supremo Camarada.

El que no tiene forma está en el seno de todas las formas.

Lo que Kabir dice es difícil de comprender: El ave no puede ser alcanzada, aunque resulta claramente visible.

El discípulo escoge los abundantes frutos de la vida y los saborea; el Maestro lo contempla gozoso.

No tiene ramas ni hojas; es un loto puro. En él cantan dos aves: una es el Maestro; la otra, su discípulo.

Es un árbol extraño; crece sin raíces y lleva frutos sin haber dado flores.

Escucha la palabra, la verdadera, que es tu esencia; Él se dice la palabra a Sí mismo, y Él mismo es el Creador.

No hay que darle a esto nombre alguno, no vaya a despertarse el error del dualismo.

Considera esto, ¡oh, Kazi; oh, Pundit! ¿Qué cosa hay que no esté en nuestra alma? El cántaro lleno de agua flota en el agua, contiene agua y está rodeado de agua.

El fuego, el aire, el agua, la tierra y el éter no están fuera de Él.

Como el grano está en el bananero; como las flores, los frutos y la sombra de las hojas están en el grano, así el germen está en el cuerpo, y en ese germen el cuerpo se encuentra a sí mismo.

¡Oh, santo!, purifica tu cuerpo con toda simplicidad.

Brahma adapta su palabra a la inteligencia de sus oyentes.

Quien bebe de ese néctar cae en el delirio.

Allí brilla la luz del sol y de la luna. Sosiégate, alma, y contempla ese esplendor en silencio.

Allí se despliega el baldaquín azul adornado de luna y constelado de brillantes.

El pendón oculto se halla izado en el templo del cielo.

No alcanzas a ver que lo real está en tu hogar y andas errante de bosque en bosque. ¡En ti está la Verdad! Donde quiera que vayas, a Benarés o a Mathura, si no encuentras tu alma, el mundo no tendrá realidad para ti.

Me río cuando oigo decir que el pez tiene sed en el agua.

Kabir deja que hable la experiencia; todo el resto es mentira, lo sabe muy bien.

Los Puranas y el Corán, no son más que palabras; aparté el velo y lo vi.

Las sagradas imágenes carecen de vida; no pueden hablar; lo sé, puesto que las he convocado a gritos.

En los baños sagrados no hay más que agua, y sé de su ineficacia, pues me he bañado en ellos.

Un gozo frenético abrasa mi corazón y descubre todos los misterios ocultos en mi alma. Estoy sumergido en una inmensa felicidad que supera toda alegría y todo dolor.

De pie o sentado, no puedo olvidarlo, porque el ritmo de Su canción lo llevo en mis oídos.

De mi boca ya no salen palabras impuras. Día y noche canto Sus alabanzas.

Todo cuanto hago lo hago en Su servicio. Al acostarme me prosterno a Sus pies. Sólo Él es adorable a mis ojos; no conozco otro.

Las contradicciones ya no existen para mí. Por doquiera que voy, en Él me afano.

La aurora y el crepúsculo me parecen iguales.

Todos mis actos constituyen un culto que rindo a mi Dios.

Miro con los ojos muy abiertos, sonrío, y por doquiera contemplo Su hermosura. Murmuro su nombre, y todo cuanto veo me habla de Él.

Desde el día en que hallé a mi Dios, los juegos de nuestro amor ya no han cesado. No cierro los ojos, no tapo mis oídos, no mortifico mi cuerpo.

Nada mejor, ¡oh, santo hombre!, que unirse simplemente a Él.

Quédate, pues, donde estás y todo lo tendrás a su tiempo.

El hogar es la morada verdadera; en el hogar está lo real, el hogar hace que alcancemos a Aquel que es realidad.

Amo a quien puede ejecutar la melodía del infinito, uniendo en su vida el amor y el sacrificio.

Amo a quien conoce a Brahma y puede quedarse en meditación sobre su suprema Verdad.

Amo a quien tiene el poder de hundirse profundamente en el seno de Brahma, a quien posee la facultad de sumirse en la contemplación.

¿Por qué abandonaré mi hogar para andar errante por el bosque? Si Brahma me hace alcanzar la verdad, hallaré en el hogar la servidumbre y la libertad a un tiempo.

En el hogar está la verdadera unión, en el hogar está la dicha de la vida.

Amo muy de veras a quien puede devolver su hogar al viajero extraviado.

Sólo Brahma y ningún otro puede crear semejantes melodías.

Si las clavijas se aflojan o las cuerdas se rompen, entonces, instrumento de polvo, vuelve el cuerpo al polvo.

Tiende las cuerdas y hace sonar la melodía de Brahma.

El cuerpo, ¡oh, amigo!, es Su lira.

No pases, ¡oh, hermano!, sin aprovechar tan buena ventura.

Al abrir la puerta, despertarás al Bienamado.

La cerradura del error cierra la cancela: ábrela con la llave del amor.

Pero la batalla de aquel que busca la Verdad prosigue día y noche, y sin que cese mientras dura su vida.

Pues el guerrero combate durante unas horas y la lucha de la vida con la muerte concluye muy pronto.

Su voto es más difícil de cumplir que el del guerrero o el de la viuda que quiere reunirse con su esposo.

Denodado y áspero combate el que libra aquel que busca la Verdad.

Cuando un valeroso caballero entra en liza, la multitud de los cobardes se pone en fuga.

Donde más arrecia la batalla es en el Reino de la Verdad, del contentamiento y de la pureza, y la espada más activa es la tizona que lleva su nombre.

En el coto cerrado de nuestro cuerpo se libra una gran guerra contra las pasiones, la cólera, el orgullo y la envidia.

Vuélvete luego, para inclinar la frente ante el triunfo de tu Rey. El hombre valiente no abandona jamás el combate; el que huye no es un verdadero combatiente.

Combate, ¡oh, hermano!, mientras dure tu vida. Corta la cabeza de tu enemigo para darle así una muerte rápida.

Si hay lujuria, ¿cómo puede haber amor? Donde está el amor, no existe la lujuria. Empuña la espada y corre a la batalla.

Donde hay conocimiento, ¿puede persistir la ignorancia? Y si hay ignorancia, el conocimiento debe perecer.

Cuando el sol brilla, ¿dónde está la noche? Y es de noche cuando el sol ha retirado su luz.

Sólo despierta aquella cuyo corazón está traspasado por las flechas de su palabra.

¡Despierta, despiértate! Mira: tu lecho está vacío. Durante la noche, Él te ha abandonado.

Tu juventud se ha marchitado en vano, puesto que no has conocido a tu Señor.

Tu Amado es prudente, y tú insensata, ¡oh, mujer! Nunca preparaste el lecho de tu esposo. Te pasaste los días en inútiles juegos.

Todo lo perdiste tú, ¡oh, loca!, durante el sueño.

¡Despierta, oh, amiga, no duermas más! Se acabó la noche; ¿quieres perder también la jornada? Otras que despertaron a tiempo, ya recibieron sus joyas.

¿Quién le llevará el mensaje a mi Bienamado? Kabir está angustiado. Agoniza de no haberlo visto.

Como el agua para el sediento, así es el Novio para la novia.

¿Qué amor es, pues, este amor mío? No tengo hambre; no tengo sueño; nunca hallo reposo, ni en Él ni fuera de Él.

Ven a mi casa, ¡oh, mi Bienamado! Cuando me llaman tu prometida me avergüenzo de que mi corazón aún no haya poseído tu corazón.

¡Tristes están mi espíritu y mi cuerpo! Te necesitan.

Desde el comienzo hasta el fin de los tiempos está el amor entre Tú y yo. ¿Cómo podría extinguirse ese amor? Cual el río penetra en el océano, así mi corazón penetra en ti.

Cual el ave nocturna contempla la luna en la noche, así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo.

¿Cómo podría quebrarse el amor que nos une? Cual la hoja del loto reposando sobre el agua, así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo.

Tu Señor está en ti; ¿a qué abrir los ojos hacia el mundo exterior? Óyeme, hermano mío: mi Señor me ha arrebatado y me ha unido a Él.

Los montes, el océano y la tierra danzan. Entre sollozos y carcajadas la humanidad danza.

Locas de júbilo, la vida y la muerte danzan al ritmo de esa música.

¡Danza, corazón mío! Danza hoy de gozo. Los cánticos de amor llenan de música los días y las noches, y el mundo vive atento a sus melodías.

Las puertas del cielo están abiertas; entro en el templo; encuentro a mi Esposo y depósito a sus pies la ofrenda de mi cuerpo y de mi espíritu.

Suspiro pensando en la cita que ha de darme mi Bienamado y ya no siento el placer de vivir en la casa paterna.

Día y noche me apesadumbra una cruel angustia y no puedo dormir.

Duerme en el seno de lo inaccesible, de lo infinito y de lo eterno, y nadie sabe cuándo echa a volar; y nadie sabe cuándo ha de volver. Profundo es el misterio, ¡oh, santo hermano! Deja que los sabios descubran la morada del ave.

Se guarece a la sombra del amor.

No tiene forma ni perfil.

Sus plumas no tienen color ni dejan de tenerlo.

Nadie puede decirme qué ave es esa, la que canta en mi alma.

¿Y quién podrá decir el estribillo de su canción? Entre lo más espeso y sombrío del ramaje, allí tiene su nido. Viene de noche y echa a volar por la mañana. Yo no la comprendo.

Nadie sabe dónde está.

¡Marcha, oh, Gorakh, al ritmo de esa música!

Y surgirá mi amor.

Con toda simplicidad me uniré con la simple Unidad.

Fue en Benarés donde tuve una revelación repentina, y Ramananda me iluminó. Traía conmigo la sed del infinito, he acudido a la cita de mi Dios.

Cuando me instruí en la doctrina de los ascetas, Brahma no estaba coronado, ni Vishnú ungido de rey, ni había nacido aún la potencia de Shiva.

Tú y yo no somos más que uno, proclaman las trompetas.

Ante lo incondicionado danza lo condicionado.

El gozo compartido es la plenitud del gozo. ¿Ante quién podía expresarse jamás? Mi Maestro es más grande que los mundos, e inmensa la buena ventura de su discípulo.

Por Él sé caminar sin pies, ver sin ojos, oír sin orejas, beber sin labios, volar sin alas. En el país donde no hay ni sol, ni luna, ni noche, ni día, he amado y he meditado. Sin comer he saboreado la dulzura del néctar; sin agua he aplacado mi sed.

La misericordia de mi verdadero Maestro es la que me ha dado a conocer lo desconocido.

Contiénese entero en su Beatitud.

No tiene principio ni fin.

Está inmerso en toda conciencia, en todo júbilo, en todo dolor.

El cuerpo y el espíritu desbordan felicidad cuando los toca Su gozo infinito.

Danza extasiado y Su danza describe mil formas vaporosas.

Su forma es infinita e insondable.

Ese Dios indeterminado toma millares de formas a los ojos de las criaturas: Es puro e indestructible.

Trata de unirte a Él.

No tiene forma, ni cualidad, ni decadencia.

Todas las cosas están creadas por Dios. El Amor es Su cuerpo.

Daré mi vida antes que olvidar a mi Señor.

Ofrendaré a mi Señor mi cuerpo y mi espíritu.

Mi Señor me trae voces de tristeza y voces de alegría, y es Él mismo quien dosifica los contrastes.

Mi Señor me aherroja duramente y mi Señor hace que caigan mis cadenas.

Mi Señor se oculta y, a maravilla, mi Señor se revela.

Óyeme, ¡oh, Santo hombre! Pocos son los que logran llegar a la otra orilla.

Difícil es cruzar el océano del mundo; sus aguas son muy profundas.

Arde y deja gemir a sus compañeras; pero jamás deshonra al amor.

Así vive la esposa que penetra en las llamas de la pira, al mandato del amor.

Aunque el agua no pueda tocar sus pétalos abiertos por sobre su nivel.

Así vive el loto en el agua, y en el agua florece.

Llevo en el fondo del corazón aquel amor que me hace vivir en este mundo una vida sin límites.

Contempla, ¡oh, hermano!, al Señor en ese vaso, que es mi cuerpo.

Déjate penetrar en las olas del mar. ¡Húndete en su esplendor! Escucha y oye el rumor de las caracolas y de las campanas.

Bebe la miel azucarada que destilan los pétalos del loto del corazón.

Abre tu ventana al poniente y piérdete en el cielo del amor.

Las sombras de la noche caen espesas y profundas; ensombrecen el corazón y envuelven el cuerpo y el espíritu.

En verdad, nada ha de temer quien posea semejante Dueño para llevarlo a seguro refugio.

Todas sus palabras están llenas de amor.

Descubre en Él los mundos y me hace oír la música misteriosa. Me muestra que las alegrías y las penas son una misma cosa.

Levanta el velo y Brahma se revela a mis ojos.

Mi corazón suspira, ¡oh, hermano!, por el verdadero Dueño que llena la copa del amor para ofrecérmela tras de haber bebido.

No puedo decir cuán adorable es mi Señor. El ascetismo, el rosario, las virtudes y los vicios, nada de todo ello existe para Él.

Pero ¡ay!, la verdadera fuente de vida está a tu lado mientras te pones a adorar la piedra que tú mismo levantaste.

Tu Señor está junto a ti y, sin embargo, trepas a lo alto de la palmera para buscarlo. El sacerdote brahmán va de casa en casa, para iniciar al pueblo en la fe.

Porque vive en soledad, dice el asceta que su casa está muy lejos.

Aquel que vive, aunque muerto, no morirá jamás.

Nada que decir, nada que escuchar, nada que hacer.

Un día tus ojos se abrirán de pronto y verás; y las cadenas de la muerte caerán por sí solas.

Cada morada enciende sus lámparas. Como eres ciego, no las ves.

Rechaza toda imaginación y fortalécete en lo que eres.

Sé fuerte y vuélvete a ti mismo. Ahí te hallarás en tierra firme Considera esto, ¡oh, corazón mío! No te vayas a ninguna otra parte.

¿Dónde podrías aplacar la sed de tu alma? Nada encontrarás en esa nada.

No hay ahí ni cuerpo, ni espíritu.

Ni tierra, ni cielo, ni tiempo; nada existe ahí: ni río, ni ribera.

¿Dónde la acción y el reposo en esa ribera? No hay agua a la vista; ni barco, ni marino. No hay ni una sola cuerda para empujar el barco ni hombre alguno para sirgar.

Ven, ¡oh, Dharmadas! y contempla el triunfo de mi Señor omnipotente.

En el prodigioso esplendor de su cabellera piérdese el fulgor de millones de soles y de lunas.

Allí, florece la pura y cándida armonía, donde mi Señor halla sus delicias.

La región central del cielo, donde el espíritu reposa, está radiante de una música de luz.

Allí no puede deslizarse error alguno, y ya no existe el conflicto de la vida con la muerte.

La luz invade el universo; es la lámpara del amor ardiendo en el candelero del saber.

Lo infinito y lo finito se han unido. Me embriago con la visión del Todo.

Lo externo y lo interno se han hecho para mí un solo cielo.

He conocido en mí mismo el juego del universo; he escapado al error de este mundo.

Allí he sido testigo de los juegos de la única felicidad.

No hay lugar allí para el error.

Allí he bebido, llena hasta los bordes, la copa de la dicha, de la dicha perfecta.

Alegría eterna; ni dolor ni luchas.

¡Qué secreto esplendor irradia ese castillo del cielo! Ya no hay amaneceres ni puestas de sol. En el océano de revelaciones que es la luz del amor, el día y la noche no forman más que uno.

Allí, vibran las cuerdas del arpa y suenan los tambores.

Allí, el cielo se llena de música. Allí, llueve néctar.

Así se libra el adorador, de todo miedo, así lo abandonan todas las ideas erróneas sobre la vida y sobre la muerte.

Estoy consagrado a la verdad porque ahuyenté lejos de mí todas las falsas apariencias.

¡Qué frenesí de éxtasis contiene cada hora! El adorador exprime y bebe la esencia de las horas. Vive con la vida de Brahma… Digo la verdad porque acepté la verdad en mi vida.

Si te sumerges en el océano de vida, vivirás en el país de la suprema felicidad.

Allí, todo el cielo se llena de armonías y la música suena sin cuerdas y sin pulsaciones. Allí, no cesa nunca el juego de la alegría y del dolor.

Bebe en la copa de las inspiraciones y de las aspiraciones del amor.

Su sabiduría y su desprendimiento son perfectos.

El adorador se embriaga totalmente.

Al conocerla, el ignorante se convierte en sabio y el sabio se queda mudo, en silenciosa adoración.

Tal es la última palabra; pero ¿cómo expresar su maravilloso sabor? Aquel que la saborea una vez, sólo él sabe el gozo que puede dar.

El sabio lo ve; el sabio lo canta.

Sólo aquel que encontró ese camino va más allá de la región de los dolores. Maravilloso país, que no puede pagarse con ningún mérito.

Es, de cierto, el país sin sufrimientos, y nadie sabe el camino que a El conduce.

Se canta al Dios infinito como si fuera inaccesible; pero en mis meditaciones, sin mis ojos, yo lo he visto.

Viajando sin camino llegué al país sin dolor, y la gracia del Gran Señor ha descendido, dulcísima, en mí.

He bebido la copa de lo inefable. Encontré la clave del misterio. Alcancé la raíz de la Unión.

Me he asociado al armonioso equilibrio del Uno.

El sabio enmudecerá, pues la Verdad no puede hallarse en los libros ni en los Vedas.

Ved la vida y la muerte: ya no hay entre ellas separación alguna.

Ahí resuenan por doquiera los amorosos cánticos, llueven ondas de luz y el adorador saborea con delicias el celeste néctar.

Ahí arden los millones de lámparas del sol y de la luna.

Ahí se escucha la misteriosa música que es la del amor de los tres mundos.

Ahí late el ritmo de la vida y de la muerte. Ahí surgen los arrobamientos, todo el espacio radiante de luz.

Estamos en lo Inaccesible; miraos adentro y veréis cómo brillan en vosotros los rayos de luna de Dios escondido.

Ya ves cómo aquí se sacia la sed de los cinco sentidos; ya no existen las tres formas de la miseria.

Sumérgete en ese océano de dulzura y deja que vuelen lejos todos los errores de la vida y de la muerte.

La música vibra por doquiera y el corazón participa en el gozo del mar infinito.

¡Ved aquel loto que florece sin agua! Y La abeja de mi corazón liba su néctar. ¡Maravilloso loto florecido en el corazón del universo! Sólo las almas puras conocen sus delicias verdaderas.

Sujeto por las cuerdas del amor; va y viene el columpio oceánico del gozo, y hay un potente estallido de canciones.

¡Qué inefable reposo en el Espíritu Supremo! Sólo lo goza quien lo busca.

En su corazón, el agua sagrada se esparce día y noche, y así concluye el ciclo de los natalicios y de los óbitos.

Como se mezclan las aguas del Ganges y del Jumna, así se mezclan en el corazón del hombre piadoso las dos corrientes del amor y del sacrificio.

Allí está en su trono el Señor del universo. El mundo entero ejecuta su obra y comete sus yerros; pero pocos son los amantes que conocen al Bienamado.

¿Sabéis cómo dicen su adoración los instantes? Blandiendo su círculo de luces, el universo, día y noche, canta adorando. Allí, dice Kabir, la adoración no cesa jamás.

Día y noche, el coro llena los cielos; y Mi único Bienamado me deslumbra como el relámpago.

La luz del sol, de la luna y de las estrellas fulgura con vivo resplandor: la melodía amorosa asciende cada vez más, acompasada al ritmo del amor puro.

Todo oscila: el cielo y la tierra, y el aire y el agua, y el Señor mismo, ahí personificado. Y la visión de todo ello ha hecho de Kabir el servidor de su Dios.

A él se aferran millones de seres; en él se columpian la luna y el sol en su carrera. Transcurren millones de edades y el columpio sigue en su movimiento.

Columpio donde están suspendidos todos los seres y todos los mundos y cuya oscilación nunca cesa.

Entre los polos de lo consciente y de lo inconsciente, el espíritu oscila.

Allí, mi Señor se revela a Sí mismo, y el perfume del sándalo y de las flores se esparce en todos los dominios del espacio.

Allí, millones de Saraswati, diosas de la música, tañen la vina.

Allí, millones de Indra y de innumerables semidioses tienen al cielo por morada.

Pocos hombres pueden alcanzar esas riberas, donde millones de Krishna se mantienen cruzados de brazos; donde millones de Vishnú se prosternan; donde millones de brahmanes leen los Vedas; donde millones de Shiva se abstraen en la contemplación.

Donde reina la Primavera, señora de las estaciones, se escucha una música misteriosa. Torrentes de luz caen por doquiera.

Contempla ese rosario con los ojos de la sabiduría.

Porque la hayan nombrado ola, ¿ya no se la considerará como agua? En el seno del Supremo Brahma, los mundos se engarzan como las cuentas de un rosario.

Decidme dónde está la diferencia.

El río y sus olas forman una misma superficie: ¿Qué diferencia hay entre el río y sus olas? Cuando la ola se levanta, es agua, y al caer, sigue siendo agua.

¡Oh, hermano!, aquel que ha visto la irradiación de su amor, ése está salvado.

Los yoguis, los sanyasi, los ascetas, dispútanse entre sí.

El Uno Supremo debe ser otro.

Creen en diez Avatares; pero un Avatar que sufra las consecuencias de sus actos, no puede ser el Espíritu infinito.

Algunos no lo buscan a El, al Perfecto, a Brahma, al indivisible Señor.

¿Quién te servirá, oh, Señor increado? Cada fiel adora al Dios que él se crea; cada día recibe sus favores.

Allí, la abeja del corazón penetra profundamente en la flor, sin aspirar a otro goce.

Allí, los bosques primaverales están en flores y la brisa nos trae un perfume que dice: Él soy Yo.

Hay un país donde no imperan ni la duda ni la tristeza; donde ya no existe el terror de la muerte.

Cuéntame, ¡oh, cisne!, tu antigua historia. ¿De qué país vienes?, ¡oh, cisne! ¿Hacia qué riberas encaminas tu vuelo? ¿Dónde descansarás, ¡oh, cisne!, y qué es lo que buscas? Despiértate esta misma mañana, ¡oh, cisne!, levántate y sígueme.

Oyeme, amiga mía. El comprende quién lo ama. Si no languideces de amor por el Único Bienamado, es inútil que adornes tu cuerpo; es en vano que te pongas ungüento sobre los párpados.

Mi corazón ha de buscar a mi Bienamado, he de quitarme el velo y unir a El todo mi ser. Mis ojos serán dos lámparas de amor.

El palacio de mi Señor está tan alto, que mi corazón tiembla de subir; pero no debo ser miedosa si quiero gozar de Su amor.

No hay palabras para decir lo que Él es.

Ni se manifiesta ni se oculta; no es revelado ni irrevelado.

Lo consciente y lo inconsciente son los taburetes de sus pies.

De los mundos internos y externos, Él hace una unidad indivisible.

Si digo que está fuera de mí, miento.

¿Cómo podría yo jamás pronunciar esas palabras misteriosas? ¿Cómo podría yo decir: Él no es como esto y es como aquello? Si digo que Él está en mí, el universo se escandaliza de mis palabras.

Óyeme, amigo mío: mi Señor bienamado se halla en ese vaso.

En él resuena la voz del Eterno, que hace surgir la primavera.

En ese vaso están los siete océanos y las innumerables estrellas. Dentro están el artífice y su piedra de toque.

El vaso terrestre acuna las campiñas y los boscajes; en él se halla el Creador.

Kabir es bendito porque goza de esta visión suprema.

El punto último se ve en el Alma suprema. Y en ese punto aún se reflejan las creaciones.

El Alma suprema se ve en el interior del alma.

Es el espíritu inmanente en Brahma y en la criatura.

Es lo limitado y lo ilimitado, y más allá de lo limitado y de lo ilimitado, es el Ser puro.

Es la forma múltiple, el espacio infinito. Es el aliento, la palabra, la idea.

Es Brahma, la criatura y la ilusión.

Él mismo es el árbol, el grano y el germen. Él mismo es la flor, el fruto y la sombra. Él es el sol, la luz y todo lo que se ilumina.

La criatura está en Brahma y Brahma está en la criatura; son para siempre distintos; aunque estén para siempre unidos.

Como el grano está en la planta; como la sombra en el árbol; como el espacio en el cielo; como infinidad de formas están en el espacio, así, desde el más allá del Infinito, el Infinito viene, y el infinito se prolonga en lo finito.

Cuando se revela a sí mismo, Brahma descubre lo invisible.

El ciervo contiene el almizcle, aunque no lo busca en sí mismo sino husmeándolo en la hierba.

Alcanzado el conocimiento, déjese el afán. El afán de la flor es el fruto; cuando el fruto madura, la flor se marchita.

Que el trabajo no tenga otro afán que el conocimiento.

Así, en tanto que el hombre reclame el Yo y lo Mío, sus obras serán como cero. Cuando todo amor del yo y de lo mío haya muerto, entonces es cuando se consumará la obra del Señor.

La luna está en mí, lo mismo que el sol. Sin que lo toquen, el tambor de la eternidad resuena en mi interior; pero mis oídos sordos no pueden oírlo.

La luna brilla en mi interior; pero mis ojos ciegos no pueden verla.

Óyeme bien, querido Sadhu: la verdadera senda no es fácil de encontrar.

Cuando el espíritu se libera, arrojando a Maya, aún se queda prendido en la letra.

Y cuando venzo a la envidia todavía persisten mi vanidad y mi orgullo.

Y cuando renuncio a la cólera aún queda la envidia.

Y así, cuando abandono mis pasiones, mi cólera persiste.

¿Cómo podré, ¡oh, hermano!, renunciar a Maya? Cuando deshice el nudo de mis cintas todavía se me quedó más sujeto el vestido; cuando me quité el vestido, aún me cubrían el cuerpo sus pliegues.

Inclínate sobre el loto de los mil pétalos y contempla allí la Infinita Belleza.

No vayas al jardín florido, no vayas, ¡oh, amigo! En ti están el jardín y sus flores.

Lo que nos socorre es el Espíritu de búsqueda constante; soy esclavo de ese Espíritu.

Báñate en la Verdad; conoce al Maestro Verdadero; ten fe en su Nombre.

Si te unes a El en el presente, lo estarás en la Eternidad.

Si lo hallamos ahora, lo hallaremos luego. De lo contrario, permaneceremos en la ciudad de la muerte.

Si no desatas tus ligaduras durante la vida, ¿qué esperanza de liberación tendrás en la muerte? Creer que el alma se unirá a El sólo porque haya abandonado el cuerpo, es una idea absurda.

¡Oh, amigo! Espera en Él durante tu vida, conoce durante tu vida, comprende durante tu vida, pues en la vida está tu liberación.

Hindúes y musulmanes, también ellos alcanzaron el límite donde se borran todas las marcas diferenciales.

Dios, ¡oh, Santo!, es el aliento de todo lo que respira.

Si me buscas de veras me verás enseguida; y llegará el momento en que me encuentres.

No estoy en los ritos y las ceremonias; ni en el ascetismo y sus renunciaciones.

No estoy en el templo ni en la mezquita, ni en el santuario de La Meca, ni en la morada de las divinidades hindúes.

¿Dónde me buscas, oh, servidor mío? ¡Mírame! Estoy junto a ti.

Viniste a este mundo con los puños apretados, pero, cuando te vayas, tus manos estarán abiertas.

Eres como un viajero que va y viene. Acumulas riquezas y te enorgulleces de ellas. Pero cuando te marches no te llevarás nada contigo.

No existen personas aisladas, todos formamos parte de una misma realidad.

Las palabras crean separación.

La verdad no se puede tomar prestada.

La verdad sólo llega con la experiencia.

Necesitas a Dios en persona, no la palabra «dios».

Las palabras no son suficientes. ¡No te quedes parado!

La vida está tan entrelazada que todo forma parte de lo demás.

Deja las palabras y observa. Descubrirás que dentro de ti palpita el ser secreto, respira en tu interior. La vida es una. La vida es Dios; no la palabra «dios», sino la vida misma.

Los místicos del mundo insisten en decir que la verdad se conoce a través del silencio. Cuando dejas las palabras conoces la realidad, porque todas las palabras crean una barrera en tu mente.

El gran místico Kabir nos enseña que el todo es la verdad y que lo demás son sólo palabras, palabras que crean una barrera y no te dejan ver la vida misma.

TULSIDAS

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Aunque los seguidores de Kabir o Dadu pueden ser contados por cientos de miles, no menos de noventa millones de indios lo reconocieron como su guía espiritual.

El nombre de Cristo significa en griego -el ungido- y viene a ser un título equivalente al de Mesías. La vida de Jesús está narrada en los Evangelios.

Sant Kabir dice: El alma es una entidad Consciente y no puede recibir alivio de ningún artículo material. La tecnología no trae felicidad a la gente.

Los dioses del pasado están muertos y no los podemos resucitar. Ya no son relevantes para la conciencia humana; han sido creados por una mente torpe.

La tristeza es un muro entre dos jardines.

DAS KABIR

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Somos un planeta.