LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL







FRASES JUAN DE LA CRUZ

CITAS JUAN DE LA CRUZ

CITAS JUAN DE LA CRUZ

JUAN DE LA CRUZ

El alma que está enamorada de Dios es un alma gentil, humilde y paciente.

Mira que, pues Dios es inaccesible, no repares en cuanto tus potencias pueden comprehender y tu sentido sentir, porque no te satisfagas con menos y pierda tu alma la ligereza conveniente para ir a él.

Bástele Cristo crucificado, y con él pene y descanse, y por esto aniquilarse en todas las cosas exteriores e interiores.

Era una pasión por la mirada, y en su mirada estaban los ojos antes del tiempo; dice su padre que el tiempo es melancolía, y cuando se para lo llamamos eternidad.

Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes.

Procure siempre inclinarse no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado.

No sospeches mal contra tu hermano; porque este pensamiento quita la pureza del corazón.

¿Quién se podrá librar de los modos y términos bajos si no le levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío? ¿Cómo se levantará a ti el hombre, engendrado y criado en bajezas, si no le levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste?.

Para venir a lo que no posees, has de ir por donde no posees.

Cuando la razón indica decepción, hay que darle paso a la razón para que no sufra el corazón.

Ya que era llegado el tiempo en que de nacer había, así como desposado de su tálamo salía, abrazado con su esposa, que en sus brazos la traía, al cual la graciosa Madre en su pesebre ponía.

No es de voluntad de Dios que el alma se turbe de nada ni que padezca trabajos; que, si los padece en los adversos casos del mundo, es por la flaqueza de su virtud, porque el alma del perfecto se goza en lo que se pena la imperfecta.

¿Qué más quieres, oh alma, y qué más buscas fuera de ti, pues dentro de ti tienes tus riquezas, tus deleites, tu satisfacción, tu hartura y tu reino, que es tu Amado, a quien desea y busca tu alma?.

Y si a las obras mías no esperas, ¿qué esperas, clementísimo Señor mío?; ¿por qué te tardas?.

En mí por ti me moría y por ti resucitaba, que la memoria de ti daba vida y la quitaba.

La mosca que a la miel se arrima impide su vuelo; y el alma que se quiere estar asida al sabor del espíritu impide su libertad y contemplación.

En el ocaso de nuestra vida seremos juzgados en el amor.

Grande mal es tener más ojo a los bienes de Dios que al mismo Dios. Oración y desapropio.

Cuanto más te apartas de las cosas terrenas, tanto más te acercas a las celestiales y más hallas en Dios.

Me parece que el secreto de la vida consiste simplemente en aceptarla tal cual es.

El que solo se quiere estar, sin arrimo de maestro y guía, será como el árbol que está solo y sin dueño en el campo, que, por más fruta que tenga, los viadores se la cogerán y no llegará a sazón.

Procure siempre inclinarse no a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo.

El alma que anda en amor, ni cansa, ni se cansa.

Véante mis ojos, pues eres lumbre de ellos, y solo para ti quiero tenerlos.

¿Qué sabe quien no puede padecer por Cristo?

Sal fuera y gloríate en tu gloria, escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón.

Ordinaria confianza en Dios, estimando en sí y en las Hermanas lo que Dios más estima, que son los bienes espirituales.

La paga y el jornal del amor es recibir más amor hasta llegar al colmo del amor. El amor sólo con amor se paga.

Quien de sí propio se fía, peor es que el demonio.

Descubre tu presencia, y máteme tu vista y hermosura; mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura.

Consideren cómo han menester ser enemigas de sí mismas y caminar por el santo rigor a la perfección, y entiendan que cada palabra que hablaren sin orden de obediencia se la pone Dios en cuenta.

Adviertan, pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras exteriores.

No contradiga. En ninguna manera hable palabras que no vayan limpias.

Tenga ordinaria memoria de la vida eterna, y que los que más abatidos y pobres y en menos se tienen, gozarán de más alto señorío y gloria en Dios.

La obra pura y entera hecha por Dios en el seno puro hace reino entero para su dueño.

El que cargado cae, dificultosamente se levantará cargado.

Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo; por tanto, sólo Dios es digno de él.

Las cosas naturales son siempre hermosas; son como las migajas de la mesa del Señor.

En mí por ti me moría, y por ti resucitaba, que la memoria de ti daba vida y la quitaba.

Hay almas que se revuelcan en el cieno, como los animales que se revuelcan en él, y otras que vuelan, como las aves que en el aire se purifican y limpian.

Procure siempre inclinarse no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso.

En la tribulación acude luego a Dios confiadamente, y serás esforzado, y alumbrado y enseñado.

El hombre no se satisface con menos de Dios.

¿Qué aprovecha dar tú a Dios una cosa si él te pide otra? Considera lo que Dios querrá y hazlo, que por ahí satisfarás mejor tu corazón que con aquello a que tú te inclinas.

No te goces en las prosperidades temporales, pues no sabes de cierto que te aseguran la vida eterna.

El alma enamorada es alma blanda, mansa, humilde y paciente.

No niegue cosa que tenga, aunque la haya menester.

El alma que ama a Dios no ha de pretender ni esperar otra recompensa por sus servicios prestados, que la perfección de amar a Dios.

Los apetitos son como unos hijuelos inquietos y de mal contento, que siempre andan pidiendo a su madre uno y otro y nunca se contentan. Y como el enfermo de calentura, que no se halla bien hasta que se le quita la fiebre, y cada rato le crece la sed.

El alma que está en unión de amor, hasta los primeros movimientos no tiene.

Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma.

El cielo es firme y no está sujeto a generación y las almas que son de naturaleza celestial son firmes, no están sujetas a engendrar apetitos ni otra cualquier cosa, porque se parece a Dios en su manera, que no se mueve para siempre.

Para la concupiscencia: Procurar obrar en desnudez y desear que los otros lo hagan. Procurar hablar en desprecio y desear que todos lo hagan. Procurar pensar bajamente de sí y desear que los otros lo hagan.

Procure siempre inclinarse no a lo que es querer algo, sino a no querer nada.

Levantarse sobre sí, no hacer asiento en cosa en nada.

Al pobre que está desnudo le vestirán, y al alma que se desnudare de sus apetitos, quereres y no quereres, la vestirá Dios de su pureza, gusto y voluntad.

Pon amor donde no hay amor, y sacarás amor.

Las potencias y sentidos no se han de emplear todas en las cosas, sino lo que no se puede excusar, y lo demás dejarlo desocupado para Dios.

El alma que está unida con Dios, el demonio la teme como al mismo Dios.

Pues no temes el caer a solas, ¿cómo presumes de levantarte a solas? Mira que más pueden dos juntos que uno solo.

No apaciente el espíritu en otra cosa que en Dios. Deseche las advertencias de las cosas y traiga paz y recogimiento en el corazón.

Nunca oiga flaquezas ajenas, y si alguna se quejare a ella de otra, podrá decir con humildad no le diga nada.

Toda la bondad que tenemos es prestada, y Dios la tiene por propia obra; Dios y su obra es Dios.

Viva como si no hubiese en este mundo más que Dios y ella, para que no pueda su corazón ser detenido por cosa humana.

Mejor es vencerse en la lengua que ayunar a pan y agua.

Procure siempre inclinarse no a lo más gustoso, sino antes a lo que da menos gusto.

El alma sola, sin maestro, que tiene virtud, es como el carbón encendido que está solo: antes se irá enfriando que encendiendo.

Manso es el que sabe sufrir al prójimo y sufrirse a sí mismo.

Procure siempre inclinarse no a andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor y desear entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por Cristo de todo cuanto hay en el mundo.

En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz ni guía sino la que en el corazón ardía.

El que no busca la cruz de Cristo, no busca la gloria de Cristo.

La satisfacción del corazón no se halla en la posesión de las cosas, sino en la desnudez de todas y pobreza de espíritu.

Y que Dios sería hombre, y que el hombre Dios sería, y trataría con ellos, comería y bebería.

El espíritu bien puro no se mezcla con extrañas advertencias ni humanos respetos, sino solo en soledad de todas las formas, interiormente, con sosiego sabroso se comunica con Dios, porque su conocimiento es en silencio divino.

Secado se ha mi espíritu, porque se olvida de apacentarse en ti.

Mira que tu ángel custodio no siempre mueve el apetito a obrar, aunque siempre alumbra la razón; por tanto, para obrar virtud, no esperes al gusto, que bástate la razón y entendimiento.

Desasida de lo exterior, desaposesionada de lo interior, desapropiada de las cosas de Dios, ni lo próspero la detiene ni lo adverso la impide.

Traiga sosiego espiritual en advertencia de Dios amorosa; y cuando fuere necesario hablar, sea con el mismo sosiego y paz.

Los amigos viejos de Dios por maravilla faltan a Dios, porque están ya sobre todo lo que les puede hacer falta.

El alma que quiere que Dios se le entregue todo, se ha de entregar toda, sin dejar nada para sí.

Más quiere Dios en ti el menor grado de pureza de conciencia que cuantas obras puedes hacer.

Bienaventurado el que, dejado aparte su gusto e inclinación, mira las cosas en razón y justicia para hacerlas.

Tenga fortaleza en el corazón contra todas las cosas que le movieren a lo que no es Dios, y sea amiga de la pasión de Cristo.

Buscad leyendo y hallaréis meditando.

Huir con el pensamiento de cabe ellas, cerrando la puerta a todas.

¡Oh poderoso Señor!, si una centella del imperio de tu justicia tanto hace en el príncipe mortal, que gobierna y mueve las gentes, ¿qué hará tu omnipotente justicia sobre el justo y el pecador?.

Humilde es el que se esconde en su propia nada y se sabe dejar a Dios.

El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa.

El más puro padecer trae y acarrea más puro entender.

Cinco daños causa cualquier apetito en el alma: el primero, que la inquieta; el segundo, que la enturbia; el tercero, que la ensucia; el cuarto, que la enflaquece; el quinto, que la oscurece.

Porque si, en fin, ha de ser gracia y misericordia la que en tu Hijo te pido, toma mi cornadillo , pues le quieres, y dame este bien, pues que tú también lo quieres.

Para lo insensible, lo que no sientes; para lo sensible, el sentido; y para el espíritu de Dios, el pensamiento.

El que no ama ya está muerto.

No admitas en tu alma lo que no tienen en sí la verdadera esencia del verdadero amor.

El amor de Dios es la salud del alma. Y cuando no tiene cumplido amor, no tiene salud cumplida y por eso está enferma.

Refrene mucho la lengua y el pensamiento y traiga de ordinario el afecto en Dios, y calentársele ha el espíritu divino mucho. Léale muchas veces.

Más se granjea en los bienes de Dios en una hora que en los nuestros toda la vida.

Prontitud en la obediencia, gozo en el padecer, mortificar la vista, no querer saber nada, silencio y esperanza.

Limpio de todas aficiones, pensamientos e imágenes, el dulce canto suspires con compunción y lágrimas.

La mayor necesidad que tenemos para aprovechar es de callar a este gran Dios con el apetito y con la lengua, cuyo lenguaje que él más oye, sólo es el callado amor.

Doce estrellas para llegar a la suma perfección: amor de Dios, amor del prójimo, obediencia, castidad, pobreza, asistir al coro, penitencia, humildad, mortificación, oración, silencio, paz.

Más agrada a Dios el alma que con sequedad y trabajo se sujeta a lo que es razón, que la que, faltando en esto, hace todas sus cosas con consolación.

Procure siempre que las cosas no sean nada para ella, ni ella para las cosas; mas, olvidada de todo, more en su recogimiento con el Esposo.

No pare mucho ni poco en quién es contra ella o con ella, y siempre procure agradar a su Dios. Pídale se haga en ella su voluntad. Amelé mucho, que se lo debe.

Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada.

Cata que no te entremetas en cosas ajenas, ni aun las pases por tu memoria, porque quizá no podrás tú cumplir con tu tarea.

La contemplación es una cumbre en la cual Dios se comienza a comunicar y manifestar al alma. Pero no acaba de manifestarse, solo asoma. Pues por muy altas que sean las noticias que al alma se le dan de Dios en esta vida, no son más que lejanas asomadas.

Intimo deseo de que Dios la dé lo que Su Majestad sabe que le falta para honra suya.

La paga y el jornal del amor es recibir más amor hasta llegar al colmo del amor. El amor solo con amor se paga.

Oración del alma enamorada.

El árbol cultivado y guardado con el beneficio de su dueño, da la fruta en el tiempo que de él se espera.

Lo que hablare sea de manera que no sea nadie ofendido, y que sea en cosas que no le pueda pesar que lo sepan todos.

Cuanto más el alma conoce a Dios, tanto más crece el apetito por verle.

¡Oh noche que guiaste!.

Dos veces trabaja el pájaro que se asentó en la liga, es a saber: en desasirse y limpiarse de ella. Y de dos maneras pena el que cumple su apetito: en desasirse y, después de desasido, en purgarse de lo que de él se le pegó.

Todo para ti y nada para mí.

¡Oh dulcísimo amor de Dios, mal conocido! El que halló sus venas descansó.

Nunca tomes por ejemplo al hombre en lo que hubieres de hacer, por santo que sea, porque te pondrá el demonio delante sus imperfecciones sino imita a Cristo, que es sumamente perfecto y sumamente santo, y nunca errarás.

Tenga por misericordia de Dios que alguna vez le digan alguna buena palabra, pues no merece ninguna.

Para enamorarse Dios del alma, no pone los ojos en su grandeza, más en la grandeza de su humildad.

Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada.

No tengas sospecha contra tu hermano, que perderás la pureza de corazón.

Más estima Dios en ti el inclinarte a la sequedad y al padecer por su amor que todas las consolaciones y visiones espirituales y meditaciones que puedas tener.

Donde no hay amor, poned amor y encontraréis amor.

Hable poco, y en cosas que no es preguntado no se meta.

En mí por ti me moría.

Otro para vencer los apetitos: Traer un ordinario apetito de imitar a Jesucristo en todas sus obras, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como él se hubiera.

Múdese todo muy enhorabuena, Señor Dios, porque hagamos asiento en ti.

Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres.

El llanto del hombre en Dios, y en el hombre la alegría, lo cual del uno y del otro tan ajeno ser solía.

Sin trabajo sujetarás las gentes y te servirán las cosas si te olvidares de ellas y de ti mismo.

Sea enemiga de admitir en su alma cosas que no tienen en sí sustancia espiritual, porque no la hagan perder el gusto de la devoción y el recogimiento.

Niega tus deseos y hallarás lo que desea tu corazón. ¿Qué sabes tú si tu apetito es según Dios?.

La perfección no está en las virtudes que el alma conoce de si, mas consiste en las que nuestro Señor ve en el alma, la cual es carta cerrada, y así no tiene de qué presumir, mas estar el pecho por tierra acerca de sí.

No se queje de nadie; no pregunte cosa alguna, y si le fuere necesario preguntar, sea con pocas palabras.

Procure conservar el corazón en paz; no le desasosiegue ningún suceso de este mundo; mire que todo se ha de acabar.

Si tú en tu amor, ¡oh buen Jesús! no suavizas el alma, siempre perseverará en su natural dureza.

El alma dura en su amor propio se endurece.

Una mujer sin amor es igual a una rosa marchitada. Te quiero dar el amor que nadie te ha podido darte. Te quiero sobre todas las cosas del mundo. Nunca te va a faltar el amor mío.

Mira que no reina Dios sino en el alma pacífica y desinteresada.

El que de los apetitos no se deja llevar, volará ligero según el espíritu, como el ave a que no falta pluma.

Estar vuelta contra sí, airada y jamás parada.

Eso que pretendes y lo que más deseas no lo hallarás por esa vía tuya ni por la alta contemplación, sino en la mucha humildad y rendimiento de corazón.

El que la ocasión pierde, es como el que soltó el ave de la mano, que no la volverá a cobrar.

No pienses que el agradar a Dios está tanto en obrar mucho como en obrarlo con buena voluntad, sin propiedad y respetos.

Ama el no ser conocida de ti ni de los otros. Nunca mirar los bienes ni los males ajenos.

Todo para mí y nada para ti.

Toma a Dios por esposo y amigo con quien te andes de continuo, y no pecarás, y sabrás amar, y harense las cosas necesarias prósperamente para ti.

El camino de la vida poca negociación y solicitud requiere, y más pide negación de la propia voluntad que mucho saber. El que se inclinare al gusto y suavidad de las cosas, menos podrá caminar por él.

Niega tus deseos y hallarás lo que desea tu corazón.

El que obra razón es como el que come sustancia, y el que se mueve por el gusto de su voluntad, como el que come fruta floja.

Más quiere Dios en ti el menor grado de obediencia y sujeción que todos esos servicios que le piensas hacer.

Refrene mucho la lengua y el pensamiento y traiga de ordinario el afecto en Dios, y calentársele ha el espíritu divinamente.

Nunca te quieras satisfacer en lo que entiendes de Dios, sino en lo que no entendieres de él; y nunca pares en amar y deleitarte en eso que entendieres o sintieres de Dios, sino ama y deléitate en lo que no puedes entender ni sentir de él.

Ni ya tengo otro oficio; Que ya sólo en amar es mi ejercicio.

No te canses, que no entrarás en el sabor y suavidad de espíritu, si no te dieres a la mortificación de todo eso que quieres.

Procure siempre inclinarse no a lo más fácil, sino a lo más dificultoso.

No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero. Por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero.

¿Con qué dilaciones esperas, pues desde luego puedes amar a Dios en tu corazón?.

Apártate del mal, obra bien y busca la paz.

Quien se queja o murmura ni es perfecto ni aun buen cristiano.

Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada.

Déjate enseñar, déjate mandar, déjate sujetar y despreciar y serás perfecta.

Bienaventurado el que, dejando aparte su gusto e inclinación, mira las cosas en razón y justicia para hacerlas.

De trabajos, cuanto más, mejor.

Siempre procure traer a Dios presente y conservar en sí la pureza que Dios le enseña.

¡Oh, qué bienes serán aquellos que gozaremos con la vista de la Santísima Trinidad!.

Quien supiere morir a todo, tendrá vida en todo.

No rehúse el trabajo, aunque le parezca no lo podrá hacer. Hallen todos en ella piedad.

Nunca deje derramar su corazón, aunque sea por un credo.

El amor no consiste en sentir grandes cosas, sino en tener grande desnudez y padecer por el Amado.

El que obra razón es como el que come sustancia, y el que se mueve por el gusto de su voluntad como el que come fruta floja.

Pues que en la hora de la cuenta te ha de pesar de no haber empleado este tiempo en servicio de Dios, ¿por qué no le ordenas y empleas ahora como lo querrías haber hecho cuando te estés muriendo?.

El que a solas cae, a solas se está caído y tiene en poco su alma, pues de sí solo la fía.

No te conocía yo a ti, ¡oh Señor mío!, porque todavía quería saber y gustar cosas.

Mucho se desmejora y menoscaba el secreto de la conciencia todas las veces que alguno manifiesta a los hombres el fruto de ella, porque entonces recibe por galardón el fruto de la fama transitoria.

Para enamorarse Dios del alma, no pone los ojos en su grandeza, mas en la grandeza de su humildad.

¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que el alborada! ¡Oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada!.

El que con puro amor obra por Dios, no solamente no se le da de que lo sepan los hombres, pero ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual aunque nunca lo hubiese de saber, no cesaría de hacer los mismos servicios y con la misma alegría y amor.

El amor sólo con amor se paga, las heridas de amor sólo con amor se pueden curar.

Pues se te ha de seguir doblada amargura de cumplir tu voluntad, no la quieras cumplir, aunque quedes en amargura.

Amado mío, todo lo áspero y trabajoso quiero para mí, y todo lo suave y sabroso quiero para ti.

Para venir a gustarlo todo, no quieras tener gusto en nada.

Quien obra con tibieza, cerca está de la caída.

Tú, Señor, vuelves con alegría y amor a levantar al que te ofende y yo no vuelvo a levantar y honrar al que me enoja a mi.

Los trabajos los hemos de medir a nosotros, y no nosotros a los trabajos.

¡Señor Dios, amado mío! Si todavía te acuerdas de mis pecados para no hacer lo que te ando pidiendo, haz en ellos, Dios mío, tu voluntad, que es lo que yo más quiero, y ejercita tu bondad y misericordia y serás conocido en ellos.

¡Señor, Dios mío!, no eres tú extraño a quien no se extraña contigo; ¿cómo dicen que te ausentas tú?.

Date al descanso echando de ti cuidados y no se te dando nada de cuanto acaece, y servirás a Dios a su gusto y holgarás en él.

En todos los casos, por adversos que sean, antes nos habemos de alegrar que turbar por no perder el mayor bien, que es la paz y tranquilidad del alma.

No sabe el hombre gozarse bien ni dolerse bien, porque no entiende la distancia del bien y del mal.

Ame mucho los trabajos y téngalos en poco por caer en gracia al Esposo, que por ella no dudó morir.

Si quieres ser perfecto, vende tu voluntad y dala a los pobres de espíritu, y ven a Cristo por la mansedumbre y humildad y síguelo hasta el Calvario y sepulcro.

Andar a solas con Dios; obrar en el medio; esconder los bienes de Dios.

No te alegres vanamente, pues sabes cuántos pecados has hecho y no sabes cómo está Dios contigo, sino teme con confianza.

Para venir a lo que no gustas, has de ir por donde no gustas.

Mejor es sufrir por Dios que hacer milagros.

Mira que no te entristezcas de repente de los casos adversos del siglo, pues que no sabes el bien que traen consigo ordenado en los juicios de Dios para el gozo sempiterno de los escogidos.

Buscad leyendo y hallaréis meditando; llamad orando y abriros han contemplando.

No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón.

No se disculpe ni rehúse ser corregido de todos; oiga con rostro sereno toda reprensión; piense que se lo dice Dios.

No da lugar el apetito a que le mueva el ángel cuando está puesto en otra cosa.

Aunque obres muchas cosas, si no aprendes a negar tu voluntad y sujetarte, perdiendo cuidado de ti y de tus cosas, no aprovecharás en la perfección.

Quien a su prójimo no ama, a Dios aborrece.

¡Oh, Señor Dios mío!, ¿quién te buscará con amor puro y sencillo que te deje de hallar muy a su gusto y voluntad, pues que tú te muestras primero y sales al encuentro a los que te desean?.

Todo el mundo no es digno de un pensamiento del hombre, porque a sólo Dios se debe; y así, cualquier pensamiento que no se tenga en Dios, se le hurtamos.

No pienses que porque en aquél no relucen las virtudes que tú piensas, no será precioso delante de Dios por lo que tú no piensas.

Los apetitos son como los renuevos que nacen en derredor del árbol y le quitan la virtud para que no lleven tanto fruto.

Bienaventurado el que, dejando a parte su gusto e inclinación, mira las cosas en razón y justicia para hacerlas.

Y el que cae ciego, no se levantará ciego solo; y, si se levantare solo, encaminará por donde no conviene.

Procure siempre inclinarse no a lo más, sino a lo menos.

La sabiduría entra por el amor, silencio y mortificación. Grande sabiduría es saber callar y no mirar dichos ni hechos ni vidas ajenas.

No te hagas presente a las criaturas si quieres guardar el rostro de Dios claro y sencillo en tu alma; mas vacía y enajena mucho tu espíritu de ellas y andarás en divinas luces, porque Dios no es semejante a ellas.

Si un alma tiene más paciencia para sufrir y más tolerancia para carecer de gustos, es señal que tiene más aprovechamiento en la virtud.

A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición.

Si purificares tu alma de extrañas posesiones y apetitos, entenderás en espíritu las cosas; y si negares el apetito en ellas, gozarás de la verdad de ellas entendiendo en ellas lo cierto.

Procure siempre inclinarse no a lo más sabroso, sino a lo más desabrido.

Como el que tira el carro la cuesta arriba, así camina para Dios el alma que no sacude el cuidado y apaga el apetito.

En los gozos y gustos acude luego a Dios con temor y verdad, y no serás engañado ni envuelto en vanidad.

Ni ya tengo otro oficio; que ya solo en amar es mi ejercicio.

Desensillar para buscar a Dios. La luz que aprovecha en lo exterior para no caer, es al revés en las cosas de Dios, de manera que es mejor no ver, y tiene el alma más seguridad.

El llanto del hombre en Dios y en el hombre la alegría, lo cual del uno y del otro tan ajeno ser solía.

En la tribulación acude luego a Dios confiadamente y serás esforzado, alumbrado y enseñado.

Traiga interior desasimiento a todas las cosas y no ponga el gusto en alguna temporalidad, y recogerá su alma a los bienes que no sabe.

Verdaderamente aquél tiene vencidas todas las cosas, que ni el gusto de ellas le mueve a gozo, ni el desabrimiento le causa tristeza.

Yéndome yo, Dios mío, por doquiera contigo, por doquiera me irá como yo quiero para ti.

Aunque el camino es llano y suave para los hombres de buena voluntad, el que camina caminará poco y con trabajo si no tiene buenos pies y ánimo y porfía animosa en eso mismo.

Tenga fortaleza en el corazón contra todas las cosas que le movieren a lo que no es Dios, y sea amiga de las pasiones por Cristo.

No mirar imperfecciones ajenas, guardar silencio y continuo trato con Dios, desarraigarán grandes imperfecciones del alma y la harán señora de grandes virtudes.

Traiga advertencia amorosa en Dios, sin apetito de querer sentir ni entender cosa particular de él.

Buscad leyendo y hallareis meditando.

Quien huye de la oración, huye de todo lo bueno.

Éntrese en su seno y trabaje en presencia del Esposo, que siempre está presente queriéndola bien.

Grande contento es para el alma entender que nunca Dios falta del alma, aunque esté en pecado mortal, cuanto menos de la que está en gracia.

En esto se conoce el que de veras ama a Dios, si no se contenta con alguna cosa menos que Dios.

Si quieres venir al santo recogimiento, no has de venir admitiendo sino negando.

El camino de la vida, de muy poco bullicio y negociación es, y más requiere mortificación de la voluntad que mucho saber. El que tomare de las cosas y gustos lo menos, andará más por él.

Y si es que esperas a mis obras para por ese medio concederme mi ruego, dámelas tú y óbramelas, y las penas que tú quisieras aceptar, y hágase.

Sólo la verdad os hará libres.

A la tarde te examinarán en el amor.

El alma que venza la potencia del demonio no lo podrá conseguir sin oración ni podrá entender sus engaños sin mortificación y sin humildad.

¿Cómo te atreves a holgarte tan sin temor, pues has de parecer delante de Dios a dar cuenta de la menor palabra y pensamiento?.

Mire aquel infinito saber y aquel secreto escondido. ¡Qué paz, qué amor, qué silencio está en aquel pecho divino, qué ciencia tan levantada es la que Dios allí enseña, que es lo que llamamos actos anagógicos, que tanto encienden el corazón.

Verdaderamente aquél tiene vencidas todas las cosas que ni el gusto de ellas le mueve a gozo ni el desabrimiento le causa tristeza.

Siempre el Señor descubrió los tesoros de su sabiduría y espíritu a los mortales; mas ahora que la malicia va descubriendo más su cara, mucho los descubre.

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