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ALLAN KARDEC

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En cada nueva existencia, el hombre es lo que ha hecho de sí mismo.

Dios no puede servirse de los ciegos para dar a comprender la luz.

¡Incrédulos! ¡Decid si una doctrina que enseña semejantes cosas es risible, si es buena o mala! No encarándola sino desde el punto de vista del orden social, ¡decid si los hombres que la practicasen serían felices o infelices, mejores o peores!

Quien nutre contra su prójimo sentimientos de animosidad, de odio, de celos y de rencor, no es caritativo; miente si se dice cristiano y ofende a Dios.

El pobre que comparte su mendrugo de pan, con uno más pobre que él, es más caritativo y tiene más mérito a los ojos de Dios, que aquel que da parte de lo que le sobra, sin privarse de nada.

La fortuna es una prueba más difícil que la miseria porque es una tentación para el abuso y los excesos, y es más difícil ser moderado que ser resignado.

La fortuna es un depósito cuyo poseedor es sólo usufructuario, puesto que no se la lleva consigo a la tumba; y deberá rendir severa cuenta del uso que haya hecho de ella.

Dios ha hecho hombres fuertes y poderosos para que sean el sostén de los débiles; el fuerte que oprime al débil es maldito para Dios, a menudo, recibe por ello su castigo en esta misma vida, aparte de lo que le sucederá en el porvenir.

La oración es recomendada por todos los buenos Espíritus, y también es pedida por todos los Espíritus imperfectos como un medio de aliviar sus sufrimientos.

Aquel que pide a Dios el perdón de sus faltas no lo obtiene sino cambiando de conducta. Las buenas acciones son la mejor de las plegarias, porque los actos valen más que las palabras.

Aquel que ora con fervor y confianza es más fuerte contra las tentaciones del mal, y Dios le envía los buenos Espíritus para ayudarlo. Es un socorro que jamás es negado cuando ha sido pedido con sinceridad.

La plegaria es un acto de adoración. Orar a Dios es pensar en él, acercársele, ponerse en comunicación con él.

Es natural la desesperación en aquél que cree que todo acaba con la vida del cuerpo, pero carece de sentido en aquél otro que tiene fe en el porvenir.

En vuestras aflicciones mirad a los que están por debajo y no por encima; pensad en aquellos cuyo sufrimiento es todavía mayor que el vuestro.

La creencia en el Espiritismo no es aprovechable sino en aquél de quien se puede afirmar: Soy mejor hoy que ayer.

El egoísmo, el orgullo, la vanidad, la ambición, la codicia, el odio, la envidia, los celos, la maledicencia, son para el alma hierbas venenosas de las cuales es necesario arrancar cada día algún pie y tienen como antídoto: la caridad y la humildad.

El objeto esencial del Espiritismo es el mejoramiento de los hombres. No es necesario procurar sino lo que puede ayudar al progreso moral e intelectual.

La vida espiritual es la vida normal del Espíritu y es eterna; la vida corpórea es transitoria y pasajera: no es sino un instante en la eternidad.

El alma del hombre es un Espíritu encarnado. Para secundarlo en el cumplimiento de su tarea, Dios les dio, como auxiliares, a los animales que le son sumisos y cuya inteligencia y carácter son proporcionales a sus necesidades.

Los Espíritus encarnados constituyen la Humanidad, que no está circunscrita a la Tierra, sino que puebla todos los mundos diseminados en el espacio.

El espíritu, propiamente dicho, es el principio inteligente; desconocemos su naturaleza; para nosotros, él es inmaterial, porque no tiene ninguna analogía con lo que llamamos materia.

La vida es para el verdadero espiritista tan corta, tan fugitiva, que a sus ojos las tribulaciones no son más que incidentes desagradables de un viaje.

El verdadero espiritista ve las cosas de este mundo desde un punto tan elevado; le parecen tan pequeñas y mezquinas, comparadas con el porvenir que espera.

Los espíritus no encarnados o errantes forman una población invisible que se agita a nuestro alrededor.

Los espíritus no encarnados o errantes no ocupan una región determinada y circunscrita, sino que están en todas partes, en el espacio y a nuestro lado, viéndonos y codeándose incesantemente con nosotros.

El verdadero espirita no es el que alcanzó la meta, más si el que sinceramente quiere lograrla. Será un buen espirita desde el momento que reconozca sus imperfecciones y sea sincero y perseverante en el propósito de enmendarse.

El Espiritismo no viene en busca de los perfectos, más si de los que se esfuerzan en poner en práctica las enseñanzas de los Espíritus.

El mundo corporal no pasa de ser secundario; podría dejar de existir, o no haber existido nunca, sin que se alterase la esencia del mundo espiritista.

Las comunicaciones entre el mundo espiritista y el corporal están en la naturaleza de las cosas, y no constituyen ningún hecho sobrenatural.

En el número de las causas de locura ha de incluirse también el terror.

Dios es infinito en sus perfecciones; pero lo infinito es una abstracción. Decir que Dios es lo infinito equivale a tomar el atributo por la misma cosa, y definir una que no es conocida por otra que no lo es bastante.

Cuando el pensamiento está en una parte determinada, también lo está el alma.

Las cualidades del alma son las mismas que las del espíritu encarnado en nosotros, de modo que el hombre de bien es encarnación de un espíritu bueno y el hombre perverso lo es de un espíritu impuro.

El alma es un espíritu encarnado, cuyo cuerpo no es más que la envoltura.

El hombre que se ha dedicado a una especialidad encadena a ella todas sus ideas.

Para los espíritus, y, sobre todo, para los superiores, la idea lo es todo, y nada.

Llamamos alma al ser inmaterial e individual que reside en nosotros y sobrevive al cuerpo.

Sabedlo bien, nada es nada, y la nada no existe.

El hombre que tiene conciencia de su inferioridad halla en la doctrina de la reencarnación una consoladora esperanza. Si cree en la justicia de Dios, no puede esperar.

¿acaso los tejidos del hombre y de los animales no encierran los gérmenes de una multitud de gusanos, que esperan para nacer la fermentación pútrida necesaria a su existencia?

Sólo con el trabajo del cuerpo adquiere conocimientos el espíritu.

El mundo espiritista es el normal, primitivo, eterno, preexistente y sobreviviente a todo.

Se necesitan años para ser un médico adocenado, las tres cuartas partes de la vida para ser sabio, ¡y se querrá obtener en unas cuantas horas la ciencia del infinito!

Nada puede prevalecer contra la evidencia de los hechos.

Dios es eterno, inmutable, inmaterial, único, todopoderoso, soberanamente justo y bueno.

Puede decirse que los espíritus son los seres inteligentes de la creación. Pueblan el universo fuera del mundo material.

Por medio de la perseverancia llegarás a coger el fruto de tus trabajos.

Qué sería de nuestro cuerpo si careciese de alma? Un montón de carne sin inteligencia, todo lo que queráis, menos un hombre.

¿Qué es el espíritu? El principio inteligente del universo.

El hombre que cree infalible a su razón está muy cercano del error.

Los fenómenos espiritistas están basados en la acción de inteligencias que, teniendo voluntad propia, nos prueban a cada instante que no se hallan a merced de nuestros caprichos.

El alma es un ser moral distinto, independiente de la materia, que conserva su individualidad después de la muerte.

En efecto, todo el espiritismo está contenido en la existencia del alma y en su estado después de la muerte.

¿Penetrará el hombre algún día el misterio de las cosas ocultas? El velo se descorre ante él a medida que se purifica; pero para comprender ciertas cosas le son menester facultades que no posee aún.

El orgullo es el que engendra la incredulidad. El hombre orgulloso no admite nada superior a si mismo.

El orgullo y la ambición serán siempre una barrera entre el hombre y Dios; son un velo corrido ante los celestes destellos, y Dios no puede servirse de los ciegos para dar a comprender la luz.

La eterna es la vida del espíritu, la del cuerpo es transitoria y pasajera. Cuando el cuerpo muere, el alma vuelve a la vida eterna.

La caridad que siente, según Jesús, no se limita solo a la limosna, abraza todas las relaciones en las que nos hallamos con nuestros semejantes, sean nuestros inferiores, nuestros iguales o superiores a nosotros.

Todo aquel que siente, en un grado cualquiera la influencia de los espíritus es, por ese hecho, médium.

Solo por medio del bien repudia el mal y la reparación no presenta ningún merito, si no toca al hombre en su orgullo, ni en sus intereses materiales.

El bien es siempre el bien, cualquiera que sea el camino al que conduzca.

Cada uno tendrá que dar cuenta de la inutilidad voluntaria de su existencia.

La duración del sufrimiento se basa en el tiempo necesario para que se mejore.

La justicia no excluye la bondad.

Demostrando la existencia y la inmortalidad del alma, el Espiritismo reaviva la fe en el futuro, levanta los ánimos abatidos y hace soportar con resignación las vicisitudes de la vida.

Cuando la ciencia demuestre que el espiritismo está equivocado en un punto, el se modificará en ese punto.

Como creer que Dios solo permite que se manifieste el espíritu malo, para perdernos, sin darnos por contrapeso los consejos de los buenos Espíritus.

Dios pobló los mundos de seres vivos, concurriendo todos al objetivo firme de la providencia.

Si tornamos la palabra milagro en su acepción etimológica, en el sentido de cosa admirable, tendremos milagros incesantemente a la vista. Aspiramos en el aire y andamos con los pies, porque todo entonces es milagro en la Naturaleza.

Aquellos que pasan su vida en la abundancia y en la felicidad humana son espíritus flojos que permanecen estacionarios.

Fe inalterable solo es la que puede encarar la razón, cara a cara, en todas las épocas de la Humanidad.

Fuera de la caridad no hay salvación.

Nacer, morir, renacer, aun, y progresar siempre, tal es la ley.