Los ojos del amor

Cuento Zen (147)

Ver con los ojos del amor.

Preguntó un gurú a sus discípulos si sabrían decir cuándo se estaba despierto y cuándo se estaba dormido.

Uno de ellos dijo: Cuando meditamos y podemos apaciguar la mente. No, dijo el gurú. Otro dijo: Cuando vivo el aquí y el ahora. Tampoco, dijo el gurú.

Está bien, dijeron los discípulos, dinos cuándo es.

Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana. Cuando ves la existencia y la reconoces como tu hogar. Si no eres capaz de esto, entonces, sea lo que sea que hagas, aún estás dormido. No tienes los ojos del amor.

MORALEJA

El amor enciende la luz del entendimiento.

Cuando alguien despierta por completo, descubre la realidad sin la mente. Es esa la verdad. Le sumas la mente y todo se convierte en un sueño, porque la mente es la que crea los sueños. Si le quitas la mente, nada puede convertirse en un sueño, solo la realidad permanece en su pureza cristalina. La mente es como un espejo. En el espejo se refleja el mundo. Ese reflejo no puede ser real, ese reflejo es simplemente un reflejo. Cuando el espejo desaparece, el reflejo desaparece, ahora puedes ver lo real.

La mente es el protagonista en el que el mundo se convierte en oscuridad, tanto si sueñas con los ojos cerrados, como si sueñas con los ojos despiertos. No importa. Si la mente se encuentra presente, todo lo que sucede es un sueño.

Utiliza tu mente de la misma manera que utilizas tus manos, no que tu mente te utilice de la manera en que tú utilizas las manos.

Una parte esencial del despertar consiste en reconocer esa parte que todavía no despierta, el ego con su forma de pensar, hablar y actuar, además de los procesos mentales colectivos condicionados que perpetúan el estado de adormecimiento.

Con Amor todo se transforma y se llena de Luz, permitiéndonos despertar por completo y liberarnos de toda limitación, logrando una experiencia de existencia personal y colectiva expandida.