¿A donde vas por lo que necesitas? - Cuento

Una vez escuché una parábola sobre una mujer que iba todos los días a la ferretería y pedía un litro de leche. No te pierdas está enseñanza.

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¿A DÓNDE VAS POR LO QUE NECESITAS?

Una vez escuché una parábola sobre una mujer que iba todos los días a la ferretería y pedía un litro de leche. Cada vez que lo hacía, el encargado le decía que estaban en una ferretería y que ahí no vendían leche, y le sugería que fuese a una tienda de alimentación. A medida que pasaba el tiempo, la mujer se enfadaba cada vez más; estaba decidida a comprar su leche en la ferretería. Empezó a gritar más alto exigiendo hablar con el gerente y argumentando sobre la importancia que tenía para su salud la leche. Intentó expresar su deseo por escrito e inclusive lo llevó a un notario. Hasta logró convencer a una amiga para que fuera a la ferretería y hablara en su favor.

Cada día intentaba descubrir mejores formas para exponer su predicamento: si pudiese encontrar la forma de expresarse con más claridad; si fuese más inteligente; inclusive, pensó que, si fuese un hombre, lograría que la entendieran. También se dijo que quizá, si fuese menos egoísta, le venderían la leche. Los empleados de la ferretería se ponían a temblar con solo pensar en que la mujer iría al establecimiento. No podían entender por qué la mujer sencillamente no se dirigía a la tienda de alimentación.

¿Alguna vez te sientes como la señora, intentando encontrar ternura en un lugar donde sencillamente no está disponible, pensando que si no la encuentras es porque debe haber algo mal en ti?

Emocionalmente me imagino que esto es terrible, así que, después de un tiempo, te enfadas con la otra persona... ¡una y otra vez! Es sorprendente ver cuánto dolor nos creamos las personas a nosotras mismas.

Todas las personas podemos cambiar nuestras relaciones si sencillamente nos centramos en nuestro propio comportamiento. Podemos pedir lo que queremos, y si una vez tras otra no lo recibimos de una persona en particular, es nuestra responsabilidad encontrar la manera de conseguirlo. No hay nadie que pueda cubrir todas nuestras necesidades. Cuando insistimos en que alguien nos ayude a cubrir nuestras necesidades, y esta persona no puede o no está dispuesta a hacerlo, no estamos honrando nuestra relación con ella.

La próxima vez que te sorprendas queriendo gritarle a alguien porque no cubre alguna de tus necesidades, pregúntate si esta persona alguna vez las ha cubierto.

Después, pregúntate si esta necesidad la puedes satisfacer en otro lado.