¿Qué cara tendrás hoy? - Reflexión

Despierta que para ser feliz no has de hacer nada, ni conseguir, sino deshacerte de falsas ideas, ilusiones y fantasías que no dejan ver la realidad.

ANTHONY DE MELLO

Tú ya eres Felicidad

Despertarse es la única experiencia que vale la pena. Abrir bien los ojos para ver que la infelicidad no viene de la realidad, sino de los deseos y de las ideas equivocadas. Para ser feliz no has de hacer nada, ni conseguir nada, sino deshacerte de falsas ideas, ilusiones y fantasías que no te dejan ver la realidad. Eso solo se consigue manteniéndose despierto y llamando a las cosas por su nombre.

Tú ya eres felicidad, eres la felicidad y el amor, pero no lo ves porque estás dormido. Te escondes detrás de las fantasías, de las ilusiones y también de las miserias de las que te avergüenzas. Nos han programado para ser felices o infelices (según aprieten el botón de la alabanza o de la crítica), y esto es lo que te tiene confundido. Has de darte cuenta de esto, salir de la programación y llamar a cada cosa por su nombre.

Si te empeñas en no despertar, nada se puede hacer. No te puedes empeñar en hacer cantar a un cerdo, pues perderás tu tiempo y el cerdo se irritará. Ya sabes que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Si no quieres oír para despertar, seguirás programado, y la gente dormida y programada es la más fácil de controlar por la sociedad. Dentro de mí suena una melodía cuando llega mi amigo, y es mi melodía la que me hace feliz; y cuando mi amigo se va me quedo lleno de su música.

Actitud

Nada ha cambiado excepto mi actitud, por eso todo ha cambiado.

Frase genial atribuida a Anthony de Mello. S.J.

Anthony de Mello fue un sacerdote jesuita y psicoterapeuta conocido por sus libros y conferencias sobre espiritualidad, donde utilizaba elementos teológicos de otras religiones, además de la tradición judeocristiana.

Hay un hecho real del gran Mahatma Gandhi donde se puede explicar el concepto de esta frase genial Nada ha cambiado excepto mi actitud, por eso todo ha cambiado

Una vez una mujer llevó a su pequeño hijo para ver a Gandhi. El niño tenía un apetito insaciable porque tomaba mucho azúcar lo cual estaba poniendo en peligro su salud. Caminaron muchos kilómetros durante todo el día y esperaron mucho tiempo para verlo. Cuando finalmente se encontraron frente a Gandhi, la mujer le dijo:

Mahatma, por favor dígale a mi hijo que deje de comer azúcar. El no me escucha a mí pero quizás si lo escuche a usted.

Gandhi pensó por un minuto y luego respondió:

Regrese la próxima semana.

La próxima semana la mujer y el muchacho repitieron su largo y pesado viaje, y nuevamente se colocaron en la fila para hablar con el gran hombre.

¿Me recuerda? dijo ella. Le pedí que le dijera a mi hijo que dejara de comer azúcar.

Gandhi se volvió hacia el muchacho y mirándolo a los ojos le dijo:

Deja de comer azúcar.

La mujer se quedó perpleja y pregunto a Gandhi ¿Por qué no pudo decirle eso la semana pasada?

A lo que Gandhi respondió:

La semana pasada yo estaba comiendo azúcar y no podía hablarle con autoridad a su hijo. Ahora si puedo hacerlo, porque hace una semana dejé de comer azúcar.

En conclusión diré que la actitud es como el navegar, a veces lo hacemos a favor de corriente y otras veces en contra; pero siempre vamos a navegar y sea la que sea la corriente y el viento siempre nos llevara a nuestro mismo destino.