LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL


 

LA PALABRA ¿POR QUÉ? NOS HARÁ DESPERTAR

POR: JESUS EL CRISTO

Analizamos a nosotros mismos y veremos que la palabra ¿Por qué? que nos hará despertar. Articulo canalizado por Gabriele que nos enseña la autocrítica

Imagen La palabra ¿Por qué? nos hará despertar

¿POR QUÉ?

Gabriele, canalizando a Jesús el Cristo.

Queridos hermanos, queridas hermanas:

En nuestra vida terrenal hay días en los que despierta el deseo de alejarse del trajín diario, para reflexionar uno sobre sí mismo o sobre las situaciones del mundo actual.

Lo que distingue a la persona despierta es que no se da por satisfecha con las apariencias de la existencia terrenal, sino que en la vida diaria y en el acontecer cotidiano busca el por qué de las cosas y saca de ello sus conclusiones. Quien analiza de forma autocrítica su forma de sentir, pensar y actuar y pone en práctica los reconocimientos derivados de ello, para en el futuro estar a la altura de normas éticas y morales más elevadas, consigue también una visión clara de lo que sucede a su alrededor y en el mundo.

Una persona moderna despierta organiza su propia vida, en lugar de dejar que otros se la organicen, es decir que la adoctrinen y estructuren. Una persona así hace uso de su libertad de pensar y de decidir por sí misma. No suelta de la mano el timón de su vida, para que no le suceda como a ese animalito llamado Leming*, apático, ciego y sordo, que corre correr con la masa hacia donde otros quieren tenerlo.

* El Leming es un roedor de aprox. 7,5 a 15 cms. que habita en la zona polar del norte de Europa. Es célebre por sus migraciones que emprende en enormes cantidades, dirigiéndose directa y casi ciegamente hacia la costa, pereciendo a millares bajo el ataque de aves de rapiña y animales carnívoros que los escoltan. En su desesperación se lanzan por miles al mar.

Si nos analizamos a nosotros mismos, encontraremos a menudo la expresión: ¿Por qué? en el centro de nuestra autocrítica. Nos preguntaremos por ejemplo: ¿Por qué estoy a favor de uno de mis semejantes y menos a favor de otro, o incluso en contra suya? Pero la vida nos pone frente a otras preguntas, que van más allá de lo personal: ¿Por qué existen en el mundo éstas y aquellas situaciones? ¿Por qué las guerras, si nosotros los occidentales somos cristianos? ¿Por qué el terror, el asesinato y las muertes violentas, si somos cristianos? ¿Por qué la Madre-Tierra tiene que sufrir indeciblemente por culpa de nosotros los hombres? ¿Por qué muchos insultos se basan en nombres de animales? Por ejemplo se dice ¡Eres un perro rabioso! ¡Sabandija! ¡Gusano asqueroso! ¡Burro! ¡Cerdo! y muchos otros más.

Sobre todo esto podría decirse sin más: «Este es el deterioro de todos los valores y de las buenas costumbres en nuestro mundo». Esta respuesta es por cierto evidente y no es falsa, pero apenas si nos lleva más allá. En su lugar sería recomendable seguir preguntando ¿Por qué es esto así?, incluyéndonos también a nosotros mismos al preguntarnos: ¿Contribuyo también a ello? Y: ¿Por qué hago esto? La palabrita ¿Por qué? es una y otra vez el punto central; en definitiva está siempre ante nosotros.

CONCLUSIÓN

Las personas más jóvenes pasan de largo con más facilidad y rapidez por encima de las situaciones tanto mundiales como de los asuntos personales. A algunos jóvenes los comparo con un torrente. Las personas que están madurando tienen su futuro todavía ante sí. Hay muchas cosas que aún no han experimentado. Por eso desean cosas para el futuro y tienen añoranzas, lo que, teniendo en cuenta su juventud, es lo más natural.

La persona de más edad, por el contrario, hace en muchos casos un repaso de su vida y se pregunta por ejemplo: ¿Por qué ha transcurrido mi vida terrenal así, y no según mis deseos? ¿Por qué el destino me ha atacado precisamente a mí? ¿Por qué no he conseguido algunas cosas? La persona mayor está a menudo ocupada de sí misma. Y algunas noticias le incitan a pensar si el mundo en el pasado fue mejor que en la actualidad.

También yo he reflexionado sobre ello, y mirando hacia atrás puedo decir: He experimentado y visto muchas cosas; no siempre todo ha sido bonito. Pero como portavoz del Señor mi repaso se refiere más a los pasados dos mil años. Al hacerlo, una y otra vez me viene a la mente Jesús el Cristo, nuestro Redentor, de cuyo nombre se ha hecho grosero abuso durante dos mil años por parte de muchas personas, pero sobre todo por parte de las instituciones religiosas y de sus representantes. E involuntariamente surge el pensamiento de por cuánto tiempo seguirá esto así, pues, como sabemos, la ley de siembra y cosecha contabiliza todo de forma justa.

De modo que os invito, queridos amigos, a que me acompañéis en esta mirada retrospectiva. Enfoquemos juntos el desarrollo histórico de las verdaderas enseñanzas de Jesús el Cristo en los siglos pasados, centrándonos sobre todo en la situación actual, en el comportamiento planetario que para más de alguno podrían ser esclarecedoras.


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