LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL

ESPIRITUALIDAD SIN DOGMAS

ESCRITOS Y CUENTOS PARA EL CRECIMIENTO Y CONOCIMIENTO INTERIOR
UNA PALABRA Y SIN TILDE

HILDEGARDA DE BINGEN

CITAS HILDEGARDA DE BINGEN

CITAS HILDEGARDA DE BINGEN

HILDEGARDA DE BINGEN

Huye de la abyeccion, oh rey, se un soldado, un caballero armado, aquel que combate valientemente al demonio, para no tentarse.

Oh, pequeñita forma, encomienda estas cosas que ves con los ojos interiores y que percibes con los oidos interiores del alma, a la escritura firme para utilidad de los hombres.

Simultaneamente veo y oigo y se, y casi en el mismo momento aprendo lo que se.

En la misma vision, entendi los escritos de los profetas, de los Evangelios y de los demas santos y de algunos filosofos, sin haber recibido instruccion de nadie.

Se leer en el nivel mas elemental. Por favor, dame tu opinion sobre estas cosas, porque soy ignorante y sin experiencia en las cosas materiales y solamente se me ha instruido interiormente en mi espiritu. De ahi mi habla vacilante.

¡Oh, figura femenina, cuan gloriosa eres!

Decian que habia sido engañada por la vanidad. Cuando lo oi, mi corazon se afligio, mi carne y mis venas se secaron, y durante muchos dias yaci en cama.

Padre, estoy profundamente perturbada por una vision que se me ha aparecido por medio de una revelacion divina y que no he visto con mis ojos carnales, sino solamente en mi espiritu.

El fuego del Espiritu Santo y la humildad llevan a la perfeccion las virtudes fecundas en el habitaculo que la sabiduria ha elegido para morada.

Desdichada, y aun mas desdichada en mi condicion mujeril, desde mi infancia he visto grandes maravillas que mi lengua no puede expresar, pero que el Espiritu de Dios me ha enseñado que debo creer.

En mi tercer año de edad, vi tal luz que mi alma se sintio estremecida, pero debido a mi corta edad, no pude decir nada.

Oh Padre rectisimo y dulcisimo, escucha en tu bondad a tu indigna sirvienta, a mi que, desde la infancia, jamas he vivido segura. Quiero, Padre, que por el amor de Dios me recuerdes en tus oraciones.

Oh, pequeñita forma, encomienda estas cosas que ves con los ojos interiores y que percibes con los oidos interiores del alma, para que tambien los hombres comprendan a su creador a traves de ella y no rehuyan venerarlo con digno honor.

Veo estas cosas despierta, tanto de dia como de noche.

El hombre se fortifica con el fuego del Espiritu Santo uniendose a Dios en el amoroso deseo del alma y se debilita por la inercia del error y la negligencia.

Por lo tanto tu, ¡oh, hombre!, di las cosas que veas y oigas; y escribelas no segun tu parecer ni segun el de otro hombre, sino segun la voluntad del que sabe, el que ve y el que dispone todas las cosas en los secretos de sus misterios.

El diablo toma la forma de mujer por que a los buenos pueda perder. La mujer es el navio del perverso Satanas.

Sin tapujos, la monja Hildegarda hablo de la mujer sexual. La abadesa fue un fenomeno irrepetible, de los casi inexistentes que no terminaron en la hoguera.

Por medio de esta vision, que toco mi corazon y mi alma como una llama quemante, me fueron mostradas cosas profundisimas. Sin embargo, no recibi estas enseñanzas en aleman, en el cual nunca he tenido instruccion.

Oh fragil ser humano, ceniza de cenizas y podredumbre de podredumbre: habla y escribe lo que ves y escuchas.

Huye de la abyeccion, oh rey, se un soldado, un caballero armado, aquel que combate valientemente al demonio, para no dispersarte y para que tu reino terrestre no sufra por ello.

Entendi los escritos de los profetas y expuse ciertas cosas basadas en ellos, aunque apenas tenia conocimientos literarios, al haberme educado como mujer poco instruida.

No oigo estas cosas ni con los oidos corporales ni con los pensamientos de mi corazon, ni percibo nada por el encuentro de mis cinco sentidos, sino en el alma, con los ojos exteriores abiertos, de tal manera que nunca he sufrido la ausencia del extasis.

El cuerpo es verdadero vestido del espiritu, el cual posee una voz viviente, para que de esta manera el cuerpo con el alma, use su voz para cantar las alabanzas de Dios.

¡Pobre alma, hija de tantas miserias! Estas como calcinada por tantos y tan crueles sufrimientos fisicos. Sin embargo, todavia te invade el flujo abismal de los misterios de Dios.

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