La pobreza de espíritu

Ilustración del cuento: La pobreza de espíritu

El rico que ha acumulado tanto que es incapaz de gastarlo, no es feliz. ¿Qué le ocurre? Cuanta más riqueza acumules, más pobre de espíritu te sientes.

Cuento zen sobre el espíritu

Un hombre pobre le preguntó al Buda:

¿Por qué soy tan pobre?

Buda dijo:

No aprendes a dar.

Así que el hombre pobre dijo:

¿Y si no tengo nada que dar?

Buda respondió:

Tienes algunas pocas cosas.

Tu rostro: Para dar una sonrisa.

Boca: Para elogiar o consolar a otros.

Corazón: Para abrirse a los demás.

Ojos: Para mirar a otros con ojos de bondad.

Cuerpo: Para ayudar a los demás.

Buda después de esto, le dijo que en realidad, no somos pobres del todo, la pobreza de espíritu es la verdadera pobreza.

MORALEJA

Cuando entiendas y practiques esta enseñanza de Buda surgirá la riqueza, pero esta es la paradoja y ha de ser correctamente entendida: cuando más te enriquezcas, más pobreza percibirás. Cuando más rico te sientas, te sentirás también más pobre. En realidad, un hombre que es pobre, un auténtico pobre, nunca se percibe a sí mismo como pobre. Solamente un rico empieza a sentir una mayor pobreza. Si observas al mendigo verás que es feliz con calderilla; muy feliz. No puedes ni imaginarte cómo es capaz de sentirse feliz. Recoge unas pocas monedas durante el día, pero es muy feliz.

¡Observa a un rico! Ha acumulado tanto que es incapaz de gastarlo, pero no es feliz. ¿Qué le ocurre? Cuanta más riqueza tienes, más pobre te sientes. Y esto sucede en todos los ámbitos. Cuanto más sabes, más ignorante te sientes. Una persona que nada sabe, nunca siente ser un ignorante. ¡Nunca siente serlo! Es imposible porque este sentimiento forma parte del saber. Cuanto más sabes, más cuenta te das de lo mucho que queda por conocer. Cuanto más sabes, más sientes que todo lo que conoces no es nada.

En su interior, una persona que sea ambiciosa de riqueza siempre sentirá que le falta algo. Puede que llegue a ser muy poderosa; pero en el fondo sentirá impotencia, frustración. En lo externo podrá haber acumulado mucha riqueza, pero en su interior se sentirá pobre. Puede haber triunfado en el mundo; pero en el fondo, si indagas, sabe que ha fracasado. Está desequilibrada, le ha concedido demasiada atención a lo externo.

Y el mundo exterior también es hermoso. Hay flores y estrellas, sale el sol, los ríos fluyen, y las cascadas cantan. Es pobre porque se ha negado todo el Universo; ha vivido innecesariamente en su propia cueva egoísta cuando podría haber conocido los muchos misterios, los infinitos misterios que hay a su alrededor. Ha permanecido cerrado, cerrado en sí mismo, encarcelado en sus riquezas.

El verdadero rico no es el que tiene más sino el que menos necesita.

Piensa: de pronto toda la humanidad desaparece y te quedas solo en la Tierra, ¿qué serás: rico o pobre? Simplemente, serás tú, ni rico ni pobre, porque ¿cómo comparar? No hay un Rockefeller con quien compararse. No hay mendigos con los que compararse.

Y hay gente rica que tiene de todo, pero que es absolutamente pobre, vacía. En su interior solo hay un cementerio.


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