Siete relatos de Gurús - Cuento

Comprenderás que, al exponerte a relatos de Gurús, estás asistiendo a un mini curso de iluminación para el que no necesitas más gurú que tú mismo.

ANTHONY DE MELLO

EL GURÚ INTERIOR

Si eres temerario para buscar la iluminación, te sugiero que hagas lo siguiente.

Escoge un relato y llévalo en tu mente durante el día, de modo que puedas meditar en él en los momentos de ocio. Ello te permitirá ir trabajando tu subconsciente, y se te revelará su sentido oculto. Te sorprenderá comprobar cómo te viene, de un modo absolutamente inesperado, justamente cuando necesitas que te ilumine un acontecimiento o una situación y te proporcione perspicacia y bienestar interior. Será entonces cuando comprenderás que, al exponerte a estos relatos, estás asistiendo a un mini curso de iluminación para el que no necesitas más gurú que tú mismo.

Dado que cada uno de estos relatos es una revelación de la Verdad, y dado que la Verdad con V mayúscula significa la verdad acerca de ti, cerciórate de que, cada vez que leas un relato, estás buscando resueltamente un más profundo conocimiento de ti mismo. Si cedes a encontrar la esencia del mensaje los relatos no te harán daño.

EL GURÚ Y LAS RELIGIONES

Así crecen las organizaciones espirituales.

Un gurú quedó tan impresionado por el progreso espiritual de su discípulo que, pensando que ya no necesitaba ser guiado, le permitió independizarse y ocupar una pequeña cabaña a la orilla de un río.

Cada mañana, después de efectuar sus abluciones, el discípulo ponía a secar su taparrabos, que era su única posesión. Pero un día quedó consternado al comprobar que las ratas lo habían hecho trizas. De manera que tuvo que mendigar entre los habitantes de la aldea para conseguir otro. Cuando las ratas también destrozaron éste, decidió hacerse con un gato, con lo cual dejó de tener problemas con las ratas, pero, además de mendigar para su propio sustento, tuvo que hacerlo para conseguir leche para el gato.

Esto de mendigar es demasiado molesto, pensó, y demasiado oneroso para los habitantes de la aldea. Tendré que hacerme con una vaca. Y cuando consiguió la vaca, tuvo que mendigar para conseguir forraje. Será mejor que cultive el terreno que hay junto a la cabaña, pensó entonces. Pero también aquello demostró tener sus inconvenientes, porque le dejaba poco tiempo para la meditación. De modo que empleó a unos peones que cultivaran la tierra por él. Pero entonces se le presentó la necesidad de vigilar a los peones, por lo que decidió casarse con una mujer que hiciera esta tarea. Naturalmente, antes de que pasara mucho tiempo se había convertido en uno de los hombres más ricos de la aldea.

Años más tarde, acertó a pasar por allí el gurú que se sorprendió al ver una suntuosa mansión donde antes se alzaba la cabaña. Entonces le preguntó a uno de los sirvientes: ¿No vivía aquí un discípulo mío?. Y antes de que obtuviera respuesta, salió de la casa el propio discípulo. ¿Qué significa todo esto, hijo mío?, preguntó el gurú.

Señor, respondió éste, pero no encontré otro modo de conservar mi taparrabos.

EL GATO Y EL GURÚ

La importancia de revisar y actualizar nuestro sistema de creencias…

Cuando, cada tarde, se sentaba el gurú para las prácticas de culto, siempre andaba por allí el gato del ashram distrayendo a los fieles. De manera que ordenó el gurú atar al gato durante el culto de la tarde. Mucho después de haber muerto el gurú, seguían atando al gato durante el referido culto, y cuando el gato murió, llevaron otro gato al ashram para poder atarlo durante el culto vespertino. Siglos más tarde, los discípulos del gurú escribieron doctos tratados acerca del importante papel que desempeña el gato en la realización de un culto como es debido.

¿Cuántas de tus creencias no son verdad? ¿Cuántos gatos tienes tú?…

EL GURÚ Y EL DISCÍPULO

La revelación repentina de una verdad.

Un gurú prometió a un discípulo que había de revelarle algo mucho más importante que todo cuanto contienen las escrituras. Cuando el discípulo, tremendamente impaciente, le pidió que cumpliera su promesa, el gurú le dijo: Sal afuera, bajo la lluvia, y quédate con los brazos y la cabeza alzados hacia el cielo. Eso te proporcionará tu primera revelación. Al día siguiente, el discípulo acudió a informarle: Seguí tu consejo y me calé hasta los huesos... Y me sentí como un perfecto imbécil.

Bueno, dijo el gurú, para ser el primer día, es toda una revelación, ¿no crees?.

EL GURÚ Y LA SANTIDAD

El poder interior y el EGO.

Un joven que buscaba un Maestro capaz de encauzarle por el camino de la santidad llegó a un ashram presidido por un gurú que, a pesar de gozar de una gran fama de santidad, era un farsante. Pero el otro no lo sabía. Antes de aceptarte como discípulo, le dijo el gurú, debo probar tu obediencia. Por este ashram fluye un río plagado de cocodrilos. Deseo que lo cruces a nado.

La fe del joven discípulo era tan grande que hizo exactamente lo que se le pedía: se dirigió al río y se introdujo en él gritando: ¡Alabado sea el poder de mi gurú! Y, ante el asombro de éste, el joven cruzó a nado hasta la otra orilla y regresó del mismo modo, sin sufrir el más mínimo daño.

Aquello convenció al gurú de que era aún más santo de lo que había imaginado, de modo que decidió hacer a todos sus discípulos una demostración de su poder que acrecentara su fama de santidad. Se metió en el río gritando: ¡Alabado sea yo! ¡Alabado sea yo!, y al instante llegaron los cocodrilos y lo devoraron.

Cada quien tiene su fuerza interior para cruzar su propio camino.

EL GURÚ ENCARNADO

El gurú al que todos consideraban la encarnación de la Sabiduría.

Todos los días disertaba sobre diversos aspectos de la vida espiritual, y para todos era obvio que jamás había superado nadie la variedad, la profundidad y el atractivo de las enseñanzas de aquel hombre. Sus discípulos le preguntaban una y otra vez por la fuente de donde extraía su inagotable sabiduría. Y él les decía que todo estaba escrito en un libro que ellos heredarían cuando él muriera.

Al día siguiente de su muerte, los discípulos encontraron el libro en el lugar exacto donde él les había dicho que lo encontrarían. Aquel libro no tenía más que una página, y en ella una sola sentencia: Comprende la diferencia entre el continente y el contenido y habrás descubierto la fuente de la Sabiduría.

La mente es el continente y el interior es el contenido.

EL GURÚ Y LA RENUNCIA

La realidad de las cosas.

Un discípulo deseaba ardientemente renunciar al mundo, pero afirmaba que su familia le amaba demasiado como para permitirle que se fuera. ¿Amarte?, le dijo su gurú. Eso no es amor en absoluto. Escucha.... Y le reveló al discípulo un secreto del yoga que le permitiría simular que estaba muerto. Al día siguiente, según todas las apariencias externas, el hombre estaba muerto, y la casa se llenó de llantos y lamentaciones de parte de sus familiares.

Entonces se presentó el gurú y dijo a la desconsolada familia que él tenía poder para resucitarlo si había alguien que quisiera morir en su lugar. Y preguntó si había algún voluntario. Para sorpresa del cadáver, todos los miembros de la familia comenzaron a aducir razones por las que debían seguir viviendo. Su propia mujer resumió los sentimientos de todos con estas palabras: En realidad, no hay necesidad de que nadie ocupe su lugar. Ya nos las arreglaremos sin él.

La renuncia requiere de un verdadero amor.

EL GURÚ Y LA OSCURIDAD

Ver con los ojos del amor.

Preguntó un gurú a sus discípulos si sabrían decir cuándo acababa la noche y empezaba el día. Uno de ellos dijo: Cuando ves a un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo. No, dijo el gurú. Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es un mango o un anacardo. Tampoco, dijo el gurú.

Está bien, dijeron los discípulos, dinos cuándo es.

Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana. Si no eres capaz de esto, entonces, sea la hora que sea, aún es de noche.

El amor enciende la luz del entendimiento.