La invocación mental de los milagros

Reflexiones sobre cómo las creencias a través de la oración pueden lograr hacer una invocación mental para que se realice y se materialice un milagro.

JOSE MARIA DORIA

El SANTO

Un cuento para reflexionar sobre los milagros y el poder de la oración.

Una noche de tormenta, en un lejano monasterio entre altas montañas, llamó a la puerta un hombre ya maduro que según afirmó, buscaba el sentido de su vida. Ramayat que era así como se llamaba, explicó que su intención era iluminar su mente y abrir el corazón de forma contemplativa y laboriosa.

Tras ser admitido por la comunidad que allí se congregaba, pidió que se le encomendasen los trabajos más duros que pudiera haber, ya que según afirmaba, tras pasar esta prueba de humildad y obediencia, encontraría al Dios de su corazón por el que tanto había caminado y al que tanto había orado.

Los años fueron pasando mientras Ramayat seguía trabajando en las ocupaciones más modestas del monasterio. Día tras día, realizaba las labores que todos los demás consideraban menos deseables y más incómodas... Una y otra vez, se decía a sí mismo. A través de este trabajo consciente, purifico mi mente y realizo el amor infinito de mi corazón. Y así, poco a poco, mientras iba pasando en tiempo, los demás monjes comenzaban a reconocer su tesón y virtud, por lo que se ganó el respeto y admiración de todos los que le rodeaban.

Al cabo de 7 años de retiro y esperanzada búsqueda, pensó que ya era hora de poner término a su estancia en el monasterio, por lo que decidió salir al mundo y continuar su camino allí donde las señales divinas le guiaran. Tras despedirse de toda la hermandad, abandonó el lugar y comenzó a recorrer valles y montañas, aldeas y poblados, realizando aquellos servicios que ayudaran a otros y además le procuraron el sustento que necesitaba.

Pasados ya otros tres años, y dirigiéndose hacia una gran ciudad, se encontró con un grupo de personas entre las que se hallaban dos seres que según todos decían eran almas grandes, dos mahatmas a los que todos veneraban. Al parecer, y por lo que pudo enterarse, se trataba de dos seres que, según afirmaban aquellas gentes ya habían realizado su nivel supramental.

Como quiera que dicho grupo llevaba la misma dirección que el monje, éste se unió a esa gente y sin decir nada particular de su pasado, recorrió el camino con todos ellos hasta llegar la noche, momento en que decidieron acampar. Pronto, Ramayat observó que nadie de los presentes llevaba encima ningún alimento que llevarse a la boca. Sin embargo, comprobó como los dos mahatmas, tras un breve ritual, comenzaron a pedir alimento a través de una fervorosa oración. Cuán grande fue su sorpresa que, de pronto, vio como los dos grandes seres se acercaron sonrientes al grupo, llevando bajo su brazo pan suficiente como para alimentar a todos. Ramayat se sintió conmovido por el extraño fenómeno que había presenciado.

Por otra parte, se decía a sí mismo ¡Qué poder tendrá la oración capaz de procurar milagros! Así pues, no pudiendo reprimir su admiración y curiosidad, se acercó hasta los dos iluminados y les preguntó qué habían hecho y a quién habían orando para conseguir este don del cielo.

A lo que ellos contestaron con naturalidad que había existido un monje santo, de nombre Ramayat, un verdadero buscador que entró hace trece años en un alto monasterio entre montañas. Y dicen todos los que lo conocieron que su grado de pureza y abnegación era tal que pronto conmovió a toda la Orden. Dicen también que un día, cuando a ojos de todos, ya había alcanzado el nivel supramental en el gran amor de su corazón, se marchó del monasterio, no se sabe a donde, tan solo se sabe que desde ese momento todos los monjes cuando necesitan de un favor especial del Universo, piden en su nombre, apoyo y ayuda.

Desde entonces, hombres y mujeres solicitan favores que nunca tardan en llegar. Se dice que toda persona que recibe su Gracia envuelta en mil diferentes formas, elevan su gratitud porque un nuevo santo despertó a la Luz y desde allí late en el corazón de la Humanidad entera.

Ramayat, hombre humilde y anónimo escuchó muy atento... guardó silencio y sonrió. Al poco, tomó agradecido el pan que le ofrecían aquellos sabios y se dispuso a comerlo para tomar fuerzas y seguir el camino de la vida.

REFLEXIONES

PRIMERA REFLEXIÓN

  • ¿Qué es un milagro?
  • ¿Acaso se trata de un fenómeno religioso que desafía las leyes de la Física?
  • ¿Y en caso de que alguna vez así suceda?
  • ¿Quién o qué hace los llamados milagros?
  • ¿Se trata de la fe sugestiva de los sujetos o bien de un poder intangible y ajeno?

Dicen las Ciencias del Yo que lo que uno pide al Universo, funciona si se cree de verdad. Y tal vez, en el asunto de los milagros, lo que no parece tan importante es en qué tipo de poder o deidad se cree. Es decir, si eso que creemos merece ser creído o por el contrario es una fantasía que carece de base lógica. Lo verdaderamente importante para el logro es creer con total entrega.

Y si uno cree ¿Lo crea realmente?

¿Tanto poder tiene la creencia que no tarda en auto validarse?

Para lograr algo en tu vida, imagina que ya lo tienes. Sostén ese pensamiento, y tal como lo imaginas, se materializará. Richard Bach

SEGUNDA REFLEXIÓN

  • Pero, ¿Qué es un milagro?
  • ¿Es un milagro que nos brote el amor?
  • ¿Hay mayor milagro que sentir el Amor y el Humor con mayúsculas?

Los seres del relato están convencidos de que el poder que se desencadena al invocar a Ramayat es de tal envergadura que, sin duda, moverá todas las montañas que sean necesarias.

Por otra parte, vemos a un Ramayat caminante que escucha, tal vez estupefacto, la versión ajena de sí mismo, ya que por su parte sigue haciendo el camino con la sencillez y la consciencia del limpio de corazón. Al parecer, para los demás él ya es perfecto, y eso es suficiente para que en las propias mentes de los supuestos sabios la petición funcione.

Espera un milagro. El que no cree en milagros no es realista. David-Ben-Gurión

TERCERA REFLEXIÓN

Traducido esto a la Era de la Razón en la que la Religión y los milagros al estilo Biblia, tienden a no estar muy presentes, la moraleja del cuento nos lleva al gigantesco poder de las creencias. Un poder que aplicado a la solución de problemas y al logro del éxito, propicia en nuestra vida milagros tan espectaculares como el de multiplicar el pan para dar de comer a una población entera.

Nada ocurre sin ser antes un sueño. Carl Sandburg

CUARTA REFLEXIÓN

De todos es sabido que cuando la mente está suficientemente trabajada en la convicción y el entusiasmo que apoyan a la imaginación creadora, se desencadenan energías de voluntad y motivación de una calidad tal que posibilita el logro.

¿Qué significa tal entusiasmo?

El término entusiasmo deriva de la raíz etimológica En-Zeus-siasmo que literalmente significa estar lleno de Zeus, es decir estar lleno de Dios.

El hecho de saber entusiasmarse conlleva haber activado una importante capacidad de nuestra inteligencia emocional. Estar entusiasmado significa estar en condiciones de dar el paso clave para, una vez definido y discernido nuestro objetivo, ir a por él con plena entrega.

Quien tiene ideas es fuerte; quien tiene ideales es invencible. José Naroski

QUINTA REFLEXIÓN

¿De qué sirve en realidad el hecho de orar?

En la trama del cuento se alude al poder de la oración, sin embargo el pragmático ego racional alcanzado en el siglo XXI se pregunta ¿tiene la oración algún poder oculto? Cuando la oración esta enfocada en la petición a un Poder de Orden Superior, ya conlleva un gran beneficio por el simple hecho de que el sujeto que pide ha sido capaz de concretar en su mente lo que realmente quiere.

El hecho de convocar al Poder de Orden Superior a nuestra vida para que nos inspire en la eficaz gestión de nuestras necesidades, supone poner en marcha un mecanismo capacitador muy profundo que posee nuestra mente. Las personas con fe, a través de la oración, sintonizan con la energía primordial del Universo que conspira para su bienestar final.

Cuanto más conscientes somos del Yo Profundo, más globales y universales son nuestras íntimas experiencias y emanaciones. Y así como el yo superficial es individual, diferenciado y personal, el Yo Profundo encarna el poder de lo global, expresando una fuerza sintonizada con pilares tales como la Verdad, la Bondad, y la Belleza.

La oración está orientada hacia la convocatoria del Yo Profundo aunque algunas gentes la realicen desde el yo superficial, invocando a San Antonio o al Mago Merlín o a los Maestros ascendidos. Finalmente, lo de menos será si es Merlín o el yogui Ramacharaka el destinatario de nuestra sintonía, ya que de lo que se trata es de que la mente del peticionario entre en sintonía con energías más allá de su ego superficial. Se trata de que la conexión se eleve al Profundo y, si es posible, conlleve una forma de concretar y centrar energías de logro y consecución.

Trabaja como si todo dependiera de ti, y ora como si todo dependiera del Universo. Anónimo

SEXTA REFLEXIÓN

El hecho de orar con consciencia, es una forma de influir en el propio yo, a la vez metafísico, corazón de la mente, de manera extraordinariamente eficaz. Las personas más racionales, tal vez no dirigen sus peticiones al santo de turno, pero se auto inducen estados mentales positivos mediante decretos y visualizaciones hacia el logro y la solución de problemas. En este sentido, la figura de los santos o nuestra idea de Dios sirven como balsa instrumental para cruzar a la otra orilla. Una vez allí, se desprenden porque ya cumplieron su misión.

La clave para co-crear el propio destino radica en el hecho de disponer de una mente que cree, convencida por el mecanismo que sea. Santos, Yoguis, Grandes Iluminados del pasado mítico o cualquier ritual acerca de una determinada forma de lograr, funcionan en la mente de todo aquel que lo solicita.

El que ora, conspira para el logro de sus objetivos, sintonizando con su evidente Infinitud. Un Misterio éste con mayúsculas, cuya sintonía inocula en la mente racional un poderosa semilla, cuyo nombre es: Todo es posible.

Si la única oración que dijera en toda su vida fuera: ¡Gracias! Bastaría. Maestro Eckhart

SÉPTIMA REFLEXIÓN

El poder de la Oración se basa en la creencia inexplicable del consiguiente poder al que va dirigido. Existen también innumerables efectos benéficos que se derivan de la entrega afectiva de nuestros intereses a un plano más elevado, global y profundo que conlleva evocaciones insospechadas. En realidad, si la oración tan solo llenase de esperanza al corazón que la realiza, el objetivo estaría cubierto con creces.

El arte de afirmar, decretar y hablar con él Sí Mismo, son formas variadas de orar. En cierto sentido son clamores invocadores que si además de brotar desde el corazón humano, son a su vez perfeccionadas por una correcta neurolingüística, su eficacia se verá multiplicada en sutiles efectos de la mente subconsciente.

Cuando rastreando respuestas, tomamos una carta al azar o, de la misma manera, abrimos esperanzados la página de un libro, lo que estamos haciendo es delegar el control del yo superficial, basado en la memoria y la repetición, a nuestra parte profunda y supraconsciente que suponemos moverá ficha en nuestra vida de manera más sabia.

El pesimista teme el naufragio. El optimista confía que el viento cambie. El realista ajusta las velas. José María Doria

Nombres tales como Dios, Azar, Merlín, San Antonio, Madre Teresa, el Espíritu, el Yo Profundo o el propio Universo son grandes mecanismos en los que proyectar nuestro intuido anhelo de un Orden Profundo y, en consecuencia, confiar esperanzados en la conspiración de lo que pedimos. Sin duda, una técnica, pero sobretodo, un arte.