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MAQUIAVELO

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El hombre sabio enaltecerá mientras el necio ofende.

El hombre ofende antes al que ama que al que teme.

Hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí, el segundo entiende lo que los otros disciernen y el tercero no entiende ni discierne lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil.

Cuando veáis al servidor pensar más en sus propios intereses que en los vuestros, y que interiormente busca sus propios beneficios en todas las cosas, ese hombre nunca será un buen sirviente, ni jamás podréis confiar en él.

Es necesario para aquel quien establece un estado y organiza leyes, que presuponga que todos los hombres son malos y que siempre van a actuar de acuerdo con la maldad de sus espíritus cada vez que tienen libre el camino.

La guerra debe ser el único estudio de un príncipe. Debe considerar la paz sólo como un tiempo de respiración, que le da tiempo para inventar, y proporciona la capacidad de ejecutar planes militares.

La forma en que vivimos es tan diferente de cómo debemos vivir que el que estudia lo que debe hacerse en lugar de lo que se hace, aprenderá el camino hacia su caída más que a su preservación.

El hombre prudente siempre debe seguir el camino pisado por los grandes hombres e imitar a los más excelentes, de modo que si no alcanza su grandeza, al menos recibirá algo de ella.

El león no puede protegerse de las trampas y el zorro no puede defenderse de los lobos. Uno debe ser por tanto un zorro para reconocer trampas y león para asustar a los lobos.

Yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla.

No hay nada más difícil de llevar a cabo, más peligroso de conducir o más incierto en su éxito que llevar la iniciativa en la introducción de un nuevo orden de cosas.

Los hombres en general juzgan más por las apariencias que por la realidad. Todos los hombres tienen ojos, pero pocos tienen el don de la penetración.

Las personas deben ser acariciadas o aplastadas. Si les haces un daño menor obtendrás su venganza; pero si los lisias no hay nada que puedan hacer.

La naturaleza que nos enmarcó de cuatro elementos, combatiendo en nuestros senos para el regimiento, nos enseña a todos a tener mentes aspirantes.

No hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de administrar que la elaboración de un nuevo orden.

En todas las cosas humanas, cuando se examinan de cerca, se demuestra que no pueden apartarse los obstáculos sin que de ellos surjan otros.

Los hombres deberían ser tratados generosamente o destruidos, porque pueden vengarse de las lesiones leves, de las fuertes no pueden.

Para entender la naturaleza de la gente, uno debe ser un príncipe y para entender la naturaleza del príncipe, uno debe ser la gente.

Un hijo puede soportar con ecuanimidad la pérdida de su padre, pero la pérdida de su herencia puede llevarlo a la desesperación.

No hay otra forma que protegerte a ti mismo de la adulación que hacer entender a los demás que decirte la verdad no te ofenderá.

La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad.

Los hombres que no obran bien siempre andan temiendo que otros les respondan con las acciones que las propias suyas se merecen.

El príncipe prudente debe preferir rodearse de hombres de buen juicio a los que dará la libertad de decirle la verdad.

Creo que el verdadero modo de conocer el camino al paraíso es conocer el que lleva al infierno, para poder evitarlo.

Dios no quiere hacerlo todo, para no quitaros el libre albedrío y aquella parte de la gloria que os corresponde.

El primer método para estimar la inteligencia de un gobernante es mirar a los hombres que tiene alrededor de él.

Las viejas ofensas no se borran con beneficios nuevos, tanto menos cuanto el beneficio es inferior a la injuria.

La guerra es solo cuando es necesario; las armas son permisibles cuando no hay esperanza excepto en las armas.

Cuanta más arena ha escapado del reloj de arena de nuestra vida, más claramente deberíamos ver a través de él.

Si una lesión tiene que ser hecha a un hombre, debería ser tan severa que su venganza no necesite ser temida.

No es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas.

El primer método para estimar la inteligencia de un gobernador es mirar los hombres que tiene a su alrededor.

Los hombres van de una ambición a otra: primero, buscan asegurarse contra el ataque y luego, atacan a otros.

Castigar a uno o dos transgresores para que sirva de ejemplo es más benévolo que ser demasiado compasivo.

Los hombres rara vez tienen el valor suficiente para ser o extremadamente buenos o extremadamente malos.

El vulgo se toma siempre por las apariencias y el mundo se compone fundamentalmente de lo vulgar.

La experiencia siempre ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos.

Un príncipe que tenga una ciudad fuerte y que no sea odiado por su pueblo no puede ser atacado.

De la humanidad podemos decir en general que son volubles, hipócritas y codiciosos de ganancia.

La sabiduría consiste en saber distinguir la naturaleza del problema y en elegir el mal menor.

Los hombres intrínsecamente no confían en nuevas cosas que no han experimentado por si mismos.

La promesa dada fue una necesidad del pasado; la palabra rota es una necesidad del presente.

No son los títulos los que honran a los hombres, sino que los hombres honran a los títulos.

Si quien gobierna no reconoce los males hasta que los tiene encima, no es realmente sabio.

Debe estimarse muy poco vivir en una ciudad donde las leyes pueden menos que los hombres.

Un príncipe que no es sabio no puede ser bien aconsejado y, por ende, no puede gobernar.

Los príncipes y gobiernos son mucho más peligrosos que otros elementos en la sociedad.

La naturaleza crea pocos hombres valientes, la industria y entrenamiento hace muchos.

Es defecto común de los hombres no preocuparse por la tempestad durante la bonanza.

Todo el mundo ve lo que aparentas ser, pocos experimentan lo que realmente eres.

De los seres humanos en general, se puede decir que son hipócritas y codiciosos.

Los hombres se conducen principalmente por dos impulsos; o por amor o por miedo.

Es un mal ejemplo no observar una ley, sobre todo por parte del que la ha hecho.

El hombre olvida antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.

Las leyes no deben mirar hacia cosa ya pasada, sino proveer para las futuras.

Cuando uno ha sido buen amigo, encuentra buenas amistades aun a pesar suyo.

Más que los actos de los malos, me horroriza la indiferencia de los buenos.

Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira.

No hay guerra que evitar; solo puede ser pospuesta en la ventaja de otros.

Es central saber disfrazar bien las cosas y ser maestro en el fingimiento.

Un cambio siempre deja el camino abierto para el establecimiento de otros.

La mejor fortaleza que un príncipe puede poseer es el afecto de su gente.

Un príncipe nunca carece de razones legítimas para romper sus promesas.

La historia es la ciencia de los hombres, de los hombres en el tiempo.

NICCOLO MAQUIAVELO

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Cuando se muere alguien que nos sueña, se muere una parte de nosotros.

Una ley no debe nunca conculcar la fe empeñada en los pactos públicos.

Los odios de los hombres generalmente nacen del temor o de la envidia.

Los ejércitos mercenarios y los auxiliares son inútiles y peligrosos.

Quien desee éxito constante debe cambiar su conducta con los tiempos.

4-No puede haber grandes dificultades donde abunda la buena voluntad.

La tardanza nos roba a menuda la oportunidad y roba nuestras fuerzas.

Las minorías no tienen sitio cuando la mayoría tiene donde apoyarse.

Donde la voluntad es grande, las dificultades no pueden ser grandes.

El hombre sabio hace a la primera lo que el necio hace a la última.

No hay que atacar al poder si no tienes la seguridad de destruírlo.

No estoy interesado en preservar el status quo; quiero derrocarlo.

El vulgo se deja seducir siempre por la apariencia y el éxito.

Es mejor actuar y arrepentirse que no actuar y arrepentirse.

El odio se gana tanto por las buenas obras como por el mal.

Me parece tan claro como el día que el aborto es un crimen.

La habilidad y la constancia son las armas de la debilidad.

No hay nada más importante que aparentar ser religioso.

Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.

El que engaña encontrará siempre quien se deja engañar.

Es mejor ser amado que temido, sino puedes ser ambos.

Nada grandioso fue jamás conseguido sin peligro.

El que quiere ser obedecido debe saber mandar.

Es doblemente placentero mentir al impostor.

La política no tiene relación con la moral.

Guerra justa es aquella que es necesaria.

Antes de todo lo demás, ármate.

El fin justifica los medios.

Ante todo, ármate.