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FRASES DAYA MATA

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DAYA MATA

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ESCRITOS DAYA MATA

En todo corazón humano existe un vacío que sólo Dios como amigo íntimo y querido puede llenar. Así pues, haz que la prioridad de tu vida sea encontrar a Dios.

Cuando invocamos a Dios desde la profunda quietud del corazón con el anhelo puro y sincero de conocerle, de sentir todo su amor, obtenemos infaliblemente su respuesta.

Reconocer las experiencias ayudan al desarrollo de un espíritu de gratitud.

La gratitud es la cualidad que nos acerca a la fuente esencial de todo amor.

Mi corazón se estremece de gratitud al reflexionar sobre todo lo que la existencia ha traído al mundo.

Dios es nuestro Partidario Eterno, y cuando nos volvemos hacia Él, anclamos nuestra vida en un amor que perdurará eternamente.

La idea de dar gracias a Dios incluso en medio de las desgracias es muy hermosa.

A veces el mayor motivo de gratitud está oculto en las dificultades con las que nos enfrentamos, porque éstas nos ayudan a volvernos seres humanos más fuertes, comprensivos y compasivos.

Es enormemente gratificante reconocer lo bueno de cada momento, de cada experiencia, mirando al Dador con corazón agradecido.

Cultiva el hábito de agradecer todo lo bueno de la vida, no dando nada por sentado, ni siquiera las cosas pequeñas.

Un profundo sentimiento de gratitud ennoblece nuestra vida y las de las personas con quienes nos relacionamos.

La gratitud contribuye al amor y la felicidad. El reconocimiento de que toda experiencia nos enseña amar, ayuda a desarrollar un espíritu de gratitud.

Siempre que experimentes alguna agradable bendición, di interiormente: Gracias, Dios.

Todo en el mundo finito es el resultado del pensamiento. Es la fuerza más poderosa del universo, y puede ejercer influencia en las vidas, comunidades y las naciones.

El pensamiento posee un poder inmenso. Cada acción proviene del pensamiento.

Si sentimos un gran resentimiento hacia un cierto grupo de personas, es un hecho que estamos sembrando las semillas de la enemistad que algún día habremos de cosechar.

Si el odio nos invade, de igual modo, recibiremos odio.

Si abrigamos muchos prejuicios, en esa misma forma cosecharemos prejuicios.

A los ojos de Dios, nadie es superior ni inferior; todos somos sus hijos.

Pero a estas interminablemente variadas floraciones de la individualidad humana las une un principio básico como si fuese una guirnalda: Dios.

Los prejuicios y la estrechez mental —dos grandes debilidades de la naturaleza humana— deben desaparecer.

Nuestra esfera terrena, que hace algunos siglos parecía tan enorme, hablando comparativamente se ha reducido al tamaño de una naranja.

Si vemos a nuestro alrededor con los ojos de la sabiduría, descubriremos que es obvio que las condiciones mundiales obligarán a la humanidad a desarrollar una relación más íntima con Dios.

Y no se puede estar en paz con el prójimo —ni aun con los miembros del propio hogar— si no se está en paz con uno mismo.

No es realista hablar de paz entre las naciones si los habitantes de esas naciones no están en paz.

Pero incluso las escenas más inspiradoras no te proporcionarán paz si tu ser se encuentra en desarmonía.

Se sienten tan hastiadas de todo que nada las satisface: demasiado estimuladas externamente, pero famélicas y vacías en su interior, necesitan beber o tomar drogas para evadirse.

Hoy en día, las personas no saben cómo disfrutar de las cosas sencillas.

La gente supone que cuando busca a Dios debe ser ¡extremadamente solemne!; pero la falsa piedad no pertenece al alma.

La verdadera espiritualidad comienza cuando incluimos a los demás en nuestro propio deseo de bienestar, cuando expandimos nuestros pensamientos más allá del «yo, mí y mío».

La meditación nos ayuda a vincular nuestra vida externa con los valores interiores del alma como ninguna otra cosa en el mundo puede hacerlo.

El éxito de una persona no puede medirse por lo que posee, sino únicamente por lo que ella es y por lo que es capaz de dar de sí misma a los demás.

Quien logra ser espiritualmente equilibrado es verdaderamente exitoso.

Todas las dificultades por las que Dios permite que pasemos son necesarias para acelerar nuestro retorno a Él.

El Señor está ansioso por ayudarnos a escapar de maya, de este conflictivo mundo de la dualidad.

El propósito de la adversidad no es destruirnos ni castigarnos, sino ayudarnos a despertar la invencibilidad en nuestras almas.

¿Por qué los seres humanos se hallan atormentados por esta clase de experiencias? Por una razón: han olvidado a Dios, han olvidado a Aquel que nos ha creado a todos.

Se me parte el corazón cuando veo a personas cuyas mentes están atribuladas por multitud de problemas —frustraciones, desdichas, decepciones—.

Pase lo que pase a nuestro alrededor, cuando penetramos en ese santuario de silencio que se encuentra en el alma, sentimos la bienaventurada presencia de Dios y recibimos su paz y fortaleza.

En el interior de cada uno de nosotros existe un templo de quietud que no permite la intromisión del alboroto mundano.

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