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El enfado es una emoción intensa que nos atrapa y secuestra el cerebro.

Las emociones sin control transforman en estúpidas a personas inteligentes.

El enfado es una emoción muy intensa que secuestra el cerebro. A tal punto que uno puede olvidarse, en plena discusión, de porqué ha empezado.

Para llegar a dominar el arte de las relaciones consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía.

El estrés vuelve estúpida a la gente.

El miedo tiene una importancia especial en la evolución: tal vez más que cualquier otra emoción, es crucial para la supervivencia. La habilidad de hacer una pausa y no actuar por el primer impulso se ha vuelto aprendizaje crucial en la vida diaria.

El autoengaño ha desempeñado un papel fundamental –y ciertamente positivo– a lo largo de la evolución del ser humano.

Las emociones negativas intensas absorben toda la atención del individuo, obstaculizando cualquier intento de atender a otra cosa.

La mayor parte de los elementos que determinan el logro de una mejor o peor posición social no tienen que ver tanto con el CI como con factores tales como la clase social o la suerte.

Las críticas adecuadas no se ocupan tanto de atribuir los errores a un rasgo de carácter como de centrarse en lo que la persona ha hecho y puede hacer.

Sin una atención selectiva, la experiencia sería un completo caos.

Los sentimientos desempeñan un papel fundamental para navegar a través de la incesante corriente de las decisiones personales que la vida nos obliga a tomar.

La tristeza proporciona una especie de refugio reflexivo frente a los afanes y ocupaciones de la vida cotidiana.

El optimismo –al igual que la esperanza– significa tener una fuerte expectativa de que, en general, las cosas irán bien a pesar de los contratiempos y de las frustraciones.

Para muchos de nosotros es un lujo contar, durante el día, con un tiempo propio en el que podamos tumbarnos y reflexionar. Esos son, por lo que respecta a la creatividad, algunos de los momentos más valiosos de nuestra jornada.

Las ideas van por delante de los hechos. Y en la medida en que una sociedad restringe el alcance de la atención imponiendo marcos autoritarios, limita también las posibilidades de elección de sus miembros.

La autoconciencia implica comprender en profundidad las emociones, los puntos fuertes, las debilidades, las necesidades y los impulsos de uno mismo.

La inteligencia interpersonal consiste en la capacidad de comprender a los demás: cuáles son las cosas que más les motivan, cómo trabajan y la mejor forma de cooperar con ellos.

La tensión emocional prolongada puede obstaculizar las facultades intelectuales del niño y dificultar así su capacidad de aprendizaje.

Las personas suelen tratar los problemas colectivos como si fueran la responsabilidad de otros.

El autoengaño opera tanto a nivel de la mente individual como a nivel colectivo.

Hay que tener en cuenta que el impulso es el vehículo de la emoción y que la semilla de todo impulso es un sentimiento expansivo que busca expresarse en la acción.

El liderazgo no es sinónimo de dominación, sino el arte de convencer a la gente de que colabore para alcanzar un objetivo común.

Todas las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a actuar, programas de reacción automática con los que nos ha dotado la evolución.

La culpabilidad, la vergüenza y el miedo son los móviles inmediatos del engaño.

Un bajo nivel de inteligencia emocional en el trabajo tiene un coste inevitable en los resultados económicos. Cuando es muy exagerado, las empresas pueden ir a la quiebra y desaparecer.

El tiempo libre posibilita el florecimiento del espíritu creativo, mientras que las agendas demasiado estrictas, por el contrario, lo sofocan.

Los puntos de vista o las versiones sobre la realidad que no concuerdan con la visión consensual suelen verse rechazadas como si se tratara de aberraciones o excentricidades.

La inteligencia académica no ofrece la menor preparación para la multitud de dificultades –o de oportunidades– a la que deberemos enfrentarnos a lo largo de nuestra vida.

La facilidad para seguir los dictados de la propia conciencia parece ser, considerada a largo plazo, un acicate tan importante como las escuelas elegantes, los profesores particulares y los costosos campamentos educativos de verano.

Y en la medida en que estemos motivados por el entusiasmo y el gusto en lo que hacemos –o incluso por un grado óptimo de ansiedad– se convierten en excelentes estímulos para el logro.

El autodominio exige autoconciencia más autorregulación, componentes clave de la inteligencia emocional.

La práctica consiste en abandonar nuestros pensamientos sobre una cosa y, sin perdernos en ningún aspecto concreto de esa corriente de pensamientos, abrir nuestra mente a todo lo que aparezca en el flujo de nuestra conciencia.

El primero de los tres motivadores es la necesidad de poder, en el sentido de influir en otras personas.

Las ideas creativas son como un capullo delicado: hay que mimarlas para que florezcan.

En cualquier entorno laboral las risas son un termómetro de la temperatura emocional e indican a ciencia cierta que la gente tiene una conexión de corazón además de mental.

Las personas que no son capaces de controlar su vida emocional pelean batallas internas que sabotean la habilidad de enfocarse en el trabajo y tener la mente ordenada.

Benjamín Franklin lo dijo de forma muy acertada: la ira nunca viene sin un motivo, pero rara vez este es adecuado.

Si pensamos en los líderes con los que la gente tenga más interés por trabajar en una organización, es probable que manifiesten facilidad para rezumar sentimientos optimistas.

Lo único que puede librarnos del poder hipnótico del autoengaño es el valor para buscar y afirmar la verdad.

Las redes informales son especialmente decisivas para resolver problemas imprevistos.

Si queremos vivir adecuadamente, es necesaria cierta destreza para movernos en tres ámbitos distintos: el mundo externo, el mundo interno, y el mundo de los demás.

Tal vez no haya habilidad psicológica más esencial que la de resistir al impulso.

El hecho de que todas las personas establezcamos las fronteras de nuestro mundo y nos atrincheremos en ellas forma parte integral de nuestro propio proceso de crecimiento y organización.

Todos los cirujanos saben que la gente muy asustada no responde adecuadamente a una intervención quirúrgica, ya que tienden a sangrar en exceso, son más propensos a las infecciones y a las complicaciones y tardan más tiempo en recuperarse.

Las críticas se expresan como ataques personales y no como quejas que puedan dar lugar a un cambio.

Es la combinación entre el talento y la capacidad de perseverar ante los fracasos lo que conduce al éxito.

La ansiedad entorpece de tal modo el funcionamiento del intelecto que constituye un predictor casi seguro del fracaso en el entrenamiento o el desempeño de una tarea compleja, intelectualmente exigente y tensa.

La impasibilidad, en suma, constituye un intento de negación optimista, una especie de disociación.

La inteligencia emocional no significa simplemente «ser amable». Un momento estratégico puede exigir no «ser amable», sino, por ejemplo, confrontar a alguien con una verdad incómoda pero que han estado evitando.

Nuestras emociones tienen una mente propia, una mente cuyas conclusiones pueden ser completamente distintas a las sostenidas por nuestra mente racional.

La inteligencia emocional comienza a desarrollarse en los primeros años. Todos los intercambios sociales que los niños tienen con sus padres, maestros y entre ellos, llevan mensajes emocionales.

El liderazgo no es dominar. Es el arte de persuadir a las personas para que logren una meta en común.

Las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen mayores posibilidades de ser alegres y eficientes en la vida, y serán capaces de cultivar los hábitos mentales que mejoran su productividad.

Hay que ofrecer una solución. La crítica, como todo comentario útil, debe apuntar a una forma de resolver el problema.

La clave para intuir los sentimientos de otros es la habilidad de leer los canales no verbales, tales como el tono de voz, los gestos, la expresión facial, entre otros.

Las emociones fuera de control pueden transformar en estúpidas a personas inteligentes.

La esperanza significa que uno no se rinde a la ansiedad, el derrotismo o la depresión cuando tropieza con dificultades y contratiempos.

Ayudar a las personas a que controlen las emociones molestas, como la ira, la ansiedad, la depresión, el pesimismo y la soledad, es una forma de prevenir enfermedades.

Probablemente, no hay habilidad psicológica más fundamental que resistir un impulso.

Aunque un alto IQ no es garantía de prosperidad, prestigio o felicidad, nuestras escuelas y cultura se obsesionan con las habilidades académicas, ignorando la inteligencia emocional, que también es inmensamente importante para nuestro destino personal.

Una forma de aumentar la fuerza de voluntad y la capacidad de concentrarse es administrar las distracciones en lugar de dejar que nos administren.

CEOs son contratados por su intelecto y experiencia empresarial – y despedidos por falta de inteligencia emocional.

Ayudar a las personas a que controlen dichas emociones de forma adecuada puede dar resultados tan importantes como hacer que un fumador asiduo deje los cigarrillos.

¡Pero la mente racional usualmente no decide qué emociones «deberíamos» tener!

La autoconciencia emocional es la piedra angular de la inteligencia emocional.

Las emociones son contagiosas. Todos lo conocemos por experiencia. Después de un buen café con un amigo, te sientes bien. Cuando te toca un recepcionista mal educado en una tienda, te vas sintiéndote mal.

El IQ y las habilidades técnicas son importantes, pero la inteligencia emocional es la condición sine qua non del liderazgo.

Lo que las personas piensan de sus habilidades influye en dichas habilidades. La habilidad no es una propiedad fija.

Los niños de hoy en día crecen en una nueva realidad, una realidad en la que están muy desconectados de sus semejantes y mucho más conectados que nunca, por el contrario, con las máquinas, una situación que, por razones muy diversas, resulta inquietante.

La vida está sembrada de altibajos, pero nosotros debemos aprender a mantener el equilibrio.

Al menos un 80% del éxito en la edad adulta proviene de la inteligencia emocional.

En un grupo de personas con alto coeficiente intelectual, los detalles como disciplina, auto control y empatía, marcan la diferencia entre los que se hunden y los que destacan.

La gente tiende a ser más inteligente emocionalmente a medida que crece y madura.

La inteligencia emocional emerge como un predictor mucho más fuerte de quién será más exitoso, porque cómo nos controlamos a nosotros mismos en nuestras relaciones personales, determina lo bien que nos va cuando conseguimos trabajo.

La empatía y las habilidades sociales son inteligencia social, la parte interpersonal de la inteligencia emocional. Por eso se parecen.

Las estadísticas demuestran que, cuando son crónicas, la toxicidad de emociones como la ira es equiparable a fumar cigarrillos.

La meditación mindfulness ha demostrado fomentar la habilidad para inhibir los impulsos emocionales.

El cerebro social esta en su hábitat natural cuando estamos hablando a alguien cara a cara.

El autocontrol emocional retrasa la gratificación y ahoga la impulsividad, es la verdadera razón de la realización en todas las áreas vitales.

El buen humor favorece la eficiencia mental y permite que la gente sea más competente en la comprensión de la información y en la aplicación de reglas a la toma de decisiones complejas, así como más flexible en la forma de pensar.

El requisito para llegar a controlar las emociones de los demás –para llegar a dominar el arte de las relaciones– consiste en el desarrollo de dos habilidades emocionales fundamentales: el autocontrol y la empatía.

Hay correlación cero entre el coeficiente intelectual y la empatía emocional. Están controlados por diferentes partes del cerebro.

Cuando nos sentimos estresados, es una señal de que nuestro cerebro esta segregando hormonas del estrés. Si esto es sostenido por meses o años, esas hormonas pueden empeorar nuestra salud y hacernos un manojo de nervios.

La verdadera compasión no significa sólo sentir el dolor de otra persona, sino estar motivado a eliminarlo. – Daniel Goleman. William James. Stephen R. Covey

Rara vez, las personas expresan sus emociones con palabras. Por lo general, las expresan a través de otros medios.

Cuanta más inteligencia social tengas, más feliz y fuerte serás, y mejores relaciones personales tendrás.

Lo que realmente importa para el éxito, carácter, felicidad y logros vitales es un conjunto definido de habilidades sociales, no sólo habilidades cognitivas que son medidas por tests convencionales de coeficiente intelectual.

El cerebro emocional responde a un evento más rápidamente que el cerebro pensante.

No permitas que el ruido de las opiniones ajenas silencie tu voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje de hacer lo que te dicten tu corazón y tu intuición. De algún modo, ya sabes aquello en lo que realmente quieres convertirte.

Adueñándose de nuestra atención, la tecnología entorpece nuestras relaciones.

En un sentido muy real, todos nosotros tenemos dos mentes, una mente que piensa y otra mente que siente, y estas dos formas fundamentales de conocimiento interactúan para construir nuestra vida mental.

Mirar directamente a los ojos abre la puerta de acceso a la empatía.

La verdadera compasión implica no solo sentir el dolor del otro sino además movilizarse para ayudar a aliviarlo

La capacidad de expresar los propios sentimientos constituye una habilidad social fundamental

La compasión se erige sobre la empatía que, a su vez, requiere prestar atención a los demás. Si estamos absortos en nosotros, no nos daremos cuenta de los demás y seguiremos nuestro camino, indiferentes a su sufrimiento.

El arte de las relaciones se basa, en buena medida, en la habilidad para relacionarnos adecuadamente con las emociones ajenas.

La empatía siempre entraña un acto de autoconciencia.

El conocimiento de uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, constituye la piedra angular de la inteligencia emocional.

Conócete a ti mismo

El liderazgo no tiene que ver con el control de los demás sino con el arte de persuadirles para colaborar en la construcción de un objetivo común.

El respeto y el amor no sólo pueden despejar la hostilidad del seno del matrimonio, sino también de todos los demás ámbitos de nuestra vida

El logro real no depende tanto del talento como de la capacidad de seguir adelante a pesar de los fracasos.

Las emociones perturbadoras y las relaciones tóxicas han sido identificadas como factores de riesgo que favorecen la aparición de algunas enfermedades.

Recordemos que la creencia básica que conduce al optimismo es que los contratiempos y los fracasos se deben a las circunstancias y que siempre podremos hacer algo para cambiar éstas.

Para tomar una buena decisión tenemos que aplicar sentimientos a los pensamientos.

El logro real no depende tanto del talento como de la capacidad de seguir adelante a pesar de los fracasos

En un mundo tan cambiante encontramos que la flexibilidad, la posibilidad de adaptarse al cambio es más importante que la experiencia.

Las emociones descontroladas pueden hacer a personas inteligentes unas estúpidas

El autocontrol emocional –retrasar la gratificación para una contraída impulsividad- están detrás de cualquier tipo de logro.

La infancia y la adolescencia constituyen una auténtica oportunidad para asimilar los hábitos emocionales fundamentales que gobernarán el resto de nuestras vidas.

La inteligencia académica no ofrece la menor preparación para la multitud de dificultades –o de oportunidades– a la que deberemos enfrentarnos a lo largo de nuestra vida

En el mejor de los casos, el coeficiente intelectual parece aportar tan sólo un 20% de los factores determinantes del éxito.

Las emociones nos impulsan a actuar de una determinada manera e incluso a pensar.

los seres humanos somos ante todo sensibles.

El control de la vida emocional y su subordinación a un objetivo resulta esencial para espolear y mantener la atención, la motivación y la creatividad.

El enfado es una emoción muy intensa que secuestra el cerebro. Cuando el enfado nos atrapa hace que se nos reorganice la memoria hasta el punto de que uno puede olvidarse, en plena discusión, de porqué ha empezado.

El cerebro racional habitualmente no decide qué emociones deberíamos sentir.

El cerebro emocional responde a un acontecimiento más rápido que el cerebro racional.