Los Dioses del Edén

Dice William Bramley: Vale la pena haber invertido quince años en realizar una aventura de traducir al castellano un libro como «Los Dioses del Edén».

WILLIAM BRAMLEY

EL EDÉN

Nota del traductor: Vale la pena haber gastado quince años en realizar una aventura de traducir al castellano un libro como Los Dioses del Edén. La aventura comienza por diversos accidentes como, la aparición del texto en la biblioteca de un amigo, quien lo adquirió de un amigo en Tampa, Florida. Lo abrí curioseando y observando el índice y resolví pedirlo prestado porque el contenido según el título era de proporciones bíblicas. Acompañado de diccionarios hice la primera lectura del inglés al castellano y luego el primer intento de traducción y ahí comenzaron los problemas. El amigo propietario me pidió su devolución y se lo devolví contando con adquirirlo escribiendo a la dirección mencionada al final del libro, y cuál no sería mi sorpresa al recibir la respuesta de alguien que atendió telefónicamente diciendo que allí, en esa dirección, no había habitado persona ni empresa alguna. Acostumbrado a la táctica de algunos gobernantes de comprar toda la edición de aquellos libros inconvenientes y quemarlos como en Alejandría, acudí a bibliotecas famosas como la británica y tampoco existía, cuando por intermedio de mi hijo Carlos encontré un solo ejemplar en la Universidad de Tampa y me conformé con ordenar una copia fotostática. Aquí no termina la aventura.

Al comenzar la traducción me di a la tarea simultánea de buscar al autor para solicitar su autorización y hoy 14 años después el amigo William Bramley no aparece. Además, en dos ocasiones durante la traducción se borraron los archivos del disco duro después de haber llegado al capítulo de Mahoma. En vista de estos accidentes resolví utilizar una máquina de escribir marca Olimpia la cual rompió en tres ocasiones la correa de goma y finalmente no pude encontrar repuesto. Acudí a una portátil Mundial modelo 1952 y así terminé el borrador de la traducción en el año 1996 y me senté a esperar a Will hasta que resolví conceder a un grupo de amigos la autorización para, en forma gratuita, presenten el contenido de uno de los libros más importantes para la comprensión del ser humano. Yo nunca he creído en brujas pero de que vuelan, vuelan. El traductor

Las Primeras Investigaciones

Cuando empecé a investigar sobre los orígenes de las guerras humanas, la cosa más alejada de mi mente eran verdaderamente los Objetos Voladores No Identificados, mejor conocidos como OVNIS. Las numerosas revistas sobre platillos voladores que una vez colmaron los estantes de noticias, en mi opinión, no merecían una seria consideración. Tampoco sentía que el fenómeno OVNI fuese terriblemente importante aun si constituía la evidencia de una raza extra-terrestre. Resolver los problemas de la guerra y el sufrimiento humano aquí en este bajo mundo me parecía mucho más importante que discutir si los hombrecitos verdes de Marte podían ocasionalmente ser visitantes de la Tierra o no.

Empecé la investigación de este libro en 1979; sin embargo, mi deseo de ver el final de la guerra surgió mucho antes en mi vida: alrededor de los ocho años. En ese entonces, las películas de guerra eran muy populares en el círculo de mis amigos. Nuestra diversión favorita era jugar a los soldados. Comúnmente yo comandaba un escuadrón de muchachos y mi amigo David comandaba la oposición. Nosotros llenábamos nuestras batallas imaginarias con el mismo fervor y altruismo de las que veíamos en la TV. No había para nosotros un héroe más grande que el viejo actor Vic Morrow quien gallardamente conducía su escuadrón de soldados hacia la victoria en la serie de televisión: ¡Combate!

Un sábado por la tarde me encontraba viendo por la televisión una película de guerra hecha en Hollywood. Era como cualquier otra película de guerra excepto que contenía unos cortos pedazos de impresionante realismo. Por primera vez en mi vida me encontré mirando una película documental de corto metraje de un real campo de concentración nazi. Mucho tiempo después que las imágenes se desvanecieron en la televisión, permanecía impactado por los cuadros de los esqueletos de cuerpos que eran lanzados dentro de grandes fosas. Como a mucha otra gente, yo tuve problemas para penetrar el alma de los nazis que colocaban seres humanos dentro de hornos de ladrillo como si fueran bollos de pan y momentos más tarde sacaban los restos calcinados. Por espacio de un minuto, aquellas imágenes granosas en blanco y negro presentaron un cuadro verdadero de la guerra. Detrás de los saludos corteses y la oratoria estridente, la guerra es un poco más que una psicosis degradada. Mientras las películas de guerra y los juegos pueden ser algunas veces divertidos, la cosa real es carente de escrúpulos.

Por centurias, pensadores y científicos han intentado resolver el acertijo de porqué la gente va a la guerra. Ellos han observado que casi todas las criaturas de la Tierra pelean entre sí en una u otra ocasión, comúnmente por alimentos, territorio, o apareamiento. La agresión parece ser un comportamiento universal que tiene que ver con la supervivencia. Otros factores también contribuyen a la creación de las guerras. Los analistas deben tomar en consideraciones variables tales como la sicología humana, la sociología, el liderazgo político, las condiciones económicas y el medio ambiente natural. Sin embargo, muchos pensadores han equiparado erróneamente todos los motivos humanos con los motivos encontrados en el reino animal. Esto es un error porque la inteligencia engendra complejidad. A medida que las criaturas elevan su inteligencia, sus motivaciones tienden a ser más elaboradas. Es fácil comprender el estímulo mental en dos gatos callejeros peleando por un mendrugo de comida, pero sería un error atribuir tan simple estado mental a un terrorista colocando una bomba en un aeropuerto.

Yo empecé este estudio como consecuencia de una idea sencilla que había encontrado. Verdaderamente el concepto no es nuevo y al principio parece estrecho de miras. No obstante, la idea es bastante importante porque se dirige a una motivación que solo puede ser formulada por criaturas de alta inteligencia.

La guerra puede ser su propio producto valioso

La simple existencia del conflicto violento entre grupos de gente, en sí mismo, puede ser valiosa para alguien, sin tomar en cuenta el asunto por el cual la gente se pelea. Un ejemplo obvio es el de un fabricante de armamentos que vende equipos militares a naciones en guerra; o el ejemplo de una institución financiera que hace empréstitos a gobiernos en tiempos de guerra. Ambos individuos pueden lograr un beneficio económico por la mera existencia de la guerra en la medida que la violencia bélica no los toque a ellos directamente.

El valor de la guerra como un producto se extiende mucho más allá de la ganancia monetaria: La guerra puede ser un instrumento efectivo para mantener un control social y político sobre una amplia población.

En el siglo XVI, la Italia consistía de numerosos principados independientes que con frecuencia estaban en guerra unos con otros. Cuando un príncipe conquistaba una ciudad vecina, algunas veces creaba conflictos internos entre los ciudadanos conquistados. Esto era una manera efectiva de mantener el control político del pueblo ya que las interminables peleas entre los vencidos impedían que se comprometieran en acciones contra el conquistador. No había gran preocupación por los motivos por los cuales la gente disputaba, siempre y cuando se mantuvieran valientemente peleando uno con otro y no contra el príncipe conquistador.

Un estado de guerra también puede ser usado para estimular a los pueblos a pensar de una forma que en otras condiciones no lo harían y a aceptar la formación de instituciones que normalmente rechazarían. Mientras más una nación se involucra a sí misma en guerras, más intrincadas llegan a ser las instituciones y las formas de pensar.

Los libros de historia más comprensivos contienen breves referencias a este tipo de actividad manipuladora de lo que se denomina el tercer partido. No es un secreto por ejemplo, que antes de la Revolución Norteamericana del siglo XVIII, Francia había enviado a Norteamérica agentes de inteligencia para estimular y provocar el descontento contra la Corona Británica. Tampoco es un secreto que los militaristas alemanes ayudaron a Lenín y sus Bolcheviques en la revolución rusa de 1917. A lo largo de toda la historia, pueblos y naciones se han beneficiado de, y han contribuido a, la existencia de conflictos en otros pueblos.

Intrigado por esos conceptos, resolví hacer un estudio para determinar cuán importante ha sido el factor tercer partido en la historia de la humanidad. Yo quería descubrir cuál es el hilo común, si es que lo hay, que pudo haber existido entre las varias influencias de terceros partidos en la historia de la humanidad. Era mi esperanza que este estudio ofreciera algunos puntos de vista más acerca de cómo y por quiénes ha sido hecha la historia.

Lo que resultó de esta modesta meta fue una de las más extraordinarias odiseas que yo haya podido tener. Las pistas de la investigación se entrelazaron a través de un laberinto complejo de hechos extraordinarios, asombrosas teorías y todo esto entremezclado. A medida que yo penetraba más profundo emergía un hilo común. Para mi pesar, era un hilo tan extraño que al menos en dos ocasiones terminé mi investigación con disgusto. A medida que yo ponderaba mi difícil situación me daba cuenta de algo importante.

Las mentes racionales tienden a buscar causas racionales
para explicar los problemas humanos.

Sin embargo, cuando profundicé más, me vi obligado a enfrentar la posibilidad de que algunos de los problemas humanos podrían estar arraigados en las más absolutas y extrañas realidades imaginables. Debido a que tales realidades son raramente conocidas y ni siquiera comprendidas, no son consideradas. Como un resultado de esto, los problemas de cuyas realidades se generan, son raramente resueltos y así el mundo parece dar traspiés desde una calamidad a la próxima.

Yo admito que cuando empecé mi investigación tenía una vía acerca de lo que esperaba encontrar: un motivo benéfico humano como el hilo común que enlazan varias influencias de terceros partidos en la historia violenta de la humanidad. En lugar de eso lo que encontré fue el OVNI.

¡Nada ha podido ser más inesperado!