El aborto

Cuento Zen (194)

Preocupada, una mujer buscó a su ginecólogo. ¡Doctor, tengo un problema muy serio y necesito su ayuda desesperadamente! Mi bebé no tiene un año y estoy embarazada de nuevo. ¡No quiero otro hijo, no quiero más obligaciones!

Entonces el médico dijo: ¿En qué exactamente quieres que te ayude?

¡Quiero hacer un aborto!

Después de pensar por unos instantes, el médico dijo: Mira, tengo una idea que me parece mejor y también es menos arriesgada...

La mujer sonrió satisfecha.

Así que el médico continuó: Para que no tengas que cuidar de dos bebés, vamos a matar al que está en tus brazos. Así podrás descansar hasta que el otro nazca. Ya que vamos a matar a uno de tus hijos, no importa cuál de ellos sea... Dicen que los hijos son todos iguales para las madres... ¿No es así? Y, además, tu vida no correrá riesgo con procedimientos quirúrgicos, si eliges ese para matar.

La mujer, con las palabras del médico, dijo: ¡Qué monstruosidad me está proponiendo! ¡Matar a un niño es un crimen!

El médico le respondió: Estoy de acuerdo. Pero pensé que eso no era problema para ti. Solo te estoy sugiriendo que elijas al hijo que será asesinado.

Por el rostro de la mujer, el médico vio que había podido aclarar su punto de vista.

Y él la convenció de que no hay diferencia entre matar a un niño que está en sus brazos o a uno que está en el vientre. El crimen es el mismo.

La mujer al fin comprendió que la luz, el amor y la paz reinan en él bebe desde su vientre.

MORALEJA

El aborto se convierte en el peor enemigo de la paz. Si una madre es capaz de destruir a su propio hijo... ¿Qué le impide matarte? Ya no queda ningún impedimento.

La madre es, simplemente, una madre. La madre no va a producir al hijo. El niño ha sido concebido; a lo más, la madre lo va a cuidar, protegiéndolo en lo profundo de su corazón, tratando de darle un cuerpo, no el alma.

Un niño es concebido: en profundo amor. En profunda receptividad, te conviertes en un útero y el alma es concebida. Es una preñez. Y uno tiene que tener mucho cuidado, porque el aborto siempre es posible; puedes abortar, puedes tener demasiado apuro y puedes destruirlo.

Permite que se asiente dentro de tu ser. Tomará su tiempo; crecerá poco a poco. Crecerá en tu inconsciente. Tu consciente no es necesario; tu consciente solo será una interferencia. Olvídate de él, déjalo crecer sin ningún afán.

Y por favor, deja el tema del aborto, deja la teoría sobre el aborto. Las teorías son muy peligrosas. Pueden matar al niño en el vientre. En el momento en que empiezas a pensar en términos de análisis, de saber lo que es y lo que no es, de comparaciones, de etiquetados, vas en dirección al aborto. Te perderás algo que comenzaba a crecer. ¡Lo habrás matado! No seas suicida, no seas analítica, simplemente permítelo. Siente su presencia, pero no con la mente. Siente su presencia con la totalidad. Deja que tu corazón se abra y crecerá.

Y en ese mismo crecimiento, poco a poco, surgirá la comprensión. La comprensión: no es algo que surja del análisis, que surja a través del pensar, con el cavilar, a través de la lógica. La comprensión llega a través de experiencias más y más profundas.

Cuando comiences a comprender que una vida sagrada está en tu vientre, deja que sea así. Sé feliz. Has sido bendecida. Cuando algo inexpresable empieza a suceder entonces es que estás en el camino correcto; te estás moviendo hacia Dios, el misterio supremo.

No abortes. Tú eres un ser de luz, amor y paz. Escuchar el clamor del bebe en el vientre de querer vivir. ¡Llénate de AMOR! Da tu vida por ese ser y tendrás felicidad.